Desde que llegan a España los inmigrantes ilegales, se ven atrapados en un laberinto burocrático que es el Reglamento de Extranjería, del que esperan salir mediante la regularización extraordinaria anunciada por nuestro generoso Gobierno social-comunista, a principios de año. Centenares de miles de personas están a la expectativa de lograr un permiso de trabajo y residencia. El proceso nace de la recuperación por Podemos de una Iniciativa Legislativa Popular ( ILP ) -aunque no lo reconozcan- impulsada por entidades sociales, agrupadas en la plataforma ‘RegularizaciónYa’ y que dormía el sueño de los justos en algun cajón del Congreso de los Diputados
Cuando plantearon la medida los cachorros comunistas, sus cálculos -intencionadamente a la baja- eran que unos 500.000 emigrantes podrían lograr papeles; hoy, entidades como Funcas -fundación independiente- han actualizado la cifra y la elevan hasta 840.000 inmigrantes potencialmente beneficiados. Para proyectar el dato, desde esta entidad han cogido la lista de personas empadronadas que ofrece el Instituto Nacional de Estadística ( INE ) –que pueden tener permiso de residencia o no- y se resta de las personas que tienen permiso de residencia, de estudios o por asilo. Desde el Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, encargado de gestionar el proceso, afirman carecer de información al respecto en una nueva mentira piadosa. ¡ Dejarán de saberlo !. El portavoz del grupo de extrema izquierda Podemos en una entrevista realizada en Radio Nacional de España también afirmó que, en realidad, serían 800.000 o más los extranjeros afectados.
¿Quiénes son, dónde viven y de dónde vienen?, El perfil mayoritario es el de una persona originaria de Hispanoamérica, que ya está viviendo aquí y que tiene una red social, de familiares y/o amigos, que lo apoya, según explica la directora de Estudios Sociales de Funcas, María Miyar. “Los más numerosos nacieron en Colombia, Perú y Honduras. Son jóvenes, en edades laborales activas, mayoritariamente ya están ocupados en la economía informal, en empleos poco remunerados y de baja cualificación”, detalla. Si reproducen el patrón de los emigrantes que hoy sí tienen papeles, la mayoría viven en las áreas metropolitanas de Madrid y Barcelona.

Actualmente, España es una de las economías que más crece de todo el Viejo Continente y gran parte de esa bonanza se explica por la intensa incorporación de personas nacidas en el extranjero. En los últimos cinco años, se han creado en España 2,4 millones de empleos en la economía formal, de los cuales el 39% los han ocupado emigrantes. Los nacidos fuera de España pero que cotizan en España ya superan los tres millones de personas y la regularización anunciada por el Gobierno promete disparar la cifra.
“La gran mayoría de emigrantes en situación irregular entran en España a través del aeropuerto de Madrid- Barajas. Desde prácticamente toda la América hispana pueden acceder a España sin visados, como turistas. Aquí, encuentran un mercado laboral que demanda gente y gran parte de los que vienen ya tienen un familiar o un amigo que les recibe. El recorrido inmigratorio lo tienen hecho”, explica la investigadora de Fedea y profesora de la UCM Claudia Finotelli.
Esta especialista en gestión de extranjería señala la evidente mejora que experimentarán las vidas de aquellos que acaben acogiéndose a la regularización, ya que obtener un permiso de trabajo les permite –que no garantiza- conseguir un empleo con unos mínimos y una vez legalizados “la evidencia empírica señala que la gran mayoría ya no vuelven a la irregularidad”. No obstante, también señala las contradicciones que le supone al Estado tener que recurrir a una medida extraordinaria como esta.

Lo cierto es que durante años, el modelo de extranjería ha perdido eficacia. El arraigo social exigía -tradicionalmente tres años de invisibilidad- y dos desde el año pasado; el arraigo laboral era casi inaccesible; la contratación en origen se había convertido en una ficción administrativa. Las Oficinas de Extranjería acumulaban retrasos increíbles y la irregularidad sobrevenida se multiplicaba. Cuando cientos de miles de personas viven en la ilegalidad durante años, el problema deja de ser individual y se vuelve estructural: es el síntoma de un sistema que ya no puede gobernar la realidad que debe regular».
“Sánchez ha aprendido la lección de Zapatero y ha dado más tiempo a presentar papeles y no requiere contrato de trabajo previo, lo que dejaba la regularización en manos de los empresarios. Desde la izquierda se piensa en que no nos podemos permitir una economía sumergida ante el reto demográfico que tenemos por delante”,
“Es un parche para resolver un modelo de captación de mano de obra extranjera que es muy deficitario y que alimenta una economía que depende de sectores muy volátiles y precarios y necesita incorporar a mucha gente que cobre bajos salarios”, afirma la investigadora de Fedea. «No le veo sentido al debate entre regularización sí o no, deberíamos reflexionar sobre qué tipo de modelo productivo queremos», añade.

