Autor: Juan Francisco Alcaraz Diaz, Comisario Principal ( Jubilado ) del Cuerpo Nacional de Policía.
Si acudimos a la esfera internacional sanchista, desplazado el foco de Israel tras la paz lograda en Gaza el pasado mes de octubre, el objetivo es Trump y, en España, también por supuesto, Isabel Díaz Ayuso, con la que nunca ha podido el socialcomunismo, ni lleva camino de conseguirlo. Con el Presidente de Estados Unidos, la estrategia es asimilarlo a la derecha española y, particularmente, a Vox, utilizando para ello a la jauría mediática próxima al poder, ese listado de 61 periodistas afines a la causa socialista que circula por las redes sociales. Con la presidenta madrileña, la estratagema pasa por acusarla de privatizadora y montarle manifestaciones por ello, ignorando que dicha treta fracasó ya en el pasado y le dio aún más votos. La imaginación de su contrincarte socialista, el plúmbeo Óscar López no da para más. Es así de simple.
Mientras los madrileños recibían con respeto, simpatía y muestras de apoyo a los agricultores y ganaderos en protesta por el acuerdo del Mercosur, los profesores catalanes cortaban carreteras en demanda de sus derechos laborales y, un día más, los usuarios de la Alta Velocidad se enfrentaban a suspensiones de servicio, averías y retrasos, el Presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, se sacudía desde la tribuna del Congreso de los Diputados cualquier responsabilidad y, en un clamoroso ejercicio del doble rasero, justificaba las tragedias ferroviarias de Adamuz y Barcelona en los imponderables de la vida, fallos técnicos, errores humanos, fatigas de material, casualidades aciagas y contingencias meteorológicas, causas que, sin embargo, no rigen cuando se trata de cargar las culpas contra la oposición popular.
Así, para el inquilino del Palacio de La Moncloa que discurriera en unas horas sobre el barranco del Poyo en Valencia el mismo caudal que lleva, por ejemplo, el Nilo, carece de la menor consideración ante la inoperancia y la maldad de un Partido Popular que, para el imaginario gubernamental, solo sirve para difundir bulos y, por supuesto, el jefe del Gobierno no dejó pasar la oportunidad de endosar un mitin a los parlamentarios para engordar a la supuesta extrema derecha de Vox.
El problema es que el discurso complaciente consigo mismo de Pedro Sánchez, ese que retrata una España de ensueño a medida de la propaganda más descarnada, no resiste el menor contraste con la realidad que perciben con sus propios ojos los ciudadanos. La situación de unos trabajadores y usuarios de la Alta Velocidad que venían advirtiendo reiteradamente de los múltiples defectos de la red viaria. Defectos que, una vez producida la tragedia, obligan a incrementar las precauciones con la disminución de frecuencias y la drástica reducción de la rapidez en unos trenes que, curiosamente, son de alta velocidad…

Como bien señaló el líder de la oposición, Alberto Núñez Feijóo, de nada sirve al interés de los españoles tener un jefe del Gobierno que no se hace responsable de nada, que no se entera de nada, ni siquiera de lo que es una evidencia escandalosa: el deterioro del servicio ferroviario, con hitos como la contratación de amantes del ministro de turno o que los empleados encargados de la revisión de las vías lleven más de un año en sus casas, cobrando el sueldo sin ir a trabajar, que se antojarían increíbles en cualquier otro país que no estuviera gobernado por una coalición socialcomunista como la que preside Pedro Sánchez.
El problema para el dirigente socialista, y no es un problema menor, es que la realidad se impone tozuda sobre los relatos de la propaganda y la mentira como cuando el ministro Óscar Puente reconoce a los sindicatos de Renfe y Adif la escasez de inversiones, el caos organizativo y la falta de personal; los ingenieros, en pleno tren de tormentas, avisaban de la falta de mantenimiento en la red de embalses y la conflictividad laboral no amaina alcanzando cada vez a más sectores. Luego vienen en cascada las derrotas electorales del PSOE y sus socios comunistas en las elecciones autonómicas pero Pedro Sánchez no tiene responsabilidad alguna en estos desastres pese a dirigir las campañas por lo que los españoles debemos de estar tranquilos. Estamos en las mejores manos…incompetentes.
Si alguien, hace apenas diez años, se hubiera atrevido a pronosticar que el líder histórico del socialismo español en democracia, Felipe González, renunciaría a votar al PSOE para hacerlo en blanco, se lo habría tachado de enajenado cuando menos. Hace unos meses, el pasado febrero, el exPresidente del Gobierno, referente para generaciones de socialdemócratas en nuestro país y fuera de él, encendió una mecha que ha prendido más de lo que el Palacio de la Moncloa y la madrileña calle Ferraz pensaban, después de lanzar a sus voceros a ningunearlo e invitarlo a dejar el partido que él resucitó y llevó a sus mayores cotas de poder y dimensión histórica.
Desde entonces, las aguas socialistas bajan turbias y la ley del silencio impuesa por el terror del partido y el cierre de filas en la formación sanchista, han saltado con desencuentros públicos entre los partidarios del culto a la personalidad presidencial y los notables de la vieja militancia, Sánchez callado como si la autoridad y el miedo corrieran hacia el sumidero junto a los votos de la gente. Óscar López, Félix Bolaños, Elma Saiz y demás ministros, están manifestando ante la población con sus excesivas declaraciones públicas que el otrora pétreo régimen del búnker monclovista está exhibiendo las grietas que denotan agotamiento en el liderazgo y en el proyecto. La historia nos ha enseñado que hay batallas que se ganan después de muerto, significativamente cuando un discurso miserable y sucio rompe el descanso eterno para justificar lo inaceptcable.

