EL ESTRÉS EN EL SERVICIO POLICIAL

El estrés ignora las diferencias de cultura, de sexo, de religión o de raza. No podemos verlo, ni tocarlo ; pero más de uno ha sentido alguna vez como el corazón le latía más rápido de la cuenta ; los músculos crispados o las manos y los pies helados. Señales todas ellas de que el cuerpo se ha puesto en alerta para luchar o para huir.

Todo el mundo sabe lo que es el estrés, pero solo se convierte en motivo de inquietud cuando causa problemas. Se ha establecido una relación de causa-efecto entre el estrés y las enfermedades del corazón, la hipertensión, la arritmia ; las úlceras y otros trastornos gastrointestinales ; los problemas pulmonares y afecciones de los músculos y del esqueleto; etc. También se sabe que es un factor de agravación para una multitud de trastornos psicosomáticos generalizados. Estos trastornos son -probablemente- los que originan más del 75% de las consultas médicas.

No obstante, en determinadas circunstancias, el estrés puede ser realmente agradable. Numerosas profesiones son, por propia naturaleza, generadoras de estrés y precisamente por ello, por las tensiones que engendran y los desafíos que se presentan; hace que sean elegidas tanto por hombres como por mujeres. Aunque también es cierto que, muchos de ellos, desconocen los efectos nocivos que a la larga, éste pueda tener en su salud física y mental.

Por ello, los Cuerpos Policiales deberían de tener en cuenta los efectos del estrés sobre su personal, tanto en el desarrollo de la carrera profesional como en los servicios operativos y de gestión. Trabajar en la Policía es, a menudo, difícil y complicado. El ritmo de trabajo suele ser fuerte, las responsabilidades muchas y el margen de error inexistente. El Policía, debe de mantenerse siempre en estado de vigilancia, para poder reaccionar de manera instantánea a las incidencias que se le presentan. Hay turnos de trabajo que son agotadores -bien sea de día o de noche- porque la seguridad pública debe de estar garantizada las 24 horas del día. También servicios de investigación que no pueden ser relevados; visitar varias ciudades en un sólo día en tareas de protección o estar en la carretera varios días en un asunto de seguimiento y vigilancia.

Reconociendo que, más allá de cierto límite, no hay nada que hacer o muy poco para reducir las tensiones que se producen en muchos Servicios; se podría combatir el problema a través de una formación inicial, continuada con la realización de Seminarios. El objetivo sería enseñar al personal policial a enfrentarse al estrés cotidiano, esté o nó relacionado con su trabajo. Los Policías podrían descubrir así, diferentes métodos para luchar contra el estrés, evitando que el mismo se convierta en un obstáculo en su vida diaria, sin olvidarnos del desarrollo de actividades deportivas.

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La forma física debe de formar parte de las exigencias del oficio. Todo el mundo sabe que un cuerpo en buenas condiciones físicas aguanta mejor el estrés que uno que no lo esté. Pasada la alerta, un organismo saludable recupera la calma con más rapidez. Aunque hay que tener en cuenta que, un exceso en este campo, puede favorecer más el estrés que el bienestar. Esto nos puede llevar a otro asunto importante: el efecto tranquilizador de la actividad física depende, -en gran medida- del desgaste físico y de la forma en que la persona lo considera.

Algunas veces, el Policía por sí solo, no podrá hacer frente al problema de estrés y entonces habrá que poner en marcha un Plan de Ayuda Personal, que contara con psicólogos especializados para ayudarles, tanto a ellos como a sus familiares, a superar cualquier situación crítica que les pueda llevar al alcoholismo o al fracaso matrimonial; y decidir así, si es capaz de continuar con su trabajo o debe de ser dado de baja por enfermedad.

Toda mi vida profesional -casi 45 años de servicio- he echado en falta una asistencia como la descrita líneas arriba. Es importante formar tanto a los mandos como a los subordinados para que conozcan los factores del estrés y la forma de reaccionar ante los mismos. Los que requieran ayuda deben poder consultar con un especialista que los trate de manera confidencial, dada la delicadeza del asunto. Cuanto más conocido sea el Plan de Ayuda Personal, más se recurrirá a él.

Soy consciente de que nuestra organización policial, a través del Servicio Sanitario, sabe que no hay mucho que hacer para reducir el estrés a que están sometidos nuestros Policías ya que, a la mayoría de ellos, les gustan las dificultades que encuentran en el ejercicio de su profesión. El Plan de Ayuda Personal debería tener como objetivo, proporcionar a los funcionarios los medios para medir los efectos del estrés nocivo y del benéfico, para así poder lograr un equilibrio aunque fuese frágil.

En el ámbito laboral, el Tribunal Superior de Justicia de Andalucía, en una Sentencia de fecha 01.06.2017, permite que el estrés se considere un accidente de trabajo. En este sentido, ha concedido la incapacidad permanente total a una trabajadora, directora de fábrica, que padecía un síndrome resultado de un estrés laboral crónico, como consecuencia de la forma en que desempeñaba su actividad, siempre de forma exhaustiva, autoexigente y con gran responsabilidad.

Seguro que este será el camino que nuestros Juzgados de lo Social, seguirán.

LA CRIMINALIDAD OCULTA ( y 2 )

En el capitulo anterior, había dejado una pregunta sin contestar: ¿ cuales son las razones que explican la criminalidad oculta ?. ¿ Por qué el ciudadano prefiere no denunciar ante la Policía el haber sido víctima de un delito ?.

