Lugar destinado a la divulgación policial en el que se tratan aspectos estructurales de la Policía Española y se relatan historias de las víctimas de los delitos.
AUTOR. Juan Francisco Alcaraz Diaz, Comisario Principal ( Jubilado ) de la Policía Nacional.
La Constitución Española diseñó deliberadamente una Jefatura del Estado sin poder político propio. El artículo 56 define al Rey como jefe del Estado y «símbolo de su unidad y permanencia»; le encomienda arbitrar y moderar el funcionamiento regular de las instituciones y le atribuye la más alta representación del Estado en las relaciones internacionales. Pero esa posición está inseparablemente unida a su irresponsabilidad política y al mecanismo del refrendo previsto en el artículo 64: de los actos del Rey responden quienes los refrendan. No es una formalidad jurídica. Es una de las piezas esenciales de la Monarquía parlamentaria.
El Rey no gobierna porque no responde políticamente y no responde políticamente porque no gobierna. La doctrina constitucional ha insistido precisamente en esa ausencia de autonomía política del Monarca. Felipe VI no puede comportarse como un Presidente de República; decidir su propia política exterior; establecer una agenda diplomática independiente o utilizar sus desplazamientos para transmitir posiciones distintas de las del Gobierno sanchista. Mucho menos cuando hablamos de Ceuta y Melilla y, por tanto, de una cuestión que afecta directamente a las relaciones con Marruecos.
Por eso resulta especialmente difícil aceptar que Sánchez convierta ahora al Rey en responsable de no haber hecho aquello que Felipe VI no puede decidir por sí mismo. El Gobierno forma parte esencial de esas decisiones. Lo sabe Sánchez, lo sabe el Monarca y lo sabe cualquiera que haya ocupado responsabilidades en los ministerios de Presidencia o Exteriores. Un viaje del jefe del Estado a Ceuta y Melilla no es una excursión privada ni una iniciativa personal de Felipe VI. Es un acto de Estado con consecuencias diplomáticas evidentes y debe ser coordinado con el Ejecutivo nacional . Sánchez está, por tanto, trasladando hacia el Rey una responsabilidad que corresponde también a su Gobierno y eso tiene un nombre político: eludir la propia responsabilidad.
Lo más inquietante es que este nuevo frente llega cuando cada vez resulta más difícil saber dónde está políticamente Pedro Sánchez. No porque haya desaparecido durante el mes de estío vacacional canario y la invasión africana de Ceuta sino porque cuesta reconocer al dirigente que durante años dominó el escenario político español. Aquel Sánchez podía resultar imprevisible pero rara vez parecía desorientado. Elegía los adversarios, controlaba los tiempos, polarizaba cuando le convenía y conseguía casi siempre que los demás discutieran sobre el terreno que él había elegido.
Hoy ocurre algo diferente. El Gobierno socialcomunista llega tarde a las crisis, ofrece versiones contradictorias, tiene dificultades para imponer una dirección política común y transmite una creciente sensación de agotamiento. Y el Presidente que antes buscaba las batallas parece ahora esconderse de algunas de ellas mientras abre otras cuya utilidad resulta difícil de comprender. El enfrentamiento con el Rey es una de ellas. El mensaje que queda de sus primeras declaraciones tras sus bien aprovechadas vacaciones es demoledor: máxima cautela con Mohamed VI y reproche a Felipe VI.
Pero las consecuencias van mucho más allá de una mera polémica. La primera afecta al PSOE ya que durante décadas los socialistas fueron una de las fuerzas que hicieron posible que la Monarquía parlamentaria dejara de ser patrimonio de la derecha. Ésa fue una de las grandes aportaciones del PSOE a la estabilidad constitucional: demostrar que se podía proceder de una tradición republicana y al mismo tiempo considerar la Corona como una institución del Estado que debía quedar al margen de la lucha entre partidos. Si Sánchez rompe ese equilibrio, no sólo cambia su relación con Felipe VI, cambia también la posición institucional del PSOE.
