Ahora resulta que la dictadura comunista china está “en el lado correcto de la historia”. Xi Jinping, el Presidente de la República Popular asiática, se ha permitido decir ante Pedro Sánchez que “China y España son países de principios que actúan con rectitud moral, y ambos están dispuestos a situarse del lado correcto de la historia” e invitar al presidente español a “rechazar el retorno del mundo a la ley de la selva” y “defender conjuntamente un verdadero multilateralismo y salvaguardar la paz y el desarrollo en el mundo”. A estas palabras del tirano chino, Sánchez contestó: “Encontremos juntos formas de reforzar el sistema multilateral y el derecho internacional, que se está viendo socavado de manera recurrente y muy peligrosa cuando son más necesarios que nunca”.
En su euforia prodictadura china, el Presidente de Gobierno español, dijo que “está en el interés de España y Europa estrechar lazos con China” en “una relación abierta desde el respeto” para “contribuir de forma activa a la creación de un nuevo orden global que traiga la paz definitivamente” a un mundo afectado por “la grave situación en Irán, Gaza, Líbano y Ucrania”. Animando al déspota oriental a “continuar contribuyendo a reformar el sistema de gobernanza multilateral”. Se lo decía a quien hace menos de un año presidió en la Plaza de Tiananmén de Pekín, la capital del país, vistiendo el uniforme del partido comunista maoísta, una gigantesca exhibición de su ejército flanqueado por Putin, Kim Jong-un y representantes de Vietnam, Cuba o Irán.Todas ellas ejemplares democracias como ejemplo a seguir.
Que el dinero no huele ya lo dijo el emperador romano,Vespasiano. Que los negocios son los negocios, lo escribió el autor francés Octave Mirbeau en una famosa comedia de igual nombre. Que no se puede ignorar el poder de los gigantes económicos y militares, por muy deleznables que sean sus gobiernos, es sabido. Pero de ahí a alinearnos con ellos en el lado correcto de la historia y llamarlos defensores del derecho internacional y la paz va un abismo que solo la falta de ética puede salvar.
El mismo día en que Pedro Sánchez se situaba en el lado correcto de la historia junto al autócrata chino, el pasado 14 de abril, el Gobierno sanchista enviaba a la justicia española el expediente para pedir el cierre de la Fundación Francisco Franco porque, dijo el ministro de Cultura, el comunista, Ernesto Urtasun, que “en una democracia sólida no puede haber espacio para organizaciones que vulneran la dignidad de las víctimas y tratan de blanquear la dictadura”. Pero por lo visto sí lo hay para blanquear y alabar la peor dictadura, todavía viva, del siglo XX que es la china.

Sigo con el chinoviaje. Una cosa es la necesidad de hacer negocios con China, casi segura primera potencia mundial, y otra, blanquear el peor totalitarismo del siglo XX, que subsiste, tragándose Sánchez que nos sitúe con él en el lado correcto de la historia y lo llame defensor del derecho internacional y la paz. La dictadura china es la más larga y mortífera de la historia contemporánea: 77 años y 70 millones de muertos. Ahí está para acreditarla, la trilogía de Frank Dikötter La Tragedia de la Liberación: 1945–1957, La Gran Hambruna de Mao: 1958–1962 y La Revolución Cultural: 1962-1976 (Acantilado).
Y si a alguién le parece poco lo anterior y quiere documentarse aún más, puede acudir a las obras pioneras de Simon Leys Sombras chinescas (Acantilado) y El traje nuevo del emperador Mao (Ediciones el Salmón) que le costaron ser linchado intelectualmente por la cínica progresía europea que, no pudiendo seguir siendo estalinista al descubrirse los crímenes del carnicero ruso en los años sesenta, se hizo maoísta que era peor pero no lo sabían y tampoco se molestaron en comprobarlo, como Jean Paul Sartre, Simone de Beauvoir, Roland Barthes, Michel Foucault o María Antonieta Macciocci en cabeza. Recomendable también la biografía El paraguas de Simon Leys de Pierre Boncennes (Acantilado).
En la lista de las dictaduras más largas ganan la china y la coreana con 77 y 78 años, seguidas por la soviética con 73 (más la autocracia o dictadura de Putin desde el 2000), la cubana con 67, la fascista con 23 y la nazi con 12. Se ve que las comunistas tienen mayor fortaleza que las nazi-fascistas y que, de entre ellas, las orientales son las más longevas. Porque tanto la coreana como la china siguen ahí, vivas. Todas ellas y no debemos de olvidar, ramas de un mismo árbol llamado socialismo.

Es cierto que en China se persigue hoy a los disidentes con un poco más de disimulo tras abrazar el capitalismo con ardor pero sigue siendo lo que fue: la aliada de Corea, Irán y Rusia o la dictadura purgante que, en 2022, ante el mundo y los 23.000 delegados del XX Congreso del Partido Comunista, quitó de en medio en directo al ex presidente Hu Jintao, dándole un toquecito en el hombro y sacándolo escoltado o detenido de la mesa presidencial.
Por cierto, este caballero purgado, fue imputado en España por la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional como presunto responsable del genocidio comunista en el Tíbet durante los años 80 y 90. Culpas, por lo visto, extinguidas pese a que el régimen sea el mismo. Pelillos tibetanos a la mar. Lacayos del imperialismo llamaba la izquierda a los pro estadounidenses. Aplíquese.


























































































































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