Me inquieta, la expansión de la ignorancia que está alentando un mundo de pragmatismo económico y educativo que no le molesta que la filosofía se vaya al garete, que orilla las humanidades y alumbra a personas que no saben quién era Viriato o Machado. Y me pregunto, a modo de profundo lamento ¿ dónde están aquellos intelectuales de antaño que cultivaban como un deber la relación con el intelecto ?. Vamos derechos al fin del mundo como incultura absoluta.
Esta dinámica, está produciendo una generación de personas muy alejadas de los ideales de los ciudadanos que aspiran a lograr una formación del espíritu más completa, íntegra y ambiciosa. Y me deja, severamente consternado, porque estamos viviendo en el pecado y en la ignorancia que son nuestra ley. Y vinculado a estos razonamientos, tengo un gran pesimismo al mirar a mi alrededor.
Aunque sigue existiendo un panorama cultural que transmite un interés constante y vivo por el mundo clásico, asistimos también a un incomprensible abandono -cuando no desprecio- de los estudios de griego, latín y de la cultura clásica en general, en el sistema educativo español.
Desde 1.970, España ha visto pasar siete leyes educativas. En todas ellas, ha habido que luchar para que la cultura clásica no desapareciera en la Enseñanza Secundaria y en el Bachillerato. Parecía que solo le importaba a los profesores afectados, asociaciones e instituciones culturales que compartían su interés por los estudios clásicos. A nadie más parecía interesarle.

Hace unos meses que, se ha aprobado la Ley Orgánica de Modificación de la Ley Orgánica 2/ 2006, de Educación, conocida como LOMLOE por sus siglas y como una maldición anunciada, el latín y el griego ni siquiera se mencionan. Y esto, a pesar de que la Comisión de Cultura del Congreso de los Diputados aprobó por unanimidad el pasado 26 de junio de 2.019, una Proposición No de Ley en la que instaba al Gobierno de la Nación para que solicitara a la UNESCO ( Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura ) la declaración del griego antiguo y el latín como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.
Cabe preguntarse en qué sociedad vivimos si tenemos que estar justificando -permanentemente- la necesidad de que nuestros jóvenes tengan la posibilidad de formarse en Humanidades. El estudio del latín y el griego favorece, además del conocimiento de nuestra propia lengua, el aprendizaje de otras también romances y la adquisición de léxico para las especialidades científicas.
Forma también, una importante conciencia gramatical para el estudio de cualquier idioma y el dominio de la escritura. El acercamiento a la literatura clásica nos permite entender de donde venimos y cuánto compartimos como hijos del mundo grecolatino.

Los antiguos nos dieron el pensamiento filosófico, crearon la historia y las ciencias y nos enseñaron el arte de la palabra. Es difícil pensar en algún aspecto de la cultura actual que no descanse en el mundo clásico.
Para seguir avanzando en estas disciplinas, es necesario volver -constantemente- sobre sus fuente griegas y romanas que conformaron los géneros literarios, la poesía, el teatro y la novela. Componiendo las obras clásicas que nos identifican como civilización occidental.
Hurtar a las futuras generaciones este derecho, es condenarlas a no saber de donde vienen y solo un sistema educativo que garantice, en igualdad de condiciones, los estudios de Humanidades, asegura la transmisión de este legado. Si rompemos el hilo invisible que nos une a nuestro pasado, ni vamos a entender nuestro presente, ni seremos dueños de nuestro futuro.


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Lo que de verdad es asombroso es que tan pocas personas llegasen a dominar la mayor parte de un continente enorme y lo que me parece más extraordinario y que debería constituir motivo de orgullo, fue nuestra capacidad de organizarlo al modo occidental y de administrar tan vastísimo territorio.








