AUTOR: Juan Francisco Alcaraz Diaz, Comisario Principal ( Jubilado ) de la Policía Nacional.
La Casa del Rey, enmarcó el encuentro de Felipe VI con la ministra de Defensa y los mandos operativos de las Fuerzas Armadas en el Palacio de la Zarzuela el pasado 7 de septiembre como parte principal de sus obligaciones de mantenerse al tanto de lo que ocurre en Ceuta. El seguimiento de las operaciones militares en marcha forma parte de las responsabilidades del jefe del Estado, según el comunicado emitido por la Casa Real. Además, aseguraban que el viaje de los Reyes a la ciudad autónoma ya se preparaba «junto al Gobierno». Una visita que ya estaba prevista antes del asalto masivo a Ceuta, según las mismas fuentes.
La imagen de Felipe VI de uniforme militar en una sala de trabajo del Palacio de La Zarzuela junto a la ministra de Defensa, Margarita Robles, el Jefe del Estado Mayor de la Defensa ( Jemad ) y los Jefes de Estado Mayor de los demás Ejércitos para analizar la situación de la defensa en Ceuta tuvo un impacto potente. Es cierto que los despachos con la ministra son habituales aunque no trasciendan pero no lo es tanto que la Casa Real publique la foto en redes sociales. Sobre todo teniendo en cuenta las tiranteces de las últimas semanas con la Presidencia del Gobierno.
La visita de los Reyes fue anunciada el 3 de septiembre por el Presidente Sánchez en el Congreso de los Diputados aunque no dijo fecha sino que sería «en las próximas semanas». El jefe del Gobierno dio a entender en una entrevista radiofónica concedida a una emisora amiga unos dias antes que si Felipe VI hubiera querido ya habría visitado las ciudades autónomas puesto que ya llevaba doce años de reinado (él dijo «veinte»). El error se debió al confundir la úlima visita real que hicieron los Reyes Juan Carlos y Sofía -hace 20 años- con el reinado de su hijo, Felipe VI -hace 12 años-.
Así las cosas, la foto del Rey con la cúpula militar ha sido interpretada como un mensaje al Palacio de La Moncloa, un golpe de autoridad y un respaldo público a Robles, actualmente enfrentada a la línea más sanchista según a quién se le pregunte. Sea como fuere, no hay ninguna duda de que ha sido una respuesta del Palacio de La Zarzuela que lleva sin contestar desde el principio de la invasión a las ciudades autónomas pese a la posición incómoda en la que el Gobierno sanchista ha puesto al jefe de Estado en las últimas semanas.

Esta reunión, hay que situarla en la tensión permanente con el Presidente del Gobierno. Pedro Sánchez, ha evitado la presencia del Rey de España, Felipe VI, para participar en el Consejo de Seguridad Nacional celebrado el pasado mes de agosto, 26 dias después de la invasión marroquí de Ceuta que pretendía ser un punto de inflexión ante la ocupación inmigratoria que se había ocasionado. Lo cierto es que el Gobierno central cuenta con la potestad de invitar a Su Majestad a este tipo de reuniones y por eso esta vez no lo ha hecho por decisión expresa de Sánchez.
Lo cierto es que Felipe VI y Doña Letizia tenían la agenda vacía esa semana. Las previsiones se conocen cada viernes y en la página electrónica de la institución real no existía ninguna actividad de cara a la última semana de agosto. Es habitual que si se produce la presencia del Monarca el evento se realice en el Palacio de La Zarzuela. La excepción son «circunstancias especiales» como ocurrió con el apagón eléctrico que se produjo en España el 25 de abril del pasado año. El objetivo de la reunión interdepartamental era certificar la creación de un mando único que se hiciera cargo de la respuesta a la invasión de Ceuta. Este movimiento generaba un precedente inverso al ocurrido con el corte de luz a nivel nacional.
La ministra de Migraciones y portavoz del Gobierno, Elma Saíz, negó que el Monarca hubiera transmitido su deseo de acudir a Ceuta. Hasta en cuatro ocasiones remarcó que «no le constaba». Desde el Gobierno autonómico de Ceuta estuvieron presionando para que Su Majestad acudiera el 2 de septiembre, día de la ciudad autónoma. Pese a no haber acudido al territorio caballa, el Monarca conversó con el presidente popular, Juan Jesús Vivas, «manteniendo su papel institucional»
Fuera del plantón al Rey en esa reunión que comenzó a primera hora de la mañana, el Gobierno ya deslizó un debate sobre la viabilidad de la Monarquía para movilizar a los votantes prorrepublicanos y comunistas de los grupos políticos afines Podemos o Sumar. El más duro fue -como era de esperar- el ministro de Transportes, Óscar Puente. En la red social X se ha convertido en el ‘azote’ de la oposición política a nivel nacional y ha superado una nueva línea roja en el periodo estival.

