En el peor momento de su mandato, con su mujer a punto de sentarse en el banquillo de los acusados, su hermano ya lo está desde el pasado jueves y sus más cercanos colaboradores políticos juzgados ante el Tribunal Supremo por graves delitos de corrupción, el Presidente del Gobierno, Pedro Sánchez buscó amparo en el exterior en vez de presentar la dimisión como haría cualquier dirigente demócrata. En una manifiesta huida hacia adelante, reunió en Barcelona, durante los pasados dias 16 y 17 de abril, a la flor y nata del «progresismo» tercermundista, con el Presidente de Brasil, Lula da Silva, a la cabeza. Lo hacía a su vuelta de un comentado viaje de negocios a China, donde había establecido una alianza particular con el dictador comunista Xi Jinping, sin contar con el visto bueno del Parlamento español, ni con el respaldo europeo. Sánchez va por libre, provocando, a conveniencia propia, un cambio radical en la política exterior de España.
Es natural que el comportamiento errático del presidente español suscite cada vez más preocupación en la Unión Europea ( UE ). Inquietan tanto sus contracciones musculares involuntarias -especialmente las de su rostro- con la prudente política común en las relaciones con China, Israel y Estados Unidos, como su deriva hacia actitudes ajenas a la posición democrática occidental. Hay dos hechos que han levantado especial preocupación más arriba de los Pirineos: la regulación masiva y descontrolada de inmigrantes ilegales ( hay quién empieza a llamarla amnistía administrativa ) y los ataques de los miembros del Gobierno a los jueces, con el ministro de Justicia, Félix Bolaños, a la cabeza. La arremetida general contra el juez Peinado, encargado de la instrucción de su esposa, Begoña Gómez, es un verdadero escándalo. Se trata de una mujer que no ostenta ningún cargo público, a la que se acusa de aprovecharse de su condición privilegiada como esposa del presidente para hacer negocios particulares. Esta defensa, a coro, de varios de sus ministros favorece esa apreciación judicial: la confusión delictiva de lo público y lo privado.
España, con Pedro Sánchez, se convierte así en una anomalía europea. El temor es que, en la curva final de su mandato, abandonado a su suerte y perdido en su laberinto, claramente fuera de la realidad, cometa errores irreparables con alianzas y compromisos peligrosos. Su enemistad con Israel, que guarda, por cierto, el «expediente Pegasus», y su comprometedora alianza con China son indicios poco tranquilizadores y ponen en alerta a los verdaderos demócratas europeos. Lo mismo que la veneración al dirigente español por parte de los ayatolás, los movimientos terroristas de Oriente Medio y los herederos políticos de ETA, compañías poco recomendables. El «contubernio» progresista de Barcelona de hace unas semanas, va a señalar seguramente el camino último del sanchismo antes de su extinción definitiva.

La agenda europea de la semana comprendida entre el 20 y el 28 de abril, dejó un balance adverso para Pedro Sánchez en Bruselas, con varias de sus iniciativas estrella bloqueadas. Un encadenamiento de fracasos que vuelve a evidenciar su soledad en la UE. Para empezar, los ministros de Exteriores de los 27 tumbaron el día 21 su petición de romper el acuerdo de asociación con Israel por reimplantar la pena de muerte para los terroristas palestinos y vulnerar los derechos humanos en Gaza, Cisjordania y Líbano. «Golpearía a la población civil israelí», alegaron Italia y Alemania, que encabezan el frente de oposición a Sánchez. El ministro José Manuel Albares solo logró el apoyo de Eslovenia, Irlanda, Portugal y Bélgica. Magro resultado.
Un día después, el 22, la Vicepresidenta de la Comisión, Teresa Ribera -que formó parte del Gobierno de Sánchez durante seis años- fue la encargada de verbalizar el portazo de Bruselas a la petición española de crear un ‘impuestazo’ europeo sobre los beneficios extraordinarios de las grandes energéticas. «Un impuesto común exige unanimidad y no sería fácil alcanzarla«, zanjó Ribera. La semana se cerró con un tercer golpe: un correo del Pentágono del día 23, que sugería la expulsión de España de la OTAN como castigo por su negativa a ceder las bases y espacio aéreo español en la guerra de Irán.
No hay debate: España cumple sus compromisos, somos un socio leal», replica el Presidente del Gobierno ante la nueva amenaza de Donald Trump. Los reveses en Bruselas no parecen hacer mella en Sánchez, que ha encontrado en la política internacional la escapatoria al bloqueo parlamentario y los casos de corrupción que acechan a su Gobierno. En la cumbre informal de Chipre del día 24 de los líderes de la UE con el presidente ucraniano, Volodimir Zelenski, el jefe del Ejecutivo español no solo insistió en sus demandas sobre Israel y la tasa energética, sino que añadió dos nuevas peticiones: un año extra para los fondos Next Gen ( esos que necesita para pagar las pensiones ) y mayor flexibilidad fiscal por la guerra de Irán. También aquí, el desenlace que aún no se ha producido pero más probable es el mismo: el ‘no’ de la UE.

