LA CONSTITUCIÓN ESPAÑOLA EN MANOS DE LA NADA.

Cuando se celebró el referéndum que aprobó la Constitución Española el 6 de diciembre de 1.978, muchos militantes de la izquierda acudieron a votar para dar su papeleta positiva de acuerdo con las instrucciones que habían recibido de sus respectivos partidos que entonces eran multitud en aquellos tiempos tan convulsos. Bastantes de ellos lo hicieron a su pesar como por ejemplo los comunistas. Y eso que el texto presentado había sido fruto de lo que entonces se denominaba como las dos Españas.

Entre sus padres estaban por un lado: la derecha liberal, la conservadora, la demócrata cristiana y la franquista más inteligente. Por el otro: la izquierda socialista y la comunista, disgregada en múltiples grupúsculos algunos de ellos bastantes extremistas. Pero no todos cedieron por igual, los comunistas tuvieron que aceptar la Monarquía, la bandera y hasta el himno. Todo ello a cambio de su legalización, amnistía para sus militantes presos, regreso de los que estaban en el exilio y amnesia general.

El resultado fue un acuerdo costoso en el que todos tuvieron que ceder para adaptarse al pragmatismo que la geopolítica de su tiempo mandaba. Había un interés generalizado y muy serio por entrar en lo que hoy es la Unión Europea y en la OTAN ( Organización del Tratado del Atlántico Norte ). El sucesor de Franco hasta la instauración de la Monarquía y vicepresidente del Gobierno Almirante Carrero Blanco, había sido asesinado por la banda terrorista ETA, el 20 de noviembre de 1.973 y el franquismo no podía continuar sin Franco, ni su delfín porque íbamos hacia un mundo global, sin fronteras y dejar el proteccionismo autárquico del autoritarismo

Dos de las potencias extranjeras más influyentes de entonces y cuyo poder se mantiene hoy en día, Alemania y Estados Unidos, decidieron que el Partido Socialista Obrero Español ( PSOE ) fuese la izquierda referente y socialdemócrata. El Partido Comunista de España ( PCE ) fue legalizado en la Semana Santa de 1.977 para que se pudiera presentar a las elecciones de junio de ese año y el PSOE tomó la hegemonía de la izquierda. Todo en orden. El PCE no iba a ser tan influyente como sus hermanos italianos ( PCI ), franceses (PCF) o portugueses ( PCP).

Ahí empezaron a morir los comunistas españoles. Se aproximaron tanto a los socialistas que los llenaron de cuadros y conversos comunistas. Algunos todavía están dando tumbos por ahí. El PSOE trazó una estructura mediática de la mano del Grupo Prisa, editor del periódico El País y fue copando el mundo de la cultura y de la ideología. Todavía nadie le hace sombra en eso.

A los comunistas, se les dijo que había un artículo de la Constitución, el 128 con el que se podía construir el socialismo de verdad, no el de Felipe González, ni siquiera el de Pedro Sánchez, sino el auténtico. Y eso que otro artículo, el 33, reconocía el derecho a la propiedad privada y a la herencia. Pero el 128 era la tabla de la salvación, el cuerno de la abundancia porque aportaba en sus dos apartados ( 1 y 2 ) la posibilidad de intervención de empresas y de la economía en favor del Estado cuando así lo exigiere el interés general. Ya está. Con eso les bastó para votar en favor de la Constitución. Disciplina de partido leninista.

Entre el año 2.022 y lo que llevamos de 2.023, la vida política cotidiana se ha degradado tanto que los verdaderos comunistas y socialistas están hartos de esta izquierda de postureo, falaz, ignorante y vengativa que no acepta su derrota mundial y lo que es más grave, no se detiene a explicársela con tal de que este personal disperso, reaccionario, puritano, confundido, tigres de papel, jaula de grillos, no monopolice el contenido constitucional y lo traicione. Prefieren aferrarse a ella, a la Constitución antes de dejarla en manos de la nada.

Las dos Españas están aquí de nuevo. Ambas dicen defender la Constitución. Ambas han politizado el Tribunal Constitucional. Pero hay hechos clarísimos: se ve a un bando -que no es uno sino varios- que ha pactado con quienes desean destruir la norma que votaron los comunistas y los socialistas auténticos que nos ha permitido vivir tranquilos hasta ahora. Pueden reformarla pero no destrozarla y que procedan como indica el propio texto constitucional.

Los dos bandos incumplen la Constitución, desde nombrar a los miembros de su Tribunal en tiempo y forma, hasta ignorar los derechos de los ciudadanos. Pero uno de ellos, el de la izquierda, pacta con quienes pueden precipitar a España a otra guerra o a graves conflictos. El otro bando, el de la derecha, resulta que prefiere una senda más acorde con la Constitución misma.

El 23 de febrero de 1981, cuando Tejero, ocupó por la fuerza de las armas el Congreso de los Diputados para dar un golpe de Estado, el periódico El País publicó en su portada una fotografía histórica, con los guardias civiles dentro del hemiciclo, donde en letras bien visibles se leía ¡ Viva la Constitución !. Lo mismo habría que decir ahora. Para que la Carta Magna no caiga en manos de un Presidente del Gobierno tan ambiguo y camaleón como este que tenemos y que apoya El País, los verdaderos izquierdistas, sean socialistas o comunistas, prefieren a la derecha para que se dejen de hipocresías y hagan una seria autocrítica de adónde ha llegado el capitalismo arrasador que tanto defienden.

LA CORONA ESPAÑOLA: ¿ SIRVE PARA ALGO ?.

La Monarquía parlamentaria es un hallazgo de la Transición Política Española para nuestra Constitución de 1978 que se construyó desde la evolución histórica de las monarquías más representativas existentes en ese tiempo como la británica o las del norte de Europa, teniendo en cuenta nuestra propia experiencia monárquica y republicana y además, desde una reflexión teórica quizás todavía más intuitiva que racional. Se desconocía por entonces las dimensiones y las consecuencias de ese modelo de Monarquía diferente a las anteriores.

Sus autores eran plenamente conscientes que desde los orígenes del Estado liberal, la Monarquía española había ido dando tumbos desde Fernando VII y Alfonso XIII. Vino después la fracasada Segunda República, víctima de sus errores y del alzamiento militar; la horrible Guerra Civil que la siguió y dio lugar a 40 años de autoritarismo franquista; y se encontraron de bruces -muerto Franco- con la necesidad imperiosa de reinventar la convivencia de los españoles.

La recuperación de la soberanía popular y el impulso para el regreso de la democracia los dio el Rey Padre, Juan Carlos I, que heredó los poderes del Generalísimo con el apoyo de un gran pacto social entre los sectores políticos abiertos procedentes del régimen que deseaban de verdad el restablecimiento de un sistema constitucional europeo de libertades y sectores de la oposición acabados de salir de la clandestinidad y de la persecución.

Fue un contrato social singular con un papel decisivo de don Juan Carlos que culminó bien en una constitución y que después de más de cuarenta años de vida democrática con varias alternancias en el poder y un sistema consolidado donde la figura del Rey mantiene incólume su popularidad, ahora con su hijo Felipe VI y próximamente con la Princesa de Asturias que reinará como Leonor I, como acabamos de ver recientemente en su jura de la Constitución Española al cumplir la mayoría de edad.

Al cabo de más de cuatro décadas es tiempo ya de construir esas líneas teóricas de esta Monarquía parlamentaria porque existe el peligro y quizás también la tentación de situarla -en continuidad de la anterior etapa de su evolución- como Monarquía constitucional. Un signo que confirma esos augurios es que las viejas críticas republicanas se siguen aplicando a nuestra Monarquía parlamentaria.