La segunda consecuencia afecta al propio Rey. Felipe VI está obligado a una neutralidad que Sánchez no tiene. El Presidente puede criticarlo, interpelarlo o convertirlo en asunto político. El Rey no puede responder en los mismos términos sin vulnerar precisamente la posición arbitral que la Constitución le reserva. No puede contar públicamente qué pidió el Palacio de la Zarzuela; qué aconsejó el Palacio de la Moncloa; qué conversaciones hubo con Exteriores o por qué determinadas decisiones fueron aplazadas. Sánchez puede utilizar políticamente el silencio del Rey porque el Rey está constitucionalmente obligado a ese silencio.
Y la tercera consecuencia es todavía más profunda: Incorporar la Corona a la polarización política y social significa reducir otro de los pocos espacios institucionales que permanecen fuera de la lógica de bloques. España lleva demasiado tiempo convirtiendo sus organizaciones en prolongaciones de la batalla política. La renovación del Consejo General del Poder Judicial terminó convertida en una guerra partidista; el Tribunal Constitucional es leído continuamente en términos de mayorías ideológicas; la Fiscalía está sometida a una discusión permanente sobre su independencia y el Congreso de los Diputados ha perdido su capacidad para construir consensos. Convertir ahora al Rey en otro actor de esa confrontación es una enorme irresponsabilidad.
Después de tantas líneas rojas convertidas en simples inconvenientes que Sánchez haya decidido que la Corona también puede utilizarse en su estrategia de supervivencia es su última desvergüenza. Y una de las más graves porque esta vez la factura no la pagará sólo él.
AUTOR: Juan Francisco Alcaraz Diaz, Comisario Principal ( Jubilado ) de la Policía Nacional.
Ni siquiera la institución de la Jefatura del Estado que encarna Su Majestad el Rey, se ve libre de las interferencias oportunistas de un Gobierno socialcomunista siempre atento a embarrar el campo de juego democrático cuando se trata de disimular sus carencias. Por supuesto que no es cuestión ahora de defender la figura y la actuación de Don Felipe VI porque sus acciones hablan por sí mismas y recogen el sentir de la inmensa mayoría de los españoles pero sí me preocupa que el Gabinete central, al que se le acaban excusas y barreras donde guarnecerse ante los numerosos problemas que le acechan, promueva un debate artificial y en absoluto deseado por la sociedad como es el de «Monarquía o República» en un intento de abrir nuevos campos de enfrentamiento entre los ciudadanos que alivien la angustiosa situación electoral del sanchismo que describen las encuestas privadas.
Con solo escuchar al ministro Óscar Puente que se ha erigido en el ariete socialista contra el resto del mundo, alardear de que el Gobierno izquierdista nunca actúa por intereses electorales ( sic ) pone de manifiesto hasta qué punto han perdido el sentido de la realidad y su alejamiento de la percepción del día a día de sus gobernados. Sí tiene razón el ministro Puente cuando afirma, corrigiendo a su compañera de gabinete Elma Saiz ( Ministra de Inclusión y Seguridad Social y Portavoz del Gobierno ) que la agenda del Rey la gestiona el Ejecutivo nacional y que, por lo tanto, una visita a Ceuta y Melilla está supeditada a los intereses del inquilino del Palacio de La Moncloa con lo que cabe preguntarse si la titular del Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones que había afirmado que el Gobierno nada tiene que ver con la agenda real, no ha acabado de entender el funcionamiento de una monarquía parlamentaria o, simplemente, trataba de quitarse de encima cualquier responsabilidad en la polémica sobre la visita de S.M. a la plaza de soberanía española.
