AUTOR: Juan Francisco Alcaraz Diaz, Comisario Principal ( Jubilado ) de la Policía Nacional.
«¿Qué le ha hecho Sánchez a Marruecos para que Marruecos nos haga esto?». Esta pregunta se formula dentro del PSOE y resume el desconcierto que dejó la comparecencia parlamentaria del Presidente del Gobierno sobre Ceuta entre los dirigentes socialistas que he consultado. Las valoraciones son excepcionalmente duras. «Miente». «Está noqueado». «No es creíble». «Ya no analiza la realidad». Y una advertencia todavía más gráfica sobre las consecuencias políticas de la estrategia seguida por el Palacio de La Moncloa: «Marruecos nos lleva a la tumba».
Las encuestas internas que manejan los socialistas son demoledoras en intención de voto y en percepción de la imagen del Gobierno sanchista entre el electorado de izquierdas. Todos los nuevos sondeos que se publican confirman la «angustia» que se percibe dentro del PSOE ante las elecciones generales adelantadas al próximo 29 noviembre y las autonómicas y municipales de mayo de 2027. Hay quienes anticipan la amenaza de que el partido no solo pierda el Gobierno central sino que en los territorios se quede solo con los gobiernos de Navarra (en manos de Bildu) y de Cataluña ( si consigue alguna alianza electoral de última hora ).
Sánchez acudió al Congreso el pasado día 3 de septiembre ante un Pleno extraordinario con la intención de cerrar una crisis que llevaba más de un mes erosionando a su Gobierno pero, sin embargo, el clima posterior dentro de su partido dictaminaba que no lo había conseguido. El problema es que no cuestionan solo las explicaciones sobre la invasión africana de Ceuta y Melilla los días 30 y 31 de julio pasados sino que identifican un agujero más profundo: el Presidente mantiene sin explicar su relación con Marruecos cuando cada nuevo dato hace más difícil entenderla.
El líder socialista sostuvo que no existián «pruebas sólidas» de que Marruecos diseñara o ejecutara la entrada masiva de extranjeros y ordenó que se publicaran todos los informes disponibles. Pero admitió que durante las horas decisivas la Gendarmería marroquí dejó de contener los cruces fronterizos y todavía no pudo determinar si lo hizo porque no pudo o porque no quiso. El dictamen policial sobre estos hechos remitido a la Audiencia Nacional considera, además, que el ataque fue «planificado» y forzado aunque no atribuye su autoría intelectual al Gobierno marroquí.

La distancia entre la realidad manifiesta y la contundencia con la que Sánchez evitó responsabilizar al país vecino desconcertó a los diputados socialistas. «No es creíble», insiste uno de los dirigentes preguntado. La relación con Marruecos se está convirtiendo así en algo que hasta ahora el Palacio de La Moncloa había conseguido evitar: un problema dentro del propio PSOE.
La presentación en el Congreso de la invasión de Ceuta también ha apuntalado internamente la sensación de que Sánchez ha perdido su capacidad para imponer su interpretación de los hechos. Durante años, el Presidente consiguió que el PSOE asumiera como propia cada modificación de su política hacia Marruecos, incluida la más difícil de explicar, el giro sobre el Sáhara. Ahora esa disciplina permanece públicamente pero ya no garantiza que el relato convenza por dentro.
En el PSOE empieza por eso a discutirse algo que hasta ahora había quedado protegido por la disciplina de partido: si la apuesta personal de Sánchez por preservar la relación con Mohamed VI responde a motivos personales que tampoco han quedado aclarados en el Congreso (esas sospechas en las que incide la oposición sobre Pegasus). El cambio sobre el Sáhara se justificó precisamente por la necesidad de inaugurar una etapa de seguridad, cooperación y ausencia de emergencias recurrentes y, cuatro años después, España ha sufrido la mayor entrada ilegal de extranjeros registrada en Ceuta y el Gobierno vuelve a depender de Marruecos para restablecer la normalidad.
En contra del Presidente quedó, asimismo, el hecho de que la intervención en las Cortes tampoco proporcionó una salida inmediata al colapso humanitario que sufre la ciudad. Sánchez ha reivindicado correctamente la actuación de los agentes policiales que fueron arrollados por la invasión humana que optaron por proteger vidas propias y ajenas y ha defendido que las devoluciones de inmigrantes deben cumplir la ley, comprobar identidades y garantizar una protección especial a los menores.
Pero esa explicación jurídica y humanitaria obliga al PSOE a asumir otra realidad política: la normalidad no volverá rápidamente a Ceuta debido a la dilatación interesada de los procedimientos administrativos. El propio Presidente reconoció que resolverlo «llevará su tiempo». Y en este marco, el PSOE queda aprisionado entre dos electorados. PP y Vox explotan la pérdida de control fronterizo y la relación con Marruecos mientras una parte de la izquierda cuestiona la gestión de la expulsión de los inmigrantes y rechaza la indulgencia con el reino alauí.