Así se acusa de su carácter no elegido -y siguiendo esas críticas- no democrático y que la sucesión se produzca en el interior de una familia, en este caso la Familia Real, sin ninguna intervención popular. También se afirma que es una institución cara y poco transparente. Incluso esos sectores en el mejor de los casos, conceden que el Rey Padre ya cumplió un papel decisivo en la instauración de la democracia y en la elaboración de la vigente Constitución para sostener a continuación que quizás sea bueno ya restablecer la República. Incluso hemos oído muchas veces a defensores sinceros de la Constitución Española decir que han sido juancarlistas pero no monárquicos.

Aunque se trata de sectores muy minoritarios que no se pueden identificar con otros peor intencionados que hacen la crítica desde el populismo y la extrema izquierda; que no pueden soportar el constante y sincero apoyo de nuestros actuales Reyes -padre e hijo- a la Constitución Española y a la democracia; habiendo abortado dos golpes de estado -uno cada uno- intentados, respectivamente, por los militares nostálgicos de Franco y los separatistas catalanes ultrarradicales.

También son reprochables y muy minoritarias las críticas consistentes en quemar fotos del Rey, amparándose en una particular y torticera interpretación en el ámbito de la libertad de expresión aunque más bien entran de lleno en el límite del claro y presente peligro de provocar violencia. La crítica a la monarquía es lícita siempre que se haga desde la racionalidad y no desde la violencia real o posible.

Si se parte de una realidad sociológica donde el Rey y la Monarquía ocupan los primeros lugares en la aceptación pública procede preguntarse si existen unos rasgos de esta institución que la hacen diferente de las anteriores. ¿ Es posible mantener una crítica republicana contra esta nueva forma de monarquía ?.

La Monarquía parlamentaria tiene diferencias esenciales con la Monarquía constitucional y mucho más con las monarquías preliberales de carácter absoluto. En este caso, el Rey no es poder del Estado, ni titular de la soberanía popular sino solo el supremo órgano de representación que expresa en su figura la unidad y la permanencia del Estado. Por eso no le son de aplicación las críticas tradicionales republicanas que están fuera de lugar al referirse siempre a una monarquía que compartía soberanía y prerrogativas con los poderes democráticos.

Concluir de esta situación que entonces la monarquía es inútil es igualmente incierto porque cumple un papel moderador y de consejo decisivo y que con su prestigio incrementa la repercusión de España en las relaciones internacionales y con los países de Hispanoamérica.

El valor de la Monarquía parlamentaria, se apoya en tres grandes pilares racionales y efectivos de la Corona española, en sus titulares y en sus sucesores. En primer lugar, hay que señalar su origen democrático que establece su legitimidad de comienzo y que se complementa con la histórica figura de don Juan Carlos y en su continuidad con su hijo el actual Rey Felipe VI y su nieta la Princesa de Asturias y futura Reina, Leonor I.

El referéndum constitucional de 6 de diciembre de 1978 produjo esa aprobación democrática de la forma política del Estado español. Además, la legitimidad fáctica se expresa también por su contribución decisiva para que fuera posible la vuelta a la legalidad democrática, renunciando a ser un poder del Estado; favoreciendo la realización de unas elecciones libres y contribuyendo a las deliberaciones libres en las Cortes Generales hasta alcanzar la aprobación de la Constitución actual.

También, su papel decisivo en la recuperación de las prerrogativas que los poderes del Estado -secuestrados en el Congreso de los Diputados- no podían ejercer en el frustrado golpe de Estado de 28 de febrero de 1981; evitando la catástrofe que hubiera supuesto su triunfo aunque solo hubiera sido coyuntural. E igualmente su hijo, Felipe VI defendiendo el orden constitucional ante la insurrección del gobierno regional catalán de septiembre y octubre de 2017, declarando unilateralmente la República Catalana y obligando al Gobierno de la Nación a aplicar el artículo 155 de la Constitución.

En segundo lugar, la legitimidad de ejercicio se afirma y se consolida con la vieja idea del filósofo francés Montesquieu, del principio del honor que caracterizaba a la monarquía, expresado en su Espíritu de las Leyes. Naturalmente, tiene un sentido distinto al que estableció el barón de la Bréde. Hoy el honor de la monarquía supone la lealtad y el respeto a la Constitución y a los principios democráticos que la inspiran. Esa es la virtud central de un Rey en una Monarquía parlamentaria. No es necesario elecciones periódicas para ratificar el ejercicio legítimo de su elección. Basta con la lealtad y el desarrollo de sus funciones de acuerdo con la Constitución y el resto del ordenamiento jurídico después del respaldo popular inicial.

Finalmente y en tercer lugar, el ejercicio normal de sus competencias favorece la continuidad de las instituciones y esa función de expresar la unidad y la permanencia del Estado. La neutralidad de su magistratura por encima de los sectores políticos y de los Gobiernos que puedan llegar sucesivamente es garantía de estabilidad y respeto a esa parte de la ética de la cosa pública basada en valores, principios y derechos e instituciones y procedimientos que configuran las reglas del juego.

La Corona Española está por encima y es garantía del pluralismo político, creando un espacio libre por donde todos pueden circular con la fuerza legítima que otorga en cada momento el principio de las mayorías. Al carecer de prerrogativa no compite, no puede crear conflictos con otros poderes como ocurre en las repúblicas cuando concurren una Jefatura del Estado elegida por sufragio universal y un Presidente del Gobierno elegido desde una mayoría parlamentaria sobre todo cuando las dos figuras pertenecen a diferentes partidos políticos.

La Monarquía parlamentaria española es una institución tranquila donde se practica el respeto a la soberanía popular y al principio de las mayorías que expresan formalmente las decisiones tomadas en el Parlamento, en el Gobierno y en el Poder Judicial. Lo que le permite moderar y arbitrar desde su posición de preeminencia el funcionamiento normal de las instituciones. Es una institución que deberemos de mantener, apoyar y respetar porque impulsa y profundiza la tranquilidad ordinaria que es condición esencial de una sociedad política bien ordenada.

¿ ES NECESARIA LA REFORMA ELECTORAL EN ESPAÑA ?

A nadie se le escapa que el sistema electoral español es hijo de la Transición Política; que sus autores pretendieron un bipartidismo de las dos corrientes centrales -derecha e izquierda moderadas- favoreciendo tanto la formación de Gobiernos estables como la integración de los nacionalistas en el sistema político y que consiguieron sus objetivos. El bipartidismo nunca había sido inferior al 80% del Congreso de los Diputados en la anteriores décadas -en las pasadas elecciones generales del 23 de julio llegó al 64,75%- y en alguna legislatura alcanzó la marca del 92% de los escaños en manos de los dos grupos políticos más votados.

Nada de esto resultaría extraño si en España rigiera un sistema electoral mayoritario pero poco común en la parte de Europa que se atiene a la representación proporcional. Si se mira a Alemania los electores tienen dos votos para el Bundestag con los que eligen a un candidato de su distrito y a una lista de partido: a la hora de distribuir los escaños se tiene en cuenta el resultado nacional obtenido por estos y no solo -como en España- el de cada provincia. Este sistema desfavorece la mayoría absoluta de un solo partido incitando así a la cultura de la coalición.

La pregunta que surge a continuación de todo lo expuesto es: ¿ Por qué los partidos políticos más beneficiados por el sistema electoral actual español -PP y PSOE- iban a aceptar cambios en unas reglas del juego tan favorables para ellos ?. La reforma electoral se ha planteado en alguna ocasión en el Congreso pero los dos grupos más importantes demostraron que no tenían intención alguna de mejorar la proporción entre votos y escaños como siempre piden las formaciones pequeñas que son las más perjudicadas.