Desde la experiencia acumulada sobre el devenir gubernamental me inclino por la segunda opción, entre otras razones porque la ministra Saiz también había afirmado que Don Felipe no había mostrado el menor interés, al menos, en lo que ella conocía, en llevar a cabo ese viaje, cuando los hechos demuestran lo contrario. No solo el Rey se posicionó públicamente el primer día de la invasión inmigratoria de Ceuta exigiendo la restauración de la legalidad conculcada y reafirmando la soberanía española sobre la ciudad autónoma sino que ante la negativa del Gobierno en coalición con los comunistas a autorizar el viaje a allí, recibió en una amplia y publicitada audiencia al presidente ceutí, Juan Jesús Vivas.
No deja de ser una anomalía política e institucional, otra más en este período sanchista tan delesznable de la vida pública española que la absoluta discreción, respeto a sus deberes y estricto cumplimiento del papel que le asigna la Constitución por parte del Jefe del Estado, que no tenga el mismo reflejo en la actitud del Ejecutivo autoetiquetado de progresista para con Su Majestad. El Rey hará lo que tenga que hacer, siempre desde el mayor interés para los ciudadanos y el mejor servicio a la Nación española. Lástima que no haya un Gobierno a su altura.
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha evitado la presencia del Rey de España, Felipe VI, para participar en el Consejo de Seguridad Nacional celebrado el pasado mes de agosto, 26 dias después de la invasión marroquí de Ceuta que pretendía ser un punto de inflexión ante la crisis inmigratoria que se había ocasionado. Lo cierto es que el Ejecutivo central cuenta con la potestad de invitar a Su Majestad a este tipo de reuniones y por eso esta vez no lo ha hecho a modo de respuesta por haber recibido a Juan Jesús Vivas en la residencia estival mallorquina.
Lo cierto es que Felipe VI y Doña Letizia tenían la agenda vacía esa semana. Las previsiones se conocen cada viernes y en la página electrónica de la institución real no existía ninguna actividad de cara a la última semana de agosto. Es habitual que si se produce la presencia del Monarca, el evento se realice en el Palacio de La Zarzuela. La excepción son «circunstancias especiales» como ocurrió con el apagón eléctrico que se produjo en España el 25 de abril del pasado año y que aún está pendiente de esclarecer. El objetivo de la reunión interdepartamental era certificar la creacción de un mando único que se hiciera cargo de resolver los efectos de la invasión de Ceuta. Este movimiento generaba un precedente inverso al ocurrido con el corte de luz a nivel nacional.
La ministra de Migraciones y portavoz del Gobierno, Elma Saíz, negó que el Monarca hubiera transmitido su deseo de acudir a Ceuta. Hasta en cuatro ocasiones remarcó que «no le constaba». Desde el Gobierno autonómico de Ceuta estuvieron presionando para que Su Majestad acudiera el 2 de septiembre, día de la ciudad autónoma. Pese a no haber acudido al territorio caballa, el Monarca conversó con el presidente ceutí, el popular, Juan Jesús Vivas, «manteniendo su papel institucional»
Fuera del plantón al Rey en la reunión que comenzó a primera hora de la mañana, el Gobierno ya deslizó un debate sobre la viabilidad de la Monarquía para movilizar a los votantes prorrepublicanos comunistas de los grupos políticos afines, Podemos o Sumar. El más duro fue -como era de esperar- el ministro de Transportes, Óscar Puente. En la red social X se ha convertido en el ‘azote’ de la oposición política a nivel nacional y ha superado una nueva línea roja en el periodo estival.
En contestación al saludo entre el periodista Javier Negre ( muy discutido en el sector profesional ) y Su Majestad, Felipe VI que coincidieron en un viaje institucional en Colombia y a un mensaje que reclamaba el regreso de la República, acusó al Rey Felipe VI de convertir este espacio en una «absoluta ignominia». Pocos dias después y sin rectificar, remarcó su crítica a un saludo informal. «El Rey es un símbolo y no es inocuo junto a quien se fotografía o a quien saluda en un contexto que no es protocolario… La imagen del sujeto con el que se fotografía se limpia», señaló con un mensaje en las plataformas digitales.
