AUTOR: Juan Francisco Alcaraz Diaz. Comisario Principal ( Jubilado ) del Cuerpo Nacional de Policía.
El sindicato mayoritario de la función pública, el CSIF, ( Central Sindical Independiente de Funcionarios ) ha descrito el caos que está suponiendo la tramitación de los documentos requeridos en el proceso de regularización de inmigrantes que resumen en falta de personal, deficiencias y lentitud del programa informático «Mercurio», falta de preparación de muchos de los trabajadores llamados a afrontar unos procedimientos poco claros, contrataciones de interinos por vía de urgencia que no fueron efectivas hasta finales de mayo; colapso de los servicios de la Seguridad Social y absoluta falta de planificación a la hora de establecer las citas.
O dicho de otro modo, sobre los hombros de los trabajadores públicos y sobre la angustia de los inmigrantes recaen las consecuencias de una decisión política tomada desde el cálculo electoral y la prepotencia de sus impulsores que han hecho saltar las costuras de la Administración del Estado ante una carga de la actividad imposible de atender con los medios disponibles. Pero, con todo, lo más grave es que el colapso y la ausencia de unos procedimientos de control dignos de ese nombre, muchos asignados a organizaciones humanitarias y sindicales sin mayores explicaciones y sin la garantía de la intervención de técnicos en la materia, pueden convertir en un coladero el proceso de regularización, acentuando el temido efecto llamada y con el riesgo subsiguiente de que la Unión Europea, que no ve con buenos ojos la decisión española, active medidas fronterizas restrictivas para evitar la dispersión en otros territorios de los «legalizados» por el Gobierno socialcomunista de Pedro Sánchez.
Hablamos, claro, de un proceso que ni sus propios promotores han sido capaces de cuantificar la cifra de potenciales beneficiarios que varían desde los 500.000 a cerca de un millón de extranjeros irregulares que va en la dirección contraria a las directices de la Comisión Europea en materia de inmigración. Una decisión política, además, sostenida en un real decreto por parte de un Gobierno izquierdista en minoría parlamentaria, procedimiento legislativo que esquiva su estudio, discusión y, en su caso, enmienda por parte de los representantes de la soberanía popular pese a su enorme trascendencia para los intereses de los ciudadanos.

No es de recibo que el Gobierno de la Nación actúe por la vía de la improvisación, sin hacer prácticamente caso a los servicios consultivos del Estado, y lo haga, además, desde la negligencia y las prisas. No pensó el legislador que la figura del real decreto se utilizaría sin escrúpulos para eludir la acción parlamentaria en asuntos de tanta importancia social, económica y de seguridad como el que estamos tratando. Pero, tampoco podían esperar los electores que un candidato de la izquierda pudiera hacer exactamente lo contrario de a lo que se había comprometido en las urnas, como es el caso de Pedro Sánchez, y que estuviera dispuesto a mantenerse en el Gobierno toda una legislatura sin poder aprobar los Presupuestos Generales del Estado como exige la Constitución Española. Anomalías democráticas que deberían examinarse en una hipotética reforma del ordenamiento jurídico vigente y que nada tienen que ver con la bondad o no de una regularización de inmigrantes sino con las garantías legales del procedimiento propias de un Estado de Derecho.
Un total de 900.000 inmigrantes habían presentado ya la solicitud a fecha 15 junio, al proceso extraordinario de legalización que arrancó el pasado 16 de abril y que se cerrará dentro de dos días, el próximo martes día 30 de junio, según fuentes del Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones que filtraron a la prensa. Además, avanzaron que se habíann emitido 300.000 admisiones al trámite. «La concesión de la comunicación inicial no es automática, sino que se realiza un previo chequeo de la comprobación del cumplimiento de los requisitos esenciales para su concesión», que informaron de las cifras que hasta ahora no se conocían para defender que el procedimiento tiene una serie de requisitos que hay que cumplir y analizar. Pura propaganda.
La estimación inicial del citado Ministerio era que se beneficiaran de esta medida unos 500.000 inmigrantes (aproximadamente 250.000 solicitantes de protección internacional y otros 250.000 extranjeros que se encuentran en la actualidad en situación ilegal). Ocultando que otros tantos se quedarán fuera del sistema a la espera de la siguiente regularización. No obstante, apuntaban a que el número de expedientes a trámitar sería mucho mayor, y aseguraban que estaban preparados para hacerle frente. Decían esto para curarse en salud por lo que pudiera pasar.

En la segunda quincena del pasado mes de mayo, la Secretaria de Estado de Migraciones, Pilar Cancela, señalaba en el Congreso de los Diputados que el procedimiento de legalización se estaba desarrollando «con normalidad«. «Es verdad que en las primeras semanas hubo una afluencia mucho mayor, era normal, se contaba con ello, pero creemos que tenemos capacidad para responder con los recursos, con la información, con la actualización constante», recalcó sin especificar el volumen de solicitudes ya registradas para no asustar a los señores diputados.
Por otro lado y a nivel internacional, el Presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, tuvo que hacer frente a las críticas de varios líderes de la Unión Europea por la regularización extraordinaria de inmigrantes en España y su posible impacto en el resto de socios durante una discusión a puerta cerrada, celebrada el pasado 18 de junio en el Consejo Europeo en Bruselas, después de que éste expresara su rechazo a la reforma acordada por el bloque para endurecer la política de asilo y consolidar la externalización de los centros de deportación en terceros países.
Entre tres y cuatro jefes de Estado y de Gobierno europeos tomaron la palabra, según ha trascendido por fuentes oficiales, para responder a Sánchez con reproches por haber puesto en marcha una regularización de ese calado sin haber consultado previamente con el resto de Estados miembros. Entre los críticos, estaban la primera ministra italiana, Giorgia Meloni, o el belga Bart de Wever, pero también la primera ministra danesa, la socialista Mette Frederiksen.

La política sobre regularización es una cuestión de competencia nacional pero en línea con lo expresado en los últimos meses por el Comisario Europeo de Interior, Magnus Brunner, la medida extraordinaria tomada por el Gobierno español preocupa a varios socios en la medida en que pueda tener un impacto por movimientos secundarios de las personas legalizadas hacia otros países de la Unión.
El Presidente del Gobierno, no obstante, defendió entre sus argumentos que una gran parte de las personas que se han acogido a la regularización extraordinaria son de origen hispanoamericano, con arraigo por el idioma, entre otras razones, por lo que no era esperable que buscasen trasladarse a otros países de la Unión.

























































































































































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