El rechazo se produce pese al criterio del Consejo de Estado que apuntaba algunos cambios ya que estaban en juego tanto el principio de igualdad, tanto desde la perspectiva de los electores ( igualdad del sufragio del artículo 68,1 de la Constitución ) como de los partidos políticos o candidatos que estos presentan ( igualdad de oportunidades del artículo 23.2 de la Constitución ) .

Por eso y desde el inicio de la democracia, -elección general tras elección general y ya llevamos unas cuántas- se vota esencialmente con las mismas reglas que en la primera. Es decir, con un sistema ventajoso para los más votados y que ha permitido la formación de mayorías absolutas de un solo partido sin que ninguno de ellos hubiera alcanzado el 50% der los votos.

El responsable de todo esto no es la ley D`Hondt como piensa una amplia corriente política sino que la desproporcionalidad comienza por el bajo número de diputados del Congreso: 350 frente a los 650 de la Cámara de los Comunes británica; 577 de la Asamblea Nacional francesa; 630 de la cámara baja italiana o 349 la sueca...

Siguiendo por la exigencia de atribuir los escaños provincia a provincia, más la asignación de un mínimo de dos escaños por cada una de ellas, incluso en las más despobladas, excepto uno en Ceuta y otro en Melilla. Esto deja menos representantes para las más densamente pobladas. Al final -solo al final- la fórmula D`Hondt ayuda otro poco en escaños a los partidos más votados. El resultado de todo ello es que, por ejemplo, en Madrid para conseguir un diputado hace falta el triple de votos que en Soria.

A todo esto, la férrea conservación de candidaturas cerradas y bloqueadas resta poder al elector que solo puede respaldar o no en bloque lo que haya decidido la dirección del partido de su preferencia.

Las candidaturas extraparlamentarias no se cansan de repetir la cantidad de barreras que tienen que sortear para poder concurrir a las elecciones generales. Estos obstáculos legales liquidan numerosas listas sobre todo de los más extremistas que se pasan el tiempo estableciendo múltiples luchas recurriendo a los criterios de las Juntas Electorales Provinciales y del Tribunal Constitucional.

A falta de electores suficientes pretenden abrir las vías de la iniciativa popular, entre ellas, la puesta en marcha de una reforma electoral o de un referéndum; la revocación de un cargo electo; la presentación de un recurso de inconstitucionalidad; el control popular de las acciones de guerra iniciadas por el Estado; la participación directa en asambleas municipales; el voto descalificatorio…

El PP apunta en otra dirección y es partidario de rebajar el número de diputados en el Congreso dejándolo en 300 con el argumento de que sobran políticos ahí y en otras instituciones. Esta postura que ha mantenido en diversos actos públicos nunca la ha llevado en su programa electoral. El PSOE, por el contario, es partidario del modelo alemán, con listas desbloqueadas y con paridad total entre sexos.

Obviamente, los pequeños grupos políticos de ámbito estatal no dan por perdida la batalla de la proporcionalidad ya que de ella depende su propia existencia teniendo en cuenta que el respaldo ciudadano a las minorías de espacio nacional ha ido descendiendo paulatinamente y aunque por votos totales uno de estos grupos pueda ser la tercera o cuarta fuerza electoral, parlamentariamente queda relegada en beneficio de los grupos nacionalistas.

Ello es debido a que el sistema electoral prima a los partidos políticos con fuerte implantación localista sobre aquellos con una implantación más moderada pero también más homogénea por todo el territorio nacional. La concentración de los separatistas en pocos distritos ( provincias a efectos electorales generales ) les permite aprovechar bien sus votos para obtener diputados. Así lo han hecho siempre los independentistas vascos y catalanes, a los que gustosamente se han unido los defensores de los terroristas de ETA.

Se puede concluir que en el sistema electoral español existe una clara desproporción entre votos y escaños. Que la causa principal de ello es la pequeña magnitud de las circunscripciones en España. Que la barrera legal como impedimento para acceder al Congreso es un mito y que es mucho más efectiva la barrera natural que aparece al tener España un número muy elevado de circunscripciones de pequeño tamaño. Que se puede hacer una reforma electoral y hay varias maneras de hacerla, encaminadas a aumentar su proporcionalidad aunque también hay dificultades para ello siendo la mayor de ellas que muchas de las propuestas exigen un cambio constitucional.

En este tipo de modificaciones se corre el riego que conlleva una proporcionalidad muy elevada ya que daría origen a un Congreso permanentemente fragmentado y puede generar una gran inestabilidad en los Gobiernos.

El resultado electoral del pasado 23 de julio que va a dar lugar a la formación de un nuevo Gobierno Frankenstein, indica que el debate sobre las reglas del juego continúa tan abierto como inconcreto. Por eso los vientos no soplan a favor de la reforma electoral pendiente.

EL ESPAÑOL YA NO ES EL UNICO IDIOMA DE ESPAÑA.

El pasado 17 de agosto, José Manuel Albares, Ministro de Asuntos Exteriores, Unión Europea y Cooperación del Reino de España, escribió una carta a la Presidencia del Consejo de la Unión Europea informándole de la decisión del Gobierno español de solicitar la inclusión de las lenguas regionales españolas: catalán, eusquera y gallego en el régimen lingüístico de la Unión Europea. Para ello, se proponía modificar el Reglamento que regula esta materia, de conformidad con el artículo 342 del Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea.

El 3 de septiembre, el Ministerio de Asuntos Exteriores distribuyó una nota con una propuesta de modificación en la que resaltaba el reconocimiento constitucional español de las tres lenguas citadas; el hecho de que los Tratados de la Unión Europea ya estuvieran traducidos al catalán, eusquera y gallego y los acuerdos administrativos de 2005 que permitían a la población española utilizarlas en todas las instituciones de la Unión Europea a excepción del Parlamento Europeo.

En la reunión del 19 de septiembre en la que se debatió este asunto en el seno de la Unión Europea, varios países mostraron sus desacuerdo con la rapidez con la que el Gobierno español estaba tratando su petición que podría tener efectos secundarios para otros países de la Unión en los que conviven otras lenguas además de la oficial. Aunque muchos Estados de la Unión -de los 27 que ahora la integran- son multilingües, en ninguno se ellos se ha planteado hasta ahora, una fórmula como la solicitada por el Gobierno español.

También expresaron su asombro porque en un país miembro se improvisen medidas de este alcance para sacar adelante una investidura y que los partidos separatistas e independentistas tengan capacidad de marcar con tanta fuerza agenda política nacional.

Como conclusión de esta reunión se difundió que el Ministro español no consiguió cambiar la opinión de la mayoría de los países socios, partidarios de que la cuestión ni siquiera se admitiera a trámite y se pidiera antes un informe jurídico. Esto, en realidad, era una negativa a la toma de consideración de una propuesta que es solo consecuencia de una promesa socialista al partido político nacionalista Juntos por Cataluña, dentro de la las negociaciones para sacar adelante el nombramiento de Pedro Sánchez como candidato a la Presidencia del Gobierno español.

La lectura diplomática de todo lo acontecido indica que el Gobierno socialcomunista hispano en funciones, ha recibido un rechazo en toda regla -patada en el culo, en la jerga política- después de semanas de gestiones y presiones a muy alto nivel condenadas al fracaso pero que buscaban -al menos- hacer ver al fugitivo de la justicia española Puigdemónt, que en lo que afecta a nuestra diplomacia se ha hecho todo lo posible para cumplir su exigencia. Gesto que ha reconocido públicamente el buscado interlocutor político catalán pero que ha calificado como insuficiente.

Como se puede apreciar de manera clara, España ha hecho el ridículo y se ha utilizado de manera torticera la Presidencia rotatoria española de la Unión Europea para conseguir un fin que no estaba previsto en la agenda semestral, lo que afecta a nuestro crédito internacional y es motivo de queja de nuestros representantes allí destinados.

