Desde finales de los años 90, los subsaharianos empezaron a aparecer en las costas españolas procedentes de Marruecos, a bordo de los toys que es como ellos llaman a esas pequeñas balsas hinchables, fabricadas en China, fáciles de conseguir y más baratas que las lanchas neumáticas aunque más inestables. Normalmente, hay espacio para cuatro personas pero ellos se meten una docena para obtener el máximo beneficio del viaje. El precio por pasajero no baja de 500 euros y llega con frecuencia a triplicarlo.
Son más duros para la inmigración que los marroquíes. Al principio, llegaban a España con más facilidad pero dado su elevado número empezaron a utilizar a las mafias marroquíes y a partir de ahí se fue complicando todo.
Ahora, gran parte de estos inmigrantes están en manos de traficantes internacionales en sus países de origen que les ofrecen todas las etapas de un viaje que les puede llevar hasta Francia, que es su destino preferido por haber sido su antigua metrópoli. Seguidos de los prestamistas; los que facilitan la logística necesaria ( la vivienda donde los ocultan hasta la salida y el transporte necesario ) y por último las autoridades corruptas, especialmente los policías fronterizos de cada Estado que atraviesan y que cobran por cabeza – como si fueran ganado – para mirar hacia otro lado.

Uno de los trayectos que más utilizan es la línea de autobuses de Tánger a Nador, que va de extremo a extremo del norte de Marruecos para comprar los botes hinchables que suelen agotarse en el otro lado, en Tánger y Tetuán.
Los bosques que rodean Nador, son otro de los puntos donde se concentra la inmigración africana que sale por el mar de Alborán. Se pueden contar -a simple vista- unos 30 asentamientos pequeños donde viven centenares de ellos, aparentemente controlados por la policía marroquí y que actúa o no, según los intereses políticos del momento porque de estas playas tan cercanas a Melilla, salen pateras todas las semanas cuando el tiempo acompaña, ocupadas por cameruneses y guineanos, principalmente.
Aquí también se están utilizando lanchas neumáticas a las que instalan un viejo motor de una barca de pesca y donde el precio por pasajero se dispara hasta los 1.500 euros. Las tarifas han subido mucho por la alta demanda y los vendedores marroquíes saben para qué las quieren y también que van a pagar lo que se les pida y encima son negros.

Todos estos jòvenes subsaharianos que se lanzan al mar desde el lado marroquí del Estrecho de Gibraltar, tienen algo en común: el miedo al fracaso y tener que regresar a sus casas con las manos vacías. Hay muchos que se marchan de sus pueblos y ciudades con desconocimiento de los peligros que tienen que sortear durante todo el trayecto, impulsados por las maravillas europeas que ven en la televisión y por eso fracasan y se arrepienten pero ya no pueden volver así por vergüenza y se quedan trabajando en cualquier parte de las naciones que tienen que atravesar y aceptando cosas que en su países de origen no harían.
Todos ellos huyen de las crisis económicas, guerras, hambrunas, miseria, precariedad, dictaduras, catástrofes naturales, expoliación de recursos naturales,etc. Esto es lo que constituye un verdadero efecto expulsión hacia los países más ricos y si son de Europa mucho mejor.
Año tras año, bastantes de ellos logran atravesar el Mediterráneo, consiguiendo alcanzar lo que llaman la buena vida. Les ha costado varios intentos y algunos años de su vida. Tantos que sus familiares daban por muertos a muchos de ellos. Una vez que están en España y comunican a su familia que lo han logrado, aquellos se quedan petrificados.
Según las cifras que se han ido publicando, el año 2.018 fue el peor de todos en materia inmigratoria, contabilizándose 56.480 entradas irregulares por mar, del total 64.300 de llegadas ilegales, lo que supone un 90% de las entradas. Aquel año fue el de la mayor crisis inmigratoria conocida en España, superando la de 2.006, que fue la cris de los cayucos en Canarias, a las que llegaron 31.678 personas en 515 embarcaciones de madera. El año pasado fue de 31.219 que representa un descenso del 25,6% respecto de 2.021.

España, se ha convertido así en una de las tres rutas inmigratorias más importantes hacia Europa, junto con Italia y Grecia, según los informes que facilita la Agencia Europea de Fronteras ( FRONTEX ) habiendo salido de Marruecos muchos de sus nacionales, seguidos muy de cerca por Guinea y Malí.
Las oleadas periódicas de inmigrantes que llegan a España a través de pateras o de los asaltos a las vallas fronterizas de Ceuta y Melilla, pueden descender o aumentar de un año a otro en función de la coyuntura pero lo que es seguro es que la tendencia a seguir despoblando África va a continuar porque proceden de Estados fallidos, con los que es muy difícil fomentar la cooperación para que sus ciudadanos logren unas condiciones mínimas de supervivencia y se frene de manera natural la emigración a otros países.
También, es muy difícil firmar acuerdos de readmisión para que acepten a sus nacionales rechazados por entrada irregular en España porque les viene muy bien que sus jóvenes se marchen y no protesten por su negro futuro. Además serviría para que las mafias tengan claro que las personas que trasladen a personas de forma irregular van a ser devueltas.
Todos estos problemas tienen un denominador común: las instituciones de los Estados originarios son muy débiles e inestables, así como sus cuerpos policiales, por lo que es muy complicado evitar que sus ciudadanos huyan en busca de mejores condiciones de vida, sin importarles mucho los peligros que vayan a correr, incluida la pérdida de la propia vida.
































