En el año 2.014, se inició en España, una especie de movimiento social que, acabó convirtiéndose en un partido político que, adoptó el nombre de Podemos, siguiendo la estela triunfal del que fue Presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, en su campaña electoral hacia la Casa Blanca del año 2.008, con su lema Sí Se Puede. Lo dirigían un grupo de jóvenes comunistas, que representaban un aire bondadoso y las manos limpias que su paso por las instituciones y las subvenciones públicas, se encargaron de manchar. Todo ello, claro, en nombre de la igualdad y la justicia.
Este aire mesiánico que los envolvía, ha ocultado siempre que, perseguían la destrucción de nuestro sistema democrático a través de una revolución violenta -llegado el caso- seguida de una represión interminable para llegar a un régimen de terror del que conocemos varios ejemplos: Venezuela, Cuba, Rusia… de cuyos sistemas dictatoriales se declaran admiradores natos.
Los traumas psicológicos que estos jóvenes arrastran desde su adolescencia, envenenados de ideología comunista, les impide desarrollar cualquier carrera profesional de manera brillante, lo que les conduce a un impetuoso resentimiento contra el poder establecido y la sociedad entera como está configurada y por eso optan por una insurrección radical, a la manera soviética.
El prestigio y la atracción del comunismo en sus distintas interpretaciones, singularmente el del tipo leninista que es el que sigue Podemos, especialmente por su dirección, está ya muy mermado para las clases populares en muchos rincones del mundo. Y si no, que se lo cuenten a ese buen número de países de la Europa central y oriental ( Polonia, Hungría, Rumanía y las desintegradas Checoslovaquia, Yugoslavia, etc ) que disfrutaron del paraíso comunista durante más de cuatro interminables décadas.

Hay que reconocer que, la idea de justicia e igualdad social en la que se basa la propaganda comunista, sigue siendo -todavía- atractiva para nuestros jóvenes, en una época como la nuestra, donde las desigualdades se acentúan. Sin embargo, hay que señalar que los regímenes comunistas han mantenido siempre las poblaciones en una gran mediocridad económica; que la clase dirigente siempre ha sido más igual que los otros y que todo eso se ha pagado con la implantación del terror de masas como método de Gobierno, con todas las consecuencias que ello implica para la vida social: delación y miedo generalizado; fin del Estado de Derecho; extinción de los valores democráticos y del respeto por las personas …
En estos tiempos que vivimos, todo un reciente ex-Vicepresidente del Gobierno y varios Ministros de lo que se llama todavía España, no tienen ningún problema a la hora de proclamarse comunistas y yo no paro de preguntarme cómo es posible que, en una democracia plena como la española, sobrevivan herederos de un régimen totalitario de esas características.
Lo que me conduce a los resultados de toda la Historia de los pasado siglos XIX y XX y que fueron: por un lado, la victoria soviética en 1945 sobre la Alemania nazi, en el marco de la Segunda Guerra Mundial, que permitió que, el comunismo gozara de un formidable prestigio entre la izquierda mundial, pero también en la derecha. Como ocurrió en Francia, en su lucha común en la Resistencia contra la invasión alemana. Desde entonces, la propaganda comunista se ha encargado de que se conozcan bien los crímenes del nazismo a cambio de una amnesia generalizada de los atropellos comunistas. Y aún hoy día, el poder ruso actual hace todo lo que puede para ocultar las salvajadas del período soviético.
Y por otro lado, en muchos países, el movimiento comunista se ha unido a una fuerte tradición revolucionaria anterior, considerada muy legítima por un sector de la sociedad: la Revolución Francesa, la Guerra Civil Española..

Creo que la memoria gloriosa de esa tradición, enmarca la memoria vergonzosa del comunismo y permite a los intelectuales y a los políticos afectos a ese totalitarismo, utilizar los viejos métodos leninistas de : agitación callejera, intimidaciones, provocaciones, infiltración en organizaciones sociales, propaganda engañosa, disciplina revolucionaria y demás técnicas bolcheviques ( les suena algo esto…) para seguir soñando con una conquista antidemocrática del poder establecido. Lo que la hace incompatible con un sistema de convivencia pluralista.
Todas las versiones conocidas del comunismo: el ruso, el chino, el camboyano, el norcoreano y otros, exponen una visión utópica de la sociedad y del hombre nuevo. Esta utopía que hay que recordar que significa el lugar que no existe, se opone de entrada a la realidad social, cultural, religiosa y política de un país, sea el que sea del que se trate. Por lo tanto, solo se puede imponer mediante el terror de masas como forma de Gobierno, como pasa en Venezuela; añadiendo los tres monopolios clásicos: el del partido único, convertido en Partido Estado; el de la ideología, merced a la censura de todos los medios de comunicación y el control del conjunto de los medios de producción y distribución, como excelente medida de presión cotidiana sobre los ciudadanos.
Así sería la definición del régimen despótico inventado por Lenin y experimentado en Rusia, personalmente, entre 1.917 y 1.922 y que lo impuso a base de asesinatos en masa, genocidios y deportaciones, con la pérdida de vidas humanas y de libertad, a una escala hasta entonces nunca vista en la Historia de la Humanidad.
Lo curioso del caso es que, la estrategia de conquista del poder que inauguró este dictador ruso fue copiada inmediatamente por Mussolini ( 1922 – 1934 ) que hasta 1.914, había sido uno de los líderes más radicales del socialismo italiano. Después del Duce itálico, sirvió de modelo a Hitler. Los tres sistemas políticos impusieron el miedo como mecanismo de control social y método de Gobierno.

Además, la magnitud de las maldades nazis se puede comparar con facilidad con las fechorías de los comunistas, tanto en cantidad como en procedimientos de ejecución , puesto que ambos sistemas utilizaron verdugos profesionales, como los fueron las SS nazis y la NKVD rusa, ambos cuerpos policiales militares.
El 19 de septiembre pasado, el Parlamento Europeo igualó oficialmente el comunismo al mismo nivel que el nazismo, tras aprobar una Resolución en la que se condena a ambos regímenes y que -curiosamente- ha pasado desapercibida para la gran mayoría de los medios de comunicación españoles. Desde entonces, se puede afirmar con total propiedad que, comunismo y nazismo son lo mismo.
Volviendo a Podemos, así se explica como atacan constantemente a sus rivales políticos para instaurar una cultura de intimidación y sumisión de las que nos libra la solidez de nuestras instituciones democráticas y nuestra plena integración en la Unión Europea, que garantiza la defensa y preservación de los valores democráticos y el respeto a los derechos humanos. Porque estos cachorros leninistas, ocultan interesadamente que, es fácil ser comunista en un país libre como el nuestro porque lo difícil es ser libre en un país comunista.



