Pero lo que más preocupa a nivel diplomático es que este movimiento del Gobierno en funciones supone tanto como una declaración de renuncia a que el idioma español sea utilizado como lengua de Trabajo en la Unión Europea, al mismo nivel que el francés, alemán o inglés.

Esta es una vieja batalla de la diplomacia española que ha consumido mucho esfuerzo, gestiones y negociaciones que siguen en marcha pero que se dan por perdidas después del brusco giro de posición como Estado miembro en lo que afecta al reconocimiento de nuestras lenguas cooficiales en Europa.

Así, aunque la propuesta española no vaya a prosperar tiene un coste político porque el Gobierno hispano ha trasladado a la Unión Europea el mensaje de que el español que solo se habla en España de todos los países miembros de la Unión Europea, tiene otros competidores internos nacionales a los que ahora se quiere elevar en rango de tratamiento. Esto quita peso al español a la hora de avanzar en su reconocimiento como lengua oficial de trabajo, algo en lo que la diplomacia española lleva luchando desde la adhesión en 1985.

El discurso de que el español no es el único idioma de España arruina todas las posibilidades de que el único idioma común de España se reconozca como lengua de trabajo europea. Si el español no es el único idioma que representa a España. ¿ Por qué va a tener la consideración de lengua de trabajo en el ámbito comunitario ?.

Existen además otros costes diplomáticos porque la energía con la que el Ministerio de Asuntos Exteriores hispano ha intentado cambiar la voluntad de la Unión Europea sobre esta cuestión, afecta al relato oficial en la que también tuvo que emplearse y sigue haciéndolo la diplomacia española para combatir la propaganda independentista sobre la nación catalana.

Fue relevante, como señal de la nula capacidad de influencia que dentro de la última reunión citada, el ministro Albares llegó incluso a pedir que se votase sin discusión aunque lo que finalmente se hizo fue debatido para decidir un aplazamiento de la decisión a la espera del necesario informe jurídico que contemple con detalle el coste económico y el impacto administrativo, logístico y político de la medida.

En el colmo de las prisas y para cumplir la hoja de ruta de los separatistas de Juntos por Cataluña para que apoyen a Pedro Sánchez en su nueva investidura, el Gobierno español – si se trata de dinero- se ha ofrecido a pagar los gastos de traducción, impresión y distribución de estos tres nuevos idiomas para los restantes miembros de la Unión Europea. Dado nuestro poderío económico, un coste de este nivel no tiene la menor importancia.

LA SITUACIÓN POLÍTICA QUE VIVE AHORA ESPAÑA: ¿ ES NUEVA ?

En la España actual y al abrigo de la libertad que proporciona el orden constitucional crecen sus enemigos, como el separatismo vasco o catalán o el comunismo rampante. Luego, esa generación lleva a cabo sus golpes de Estado, como el ocurrido en Cataluña en octubre de 2017; llama a cercar el Congreso de los Diputados en septiembre de 2012 ( que acabó con 21 detenidos por causar desórdenes públicos y enfrentarse a la Policía ) y rodearlo en septiembre de 2016 para impedir la investidura como Presidente del Gobierno de Mariano Rajoy, cuestionando el sistema democrático y Pablo Iglesias emocionado cuando la turba agredía a la Policía y aplaudía a los que incendiaban las calles.

España es una nación que parece que existe de milagro. Tiene el mecanismo de autodestrucción en funcionamiento constante. Cuando cree que ha llegado la estabilidad y la concordia surge una generación que considera que todo es destruible y que de la escombrera saldrá el paraíso. Tiene lugar, como señalaba Tocqueville, tras un período de aburrimiento. Es en esa tranquilidad en la que se fraguan conspiraciones de visionarios y golpistas de opereta.

Así interviene una clase dirigente que olvida su responsabilidad hacia la población y se cree con la misión histórica de alcanzar el poder como sea para organizar la nación a su gusto. Después llega la sangre y la dictadura.

Esta sensación de país suicida no es nueva, ya se vivió en 1917 que fue el año más terrible de la llamada Restauración Española. Ese tiempo nos ha llegado de forma fragmentaria como un conjunto de desórdenes típicos de la época: una huelga revolucionaria, unas juntas militares y el catalanismo con su ambición de unidad de destino en lo universal.

Al lado, un rey débil y anticuado, un Alfonso XIII, sin inteligencia ni visión de Estado que hasta prefirió la posterior dictadura de Primo de Rivera a la democratización de España. Frente a este panorama, la historiografía nos presentaba la modernidad de socialistas y republicanos; el romanticismo sacrificado con el que lucharon y la oportunidad que se perdió. Pero resulta que no fue así.

Si se consulta la enorme documentación disponible sobre la época para conocer en detalle los acontecimientos ocurridos y obtener una conclusión clara, 1917 fue un año trascendental en la historia contemporánea española porque rompió las convicciones de la monarquía constitucional, impidió la transición política hacia la democracia e inoculó la tentación autoritaria que marcó la vida estatal hasta 1.975.

Ese año, se dieron cita tres proyectos para destruir el marco de convivencia que convergieron inspirados por la Revolución Rusa de febrero. Todo empezó en Cataluña, Francisco Cambó fue uno de los políticos catalanes más importantes del comienzos del siglo XX. Nacionalista, con poder y partido propio ( Liga Regionalista ), se enriqueció de forma turbia con una empresa de electricidad y acabó recaudando dinero de la burguesía catalana para Franco.

Cambó fue el cerebro de la revolución de 1917. El objetivo era la proclamación del Estado Catalán para una España confederal, unida por una Corona común y un Parlamento de mandatarios regionales. Ese fue el programa de la Asamblea de Parlamentarios, una cámara ilegal que reunió a representantes catalanes. Esto suponía el fin de la nación española de ciudadanos libres e iguales a cambio de un conjunto de territorios soberanos. Hay que recordar que el Partido Nacionalista Vasco ( PNV ) estaba ya muy implantado y que en 1919 apareció Blas de Infante, -hoy citado como padre de la patria andaluza- hablando de una Andalucía independiente.

Este proyecto, precisaba crear un ambiente de agitación social con la colaboración de los sindicatos y tener de parte al Ejército. En esa situación de desorden, se obligaría al Rey a formar un gobierno ajeno al turno de partidos para convocar unas Cortes Constituyentes. Esos revolucionarios tenían la obsesión del proceso fundador para construir pueblo como hoy socialistas ultraprogresistas, comunistas e independentistas.

La realidad fue que se formaron Juntas de Defensa militares que eran auténticos soviets ( organización comunista de carácter asambleario ), en grupos ordenados por Cuerpos que despreciaban la jerarquía y aspiraban a derribar al Régimen. Los sindicatos anarquistas como la Confederación Nacional del Trabajo ( CNT ) y socialistas como la Unión General de Trabajadores ( UGT ) llegaron a un acuerdo para crear también su propia red de soviets que asumiera el poder en cada localidad, formando así una estructura de poder contra el Estado. Esto pasaba por sublevar a los trabajadores y tomar fábricas con la necesaria dosis de violencia revolucionaria contra la clase explotadora.

Así transcurrió la insurrección de agosto de 1917, el episodio más sangriento ( 127 muertos y 349 heridos graves ) hasta la Revolución de Octubre de 1934. Julián Besteiro y Largo Caballero acabaron encarcelados por alentar los desórdenes como dirigentes del PSOE y UGT. El fallo de los sindicalistas estuvo en no esperar la confluencia con la Asamblea de Parlamentario y juntas militares.