Ya a nivel legislativo y con el apoyo de sus socios comunistas, el Gobierno sanchista ha presentado varias iniciativas -forzado por sus socios de coalición- para despenalizar la figura del delito de injurias a la Corona y así pueda ser objeto de chanza y chiste impunemente por la jauría de cachorros revolucionarios de biblioteca que le apoyan. Lo cierto es que, por el momento, el jefe de los socialistas no ha agendado la nueva propuesta ante un final de legislatura que amenaza con diversos vaivenes y un final incierto.
La solemne apertura del Año Judicial, el pasado día 10 de septiembre, presidida por S.M., ha sido el penúltimo testimonio de la crisis nacional que atraviesa España, agudizada en esta recta final de la legislatura por un Presidente y un Gobierno que se conducen fuera de control y a la desesperada. La democracia española está en las peores manos posibles. La degradación de la situación de excepción de Ceuta por el asalto sufrido por decenas de miles de africanos desesperados, ha dejado en evidencia el calamitoso papel del Gobierno socialcomunista en todas las fases de la emergencia en las que ni fue capaz de prevenir, ni de responder, ni de mover un dedo en definitiva.
Lo que sí hizo desde el minuto uno del ataque fue mentir, manipular, abandonar a los ceutíes y al resto de los españoles y cooperar con una nación extranjera que nos es hostil por activa y por pasiva. Se lo recordó con la solemnidad y la seriedad que el momento demandaba, la presidenta del Tribunal Supremo en presencia del jefe del Estado, el ministro de Justicia y la cúpula de la carrera judicial: «La realidad que sufre el pueblo de Ceuta exige una respuesta que preserve la integridad de nuestras fronteras y el control ordenado de los accesos y que, asegure, al mismo tiempo la aplicación de las garantías previstas en nuestro ordenamiento».
Tan aleccionador y responsable, tan diferente a la bochornosa apelación de Pedro Sánchez a la población de la ciudad autónoma a asumir «una realidad estructural» con miles de inmigrantes desocupados en sus calles que «no son invasores sino personas que buscan una vida mejor». Es decir que no hará nada para expulsarlos sino que normalizará la intrusión en nuestra soberanía e integridad territorial desde Marruecos bajo la excusa del peor humanitarismo. El sanchismo está actuando con idénticas reglas y objetivos que en sus catástrofes anteriores, salvar el poder a cualquier precio y sobre todas las víctimas que sean necesarias.

Entre ellas, los servicios de información, especialmente el Centro Nacional e Inteligencia ( CNI ), desacreditado y vapuleado con la bajeza moral propia del régimen populista que disfrutamos. El daño reputacional y de imagen a un servicio de inteligencia tan crítico como ejemplar parece como una suerte de venganza por desnudar las mentiras del Palacio de La Moncloa, ha sido la enésima ignominia imperdonable. Porque la verdad es que el Gobierno recibió hasta 18 avisos previos al asalto y decidió no atenderlos y continuar con unas largas y calurosas vacaciones de verano. Aunque si prohibió las de la Policía, Guardia Civil y las del Ejército para que le cubrieran la espalda y estuvieran entretenidos tratando de controlar los efectos devastadores de una invasión de personas extranjeras desesperadas ante la población local.
Hay que respetar la instrucción judicial que se ha abierto sobre este conflicto internacional y sus resultados pero cuesta pensar que tal empeño en colaborar con el país vecino -que no hizo nada para impedir la invasión- desde la máxima autoridad española, no revista responsabilidad penal. El infierno con que este Gobierno sanchista ha decidido condenar a los ceutíes no puede quedar impune. Hablo de actos contra la seguridad nacional. La Justicia hará su trabajo. Lo hará con esa independencia tan peligrosa para todos los que abusan del poder y adulteran el estado de derecho en beneficio propio. Que en la apertura del Año Judicial la presidenta del Supremo reivindicara el trabajo de los magistrados ante las presiones del Ejecutivo demostró que vivimos en una democracia maltratada en manos de personajes autoritarios sin fundamento moral. Nos gobiernan los peores y nada hace pensar que el final será honorable, respetuoso y digno.
En el Salón del Trono del Palacio Real, se celebró el pasado 29 de septiembre una cena de gala con ocasión de la visita a España del Presidente francés, Emmanuel Macron. El Rey comenzó con un discurso en el que volvió a referirse por segunda vez en dos meses, a la crisis que azota Ceuta, «Debemos también ser más eficaces y solidarios en la protección de la frontera exterior de la Unión. Lo acontecido en Ceuta este verano −la intrusión masiva de decenas de miles de personas violando una frontera española que es, también, una frontera europea− es inaceptable y plantea un desafío mayúsculo, desde el punto de vista de seguridad, orden público y humanitario».
Ante la mirada de Macron, el Rey instó a Europa a implicarse en la defensa de una frontera que no es solo española. «Es una situación que debe tener como consecuencia un refuerzo de la colaboración entre los estados miembros, en recursos y cooperación. Los países que soportamos una mayor presión por encontrarnos en la frontera exterior de la Unión Europea no podemos afrontar solos una responsabilidad que es de todos», dijo.