Óscar López, próximo cadáver político madrileño y también, probablemente, judicial, no dimite y sigue amarrado a su canonjía en la lista de espera de la debacle socialista que le aguarda en Madrid, más allá de esta acabada gira electoral con paradas en Extremadura, Aragón en Castilla y León y Andalucía. Sin autocrítica, sin tomar nota del sentir de los madrileños, engañando a la calle, se pudiera pensar que los reveses autonómicos eran esperados y estaban amortizados y descontados. El Gobierno sanchista y el PSOE intentaron encapsularlos y minusvalorarlos con ese enfebrecido discurso de que en realidad el ganador de los comicios fue el perdedor. Y, sin embargo, la secuencia de los hechos, las fricciones y los enganchones ya indisimulables en el régimen socialcomunista nos parecen el testimonio y la expresión de que el bajonazo electoral ha hecho más daño del que, por supuesto, se admite.
El dontancredismo de Pedro Sánchez, esa actitud de inmovilismo y pasividad extrema ante los problemas que le acosan, consumido entre su toma de decisiones para no soltar el poder y el pánico al día después, ha alentado la desconfianza y el escepticismo entre los suyos sobre el futuro que aguarda a miles de sanchistas adosados a lo institucional y lo público. El sanchismo es un movimiento que conquistó el poder pero al que la victoria le fue esquiva. Hoy, el PSOE es el partido de la derrota. Las voces de los fieles han modulado su tono, también porque el relato del aparato de agitación y propaganda de la Presidencia del Gobierno se ha resentido, ha perdido frescura y conexión. El discurso del miedo a la imaginaria ultraderecha no funciona y la ecuación en la que un Vox desatado abonaría las opciones de Sánchez se parece cada vez más al cuento de la lechera. La fatiga de un gobierno que no gobierna, desalienta y fragiliza. Es un acelerante del final de ciclo que Sánchez nos debería ahorrar para dar la palabra al pueblo.
Las contundentes derrotas en las cuatro últimas convocatorias electorales autonómicas de las dos formaciones gubernamentales, el PSOE y Sumar, no parece que se deban a una situación coyuntural. Reflejan la impotencia de una alianza en la que priman los intereses particulares de los partidos que respaldaron la investidura de Pedro Sánchez, sin otras confluencias que el aprovechamiento de la debilidad del Gobierno resultante, que poca relación guardan con el interés general de la población, comenzando porque la mayoría de esos apoyos proceden de espacios de separatistas con agendas propias. No es una cuestión menor que las dos formaciones que representan al centro derecha y a la derecha conservadora, es decir, al Partido Popular y a Vox, hayan sumado en Extremadura ( 60% ), Aragón ( 55% ), Castilla y León ( 58% ), y Andalucía ( 55% ), todas ellas mayorías electorales muy por encima del 50 por ciento de los votos válidos, como tampoco debería serlo el que las encuestas de opinión reflejen unas previsiones electorales del mismo cariz en caso de celebrarse los comicios generales.
La lógica política, que debería primar en una democracia, exige del inquilino del Palacio de La Moncloa la disolución de las Cámaras y la convocatoria adelantada de la cita con las urnas pero no sólo por su pérdida generalizada del voto popular sino porque, y es lo más importante, el desplome de sus expectativas tiene un reflejo en la imposibilidad de aprobar unos Presupuestos Generales del Estado, contraviniendo el mandato constitucional y provocando el descontrol del gasto del país..

Pueden los equipos de propaganda del sanchismo hacer hincapié en la pérdida de la mayoría absoluta en Andalucía por parte de Juanma Moreno, pero, con significar un cambio para la gobernabilidad de la región, lo cierto es que no ha sido la oferta electoral socialista la que la ha provocado sino el surgimiento de una izquierda radical, con tintes identitarios, Adelante Andalucía, que ha desplazado a la coalición de Podemos, IU y Sumar ( que adoptaron el nombre de Por Andalucía ), y que con un escaso 9,6 por ciento de los sufragios se ha hecho con dos escaños decisivos para que el PP no superara la barrera de los 55 diputados que suponía repetir la mayoría absoluta,.
Con un problema añadido para la estrategia de absorción de la extrema izquierda que viene siguiendo el sanchismo, con el invento de Sumar que la formación fundada por Teresa Rodríguez ( Adelante Andalucía ), escindida de Podemos, no parece dispuesta a ejercer de muleta del sanchismo y ya ha anunciado su voluntad de presentarse a las elecciones generales, disputando ese espacio del populismo radical que los estrategas de Pedro Sánchez consideran fundamental para mantener expectativas de triunfo.
Por último, le conviene reconocer al PP el error de pensar que la formación de Santiago Abascal estaba perdiendo peso específico. Sigue siendo minoritaria pero se ha vuelto determinante también en Andalucía, realidad con la que han tenido que lidiar desde sus posiciones más centradas tanto Juanma Moreno como Alberto Núñez Feijóo. Aunque ya le hubiera gustado al PSOE tener ese «problema» a pesar de lo que van cacareando por ahí.
Tras una intento frustrado de Juanma Moreno para ser nombrado Presidente de la Junta de Andalucía el pasado 1 de julio por falta de votos, al día siguiente, 2 de julio, llegó el acuerdo con Vox y con ello su nombramiento para el tercer mandato.
La docena larga de asuntos judiciales que persigue al sanchismo y los más del centenar de cargos institucionales procesados no ayudan -precisamente- a corregir la deriva en la que se encuentra el Gobierno español y la imagen internacional que está dando…


































































































































































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