El fracaso no debilitó la revolución. El golpe militar de las Juntas de Defensa se produjo en octubre de 1917 con el apoyo de socialistas, republicanos y catalanistas. El Gobierno no podía contar con el ejército y el Rey, Alfonso XIII pensó en la abdicación para salvar la monarquía y la situación; dejando el poder en un gobierno formado por los mismos grupos políticos que habían apoyado el golpe, combinación que en esos momentos hubiese sido el caos.

La intervención de la Reina madre, María Cristina de Habsburgo fue crucial para la impedir la renuncia del Rey. La solución para salvar la crisis fue el cese de Eduardo Dato y el nombramiento de García Prieto. Ambos políticos, uno conservador y otro liberal, fueron los que asumieron la responsabilidad para mantener el sistema.

El paralelismo entre aquel estado de cosas y la situación actual puede asustar. Entonces la revolución no pudo triunfar por las ambiciones particulares de los conspiradores. Cambó dijo que quería un Estado catalán, pactando con el Rey si era necesario. Esta continuidad de la monarquía no entraba en los planes de socialistas, republicanos y reformistas. Fueron los españoles con su voto los que frustraron la revolución con unas elecciones ejemplares en 1918. con el 91% de los electores que obligaron al republicano Marcelino Domingo a decir que fue cuando más pudo evidenciarse el espíritu civil del país.

EL USO PARTIDISTA DE LOS AYUNTAMIENTOS.

Desde la irrupción del grupo político Podemos en el panorama nacional desde el denominado 15M, allá por el lejano 2.011, las convulsiones sociales han sido muy fuertes, usando los partidos políticos los símbolos para provocar adhesiones sentimentales en la población para sus causas ideológicas. Dado el éxito inicial, los socialistas no tardaron en engancharse a ese tren y desde entonces hasta los más recalcitrantes reconocen que el partido se ha podemizado.

Desde ese momento, se puede decir que estamos en una llamada democracia sentimental, donde nos hemos vuelto muy emocionales, tal y como se refleja en todos los debates públicos y en las redes sociales. Está demostrado que los símbolos son cuestiones pasionales que sirven para enganchar a la población en proyectos políticos que pueden considerarse partidistas.

Ahora que acabamos de salir de unas elecciones locales y autonómicas, la tentación de aprovechamiento de lo público en beneficio de lo privado, crece exponencialmente. Las cuestiones que están vinculadas a políticas e informaciones públicas no plantean problemas legales desde el punto de vista de la publicidad, otra cosa es el uso que se hace de los medios institucionales o de las cuentas oficiales, como pasa con las redes sociales para asuntos particulares de un partido. Por eso, hay que reivindicar la neutralidad institucional en vez del uso político de las cuentas digitales para mayor gloria de un representante determinado.

Los partidos políticos, saben que les resulta muy rentable aprovecharse de los ayuntamientos porque comprenden que esas instituciones siguen teniendo prestigio, a pesar de que está claro que se ha producido un descrédito por la mayor desconfianza de la gente en el uso que hacen del mismo sus regidores. Entonces, buscan que hagan suyas sus causas particulares, otorgándose esa autoridad gracias a la legitimidad que atesoran el haber sido elegidos democráticamente. De ese modo, desnivelan el proceso democrático de opiniones puesto que su posición vale más que la del resto de los ciudadanos. Por eso hay que tener cierta cautela, más todavía, ante la mayor prevención con respecto a la credibilidad institucional.

Los nacionalismos, son los que más hacen uso partidista de los símbolos. Hay un contexto donde existe un cuestionamiento de la nación española por parte de los separatismos periféricos, vasco y catalán, que lleva décadas produciéndose y obviamente, utilizan sus símbolos propios y quieren desplazar los comunes del Estado de sus territorios. Lo que provoca tensiones desde ese punto de vista en cuanto a banderas y otros símbolos asociados a la comunidad.

Aunque muchas veces se generaliza el uso de emblemas que no son comunes, así como se producen declaraciones en los ayuntamientos o en las Comunidades que pueden ser consideradas de parte y que no forman parte del juego político democrático y constitucional por decirlo así. Las instituciones tienen que hablar a través de las normas, leyes, reglamentos…y no para expresar un determinado programa político como ocurre en tantas ocasiones y por ello se produce un contexto conflictivo. Es lo que ocurre en Cataluña con las banderas no reconocidas y su imposición produce situaciones de tensión que entonces tienen que resolver los tribunales de justicia.

Si echamos un vistazo a lo que pasa en los países de nuestro entorno sobre este mismo problema, observamos que nuestro caso es particular. No todos los países tienen el mismo problema nacional que el nuestro y al menos en el ámbito de la Unión Europea, el respeto por los órganos constitucionales y de la administración, es mayor que en España en lo que se refiere a la neutralidad política y al respeto a la pluralidad. Es muy difícil contemplar en los balcones de los ayuntamientos de Portugal, Francia. Italia o el Reino Unido, exclamaciones o propuestas políticas de un sector de la población.

Es muy frecuente que en muchas localidades españolas se vean distintivos en los balcones del ayuntamiento que pueden ir desde la exhibición de una bandera de Ucrania como señal de apoyo hasta una pancarta del llamado orgullo gay. Cosa muy difícil de ver fuera de España, con esta carga simbólica tan fuerte porque si lo pensamos bien, los mástiles y los balcones son de todos.

No es que las instituciones tengan que ser asépticas pero sí autocontenidas, tener claro el papel que representan y no ir a la división y al conflicto. Hay que asegurar el equilibrio manteniendo la neutralidad política porque cuando una institución pública se manifiesta lo hace en nombre de todos y cuando opine lo tiene que hacer desde una perspectiva común y de integración que permita el reconocimiento y la adhesión de sus ciudadanos. Los ayuntamientos y las Comunidades Autónomas no tienen derechos fundamentales, ni libertad de expresión o de conciencia por lo que no deberían -aunque medien los acuerdos o plenos correspondientes- usar sus balcones para una causa concreta.

Puede haber cuestiones que sean unánimes o que no generan conflicto. Pensemos en la bandera de un equipo de fútbol o el logro de una cuestión muy deseada pero nunca nada que pueda generar odio o violencia. Las instituciones son una cosa distinta a los deseos particulares porque pertenecen a todos y nuca deberían expresar causas simbólicas partidistas.

¿ LLEVA ESPAÑA CAMINO DE CONVERTIRSE EN UNA NACIÓN FALLIDA ?.

Después de los atentados yihadistas del 11-M, en el año 2.005, surgió en España un movimiento social que ha transformado la idea de nuestra nación y ha disgustado a mucha gente por la manera que se estaba posicionando ante la Historia. Y la palabra que surgió con toda naturalidad para combatir el relato que se estaba construyendo artificialmente fue: patriotismo.

Cuando digo patriotismo me refiero al amor hacia tu país. Se trata de una emoción que tiene que dar pie a una virtud cívica: prestar servicio; legar lo que has recibido mejorado. Por eso me parece muy difícil que pueda haber democracia sin patriotismo aunque tal y como se han desarrollado las cosas últimamente, parecen dos términos contradictorios e incompatibles con el pluralismo .

Pero yo creo en lo contrario, que el patriotismo es la virtud que nos permite comunicarnos con los demás aunque nuestra región, costumbres, ideas o religiones difieran. Sin esa lealtad nacional, sin esa disposición a reconocer que tú y los demás, participamos de una cosa común que es la patria, la democracia hasta el momento no ha funcionado así. Otras cosas sí.

Hablar de España como nación fallida es todavía exagerado pero estamos en el camino. Además, ya se empieza a notar que el Estado tampoco tiene el éxito que creíamos que iba a tener. El Estado de las Autonomías no funciona bien, es un obstáculo para muchas cosas; las instituciones democráticas parece que tampoco trabajan óptimamente; la separación de poderes no está bien delimitada… Empieza a haber fallos políticos profundos en la estructura del Estado, en parte debido a que en los últimos años la nación española no ha sido tratada como era necesario.