La nota interna del Pentágono, oportunamente filtrada, apuntaba la posibilidad de que España y otros aliados europeos de la OTAN fueran suspendidos de sus funciones en la Alianza por su negativa a colaborar con las operaciones militares estadounidenses e israelíes contra Irán. Con celeridad, el Presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, salió a la palestra para despreciar ese tipo de amenazas y asegurar que nada cambiaría en la relación estratégica de España con sus aliados atlánticos, con los que nuestro país se comporta como un socio fiel, afirmación esta última que no puede ser más exacta, por cuanto las Fuerzas Armadas españolas mantienen despliegues de carácter defensivo en las fronteras calientes con Rusia, además de apoyar con sus equipos militares más modernos la seguridad de otros aliados, como Turquía.
Pero esta realidad, que un mandatario como Donald Trump, cuyo país lidera la Alianza Atlántica, no debería obviar, no es óbice para que desde la Casa Blanca se deslicen comentarios poco amigables, cuando no directamente amenazadores, en una sobreactuación con un claro destinatario interno: el sector más nacionalista de la opinión pública norteamericana, que fue el principal apoyo de Donald Trump, pero que no acaba de entender las razones de su líder para incumplir una de sus grandes promesas electorales, la de no meter a los Estados Unidos en más guerras complejas, caras y sin posibilidad de victoria clara.
Más aún, cuando ni siquiera es posible hablar de unos objetivos estratégicos bien definidos, sustituidos por un amplio abanico de opciones, que van desde un acuerdo petrolero con el régimen de los ayatolás hasta la aniquilación de la civilización persa, según se levante ese día por la mañana el líder norteamericano. Por supuesto, ante una acción unilateral, sin justificación sólida y sin consultar previamente con sus aliados, como es la operación contra Irán, y que, además, quedaría fuera de los límites geográficos de actuación de la Alianza Atlántica, ni España ni el resto de los socios europeos pueden ser obligados a participar militarmente en el conflicto, por más que este se haya extendido a otros países con los que la Unión Europea mantiene acuerdos económicos y financieros muy notables. Hasta ahí, nada que suponga mayor controversia en la opinión pública española y europea, que en términos generales no entiende qué pretendía Washington con este nuevo ataque, una vez que, según afirmó la Casa Blanca, ya había sido inutilizado el programa nuclear iraní.

Por ello, cabe preguntarse la razón de que España se haya convertido en el principal destinatario de las invectivas, amenazas y desprecios de Trump, y la respuesta que más se aproxima a la verdad estriba en que nuestro Presidente del Gobierno ha hecho del ataque a la figura del mandatario norteamericano y del Gobierno de Israel su principal baza política interna. Un reflejo propio de los populismos más básicos, que buscan un enemigo externo lo suficientemente antipático como para alinear con los Gobiernos a una parte de la ciudadanía propia, que en casi todos los aspectos de la gestión política se revela francamente contraria al poder. Populistas que se retroalimentan.








































































































































![Captura-de-pantalla-2018-05-18-a-las-17.23.07-1080x675[1].png](https://asuntospoliciales.com/wp-content/uploads/2018/11/captura-de-pantalla-2018-05-18-a-las-17-23-07-1080x6751.png)













































































