Por último, la acusación de «soberbia» también aparece en las conversaciones internas: no por enfrentarse a Feijóo, ni por rechazar inculpaciones sin pruebas sino porque algunos cuadros del partido consideran que Sánchez dedica más esfuerzo a demostrar que los demás se equivocan que a explicar dónde se equivocó su Gobierno. En un momento de fuerte deterioro electoral, esa ausencia de autocrítica se interpreta no como una fortaleza sino como incapacidad para leer el cambio de clima político por el que atraviesa España.
Es más que probable que la invasión de Ceuta se lleve por delante a Pedro Sánchez y deje al PSOE en mínimos electorales, peores que los que ya se vaticinaban. No solo ha habido una gestión desastrosa con complicaciones de seguridad, agresiones sexuales, problemas de salud pública y, un mes después, ni siquiera se sabía el número de personas que permanecían en la ciudad autónoma sino que también había opacidad sobre todo lo sucedido.
Sánchez defendió la exclusión de Marruecos, generando reacción incluso entre sus socios de Gobierno comunistas y de investidura que llegaron a acusarle de sufrir el síndrome de Estocolmo ( mecanismo de supervivencia de un secuestrado que simpatiza con sus captores ). Ahora se sabe que la policía había trasladado ya a la juez instructora del caso un informe completo en el que se exponían pruebas fehacientes de que agentes marroquíes dirigieron a la muchedumbre en la frontera ceutí de El Tarajal y ejecutaron un plan preconcebido de invasión territorial.
Hay dos grandes incógnitas que tarde o temprano tendrán respuesta. La primera es el alcance de los datos de los que disponía el Gobierno sanchista antes del asalto fronterizo. Las últimas semanas han sido escenario de una guerra abierta entre dos ministros, el de Interior Grande-Marlasca y la de Defensa, Margarira Robles sobre si había información previa o no.

Para salvar responsabilidades, Sánchez no dudó en imponer la tesis de que el Centro Nacional de Inteligencia ( CNI ) no comunicó adecuadamente lo que sabía. Todos los ministros cayeron sobre la yugular de la titular de Defensa, acusándola de desleal por no sumarse a la doctrina oficial impartida y difundida en opinión sincronizada.
La segunda de mayor calado, si cabe, es saber por qué Sánchez protege a las autoridades marroquíes exonerándolas de cualquier tipo de responsabilidad. Arremeter contra el jefe del Estado español como hizo el pasado 31 de agosto en una entrevista radiofónica o intentar responsabilizar a Rusia, Israel y la extrema derecha del asalto a la frontera ceutí, lejos de servir para dar explicaciones, ha aumentado las sospechas de que la sede presidencial de La Moncloa oculta información y no precisamente favorable.
La política exterior española ha sido controvertida en general y especialmente extraña con Marruecos. El reconocimiento del Sáhara como territorio marroquí representó una desviación en la posición que habían defendido previamente todos los gobiernos españoles. De esta manera, España perdía un elemento clave en el equilibrio geopolítico fronterizo. Las declaraciones actuales de Sánchez, radicalmente distintas de las que realizó en las horas inmediatamente posteriores a la invasión ceutí, le convierten en un Presidente sin credibilidad alguna ante el país y ante la comunidad internacional. Si en las relaciones con Marruecos se han cometido errores, es momento de reconocerlo, si hay otros motivos desconocidos para la opinión pública se terminarán sabiendo.
A estas alturas no existe ninguna duda sobre quién y cómo se organizó la ocupación marroquí de Ceuta. Desde el primer momento era evidente pero la poderosa maquinaria propagandística del sanchismo se puso en marcha para tapar el escándalo y las responsabilidades políticas y judiciales de los que no hicieron nada para impedirlo. No me encuentro entre los que dudaron porque las pruebas eran tan evidentes que no podían pasar desapercibidas. Por ello, no nos merecemos un Gobierno instalado en la mentira masiva y la manipulación informativa. Las conclusiones del informe policial desnudan la verdad con pruebas y no con opiniones.