Ya a nivel legislativo y con el apoyo de sus socios comunistas, el Gobierno sanchista ha presentado varias propuestas normativas para despenalizar la figura del delito de injurias a la Corona y así S. M. pueda ser objeto de chanza y chiste impunemente por la jauría de cachorros revolucionarios de biblioteca que apoyan a Sánchez. Lo cierto es que, por el momento, el líder de los socialistas no ha agendado la nueva iniciativa ante un final de legislatura que amenaza con diversos vaivenes y un resultado incierto.
Pedro Sánchez ha decidido estratégicamente que la Corona tampoco quede fuera de la batalla política. El paso tiene más trascendencia de la que puede aparentar porque no estamos ante una discrepancia sobre Felipe VI, ni ante el viejo debate entre Monarquía y República sino ante un presidente del Gobierno que introduce al jefe del Estado en el terreno de la responsabilidad política precisamente cuando su propio Gobierno atraviesa uno de sus momentos de mayor debilidad y cuando él mismo parece haber perdido buena parte de aquella capacidad para controlar los tiempos y elegir las batallas que durante años fue su principal fortaleza.
El movimiento resulta todavía más grave porque no es un episodio aislado. El PSOE de Sánchez empieza a modificar la relación que el partido mantuvo tradicionalmente con la Corona y a romper un equilibrio que todos los presidentes socialistas habían preservado desde la Transición Política. Los socialistas nunca escondieron sus raíces republicanas pero cuando gobernaron entendieron que la Jefatura del Estado no podía convertirse en un instrumento de la confrontación partidista. Felipe González y José Luis Rodríguez Zapatero asumieron que gobernar también significaba proteger instituciones que no necesariamente formaban parte de su tradición ideológica.
Sánchez había mantenido hasta ahora, con tensiones y contradicciones, ese mismo principio. Incluso cuando ministros de Podemos atacaron a Felipe VI durante la pasada legislatura, el PSOE trató de diferenciarse de ellos y reivindicó su compromiso con la Monarquía parlamentaria. La diferencia es sustancial: entonces eran los socios del Gobierno quienes cuestionaban al Rey; ahora es el propio Presidente quien lo coloca bajo el foco.
Autor: Juan Francisco Alcaraz Diaz, Comisario Principal ( Jubilado ) del Cuerpo Nacional de Policía.
Si acudimos a la esfera internacional sanchista, desplazado el foco de Israel tras la paz lograda en Gaza el pasado mes de octubre, el objetivo es Trump y, en España, también por supuesto, Isabel Díaz Ayuso, con la que nunca ha podido el socialcomunismo, ni lleva camino de conseguirlo. Con el Presidente de Estados Unidos, la estrategia es asimilarlo a la derecha española y, particularmente, a Vox, utilizando para ello a la jauría mediática próxima al poder, ese listado de 61 periodistas afines a la causa socialista que circula por las redes sociales. Con la presidenta madrileña, la estratagema pasa por acusarla de privatizadora y montarle manifestaciones por ello, ignorando que dicha treta fracasó ya en el pasado y le dio aún más votos. La imaginación de su contrincarte socialista, el plúmbeo Óscar López no da para más. Es así de simple.
Mientras los madrileños recibían con respeto, simpatía y muestras de apoyo a los agricultores y ganaderos en protesta por el acuerdo del Mercosur, los profesores catalanes cortaban carreteras en demanda de sus derechos laborales y, un día más, los usuarios de la Alta Velocidad se enfrentaban a suspensiones de servicio, averías y retrasos, el Presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, se sacudía desde la tribuna del Congreso de los Diputados cualquier responsabilidad y, en un clamoroso ejercicio del doble rasero, justificaba las tragedias ferroviarias de Adamuz y Barcelona en los imponderables de la vida, fallos técnicos, errores humanos, fatigas de material, casualidades aciagas y contingencias meteorológicas, causas que, sin embargo, no rigen cuando se trata de cargar las culpas contra la oposición popular.