Aunque cualquier persona mínimamente informada acepta que la palabra España deriva del término latino Hispania, suele omitir que a su vez, viene de la palabra fenicia is-span-ya. Hay largas discusiones sobre cuando podemos hablar de España. ¿ Con los visigodos, los Reyes Católicos, los musulmanes, en 1.812… ?. Independientemente de lo que diga la historiografía académica que tiene que hacer su trabajo, soy de la opinión que se puede considerar español todo lo que hemos recibido y afirmar tranquilamente que España tiene tres milenios de Historia.

Hay una literatura que no se da en otros países y que es muy anterior al siglo XIX. Está escrita en latín, árabe, hebreo, castellano…Estos autores, tenían una conciencia de que estaban ante un fenómeno que si bien no era político, sí lo era cultural. Por supuesto que la nación moderna es política, pero pensar que es solo política, me parece un error. La misma Constitución Española que es el alma de la nación, es algo más que una serie de normas políticas; es también un conjunto de ideas, sensibilidades, disposiciones sentimentales y estéticas que se transmiten a lo largo del tiempo y que por supuesto, van cambiando.

Echo de menos como olvidan los historiadores la obligación de escribir bien ya que la Historia hay que contarla. Gracias a uno de los grandes narradores del pasado español como Galdós, le dio a los españoles la posibilidad de identificarse con la creación de la nación liberal y constitucional.

La Leyenda Negra, ha sido un veneno que nos vino de fuera pero que nos apresuramos a beber porque partió de un asunto muy español que fue la reflexión acerca de la legitimidad de nuestros actos fuera de España y especialmente en América. Eso fue aprovechado en el exterior para intentar dañar la imagen de las Monarquía Hispánica. Es muy llamativo que en medio de alguna atrocidad que se cometió allí, nos preguntábamos que derechos teníamos a hacerlas y que hubiese personas y grandes movimientos que intentaban rectificar el rumbo y que acciones de ese tipo no se repitiesen. Esto no ocurrió en ningún otro país del mundo.

Pese al tiempo transcurrido, sigo siendo muy crítico con la Generación del 98 y el pesimismo que inyectó en la sociedad española y creo que fue porque tuvo grandes escritores que de haber sido más mediocres no habrían tenido tanto recorrido, La crisis del 98 es internacional, concretamente euroasiática y va desde Portugal e Irlanda hasta Japón. Es una crisis de fin de siglo, muy profunda y complicada que dio lugar al nacimiento del nacionalismo y a la Primera Guerra Mundial.

Pero los españoles hemos creído siempre que es solo nuestra. Los intelectuales patrios se han complacido siempre en un pesimismo que en el fondo es de tipo nacionalista ya que se trata de una crítica destructiva hacia la nación liberal y constitucional.

Uno de los grandes problemas a los que España se tiene que enfrentar es el nacionalismo que desde el nacimiento de esta última etapa democrática que estamos disfrutando, ha sido considerado como un movimiento moderno y progresista y que a mí me parece inexplicable que se trate así. Son movimientos antimodernos más que antinacionales y no son lo mismo exactamente.

El núcleo antimoderno en España se transforma en nacionalista como se ve tanto en el País Vasco como en Cataluña. Hay un corte clarísimo que es la crisis finisecular. Se frivoliza mucho con la palabra nacionalismo que no se debe olvidar que significa poner en crisis la idea de la nación constitucional y la elaboración de una nación nueva y excluyente.

Entre 2.011 y 2.018, han sucedido cosas que han cambiado -radicalmente- la situación y aunque ya se encargan algunos de que se no se pueda evaluar con claridad lo que ocurre, sí se puede apreciar es que en esos años algo se cerró. El referéndum de Cataluña y la llegada al gobierno de Pedro Sánchez con la ayuda de antisistemas, comunistas y filoterroristas, marca un corte en la Historia de la democracia española. Se ha entrado en otra etapa que todavía no se sabe bien en qué consiste.

Desde los tiempos de Jordi Pujol, en aquel ya tan lejano 1.990 y su Programa 2.000, se han vivido procesos de nacionalización muy fuertes, principalmente en las regiones vasca y catalana y va ser muy difícil revertir esta situación. En el resto de España, se están viendo otras regiones que empiezan a padecer procesos de nacionalización cultural que aunque todavía no son políticos van en esa dirección, como en Galicia y en cierto modo también Andalucía y Aragón. Otras como Valencia o Baleares han caido ya en la órbita de los Países Catalanes. Y después está el resto de España que ya no se sabe lo que es, ni lo que quiere.

No sé si es posible un proceso de renacionalización de España porque hay que ser muy consciente de que la idea de la nación está muy debilitada durante esta cuarentena democrática en la que no se le ha dado mucho sentido a la vida en común. Los españoles nos sentimos por lo general, todavía españoles y estoy convencido de que aún es posible de que se puedan revertir algunas cosas; rehacer una idea de unidad fuerte pero se tienen que dar las herramientas.

De todo esto, los dos grandes partidos políticos españoles, PSOE Y PP, tienen una cuota de responsabilidad muy grande y seria. La izquierda española, especialmente la socialista, ha tenido tradicionalmente mucha desconfianza hacia la idea de nación. No se nacionalizó a principios del siglo XX cuando lo hicieron sus homólogos europeos y siempre está esquinada en este asunto porque no le gusta.

Además, confunde el partido con la nación lo que a mí me parece catastrófico. Durante un tiempo pareció que el PSOE estaba dispuesto a dar la batalla por la nación pero pronto sucumbió a sus propios demonios. Lo que ocurrió antes con Zapatero y lo que está pasando ahora con Sánchez, rompió con una cierta trayectoria del PSOE pero que es coherente con la historia profunda del partido.

El PP también es responsable porque no adopta una posición clara y hace suyo el discurso de la izquierda sobre el fracaso de la nación española. Hubo un momento en tiempos de Aznar pero que ya está olvidado. Al final, todos acaban sucumbiendo a la necesitad de contar con los nacionalistas para gobernar. Y sobre todo con amnesia, a no contemplar el pasado.

El PP, tiene serios problemas con su propio pasado porque no sabe como definirse con respecto al tiempo que duró la etapa de Franco, algo que es verdaderamente complicado. Debería de quitarse ese peso y admitir la relación. La izquierda tiene también toda una historia criminal a su espalda y no tiene ningún complejo al respecto. Pienso que el problema del PP es que nunca toma la iniciativa y es incapaz de plantear una idea de España que sea verosímil. Cuando lo ha intentado hacer le ha funcionado muy bien.

Los hechos irrefutables son que la modélica Transición Política Española hacia la Democracia, no tiene nada que ver con Franco en el sentido de que abre un tiempo nuevo que no hubiera sido posible sin esa etapa, no tanto en el sentido político como en el de los cambios sociales y culturales que se produjeron en esa época, sin los cuales hubiera sido imposible hacerlo de manera pacífica y natural.

Soy de la opinión de que durante el franquismo se produjo la auténtica reconciliación entre los españoles. No fue gracias a Franco pero sí bajo Franco. Eso nuevo que se produjo fue lo que dio paso a la Transición.

Para condenar y borrar aquella etapa se publica la memoria histórica y ya se ha convertido en el gran obstáculo para conocer la verdadera Historia de España. Por eso, la reacción a esa barbaridad está siendo bastante considerable. Pese a que la memoria histórica genera lealtades por los incentivos económicos o cuestiones políticas, crea un opresión ambiental que solo se entiende en términos dictatoriales. A pesar de todo eso, la sociedad española sigue guardando una memoria muy distinta a la que se le dicta.

¿ QUÉ ES ESO DE LEER ?.