El adelanto electoral tras el fracaso de los decretos de la vivienda ha alterado el clima político en España. El próximo 29 de noviembre, los españoles están llamados a las urnas para decidir si el actual Ejecutivo continúa gobernando o si se produce la victoria del Partido Popular que parecen augurar las encuestas. No obstante, más allá de lo que ocurra en España, varios medios y comunicadores marroquíes han comenzado a posicionarse ante los comicios con mensajes que presentan la continuidad de Pedro Sánchez como una opción favorable para los intereses de Marruecos.
La noticia saltó el pasado 10 de octubre a través de varias publicaciones e informaciones difundidas por el analista saharaui Taleb Alisalem. Según sus comunicaciones, replicadas posteriormente por distintos medios, varias cuentas de Facebook con cientos de miles de seguidores estarían pidiendo de forma explícita el voto para el candidato socialista. News Marroquíes España, una página cuyo nombre se traduce habitualmente de esa forma al español y que cuenta con 117.000 seguidores, ha pedido expresamente el voto para Sánchez. El mensaje se suma a otros difundidos en redes sociales que presentan una eventual victoria de la derecha como perjudicial para los marroquíes residentes en España. Algunos de esos dominios en internet han sido creados artificialmente a través de la inteligencia artificial para ayudar en la desinformación hacia la población marroquí.
La comunidad marroquí es una de las más numerosas, entre las de origen extranjero residente en España aunque conviene distinguir entre quienes conservan la nacionalidad marroquí y quienes han adquirido la española. Solo estos últimos pueden votar en las elecciones generales. Las informaciones difundidas sobre la movilización electoral sitúan en torno a 300.000 el número de ciudadanos españoles de origen marroquí con derecho a voto, una cifra que debe distinguirse de los aproximadamente 1,16 millones de personas de origen marroquí que residen en el país.
Aún así, en general la población marroquí en España aunque ha tenido una tendencia a votar a opciones de izquierdas, presenta una abstención destacadamente más alta en torno a 15 o 20 puntos por debajo de la media nacional por lo que estos ejercicios de movilización no tienen por que funcionar de forma automática.

El llamamiento de las redes sociales hacia una determinada opción política no es un fenómeno completamente nuevo. En 2019 y 2023, la Unión Socialista de Fuerzas Populares (USFP), una formación marroquí integrada en la Internacional Socialista y vinculada históricamente al PSOE ya pidió el apoyo electoral para los socialistas españoles. En este caso, la relación entre ambas formaciones permite explicar esos posicionamientos sin necesidad de atribuirles una estrategia institucional más amplia o una relación especial con el gabinete marroquí pero no deja de resultar interesante.
Algo más llamativo ha sido el caso del periodista Soulaiman Raissouni que cuenta con más de 91.000 seguidores en Facebook y más de 50.000 suscriptores en YouTube. En un vídeo difundido en redes sociales, presenta a Sánchez como un «amigo del pueblo y del Gobierno marroquí» y como una alternativa cercana a los intereses del Reino alauita. Se trata de la opinión de un comunicador no de una posición oficial del Estado marroquí. Curioso, ¿ no ?.
La utilización de redes sociales para movilizar a comunidades de origen extranjero recuerda, en determinados aspectos, a otros episodios en los que la circulación de mensajes y rumores contribuyó a impulsar movimientos de población en la frontera de Ceuta como ya se ha visto y recogido en los informes policiales publicados.
La petición de voto de una serie de páginas de Facebook, no demuestra por sí sola que exista una estrategia coordinada ni que esa sea la posición institucional de Marruecos. Más interesante resulta observar la prensa local y los análisis publicados en los últimos días que examinan las posibles consecuencias de los resultados electorales para las relaciones entre ambos países.

Más allá de los mensajes difundidos en redes sociales, la prensa marroquí está situando las elecciones españolas en un marco de intereses económicos y estratégicos. Sus opiniones destacan los riesgos de una mayor confrontación política y presentan la continuidad del Gobierno sanchista como un aspecto clave de sus intereses.

















































































































































































































































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