Los hechos históricos son indiscutibles porque ocurrieron. Y en la mayoría de los casos, pueden datarse y localizarse con bastante precisión. Pero sus causas, consecuencias y hasta el mero desarrollo de los mismos son interpretables. Y lo son desde diversos puntos de vista. No se lee igual la historia si el enfoque que damos a su análisis es social, jurídico, laboral, económico o artístico, entre otros muchos. Y de ese enfoque, dependerá su valoración que además, no ha de ser única sino complementaria a las demás.
Esa y no otra, es la labor de los investigadores: indagar metódicamente, examinar los hechos, aportar pruebas documentales que soporten su interpretación y ofrecer a la sociedad toda la información posible aunque vaya tamizada por las propias ideas del autor porque no analizará igual la Revolución Industrial, un liberal que un socialista o un conservador que un marxista. Pero siempre, se tratará de una interpretación honrada y sujeta a la crítica de los demás porque la Historia no es monolítica.
Un ejemplo claro de ello, lo tenemos en las Cuevas de Altamira, donde la mayoría de estudiosos de su época creyeron que era un engaño, hasta que empezaron a descubrir otras similares sobre todo, en el Mediodía francés. Estaban ante la prehistoria europea y no la veían. Tenían que llegar las cuevas francesas de Chauvet y Lascaux para que percibieran que se encontraban ante lo desconocido. Se trataba del arte prehistórico que representaba la única ventana abierta para comprender el mundo simbólico, incluso cotidiano, de nuestros antepasados remotos que llegaron a Europa hace unos 40.000 años y que dejaron un testimonio de su época pintando en las paredes de sus cuevas.

Querer reescribir la historia y hacerla al gusto propio no es nada nuevo. Lo hicieron los romanos y sobre todo los británicos cuando sufrían derrotas en sus campañas militares. Registraban solo las victorias. Últimamente, el episodio más infame se dio en la Rusia Soviética, sobre todo en la etapa de ese carnicero llamado Stalin que no quedó al descubierto hasta que llegó Nikita Kruschev y liberalizó la Historia Oficial de la dictadura del proletariado. Entonces, supimos cómo se la gastaba el Padrecito de la Patria, como le llamaban en la propaganda oficial, convertido en el mayor genocida conocido hasta ahora, entre asesinatos y desplazamientos de pueblos enteros, a ese paraíso terrenal que era y es Siberia.
Ese mismo cinismo, aunque aún más pedestre, es el que se ha introducido con la revanchista e inútil versión del PSOE y Podemos, de la Ley de Memoria Histórica, con el añadido de Bildu a última hora, con el único propósito de destruir el edificio constitucional que se construyó con la Ley de Amnistía de 1.977, apoyado por toda la izquierda de entonces que esa sí se había enfrentado al franquismo.
Aquella ley de Punto Final, nos ha permitido disfrutar de uno de los períodos de paz y convivencia más largos de la reciente Historia de España y el desarrollo político de un Estado de Derecho convertido en una de las democracias más avanzadas del mundo. La Transición Política de un Estado autoritario a otro democrático a la manera española, se sigue estudiando como modelo político a seguir en la Universidades más prestigiosas de los cinco continentes, especialmente norteamericanas.

El antifranquismo de la actual izquierda, es tan absurdo e ineficaz como podría serlo la oposición celtíbera a la ocupación romana de la península ibérica. Pero oculta, una inadmisible tentación antidemocrática y totalitaria: la de imponer su visión de la Historia de España, negando la libertad de interpretarla de otro modo. Una versión oficial de los hechos que castiga a quien disienta de ellos. Comunismo total.
Pero lo que creo más reprochable de esta nueva Ley, es que obvie las referencias al terrorismo, después de ser el enemigo público número de uno de la España reciente. Por eso, ha ocasionado gran malestar y preocupación en la ciudadanía en general y también político no solo entre los partidos de la derecha sino que también en varios sectores de la izquierda incluidos los socialistas, desde donde se han lanzado varios manifiestos de repulsa en el que hacen hincapié en ese acuerdo con Bildu, herederos de quienes en esa época utilizaban la violencia terrorista como método sistemático de actuación, con las consecuencias dramáticas bien recordadas por todos, sin que este grupo político aún no haya formulado una condena expresa de aquellos crímenes. ¿ Qué tipo de memoria se pretende de la Historia de España en la que el terrorismo no figura ?. Está claro que, esta Ley atenta contra los principios democráticos y no resuelve ningún problema sino que genera más división y más discordia entre los españoles.




