Desde hace tiempo y por muchas circunstancias, me pregunto de vez en cuando para qué sirve leer, por qué ese empeño en recomendar que la gente lea libros, si los libros pueden complicarte la vida y la población en general no quiere enredos de ninguna clase. También me cuestiono cuando se aconseja al personal que lea libros o qué libros debe de conocer además de los folletos de las indicaciones de los medicamentos o las instrucciones del coche que ya no vienen en un folleto sino en un tocho infumable.

Estoy seguro que cuando cambiamos de automóvil, no hemos utilizado muchas de las múltiples aplicaciones que contiene y lo peor es que el vehículo nuevo trae más servicios todavía. Aunque reconozco que esos manuales les encantan a otras personas que se los empapan. Al último vendedor del concesionario que me atendió, le dije que si me podía quitar alguna de esas pamplinas y me dejara el coche más barato y me respondió que le pedía una cosa imposible, que los coches venían así de fábrica. Le pregunté la causa y de inmediato me respondió: porque le gusta a la gente.

Trasladada esa afirmación que es la realidad a mi argumentación, me sigo diciendo para qué insistir en que se lean libros. Es asunto de unos pocos y leer no solo libros sino buenos libros, de menos gente todavía. ¿ Y cuáles son los buenos libros ?. Los de auto-ayuda positivista desde luego que no y las novelas de lo políticamente correcto, tampoco. Todo autor que se preocupe un poco de lo que sucede a diario en su sociedad, está obligado a salirse de la corriente y a estudiar a fondo la historia de su especie. Yo diría que esos son los buenos libros. La historia de todo: del pensamiento, social, político, económico, el desarrollo de la filosofía, de la ciencia, de la comunicación… Lo demás es para los ratos tontos o de cansancio, algo con lo que variar tanta seriedad y profundidad.

Si se miran las tendencias de la lectura se comprueba que nada de lo que acabo de mencionar se adapta al mercado actual. Lo que hoy parece que está pidiendo la sociedad es : nuevas tecnologías, idiomas, relaciones públicas, ventas de todo tipo, especialmente de sistemas digitales; saber un poco de todo que es como no saber nada; tener buena presencia, buen vocabulario para las reuniones y tertulias; ir al gimnasio, consumir productos pretendidamente saludables; sentir múltiples emociones; usar mucho el corazón y poco la razón; repetir hasta la extenuación lo que deseen que pienses y moverse mucho por internet y sus múltiples aplicaciones de todo tipo. Y como para esto no es necesario leer nada interesante, con sentarse ante las redes sociales tiene uno bastante.

Así que la deducción más simple que se extrae tras comprobar cómo van las cosas es que no es bueno leer. Hay un ejemplo muy gráfico en la película llamada El hombre bicentenario que protagonizó el ya fallecido Robín Williams, en la que un robot con aspecto humano, tiene tal capacidad de memoria para leer libros que le pide a su propietario que le deje hojear la biblioteca que tenía en su domicilio. En un abrir y cerrar de ojos, la máquina adquiere y asimila toda la lectura, especialmente la de tipo histórico. Entonces, le surge algo que deberían de buscar todos los Planes de Estudios en la educación: mente crítica. El artefacto descubre lo que es la libertad y se la pide a su dueño, la obtiene pero lo echa de la casa donde lo tenía acogido y se queda solo. Ese es el precio que normalmente se paga por leer, por adquirir un conocimiento crítico y por aspirar a ser libre. Lo contrario que la mayoría de la población, que no quiere eso, que lo que desea es el anonimato, no llamar la atención para intentar pasar desapercibido y buscar la seguridad que da el pertenecer al rebaño. ¿ Entonces para qué sirve esa obsesión por promover la lectura ?

Con arreglo a los datos que facilita el Ministerio de Cultura, los índices de lectura españoles aumentaron 5,7 puntos en los últimos diez años, con una especial incidencia entre los adolescentes. También, que sigue habiendo un importante porcentaje de españoles, un 32,5%, que no leen nunca o casi nunca, aunque tenemos que felicitarnos porque ese porcentaje se ha reducido en los últimos años.

Otra cifra importante es que durante el año pasado, en 2.022, se editaron unos 92.000 libros, procedentes de unas 1.300 editoriales. Se tratan de buenos números debido al confinamiento pandémico chino habido de por medio y que muchos de ellos son de evasión o entretenimiento. También los había de terror, el miedo social, la familia y los desastres naturales o accidentales. Luego lo que se puede concluir es que no se puede medir la cultura de un país por la lectura sino por el contenido de la misma. De todos es sabido que los buenos contenidos son un asunto de una minoría exigua.

Tendemos a pensar que alguien que lee está más armado contra la manipulación, contra la mentira y los desastres del mundo. También que alguien que lee nunca está solo. Sin embargo, hay que decir que existen grandes lectores e incluso intelectuales que han hecho aberraciones. Leer es algo hermoso, positivo, pero también es cierto que a través de ella se han cometido graves errores. Hay intelectuales que han apoyado regímenes totalitarios terribles, que han dicho verdaderas perdiciones, que han tenido equivocaciones fundamentales y nadie les pasa factura.

Si hablamos por ejemplo del postmarxismo, nadie les ha pedido cuentas de las barbaridades que dijeron porque se han demostrado equivocadas y en lugar de pedir perdón de rodillas, todavía los tienen como grandes gurús de la política, El señor Noam Chomsky no se ha retractado de las muchas imbecilidades que dijo. Francis Fukuyama por lo menos dijo: Me equivoqué. Hay mucha gente que todavía sigue apoyando la tesis del socialismo del siglo XXI que no ha traido más que ruina y miseria en los países que se ha llevado a cabo o se trata de imponer.

Ahora que la América Hispana está atravesando un período muy difícil donde a la habitual y permanente crisis económica hay que añadirle también la política, con un nacionalismo de izquierdas donde antiguos guerrilleros marxistas-leninistas han logrado la Presidencia de los Gobiernos a través de un populismo extremo. Estos movimientos sociales, todos ellos cómplices y aliados de la dictaduras cubana y chavista, están siendo alentados por intelectuales cómodamente asentados en Europa. Son revolucionarios de salón sin abandonar sus rincones de lectura de Londres o París. Piensan que como sus países originarios son unos analfabetos subdesarrollados que no están para una democracia…y necesitan de su orientación y tutela.

Creo que se debe de insistir en que la lectura es algo muy útil y no una cursilada hueca. Que sin la cultura la vida dejaría de tener sentido. Leer periódicos, libros, ir a los museos, ver arte, es como debe desarrollarse una vida libre y normal. La cultura nos salva de la mediocridad a la que tendemos como seres humanos porque somos muy grises y la cultura brilla y le da color a la vida.

¿ CUÁNTAS IZQUIERDAS HAY EN ESPAÑA ?

A la gente mayor que milita en los partidos políticos se les suele llamar la vieja guardia, tildada de personal de mollera dura y escasa que difícilmente entiende los tiempos que corren y no para de protestar ante las cosas que se están haciendo y no comprenden, por ejemplo, cómo está la izquierda española en estos momentos.

Empecemos por el Partido Socialista Obrero Español ( PSOE ) que sería el primero, que se refundó en 1982 con Felipe González, abandonó la senda del marxismo para optar por la moderación. Alfonso Guerra era el ideólogo oficial y conservaba las esencias del partido denunciando con rotundidad el neoliberalismo. Se manifestaba a la izquierda de Felipe González y no cansaba de repetirlo en la Fundación Sistema y en la revista Temas. Todo ello para contradecir la política económica de Carlos Solchaga que no paraba de manifestar que en España se hacía uno rico pronto. Y queda otro PSOE, ( que sería el segundo ) el de Izquierda Socialista, facción a la que le dan algún lugar en las listas electorales para que estén contentos..