Al final, los Reyes visitarán las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla los días 13 y 14 de octubre, según se anunció el pasado día uno de octubre. Según fuentes del Palacio de La Zarzuela, esta visita ha sido consensuada por el Gobierno y la Casa Real. En los próximos días se dará a conocer la agenda que desarrollarán en las dos ciudades autónomas, según las mismas fuentes, aunque está confirmado ya que la primera parada será Ceuta.
En cualquier otro momento, el viaje de Sus Majestades a las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla no tendría el carácter de afirmación de la soberanía nacional que, sin duda, adquiere en la presente ocasión ante la opinión pública española e internacional, especialmente, la europea, que ha visto con inevitable alarma la vulneración masiva de una frontera de la UE, en lo que la Eurocámara determinó como un ejemplo de «guerra híbrida» del que se consideraba responsable al gobierno marroquí.
Desde esta perspectiva, Don Felipe y Doña Letizia no solo llevarán a nuestras plazas africanas a los compatriotas que allí habitan, un mensaje de solidaridad ante las circunstancias difíciles que les está tocando vivir sino una garantía del compromiso firme de las instituciones del Estado en la defensa y protección de la españolidad de ambas ciudades, como se recoge en la Constitución Española y acaba de ser reconocido por la Comisión y el Parlamento europeos.
Sin duda, melillenses y ceutíes se sentirán reconfortados por ese refuerzo en la seguridad de sus posiciones pero también, reivindicados en una demanda, la de no ser la única tierra española que no hayan recorrido los Reyes personalmente, largamente reiterada. Que su cumplimiento se produzca por expreso deseo del Jefe del Estado y con el refrendo de la Presidencia del Gobierno en unos momentos de alta tensión que pone en riesgo la normal convivencia pacífica de Ceuta, solo abunda en lo oportuno de la visita.

Aunque no es la tónica habitual en los viajes oficiales de Sus Majestades por España en los que suele acompañarlos un ministro de Jornada, no estaría de más que el Presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, reflexionara sobre la conveniencia de sumarse a la visita real, -a la que no quiere ir- lo que trasladaría al gobierno y a la corte de Marruecos el mensaje de la inequívoca voluntad política de España de mantener sin cambio alguno, hoy y en el futuro, el actual estatus nacional de ambas ciudades, al tiempo que se evitarían interpretaciones malintencionadas que solo pueden beneficiar a la propaganda marroquí.
Entiendo las reticencias del inquilino del Palacio de La Moncloa a relacionarse con los ciudadanos de Ceuta y Melilla en un formato abierto, de proximidad, confianza y simpatía, que es el que preside los encuentros de Sus Majestades con los ciudadanos y que, sin duda, contrasta con el modelo «blindado» de los desplazamientos del jefe del Gobierno pero creo que ceutíes y melillenses agradecerían el gesto por encima de las justificadas críticas y discrepancias sobre la gestión gubernamental de la actual crisis.
Ciertamente, la visita de Estado va a provocar la reacción negativa de Rabat y, no hay que dudarlo, traerá las correspondientes represalias marroquíes que pueden ser de cualquier clase y adoptar los más diversos tiempos y formas. Frente a la más que probable respuesta agresiva de nuestro vecino del sur, el Gobierno español no solo tiene los suficientes instrumentos diplomáticos e institucionales para disuadir a Marruecos de ir más allá de las habituales protestas sobreactuadas sino que cuenta con el respaldo de la Unión Europea ( UE ), cuyas políticas en relación con el fenómeno inmigratorio irregular están girando en dirección opuesta a los intereses marroquíes.































































































































































































































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