AUTOR: JUAN FRANCISCO ALCARAZ DIAZ, COMISARIO PRINCIPAL ( JUBILADO ) DE LA POLICÍA NACIONAL.
El repudio de la instituciones vascas a la Selección dura más de medio siglo. Hay que remontarse a 1967 para tener referencia de un encuentro del combinado nacional en aquelllas provincias y desde entonces el agravio ha sido constante. El último, se materializó el pasado mes de mayo por boca de la vicepresidente de la Comunidad y Consejera de Cultura y Política Lingüista, la nacionalista Ibone Bengoetxea que aseguraba que el Gobierno Vasco no iba a impulsar políticamente la celebración de ningún partido de la selección española porque, ni es su competencia, «ni responde a una demanda mayoritaria de la población vasca».
Esta política independentista respondía así en el Parlamento Vasco a una pregunta de Vox sobre si había medidas para proponer la celebración en el territorio de la Comunidad de un partido de la selección española de fútbol. Bengoetxea ha recordado que es a la Real Federación Española de Fútbol a la que le corresponde la actividad de la selección, «y este Gobierno no tutela a la federación, ni a la de fútbol ni a de cualquier deporte».
«¿Dónde está el clamor por que la selección española juegue en un estadio vasco? Otra cosa es que sean capaces de disfrutar viendo a esa Selección», ha opinado la lugarteniente del Gobierno regional que también ha subrayado que lo que sí existe «es una aspiración social respecto al reconocimiento oficial de nuestras selecciones deportivas, y es por ello por lo que trabajamos».Por último, retó a Vox asegurando que, «si tanto quieren que juegue España en el País Vasco, ¿le valdría que impulsáramos un partido de la selección vasca con España como visitante? Ahí nos podríamos encontrar»
La última vez que la selección española jugó en Bilbao fue el 31 de mayo de 1967, frente a Turquía, en un partido correspondiente a la fase de clasificación para la Eurocopa que se iba a celebrar en Italia, al año siguienete, en 1968. La Roja se impuso por 2-0, con goles de los madridistas Grosso y Gento. Aquel fue el último de los seis partidos que España ha disputado en la capital vizcaína y, pese a la victoria, no le sirvió para llegar a la fase final de la Eurocopa, entonces restringida a cuatro equipos.

A lo largo de su historia, el equipo nacional ha jugado en 39 ciudades españolas, siendo Madrid (64) y Sevilla (45) las que han albergado más partidos. Les siguen Valencia (33), Barcelona (18) y Gijón (10). Además de Bilbao, San Sebastián es la única ciudad del territorio vasco que ha albergado un partido de la selección. Fue una vez, en 1923, en un amistoso contra Francia.
A partir de entonces, el veto se ha mantenido a lo largo de los años. Es conocido que la Selección no es bien acogida en amplios sectores institucionales y sociales del País Vasco que están bajo el dominio de nacionalistas y radicales . No en vano, la izquierda separatista vasca se ha encargado de realizar durísimas campañas contra lo que consideraban una herramienta para el adoctrinamiento político con el único fin de “españolizar Euskal Herria» ( la Tierra de los Vascos ).en una expresión de máximo cinismo que pretende ocultar su totalitarismo real.
La última prueba la tuvimos en la brutal respuesta de las juventudes de los radicales independentistas a la posibilidad de que la capital vizcaína fuera la sede de la selección española en la Eurocopa de 2024 e incluso llegaron a inundar el centro de Bilbao con carteles con la imagen del entonces capitán de la selección, Sergio Ramos, pisoteada por el jugador francés, Eric Cantona. Al fondo, también se observaba el escudo de España. Sobre ella, una multitud con banderas vascas y el lema (¡No a esta Eurocopa! Con Euskal Herria no se juega).
Sin embargo, el rechazo oficial hacia ‘la Roja’ no se ha mantenido siempre en esta etapa democrática. En 2009, la iniciativa del Parlamento vasco ( apoyada por PSE, PP y UPyD ) para que por aquella región española volviera a pasar la Vuelta Ciclista y la Selección disputara allí algún partido no se hicieron esperar. Así, otro partido separatista Eusko Alkartasuna (EA), consideró que la propuesta aprobada por el Parlamento vasco en favor del paso de la Vuelta y del regreso de la Selección no contribuiría a “acrecentar el sentimiento español en Euskal Herria”.
Y añadió: “PSE y PP han demostrado una vez más que su primer y gran objetivo de la legislatura es españolizar Euskal Herria. Primero, fue el mapa del tiempo de la televisión regional, ( para que se adaptara a los límites de las Autonomías ) luego el currículum educativo, la participación del Gobierno vasco en la fiesta de la Hispanidad, la celebración del Estatuto… y ahora ha llegado la hora de utilizar el deporte como instrumento para el adoctrinamiento político”.