Mayoritariamente, los informes coinciden en señalar que la regularización supondrá una mejora para las condiciones de vida de los potenciales beneficiados, aunque no está claro que todas las personas que tengan derecho a legalizarse acaben aflorando a la economía formal y una parte seguirá en la economía sumergida.
Las empresas ven con buenos ojos la medida, especialmente las de la construcción, el campo, el transporte, la hostelería o el cuidado de personas, sectores donde la población emigrante legal ya está hoy sobrerrepresentada. La legalización les habilitará de más mano de obra en un contexto en el que, pese a las todavía altas tasas de paro, lamentan falta de personal en distintas profesiones, habitualmente las peor remuneradas.
No obstante, economistas y sindicatos advierten de que no todas las empresas o particulares que hoy dan empleo informal querrán asumir los costes derivados de contratar a esas personas, como pagar cotizaciones sociales o reconocerles derechos básicos como bajas por enfermedad, vacaciones o prevención de riesgos laborales, entre muchos otros.

Los sindicatos ya están preparando campañas para tratar de organizarlos y que esta oportunidad suponga una mejora de sus condiciones y les permita consolidar una carrera profesional a medio y largo plazo en España. La legalización de estas personas no supondrá un tapón o una mayor competencia para la población nacida aquí a la hora de encontrar un trabajo, “ya que gran parte de las profesiones que hoy copan los emigrantes son profesiones a las que los autóctonos no quieren acceder y para las que están sobrecualificados”, explica la directora de Estudios Sociales de Funcas.
La Seguridad Social arrancó 2026 con 3.038.158 afiliados extranjeros en la serie original, tras sumar 195.129 cotizantes en el último año. Detrás de esa cifra hay un protagonista claro: los trabajadores venezolanos, que se han convertido en el colectivo que más crece en términos absolutos y relativos. Los afiliados procedentes de Venezuela aumentaron en 34.651 personas respecto a enero del año anterior, un 19,7% más, hasta alcanzar los 210.984 cotizantes. El avance coincide con el nuevo escenario político abierto tras la caída del tirano Nicolás Maduro. Parte del colectivo ya residía en España, pero el contexto reciente ha acelerado procesos de regularización e integración en el mercado de trabajo.
El liderazgo venezolano se asienta después de que el mes pasado adelantaran a sus vecinos colombianos, que eran los que más nuevos empleos de origen foráneo aportaban a la Seguridad Social. El flujo de llegadas de trabajadores venezolanos a España se ha intensificado de manera sostenida en la última década y ha marcado una progresión sin precedentes en los registros disponibles. Este patrón refleja la magnitud del éxodo venezolano: se estima que en la última década han salido del país más de ocho millones de personas, impulsadas tanto por la crisis económica como por la prolongada dictadura política que ha caracterizado al régimen chavista y su impacto en la economía local.

Su crecimiento no es un fenómeno aislado, sino que se inserta en una transformación estructural del mercado laboral español que está actuando como palanca del ciclo expansivo. Desde 2022, la economía acumula 8,9 puntos de crecimiento del PIB. De ellos, 4,2 puntos -el 47% del total- se explican por la aportación de los trabajadores extranjeros, según el estudio ‘La inmigración en España: retos, impacto y políticas’, publicado por Funcas. Desde 2019, la población activa ha crecido un 7,8%, lo que equivale a 1,8 millones de nuevos trabajadores, prácticamente todos de origen extranjero. España cuenta hoy con 22,4 millones de ocupados, la cifra más alta de su historia. De ellos, 3,57 millones son extranjeros y 4,79 millones si se incluyen quienes tienen doble nacionalidad.
Sin esa aportación, el empleo estaría prácticamente estancado en un contexto de envejecimiento acelerado de la población nacional. El fenómeno ha supuesto, en términos económicos, una auténtica conmoción de oferta: más trabajadores disponibles han permitido elevar la producción sin trasladar toda la presión de la demanda a los precios Los trabajadores extranjeros representan ya el 14,1% del total de afiliados a la Seguridad Social. Su peso es especialmente elevado en construcción, hostelería, agricultura y servicios personales. En construcción superan una cuarta parte del empleo; en agricultura rebasan el 27%; y en el trabajo doméstico se aproximan a la mitad.
Según el análisis de Funcas, la inmigración ha facilitado el desplazamiento de la fuerza laboral nacional hacia ocupaciones de mayor productividad y mejor remuneradas. En el último lustro, el crecimiento del empleo entre españoles se ha concentrado en categorías como directivos y profesionales cualificados, mientras que las ocupaciones más básicas dependen en mayor medida de mano de obra extranjera. Sin ese flujo migratorio, la economía habría respondido al tirón del turismo o a la demanda de vivienda vía precios, más que vía producción. Es decir, el crecimiento habría sido menor y la inflación, mayor.