Ahora, está el tercer, PSOE rebelde, el de Pedro Sánchez que ha logrado callar a todos los que se meten con él desde dentro del partido pero nunca a la voz en grito y desde fuera. El poder hay que conservarlo y aún más la posibilidad de sentarse en él y de que el generalísimo Sánchez se modere.

Y aparece otro PSOE, ( que sería el cuarto ) uno nuevo, sin ser PSOE, es el partido ontológico Sumar, con Yolanda Díaz a la cabeza, otra Rosa de Luxemburgo. Ella es como la descendencia de Alfonso Guerra y de Izquierda Socialista pero ya más siglo XXI, más lejos de la Transición Política y por tanto más rebelde pero sin insultar, como hacía Alfonso Guerra que no paraba de hacerlo. Podría haberse afiliado al PSOE y mientras dure Pedro Sánchez de Presidente, ella sería su Vicepresidente.

Es la muleta que tiene Sánchez por si le fallan los votos que necesita para revalidar el Gobierno de coalición como parece suceder hoy. Se acabaron las mayorías absolutas en los países de la Unión Europea. Este Sumar pegado al PSOE recuerda al Partido Comunista de España (PCE), a Izquierda Unida ( IU) que de tanto pegarse a la socialdemocracia acabaron devorados por ella.

Eso, es lo que sabe el otro brazo de la izquierda que lleva por nombre híbrido Unidas Podemos. Asegura que es distinto a Sumar y Sumar afirma tener otro proyecto que nadie sabe cuál es y entonces tampoco se distingue en qué se diferencian y lo que persiguen. ¿ La superación del capitalismo en favor de los más débiles, los vulnerables ?.

Por último, quedan grupúsculos a los que llaman partidos políticos. Bastantes de ellos se han coaligado con Podemos porque de unirse nada, que hay dueños de estas tribus que también tienen sus proyectos, mientras que algunos de Podemos miran a Sumar. Y aún quedan otras formaciones que caben en un microbús y se presentan por su cuenta en las elecciones. Estos ni negocian.

Este puede ser el panorama de la izquierda española, toda una garantía y un manantial de ilusión para las personas que se sienten de izquierdas y deseen votar a la izquierda. Hay otra cosa que queda clara aunque no lo digan, ni lo piensan decir: lo que está ocurriendo en estos últimos meses demuestra que ni el PSOE, ni Sumar, están de acuerdo con sus colegas insultadores de empresarios; ni con leyes trans; del sí es o no es; ni con determinadas políticas exteriores.

No hay que deprimirse por ello, lo que hay que hacer es acostumbrarse y tener mucha resignación. Mientras sigan tocando dinero ¿ qué importa ?. La razón de por qué hay tantas izquierdas es porque no son ricas. Los ricos no se dividen tanto, están condenados a entenderse aunque no se tengan simpatía. La izquierda predica y vive del sistema que han inventado los ricos, a veces asumiendo pero controlando las presiones de la izquierda.. He ahí el negocio y la riqueza de la izquierda, vivir con papá y mamá a la vez que los critica.

LA CONQUISTA ESPAÑOLA DE AMÉRICA Y LA TEORÍA DE LA ESTUPIDEZ.

En esta España de Gobierno socialcomunista y durante su mandato, están promoviendo lo que bien se podría denominar como la teoría de la estupidez. Consiste en negarte a ti mismo para darle fuerza a los demás; en avergonzarte de lo que eres para disminuir tu autoestima y que los demás se aprovechen de ello. Esta moda que ha traido la posmodernidad se trata de un pensamiento débil, populachero, sin rigor ni dignidad, se ha adueñado de gran parte nuestra juventud y de ese bravucón tigre de papel como es Pablo Iglesias. Tipo que hace una labor misionera consolando -supuestamente- al afligido a costa de hundir a su propia nación. Se trata de aceptar que el Descubrimiento y Conquista de América por los españoles no fue más que una época de tiranía y genocidio como proclama nuestra extrema izquierda cuando se presenta la ocasión con una pretendida seguridad pasmosa, sostenida en la ignorancia.

Resumiendo: cuando Colón organizó su expedición marítima, iba buscando Cipando, el país de las especias. Tras meses de navegación y habiendo abortado varios motines por la desesperación de la tripulación que no veía el fin de la inmensidad atlántica, se encontró con un territorio desconocido que luego resultó todo un continente nuevo y que por esas jugadas de la Historia lleva el nombre de unos de sus cartógrafos ( América, por Américo Vespucio ) y no Colombia por su descubridor, Colón.

Aquellos inmensos territorios fueron explorados, conquistados con la ayuda de tribus locales sometidas por varios imperios de indios nativos y civilizadas a nuestra imagen y semejanza. Bastante mejor de lo que harán otras naciones sin tanto escrúpulos como España cuando conquisten la Luna o Marte y otros planetas, a medida que la ciencia y la técnica lo vayan permitiendo. Allí pondrán sus banderas y habrá disputas e incluso guerras por hacerse con sus riquezas minerales, sus tierras raras que impulsarán sus tecnologías en la Tierra y dominar a los demás.

Al camino abierto por el genovés y consternados por su hazaña, pronto se unieron Francia, Portugal, Inglaterra, los hoy Países Bajos ( antigua Holanda ) que lograron también formar sus propios Imperios pero sin los miramientos del español. Ellos no fueron tan prudentes y respetuosos con los nativos que se encontraron como lo fuimos nosotros. Y además, no se avergüenzan de su pasado como potencia colonial.

Todo esto fue posible porque los estados europeos tenían el poder, el conocimiento y el deseo de colonizar nuevos territorios. Y así se venció toda la resistencia que pudieron oponer aquellos pobladores a los que les sacaban siglos de experiencia vivida. Llevaron la civilización humana con todos sus defectos. Se mató y se dio vida hasta el extremo de que después los expulsaron a base de guerras de supuesta independencia.

Ahora, con los tiempos que corren, lo que hay que hacer es asumir todo lo que se hizo, lo bueno y lo malo porque de todo hubo. Los territorios de la Hispanidad se están poblando de dirigentes democráticamente elegidos aunque muy inexpertos que ahora se están enfrentando a la realidad como se vieron Pablo Iglesias y Podemos, paradigmas exactos de la naturaleza humana: quisieron ser puros, iguales y asaltar los cielos. Ahora con no llegar a las manos se conforman…

La reciente visita a España de Gustavo Petro, Presidente de Colombia, ha puesto de manifiesto que esa ola de revolucionarios que está cambiando la dirección política de los países hermanos de Hispanoamérica, como también ha ocurrido con Argentina y Chile y los denostados Pedro Castillo en Perú y Evo Morales en Bolivia, siguen la estela de los llamados libertadores José de San Martín y Simón Bolívar, consagrados manipuladores y rencorosos con España por no haber conseguido los honores que pretendían, el primero un ascenso militar y el segundo un título de nobleza.

Falsean la historia para encubrir lo que fue una guerra civil como una guerra por la independencia de la metrópolis. Fueron los rebeldes ( criollos) partidarios de la separación contra los realistas, amigos de seguir siendo unas provincias españolas más. Eran españoles contra españoles. Hispanoamérica no fue nunca colonia en el sentido imperialista sino territorio español de ultramar durante tres siglos, más tiempo del que llevan independizados. Su teoría les ha llevado a dos siglos de penurias y de genocidio indígena. El desmembramiento de la Monarquía Hispánica a través de la guerra solo les ha traido miseria, corrupción, inseguridad y emigración. Transcurridos casi dos centurias de la salida forzosa de españoles monárquicos, han sido incapaces de mantener los niveles de desarrollo y bienestar que heredaron.