La desmembración del Imperio Español, dio origen a una pléyade de países enfrentados entre sí. En la actualidad, parece que se está gestando un desastre aún mayor que devendrá en un número superior de naciones y mucho más pequeñas, debido al empuje del indigenismo político. Un claro ejemplo de estos casos, es lo que está ocurriendo en México, donde los discursos del Presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador, ocultan la mayor parte el componente nativo de la historia de su país.
Desde su toma de posesión, ha escondido todo lo que no sea azteca. Haciendo desaparecer -intencionadamente- todas las comunidades aborígenes ( se han identificado hasta 60 lenguas amerindias ) que lucharon -codo con codo- con los españoles para combatir el yugo mexica que los canibalizaban y exterminaban. Y estas tribus, lo hicieron de manera voluntaria y entusiasta porque los españoles, los respetaban como personas y condenaban la tiranía de la esclavitud de sus mejores jóvenes a los que eran sometidos periódicamente -a modo de tributo- por el dominio azteca para sacrificarlos ante sus dioses, arrancándoles el corazón con la mano -estando vivos- tras abrirles el tórax con un enorme cuchillo. El cadáver era, posteriormente, descuartizado y repartido para los comensales previamente elegidos. Los templos mexicas eran alimentados con sangre humana como la única forma – según ellos- de evitar el final del mundo y la caída del Universo en el caos.
Gracias a esta unión interesada hispano-nativa, se pudo destruir el Imperio Azteca y completar la Conquista de México, dada la escasez numérica de los españoles. A partir de entonces, a aquellos territorios, se los denominó Virreinato de Nueva España. Era el año 1.521 y se estableció un nuevo orden social, basado en la conservación y perpetuación de los naturales.
Las etnias mexicanas, se conservaron puras o mestizadas mientras duró la presencia española, ( 50% indígena y 20% mestiza ) tal y como Cortés había prometido a Carlos V. Con la independencia mexicana, estas tribus, fueron anuladas culturalmente y diezmadas poblacionalmente. Situación en la que permanecen hoy en día, dos siglos después, aunque la propaganda oficial sigue culpando al llamado e inexistente genocidio español, con el apoyo de nuestra ignorante izquierda radical. Según la Encuesta Interracial Mexicana de 2.015, solo el 23% de los mexicanos se consideraba indígena o descendiente de ellos, es decir, menos de la mitad de cuando aquellas tierras eran territorios españoles. Ahora, pongamos como ejemplo lo ocurrido en otras regiones americanas del norte del continente como Canadá, donde no llega al 6% la población descendiente de los nativos ; y siguiendo con los Estados Unidos, donde la cifra tampoco alcanza el 2%.

En este año de 2.021, el 28 de septiembre, se cumplió el Bicentenario del nacimiento del Primer Imperio Mexicano, ( dada su enorme vastedad territorial ) y ya como nación independiente, antecedente inmediato de la actual República de México, que se constituyó tres años más tarde. También se celebra, el V Centenario de la victoria de Hernán Cortés con la ayuda imprescindible de los tlaxcaltecas y totonacas que, igualmente, fueron vencedores al liberarse como víctimas de la satrapía azteca. A lo que habría que añadir, una campaña de indigenismo torticero, fabricado en los Estados Unidos que se está convirtiendo en una nueva ideología que busca fragmentar -aún más- políticamente a Hispanoamérica.
Afortunadamente, no todo México es su Presidente López Obrador ya que México es mucho más. La comunidad de historiadores mexicanos y españoles, hace años que están analizando, conjuntamente, las raíces por las que la Comunidad Hispánica parece estar incapacitada para actuar en su beneficio común y está tan desanimada que se porta como si estuviera derrotada.
Una alianza estratégica con México es fundamental en la defensa del mundo hispánico. La famosa Leyenda Negra Española no solo ha sido asumida por España, también afecta a la autoestima de la Comunidad Hispánica. Me estoy refiriendo a más de 400 millones de personas que lo asombroso es que, con este potencial, esa campaña, haya tenido tan poco respuesta pese a las graves consecuencias, como el auto-odio, rechazo al pasado y auto-sabotaje constante. Un reconocido historiador mexicano sostiene que : los hispanos no tienen un pasado sino que lo arrastran. A lo anterior, habría que añadirle una especie de huida de la realidad que padece Hispanoamérica y un montón de problemas sin afrontar, como es el tremendo racismo en los Estados Unidos.

Se debe de recordar en el plano histórico que, casi la mitad del actual territorio norteamericano fue antes de España que, posteriormente heredó México y que las tierras al norte de Río Grande le fueron arrebatadas por Estados Unidos, tras doce años de rapiña, de 1836 a 1.848, con algún encontronazo militar también. Me estoy refiriendo a lo que en la actualidad son los Estados de California, Nevada, Utah, Nuevo México, Texas, Colorado, Arizona y partes de Wyoming, Kansas y Oklahoma ( 2.349.574 km de territorio, aproximadamente el 120% más que la superficie que constituye el México de hoy y siete veces más que la extensión de España). A continuación, los norteamericanos, iniciaron una limpieza étnica, cuya población indígena y mestiza, fue borrada del mapa a base de sangre y fuego, de manera que ahora parece que no ha existido nunca.
Soy de la opinión de que, al mismo tiempo que, los residentes hispanos han superado en número a los angloamericanos en los Estados de California y Nuevo México, se ha desatado una fiebre iconoclasta contra la simbología española, como con las estatuas de Colón, Juan de Oñate, Fray Junípero Serra y Cervantes., entre otros.
Estos emblemas, han sido víctimas de un juicio moral supremacista e hipócrita que está acabando con los vestigios históricos de la presencia española en los Estados Unidos. Y supone, igualmente, una política de subordinación cultural que tiene interiorizada el mundo hispánico desde hace mucho tiempo. Es sorprendente, esa obsesión por la raza y lo que eso significa.

Se puede afirmar que, estos ataques a los vestigios históricos españoles y la destrucción de algunos de ellos, en nombre de un anticolonialismo indigenista no es más que un racismo disfrazado por quienes quieren imponer su dominio de : blanco, anglosajón y protestante. En este aspecto habría que mencionar, a modo de anécdota, como una revista norteamericana, al informar de las nominaciones a los Óscar, el pasado año de 2.020, consideraba a Antonio Banderas como un actor de color.
Generaciones enteras de españoles, como yo, han crecido saturados de ver las películas del Oeste americano que, con el tiempo, han descubierto que, la maquinaria de ocultación y manipulación norteamericana, ha tenido a su servicio, una de las industrias más poderosas en la formación de gustos y opiniones que haya existido jamás: el cine primero y la televisión después.
Estos medios, han mostrado a colonos pacíficos e indefensos atacados por indios salvajes, ocultando que cuando los blancos invadieron su territorio, esos indios eran cristianos y hablaban español, gracias a la labor evangelizadora de los monjes españoles, cuyas estatuas ahorra derriban. Y para los incrédulos, es bueno recordar algunos de los nombres de los jefes apaches: Delgadito, Ponce, Jerónimo…..





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