La profesión de detective privado en España se ha transformado en los últimos años. El culpable ha sido el fraude en las bajas laborales que preocupan tanto a las empresas. Aunque hay despachos que investigan, principalmente, siniestros de vehículos, robos o infidelidades ; la mayoría del sector se dedica a lo laboral, hasta el extremo de cifrar en un 90 % el total de los servicios destinados a esta tarea. Y dentro de ello, la mayoría corresponde a peticiones para comprobar supuestas bajas fingidas. El resto es para temas como competencia desleal.
Trabajan para las Mutuas de Accidentes de Trabajo para que comprueben cuando se alarga un caso o se magnifica una lesión ; cuando hay otro trabajo o se trabaja en negro. El perfil del defraudador es variopinto, tanto en su radiografía como en sus motivaciones. Hay tanto hombres como mujeres, de entre 35 – 55 años de edad, y de todo tipo empresas.
Están los que quieren seguir sin trabajar el máximo tiempo posible ; los que quieren forzar una indemnización o los que realizan doble fraude dándose de baja en un sitio y trabajando en otro, en negro.

Para el defraudador, su acción está justificada porque busca así una compensación a una situación que él considera injusta. Hoy, el empleado que engaña como forma de vida es residual. La gente que defrauda es la que dice que la empresa no la trata bien, que sabe que la compañía ha tenido beneficios y no los ha compartido ; que no siente su trabajo recompensado. Es quien sabe estas circunstancias y decide actuar por su cuenta.
También son frecuentes los casos en los que, los trabajadores en situación precaria fingen una lesión para poder trabajar en negro en otro sitio y aumentar así sus ingresos. Lo que no es tan corriente es el caso inverso, en el que un empleado contrate a un detective para demostrar que hace horas extras y que no son retribuidas o sufre cualquier tipo de acoso. Esta línea de trabajo tiene sentido porque el derecho es el mismo.
La empresa que contrata los servicios de un detective privado no se rige por unos patrones concretos. Las hay desde grandes multinacionales hasta pequeños grupos familiares. Las grandes empresas suelen acertar la mayor parte de las veces cuando sospechan de alguien. Los Departamentos de Personal suelen tener buen olfato. Son compañías que cuando acuden al detective es porque están seguras que pasa algo raro. Las pequeñas y medianas empresas aciertan menos porque tienen poca experiencia en esta materia pero a las que el absentismo les produce un impacto mayor.
Los honorarios de estos profesionales dependen del tipo de encargo, del tiempo de vigilancia y del modo de seguimiento. La hora de trabajo se paga, de media, a unos 70 euros y si el proceso va a ser largo, se llega a un acuerdo cerrado que no sobrepase los tras días de vigilancia y que cuesta algo más de mil euros.
Aunque para comprobar algo importante, de forma contundente, la factura no suele bajar de tres mil euros porque para obtener resultados hace falta tiempo. Los detectives suelen bromear con la anécdota de que tener un esguince y pillarlo jugando al fútbol, es falsa.
Según los datos facilitados por la Asociación de Mutuas de Accidentes de Trabajo ( AMAT ), durante el pasado año de 2.017, el absentismo laboral se incrementó en un 5 % superando los 4,5 millones de casos de incapacidad laboral.
En España, trabajan algo más de 2.000 detectives privados, profesión regulada y controlada por el Ministerio del Interior, a través del Área de Seguridad Privada de la Policía. Están en el sector de la seguridad porque una competencia desleal, un fraude, un espionaje industrial o una baja injustificada, puede arruinar a una empresa. No se trata de un capricho sino de una manera de defender a las empresas.
Desde la Asociación Profesional de Detectives Privados de España, ( en sus siglas, APDPE ) se estima que por cada euro que una empresa se gasta en detectives, se ahorra 48 euros en bajas laborales.




















