Se lleva demasiado tiempo con la controversia de cómo llamar a este virus que ha desatado una pandemia mundial. Las autoridades chinas, muy astutamente, lo llaman el nuevo virus, otros se han referido a él como el virus de Wuhan, por ser el lugar de origen, como es común en la denominación de enfermedades.
En la Historia, está la conocida como fiebre española, una pandemia de gripe que causó decenas de millones de muertos -los expertos no se ponen de acuerdo en esto y mientras unos hablan de 40 millones otros llegan hasta los 100 millones- y duró dos años ininterrumpidos, de 1.918 a 1.920. Aunque a estas alturas se desconoce la cifra real de fallecidos, está considerada -hasta hoy- como la mas devastadora de la Historia.
Tampoco se sabe, a ciencia cierta, cuál fue el origen de esta epidemia que no entendía, ni de fronteras, ni de clases sociales, igual que ocurre ahora. Los investigadores que han estudiado este virus no se ponen de acuerdo en donde se inició: si en Francia en 1.916; si en China en 1.917 o en los Estados Unidos en 1.918. Pero ninguno de ellos menciona a España.
Tras registrarse los primeros casos en Europa, la gripe pasó a España, un país neutral en la Primera Guerra Mundial que no censuraba la publicación de los informes de la enfermedad y sus consecuencias, a diferencia de los otros países implicados en el conflicto bélico que la vetaron al clasificarla como información reservada.

Ser el único país que se hizo eco del problema, provocó que la epidemia se conociese como la gripe española, a pesar de no ser su epicentro. España fue uno de los países más afectados, con ocho millones de infectados y 300.000 fallecidos pero solo eso, uno más. En el verano de 1.920, el virus desapareció -sin más- tal y como había llegado.
Centrándonos en la pandemia actual, creo que el nombre más adecuado por el que se debía de conocer y que está causando esta epidemia mundial es el de virus chino donde el Partido Comunista Chino ( allí no hay más autoridad que ellos ) ha demostrado una gestión irresponsable por su desprecio hacia la vida de las personas y el consiguiente surgimiento de una epidemia que ha puesto en peligro a la población de un gran número de países de todo el mundo, a la vez que ha creado un temor generalizado y ha devastado la economía de las naciones que intentan hacer frente a esta enfermedad.
Después de todo, las autoridades chinas sabían a principios de diciembre de 2.019 que el virus había aparecido en Wuhan pero ocultaron la información durante mes y medio. Detuvieron a todos los que intentaron advertir del peligro, acusándolos de propagar rumores y emplearon la rigurosa censura del régimen para impedir que los medios de comunicación cubrieran la noticia y para eliminar cualquier mención sobre el mismo en las redes sociales.
Lo que pudo ser contenido, se permitió que se extendiera silenciosamente y pronto llegó a toda China. Las personas que podían haberse protegido, se convirtieron en víctimas, en número mucho mayor que los que han admitido. A finales de enero de 2.020, se supo que todos los crematorios de Wuhan ( localidad de 11 millones de habitantes ) funcionaban las 24 horas del día, siete dias a la semana para ocuparse de la gran cantidad de cadáveres y ni aún así daban abasto y hubo que utilizar también los de las poblaciones cercanas.

La cuarentena impuesta por las autoridades fue brutal e inhumana para los indicadores europeos y españoles. Se impidió que la población pudiera salir de sus casas, con la constante presencia de soldados en las puertas de los edificios y en la calles de la ciudad. Se crearon hospitales temporales -recuerdan aquello de construido en diez dias– que en realidad actuaron como cárceles para todos los sospechosos de portar la enfermedad. Encerrados en estos lugares, con tratamiento insuficiente, los desafortunados quedaron atrapados hasta su muerte. Por eso nunca se facilitó información sobre el índice de ingresados, curados o muertos.
La primera reacción del Gobierno chino fue la típica de los estados totalitarios: aquí no pasa nada y todos los ciudadanos están contentos y felices en su país. El legado histórico del Partido Comunista Chino de que es grande, glorioso y hace lo correcto no se iba a venir abajo por la muerte de unos cuantos millones de conciudadanos… ¡ hasta ahí podíamos llegar ! . Pero al verse superados por la magnitud del virus y al conocerse su extensión, el mundo entero no los creyó y exigió conocer su origen. Pero los chinos se han negado a cooperar en todo momento y prueba de ello es que a los expertos internacionales no se les ha permitidos desplazarse hasta Wuhan hasta el pasado jueves día 14 de enero. ¿ Por qué… ?.
La preocupación del resto del mundo está justificada porque, casualmente, en Wuhan se encuentran las instalaciones del Instituto de Virología, el único laboratorio P4 ( máximo nivel de bioseguridad, muy costosos y que requieren un personal extremadamente cualificado ) de China, destinado a trabajar con patógenos de fácil transmisión que pueden ocasionar enfermedades mortales. Como las explicaciones oficiales chinas han sido refutadas por la comunidad científica internacional, se han planteado preguntas sobre el si el origen del virus se filtró del citado Instituto.
En cualquier caso, como las autoridades chinas se han visto pilladas en sus mentiras y excusas, han comenzado a lanzar acusaciones descabelladas como que los Estados Unidos son los culpables, lo que ha sido recibido con perplejidad por todo el mundo y hasta con ridículo. Analistas internacionales afirman que estas acusaciones infundadas tienen como destino el mercado interno, victimizando al pueblo chino con su primera negación sobre el virus y ahora trata de hacerlo de nuevo, trasladando la responsabilidad de sus acciones a otros.
Por eso, a esta pandemia hay que llamarla el virus chino para distinguir a las victimas de sus verdugos. La población de Wuhan y el resto de las regiones chinas afectadas, han sido víctimas de la arrogancia e incompetencia del Partido Comunista Chino -única autoridad existente- expresadas en esta pandemia.


















Son críos que llegan a Tánger desde zonas muy pobres del interior de Marruecos, con la única idea de colarse en los bajos de los camiones y autobuses que cruzan en barco hasta España. Año tras año, llegan a centenares por esta vía.( el Ministerio de Interior no proporciona datos ). Me estoy refiriendo a críos de 12 – 13 – 14 años, que no suelen conseguirlo a la primera y hay quien ha fracasado hasta en cinco ocasiones.


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