Durante la final del mundial de Sudáfrica de 2010, que supuso la conquista de la copa del mundo para la selección española, la euforia que llevó a la calle a cientos de miles de personas en Bilbao y las otras capitales vascas también se dejó sentir aunque tampoco los organismos públicos lo promovieron. El Ayuntamiento de la capital vizcaína, como el de San Sebastián, se negó a sacar pantallas a la calle. En Baracaldo ( Vizcaya ), las que se instalaron fueron saboteadas.
En 2017, PNV, EH Bildu y Podemos uníeron sus votos en las Juntas Generales de Vizcaya para impedir que el combinado nacional jugase en el campo de fútbol de Atlético de Bilbao en calidad de anfitrión pero apoyaban su presencia en el césped como equipo foráneo. De hecho, el PNV fue más allá y mostró su respaldo a que la selección sólo pisase el estadio de San Mamés para enfrentarse a la selección vasca en un partido, además, con carácter oficial. Las razones esgrimidas para no acoger a la selección nacional de fútbol iban desde una supuesta colonización española a algunas tan insólitas como la “testosterona” ( hormona sexual masculina ).
Si se celebra, lo único que se va a generar son problemas, es lo que sucede cuando la testosterona campa a sus anchas”, sentenció la representante nacionalista. Por su parte, el representante de EH Bildu, Asier González, no se anduvo por las ramas: “España gana y Euskal Herria como nación pierde”.
El aplazamiento de la Eurocopa en 2.019 por la gripe china en la que Bilbao iba a ser una de las sedes, dio alas a la izquierda violenta para continuar con la campaña que llevase al “borrado” de Bilbao como sede de la Eurocopa.en 2.020. Por ello, EH Bildu y Podemos, solicitaron en una comisión celebrada en el Ayuntamiento de Bilbao retirar la candidatura de la capital vizcaína. ¿La razón?: para Podemos, la testosterona. Aunque resulte sorprendente, los representantes comunistas alegaron que se trataba de “un evento masculinizado” y que el fútbol es un deporte que “discrimina a las mujeres”. A eso habría que llamarle visión de futuro.

La respuesta ahora de la también Consejera de Cultura aleja una vez más el regreso de la selección al País Vasco. Y mientras tanto, el objetivo sigue siendo lograr la oficialidad de la selección regional para lograr el sueño de “jugar contra España”
Esto no ocurre, que se sepa, en ningún otro país del mundo. Desde 1978, con la entrada en vigor de la actual Constitución Española, la tolerancia de los distintos Gobiernos nacionales ante el separatismo, combinada con la impunidad política de los independentistas, ha propiciado que se sientan dueños del espacio público en el País Vasco y también en Cataluña.
El problema es que no llevan bien la creciente oleada de patriotismo popular y les irrita la alegría que provocan los éxitos de la Selección masculina de fútbol. Por eso se han registrado insultos, agresiones, intimidaciones y boicots, estos últimos hasta dentro de los propios Ayuntamientos, ante la iniciativa de instalar pantallas gigantes en las plazas públicas en los partidos que enfrentaban a España en el recién acabado Campeonato del Mundo.
Ahora, en la otra región también independentista, Silvia Orriols, dirigente de Aliança Catalana, está aprovechando el clima de crispación para cargar contra los separatistas ortodoxos que no muestran abierta hostilidad frente al equipo nacional: « A diferencia de Gobiernos de Junts o Esquerra, no he puesto ninguna pantalla en la calle para seguir a la Selección española…», presume.
En Gerona, otro feudo independentista, los grupos antiespañoles propusieron celebrar nuestra segura eliminación juntándose a exhibir banderas separatistas para reclamar la independencia. El éxito de los jugadores de Luis de la Fuente ha impedido que se diese este acontecimiento. Por el contrario, localidades como Sabadell y Mataró, ambas de la provincia de Barcelona, se han volcado con las celebraciones del equipo.
La ciudad con mayor intensidad de choque ha sido Pamplona, caldeada la capital navarra por el ambiente de los Sanfermines. Un grupo de separatistas llevó a la plaza de toros de la ciudad una enorme pancarta con la leyenda «Puta España, puta Selección», causando un fuerte rechazo en la mayoría de asistentes que contestaron cantando «Yo soy español, español, español» y portando banderas rojigualdas al coso en jornadas posteriores. El Partido Popular ( PP ) de Pamplona, denunció públicamente insultos y agresiones hacia jóvenes que portaban banderas de España durante las celebraciones de la semifinal deportiva, exigiendo al consistorio municipal medidas de seguridad estrictas para la gran final del campeonato el pasado domingo en Nueva York.

