Llevamos casi un mes ya, de un Estado de Alarma que nos ha llegado a encerrar en nuestros domicilios durante las 24 horas del día, para protegernos a nosotros mismos y como medida de seguridad también para ayudar a frenar a esta pandemia que está asolando a medio mundo.
Para que no haya incumplimientos, las patrullas policiales han intensificado sus esfuerzos para encontrar a los ciudadanos que intentan burlarse de las normas, por los motivos más variopintos: abusar del número de veces necesarias para ir al supermercado, a la farmacia o al cajero bancario; pasear al perro por media ciudad; organizar fiestas entre familiares o amigos; escapadas de fin de semana o de puente; etc.
Aunque durante los primeros dias del confinamiento se estuvo avisando, se han llegado a enfrentar con situaciones bastante llamativas : paseos con patinete; motoristas sin casco de protección; circular por direcciones prohibidas; visitas al veterinario sin la mascota… Lo que les ha obligado a tener que realizar centenares de miles de propuestas de sanción. Durante la quincena de encierro total, la media de multas por cada turno de trabajo de 8 horas, ha llegado a ser de 15 a 20 en las ciudades de tipo grande y medio.
Todos los Cuerpos Policiales, sean de ámbito estatal, autonómico y local, se han tenido que emplear a fondo pese a que, había dias que parecían domingos con apenas tráfico, los comercios cerrados, sin gente en la calle… Han tenido a su favor el que, los delincuentes tenía que estar también recogidos y pocas fechorías podía hacer sueltos por ahí. Las primeras estimaciones de los responsables policiales hablan de una reducción del orden del 50% en la estadística criminal.

Cuando se impuso la reclusión el pasado 14 de marzo, era habitual encontrar a grupos de adolescentes en las calles que pensaban que aquello no iba con ellos o que salían de casa a fumarse un cigarrillo con un amigo pero con el paso de los dias, la gente se ha ido concienciando y ahora el cumplimiento es prácticamente generalizado.
Aunque siempre aparecen los irreductibles que no les dejan más remedio que sancionar ante su negativa a los reiterados requerimientos o incluso a detener por sus graves resistencias o agresiones. Entre estos, destacan los indigentes y sin techo que no son fáciles de manejar y se les deriva a los servicios sociales municipales.
En los diversos turnos de trabajo, no toda la actividad es desagradable sino que también hay momentos reconfortantes por la gente que les ha dado las gracias por su trabajo o se les acercan para entregarles guantes o mascarillas. A las 8 de la tarde, cuando los vecinos salen a aplaudir a los balcones, también se vuelcan con las patrullas de servicio porque si bien los sanitarios están en la primera línea de batalla contra el coronavirus, los Cuerpos Policiales están a solo medio paso detrás.
Durante estas semanas, ha aparecido un fenómeno nuevo que les llena de satisfacción, lo que popularmente se ha llamado como la Policía del Balcón, que no son más que los propios vecinos que alertan a través de las centralitas telefónicas, de la presencia de aquellos otros que no respetan las normas. El balcón, se ha convertido en estas fechas para muchos ciudadanos, en su vía de escape y están mirando continuamente a la calle y detectando a los que deambulan por ella sin motivo justificativo alguno.

El trabajo habitual de las patrullas policiales durante estos dias, ha cambiado las rutinas que eran más frecuentes. Ahora, el 80% de las situaciones que atienden tiene que ver con el período excepcional al que nos ha llevado la crisis sanitaria y las medidas de confinamiento. Antes, estaban más pendientes de los robos, los tirones, los barrios marginales, etc.
Aunque el grueso del trabajo más visible por los ciudadanos lo hacen las patrullas uniformadas, las Unidades de Investigación que van sin él, no han bajado la guardia por la disminución de la criminalidad y siguen trabajando al nivel que nos tienen acostumbrados. Dentro de ellas, destacan las encargadas de combatir la violencia de género, cuyos agentes no paran de realizar llamadas telefónicas a las víctimas que tienen asignadas para que se sientan atendidas y protegidas.
Los que vigilan internet, están avisando a la población de los bulos y estafas que van detectando y las cuentas oficiales en las redes sociales ( Facebook, Twitter, Instagram…) no paran de dar mensajes para mentalizar a la ciudadanía en general, para mitigar la reclusión.

Ha habido quejas ( denuncias judiciales incluidas ) a través de los sindicatos policiales, de la escasez de material para una protección eficaz durante los turnos de trabajo, que se han ido corrigiendo a medida que se ha podido distribuir el mismo, conforme iba llegando.
También ha habido numerosas donaciones de particulares y empresas que han preferido el anonimato y que han ayudado a disminuir el riesgo de contagio. Numerosos agentes han llegado a tener que pagar de su bolsillo el material sanitario necesario cuando lo encontraban en las farmacias. Todas esas acciones no han podido evitar que centenares de Policías se hayan infectado y a otros pocos -desgraciadamente– les está costando la vida.
Una medida organizativa de carácter interno que sí se ha demostrado eficaz, ha sido la de mantener fijos a los mismos agentes que forman la patrulla para eludir la rotación constante y habitual para atajar la propagación del virus y en determinados vehículos, como las furgonetas, reducir el numero de sus componentes.
