Voy a intentar dar algunas respuestas:

a).- Algunos delincuentes, tras asaltar a la víctima, la amenazan de muerte para que no denuncie el hecho. A veces, se apoderan del DNI del perjudicado para que se sienta coaccionado al saber que conocen su domicilio y restantes datos, con lo que el temor a una posterior venganza -en él o en su familia- muy bien puede tener como consecuencia, el hecho de no poner lo sucedido en conocimiento de la Policía.

b).- Se puede afirmar, a tenor del resultado de la mayor parte de las encuestas realizadas que el ciudadano en general, siente una gran desconfianza -hoy en día- hacia la administración de la justicia.. El proceso normal que la sociedad demanda, según las mismas encuestas, sería: comisión del delito – detención policial – juicio equitativo y condena adecuada. Y esto, por múltiples causas, se sabe que no siempre es así.

c).- Cuando una frase arraiga en la sociedad es porque posee un contenido, un fondo innegable de veracidad. El dicho aplicado a los delincuentes de que entran por una puerta y salen por otra, se ha repetido y se repite hasta la saciedad, con lo que parece que se está defraudando el deseo de justicia de la víctima.

d).-  La cifra negra de aquéllos delitos contra la propiedad en la que los delincuentes se apoderan de dinero en metálico -sobre todo si la cantidad es pequeña- , es la más abultada. El perjudicado sabe perfectamente que, en la mayoría de los casos, no va a recuperarlo y ello puede decidirle a no denunciar.

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e).- También hay que reconocer las múltiples molestias que pueden causarse al denunciante de un hecho, muchas veces por la falta de coordinación administrativa interna de la Policía , entre  la denuncia que se hace ante unos agentes e investigación de la denuncia que se hace ante otros y no quiero dejar de reconocer que los mismos Policías no siempre hemos estado exentos de culpa en este sentido.

f).- Equivocadamente, el ciudadano estima inútil denunciar un hecho cuando presume que la Policía no va a detener al autor. A este respecto, sería deseable alguna campaña publicitaria que hiciera llegar a la sociedad, el gran interés que tiene la Policía por conocer todos los delitos que se cometen. Mal se puede planificar la lucha contra la delincuencia cuando se ignora dónde, cómo, cuando y qué delitos se llevan a cabo.

g).- Respecto al mal entendido temor hacia la Policía, hay personas que no se atreven a ir a la Comisaría, bien a denunciar un hecho delictivo o a informar si es delictivo el hecho en el que se han visto envueltos. Evidentemente, hay que acercar mucho más la Comisaría al ciudadano aunque en los últimos años se han logrado importantes avances a través de los Programas de Participación Ciudadana.

Sin ánimo de haber querido ser exhaustivo, si he querido mostrar las causas principales de aquellas infracciones penales que la Policía no llega a saber y por ello, no puede combatir. Cuando llegan quejas ciudadanas sobre inseguridad pública en cualquier barrio o zona de la ciudad, lo primero que hace la Policía es consultar la Estadística Criminal Policial y lo habitual es que las quejas no coincidan con las denuncias.

LA CRIMINALIDAD OCULTA ( 1 )

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Hablamos de aquellos actos delictivos que nunca llegan a la estadística criminal policial porque, por un motivo u otro, no se han denunciado aunque también tengan un gran interés. Son las llamadas ‘cifras negras’ de la criminalidad en el lenguaje policial.

Siempre han existido delitos graves y menos graves (estos últimos son los que siempre se han llamado faltas y han desaparecido del vigente Código Penal) que no se denuncian. Son las sustracciones de carteras, hurtos en tiendas y grandes almacenes, robos de interior de coches, etc.

Se trata de infracciones contra la propiedad que podrían calificarse como menos graves. Igual sucedía -y sigue sucediendo, aunque en menor proporción- con ciertos delitos contra lo que siempre se ha llamado la honestidad y que ahora son contra la libertad sexual, si bien en este apartado, como es sabido, las razones son otras.

En la actualidad, son ya incluso algunos delitos graves los que no se ponen en conocimiento de la Policía. No me atrevo a dar cifras porque sería muy aventurado por mi parte, pero la estimación profesional es que es muy alto el número de delitos que se han dejado de denunciar. Algunos Policías -a título personal- afirman que puede llegar hasta el 20%.

No es infrecuente que, por las declaraciones de ciertos delincuentes juveniles, se llegue a la conclusión de que muchos de los robos con intimidación (sirlas, en el argot policial) que realizan a otros menores (teléfonos móviles, crucifijos de oro, dinero, etc.) y los ‘tirones» a gente mayor, no consten como denunciados. Igualmente, es considerable el número de atracos cometidos en establecimientos comerciales que no se denuncian. Hasta ha habido algún caso concreto de asalto a entidad bancaria que no ha sido puesto en conocimiento de la Policía. 

Se deduce, por lo tanto, que la cifra de delitos violentos contra la propiedad, es acusadamente mayor que la reflejada por la estadística policial de cualquier año. Y cabe preguntarse: si hasta los mismos atracos no se denuncian, en ocasiones, ¿ qué pensar de los delitos menos graves?

Opino que la criminalidad oculta es hoy día muy alta en nuestro país. Se estima que ha crecido, como mínimo, de forma paralela a la delincuencia contabilizada. ¿Cuáles pueden ser las razones que explican este fenómeno? Lo comentaremos en la segunda parte de este artículo.

Tras todo lo dicho (y a modo de conclusión), se puede afirmar que la cifra negra de la criminalidad es importante en determinados delitos, como los que afectan a la intimidad familiar, los que atentan contra el pudor, algunas estafas y los robos y hurtos leves.

Por otra parte, existen delitos en los que la cifra negra es despreciable. Son aquellos que difícilmente pueden pasar inadvertidos: homicidios, atracos, robos de coches y, sobre todo, los que están cubiertos por algún seguro. Delitos estos en los que las cifras estadísticas son particularmente fiables.