En materia inmigratoria, siguiendo el Informe realizado por la Agencia de Fronteras Europea ( FRONTEX ) para 2.O18, España se ha convertido ya en la principal ruta de llegada de inmigrantes ilegales al paraíso europeo. Este cambio se debe, principalmente, al descenso en el número de llegadas a Italia, a través de la ruta del Mediterráneo Central. En cifras, fueron 23.000 personas, un 80% menos que en 2.017 y un 87 % menos en el número de salidas desde Libia con dirección a Italia. Desde Argelia, las salidas en la misma dirección, se redujeron casi a la mitad.
En el último Informe también relativo a 2.018 de la Organización Internacional de Migraciones ( OIM ) asociada a la Organización de Naciones Unidas ( ONU ) desde 2.011 ; se indica que las entradas de inmigrantes irregulares por mar llegadas a las costas españolas, han sido de 52.922, lo que supone un crecimiento del 158% con respecto a las 22.414 entradas de ilegales de 2.017. De esta manera, se bate el récord de la crisis de los cayucos de Canarias, en 2006, que acabo en 39.180 entradas irregulares.
Aunque España aparece como país más afectado por la nueva tendencia de las rutas inmigratorias, el Informe de FRONTEX se deja llevar por el optimismo. A nivel europeo, la Agencia señala que el número total de llegadas en 2.018, fue un 92% más bajo que el registrado en 2.015, cuando la crisis de refugiados -mayormente sirios- alcanzó su nivel más alto. Por eso, el año pasado supone el nivel más bajo de los flujos migratorios en los últimos cinco años.
A pesar de que estas cifras son menos inquietantes que los años anteriores, los países miembros de la Unión Europea ( UE ), comenzaron 2.019 de igual forma que terminaron 2.018 : sin acuerdo sobre el modo de encauzar el debate inmigratorio y con los ánimos en pie de guerra.
La herida abierta en 2.015 por la crisis de los refugiados sirios, sigue abierta y la Comisión Europea ( CE ) se ha encontrado atada de pies y manos, a la hora de lidiar con una situación que parece un callejón sin salida. En pleno año electoral – con las elecciones al Parlamento Europeo celebradas en mayo pasado- y con el aliento de los populismos en la nuca, los países socios comunitarios extremaron la prudencia para no ocasionar más división entre ellos.
Pero el coste de tanta cautela parece también claro : no hay soluciones a la vista, al menos, de forma duradera . La UE no ha sido capaz de hacer propuestas aceptables para todos sus miembros y hasta el Comisario de Inmigración tuvo que reconocer el pasado mes de diciembre que, la posibilidad de establecer un mecanismo permanente de reparto de cuotas obligatorias de refugiados, entre los socios de la UE, ha dejado de estar en la agenda europea.
Ahora, lo que hay es lo que quiera hacer cualquier país, de manera voluntaria, como ha hecho España con los barcos que transportaban a inmigrantes ilegales, Aquarius y Open Arms ; tras ser rechazados ambos, tanto en Malta como en Italia, para que pudiesen atracar en sus puertos.
En la Comisión Europea, nadie confiaba ya en que se pudiera llegar a un acuerdo sobre la reforma sobre el Protocolo de Dublín. que recogía que, los países de llegada eran los responsables de la gestión de las solicitudes de asilo ; antes de las elecciones europeas, como así ha sido. Una de las principales promesas de la anterior Comisión Europea que ha quedado rota.
La nueva Ejecutiva europea entrante que se ha estado gestando durante esta semana en Bruselas, tiene ante sí uno de los mayores retos a los que se va a tener que enfrentar como es la inmigración ilegal. De la respuesta a este importante problema, de manera única y coordinada, va a depender que se pueda cerrar, una de las principales grietas que hereda la nueva Comisión.





