En paralelo, el emprendimiento emigrante gana peso. Los autónomos extranjeros alcanzan los 496.330, un 6,2% más que hace un año, con presencia creciente en actividades tecnológicas y de servicios avanzados. El dinamismo del colectivo venezolano simboliza ese giro estructural. España no solo incorpora mano de obra para cubrir vacantes: amplía su capacidad productiva en un momento en que la mayoría de economías europeas enfrentan contracción demográfica. Hoy, uno de cada cinco residentes en el país ha nacido en el extranjero. Sin embargo, los expertos advierten de que la inmigración no resuelve por sí sola los desequilibrios de fondo. La fotografía, en todo caso, es nítida. El crecimiento económico reciente no se entiende sin la inmigración.
Por otro lado, el pasado mes de enero se cerró con 918.756 personas en paro fuera de la estadística. Es el mayor registro desde que se aprobó la reforma laboral impulsada por la Vicepresidenta segunda y Ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, para transformar la contratación temporal en indefinida, donde se encuentran los fijos discontinuos. Este tipo de contrato permite a la empresa suspender al trabajador en los periodos de menos actividad. Y aunque el empleado tiene la garantía de mantener el contrato con la empresa y volver a ser llamado, queda desempleado, sin actividad ni sueldo, durante ese periodo. Sin embargo, no se incluye en el paro registrado como el resto.
Esta categoría creció con fuerza en la fiebre china ( pandemia ), cuando numerosas empresas suspendieron su actividad y los ERTE ( Expedientes de Regulación Temporal de Empleo ) se convirtieron en una figura clave para suspender trabajos temporalmente; pero con la desescalada y la recuperación de la normalidad, volvió a sus niveles habituales en 2022, justo antes de la entrada en vigor de la reforma laboral. Ante la polémica desatada, el Ministerio de Trabajo se comprometió hace ya tres años, en enero de 2023, a informar del número exacto de fijos discontinuos inactivos. En definitiva, a separar la cifra de ese total de demandantes de empleo con relación laboral. Sin embargo, a día de hoy sigue sin hacer público ese dato.

El 2025 ya se cerró con casi 900.000 demandantes de empleo con relación laboral, alrededor de un 200% más que en 2019, lo que anticipaba que se podía superar esa cota en los próximos meses. En este enero este tipo de desempleados crecieron en 25.823 personas, casi lo mismo que subió el paro registrado que oficialmente comunica el Gobierno sanchista .En el mes pasado, se perdieron 270.782 empleos y el Ministerio de Trabajo informó de que el paro registrado aumentó sólo en 30.392 personas, una brecha que si bien depende de otros factores (jubilaciones o personas que pierden su trabajo y no se inscriben en el SEPE -Servicio Público de Empleo Estatal- por falta de incentivos), podría explicarse en gran medida con los fijos discontinuos inactivos.
La suma del paro registrado y el paro oculto da como resultado el paro «efectivo», un término acuñado por Fedea. Con los últimos datos, se situaría en los 3,36 millones de personas. En enero de 2019 esos parados totales, según los datos del SEPE, eran 3,57 millones, lo que indica que se ha producido una bajada del 6%, frente al descenso del 26% que ha registrado el paro sin este colectivo. En definitiva, el peso de los fijos discontinuos en el mercado laboral y su desempleo en meses como enero, por la fuerte estacionalidad que mantienen los trabajos, aleja las cifras oficiales de paro de la realidad. Tal y como se ha publicado, uno de cada cuatro parados inscritos en las oficinas del SEPE ( Srvicio Público de Empleo Estatal ) está oculto en la estadística.





















































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