Joseba Arison, es el actual alcalde de Pamplona. Pertence a Bildu y gobierna con apoyo del PSOE. Prohibió las pantallas gigantes en su municipio, argumentando que así se evitaban incidentes. El regidor de Tudela, Alejandro Toquero, del partido de la derecha Unión del Pueblo Navarro ( UPN ), contestó calificando de «excusa barata» esta censura a una actividad que disfrutan muchos pamplonicas y visitantes. Toquero aseguraba que la Plaza del Castillo de Pamplona contaba con la infraestructura necesaria para garantizar la seguridad y defendía el derecho de los navarros a sentirse orgullosos de su condición de españoles.
También denunciaba que durante años se ha intentado amedrentar a la mayoría patriota. «Los que vivimos aquí, en Navarra, estamos acostumbrados a que sacar la bandera de España esté mal visto y yo creo que ya nos hemos cansado», declaró en el programa «Espejo Público» de Antena 3. La presión popular obligó al alcalde pamplonica a instalar cuatro pantallas para la finalísima contra Argentina. Lo que demuestra que no rendirse, ni dejarse avasallar, es una estrategia que funciona.
Miembros de Ernai, las juventudes de la formación independentista Sortu (integrada en EH Bildu), robaron camisetas de la selección española de fútbol en centros comerciales de Bilbao, Vitoria y Pamplona para impedir su venta y que no se pudieran ver por los pueblos y ciudades vascas. Los asaltantes se grabaron cometiendo las sustracciones disfrazados con barbas postizas y gorros para difundir la acción y no ser identificados que tenía como objetivo reivindicar la oficialidad de la selección vasca. Sus vídeos no consiguieron el efecto multiplicador que perseguían.
Las camisetas de la Selección, tanto la roja como la blanca, han seguido muy visibles en el País Vasco, a pesar de los riesgos que conllevaba su utilización. En este contexto hay que destacar el coraje de Maider Etxebarría, la alcalde socialista de Vitoria que ofreció una rueda de prensa con la camiseta de la Selección española para dejar claro su posicionamiento, exigiendo respeto a los radicales separatistas..
Muchas veces las agresiones resultan difíciles de probar. Estos días se ha absuelto por falta de pruebas a cinco personas del delito de coacción física y verbal a varios seguidores de la selección que acudieron a un España–Estados Unidos femenino en el estadio de Osasuna en Pamplona. Ocurrió el día 11 de octubre de 2022 y el fiscal ha explicado que les llamaron «fascistas», «vasallos del Estado español», «españoles hijos de puta» y el habitual «puta España, puta Selección».
En ocasiones similares sí hubo condena: en el distrito de San Andreu (Barcelona), tres jóvenes voluntarios –dos chicas y un chico– de la plataforma vecinal «Barcelona con la Selección» fueron insultados, pateados y arrastrados por el suelo en 2016 por grupos separatistas violentos. El motivo del ataque fue que ellos se encontraban en una carpa informativa intentando recabar apoyos para instalar pantallas gigantes en la calle y seguir los partidos de España durante la Eurocopa de 2.024. El Tribunal Supremo ha ratificado la condena a los agresores a nueve meses de prisión y hasta 1.620 euros de multa.
Durante los días de desarrollo del campeonato mundial, se notó muy tenso al presidente vasco, Imanol Pradales (PNV) en una entrevista con Xavier Fortes para TVE. Se negó a dar cualquier palabra de aliento a la Selección española a pesar de la nutrida representación de jugadores vascos y navarros, con un protagonismo tan destacado como el de Unai Simón, Mikel Oyarzábal, Mikel Merino.y Nico Williams Pradales rehuyó cualquier elogio a quienes anima cuando juegan en el Athletic de Bilbao o la Real Sociedad.
Seguramente se encontraba molesto porque las audiencias televisivas de los partidos en el País Vasco y Cataluña han estado por encima de la media nacional. El partido ante Bélgica, por ejemplo, alcanzó el 72,5 % de cuota de pantalla, superando la media estatal del 67,7 %, lo que confirma el interés de los vascos por la selección. El alcalde de Bilbao, Juan María Aburto, se negó a instalar pantallas en la ciudad alegando que no existía una «necesidad social», ni «demanda generalizada». Todos sabemos que esta postura tiene que ver con el rechazo a destacar que en el País Vasco existe un creciente apoyo –sobre todo, juvenil– a la unidad de España.

Como era previsible hubo altercados en Bilbao que se produjeron antes del partido España-Argentina cuando algunos participantes de la marcha convocada por la tarde por Zazpi Baietz ( plataforma radical ) en apoyo al reconocimiento oficial de la selección vasca de fútbol, irrumpieron por detrás de la pantalla gigante que el PP había colocado en el Parque de Doña Casilda y empezaron a tirar vallas, provocar destrozos y lanzar objetos como botellas. Arrancaron unos cables y cortaron la emisión del partido, que luego se pudo reanudar, todo ello en medio de una amplia presencia policial por parte de la Policía Autonómica..
En el caso de Navarra, la agresión se perpetró por un grupo de encapuchados contra otro de militares que seguían el partido en la terraza de un bar de la localidad de Berriozar, distante cuatro kilómetros de Pamplona y sede del Regimiento de Infantería, América 66. Algunos encapuchados portaban barras y otros objetos para cometer la agresión y, tras unos segundos en los que atacaron a los aficionados, se retiraron del lugar, dejando varios heridos. La Guardia Civil y la Policía Foral están investigando de forma conjunta los hechos.
Puede parecer anecdótico pero algo cambió -a mejor- en España al conseguir la Eurocopa 2008, el Mundial 2010 y una Liga de Naciones de la UEFA en 2.023 como se ha visto ahora en este Campeonato Mundial de Seleciones Nacionales de Fútbol. de 2.026. Desde entonces, la mayoría de los niños españoles crecieron enfundados en la camiseta del equipo nacional dejando atrás la amargura guerracivilista de muchos de sus mayores, sobre todo, los de la izquierda y los comunistas. Al conseguir de nuevo este campeonato mundial, España ha ganado la batalla cultural iniciada hace década y media. Demos gracias al equipo y celebrémoslo como merece.
La victoria sobre Argentina, agónica en los últimos compases del encuentro, se tradujo en una sacudida general, en un terremoto de sentimientos y alegría desbordados que recorrió España de punta a punta y que fue el espejo donde se reflejó la España real, la de los afectos compartidos, la solidaridad y una hermosa manera de convivir que tiene mucho que ver con el ideal de la vida en paz y libertad de sus ciudadanos.
Pero el pasado domingo por la noche, con el pitido final, sucedió algo que a las viejas generaciones puede parecerles extraordinario pero que no es más que la muestra de una realidad, la de unos jóvenes que se han deshecho de complejos; que se reconocen como miembros de una patria común; que exhiben los símbolos de la Nación desde la euforia y el orgullo del triunfo y que no van contra nadie porque en su concepción de la vida y del mundo nadie es su enemigo.
Esos cientos de miles de jóvenes, muchos casi adolescentes; vestidos con la camiseta de la Selección; envueltos en la bandera nacional y cantando a gritos su satisfacción de sentirse españoles; españoles, además, que estaban viviendo apasionadamente el que, posiblemente, sea el triunfo deportivo mundial más importante, nos habla de una sociedad sana y unida, muy diferente de ese espectro roto y enfrentado que agitan algunos políticos gubernamentales sectarios desde un populismo pedestre.

Esa España de la división existe, pero no representa más que a unas minorías resentidas, incapaces de entender que el triunfo del combinado nacional se ha debido, precisamente, a las características de un equipo cuya potencia arrolladora es el resultado de su propia diversidad, de ese concepto del compañerismo y el sacrificio por una causa común que siempre ha hecho grande a la sociedad española.
Porque quienes estos días se han lanzado a las calles y plazas con el grito de ¡España, España! no lo han hecho contra nada, ni contra nadie, lo han hecho porque, consciente o inconscientemente, sienten que hay algo por encima de todos nosotros que nos une y que es la pertenencia a un pueblo, a una sociedad, en suma, a una Nación, que, como tal, acababa de conseguir algo extraordinario y muy difícil pero que nos situaba por un breve tiempo en el centro del mundo.
De ahí que resulten extrañas, casi irreales, obscenas esas imágenes procedentes del País Vasco y Navarra de gentes encapuchadas, violentas, llenas de odio, incapaces no solo de mostrar la menor empatía con quienes estaban viviendo momentos de euforia, de ilusión colectiva; gentes que en muchos casos eran sus propios vecinos, compañeros de trabajo o de estudios pero a quienes no consideraban que fueran acreedores del menor respeto.
Hay, ciertamente, un problema de violencia e intolerancia en esos lugares de España donde operó con fuerza el crimen, la extorsión política y la ideología excluyente del nacionalismo pero que es preciso relativizar y situar en su propio contexto, el de unas minorías autoexcluidas del concierto social, automarginadas en el seno del pueblo español, sin más referencias que su mundo pequeño y artificial que no pueden soportar la alegría de una Nación unida por un éxito común. Esa España sin complejos que tomó las calles y plazas de sus pueblos y ciudades para celebrar un hecho extraordinario: coronarse Campeona del Mundo de Selecciones de Fútbol masculino.











































































































































































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