Así, para el inquilino del Palacio de La Moncloa que discurriera en unas horas sobre el barranco del Poyo en Valencia el mismo caudal que lleva, por ejemplo, el Nilo, carece de la menor consideración ante la inoperancia y la maldad de un Partido Popular que, para el imaginario gubernamental, solo sirve para difundir bulos y, por supuesto, el jefe del Gobierno no dejó pasar la oportunidad de endosar un mitin a los parlamentarios para engordar a la supuesta extrema derecha de Vox.
El problema es que el discurso complaciente consigo mismo de Pedro Sánchez, ese que retrata una España de ensueño a medida de la propaganda más descarnada, no resiste el menor contraste con la realidad que perciben con sus propios ojos los ciudadanos. La situación de unos trabajadores y usuarios de la Alta Velocidad que venían advirtiendo reiteradamente de los múltiples defectos de la red viaria. Defectos que, una vez producida la tragedia, obligan a incrementar las precauciones con la disminución de frecuencias y la drástica reducción de la rapidez en unos trenes que, curiosamente, son de alta velocidad…
Como bien señaló el líder de la oposición, Alberto Núñez Feijóo, de nada sirve al interés de los españoles tener un jefe del Gobierno que no se hace responsable de nada, que no se entera de nada, ni siquiera de lo que es una evidencia escandalosa: el deterioro del servicio ferroviario, con hitos como la contratación de amantes del ministro de turno o que los empleados encargados de la revisión de las vías lleven más de un año en sus casas, cobrando el sueldo sin ir a trabajar, que se antojarían increíbles en cualquier otro país que no estuviera gobernado por una coalición socialcomunista como la que preside Pedro Sánchez.
El problema para el dirigente socialista, y no es un problema menor, es que la realidad se impone tozuda sobre los relatos de la propaganday la mentira como cuando el ministro Óscar Puente reconoce a los sindicatos de Renfe y Adif la escasez de inversiones, el caos organizativo y la falta de personal; los ingenieros, en pleno tren de tormentas, avisaban de la falta de mantenimiento en la red de embalses y la conflictividad laboral no amaina alcanzando cada vez a más sectores. Luego vienen en cascada las derrotas electorales del PSOE y sus socios comunistas en las elecciones autonómicas pero Pedro Sánchez no tiene responsabilidad alguna en estos desastres pese a dirigir las campañas por lo que los españoles debemos de estar tranquilos. Estamos en las mejores manos…incompetentes.
Si alguien, hace apenas diez años, se hubiera atrevido a pronosticar que el líder histórico del socialismo español en democracia, Felipe González, renunciaría a votar al PSOE para hacerlo en blanco, se lo habría tachado de enajenado cuando menos. Hace unos meses, el pasado febrero, el exPresidente del Gobierno, referente para generaciones de socialdemócratas en nuestro país y fuera de él, encendió una mecha que ha prendido más de lo que el Palacio de la Moncloa y la madrileña calle Ferraz pensaban, después de lanzar a sus voceros a ningunearlo e invitarlo a dejar el partido que él resucitó y llevó a sus mayores cotas de poder y dimensión histórica.
Desde entonces, las aguas socialistas bajan turbias y la ley del silencio impuesa por el terror del partido y el cierre de filas en la formación sanchista, han saltado con desencuentros públicos entre los partidarios del culto a la personalidad presidencial y los notables de la vieja militancia, Sánchez callado como si la autoridad y el miedo corrieran hacia el sumidero junto a los votos de la gente. Óscar López, Félix Bolaños, Elma Saiz y demás ministros, están manifestando ante la población con sus excesivas declaraciones públicas que el otrora pétreo régimen del búnkermonclovista está exhibiendo las grietas que denotan agotamiento en el liderazgo y en el proyecto. La historia nos ha enseñado que hay batallas que se ganan después de muerto, significativamente cuando un discurso miserable y sucio rompe el descanso eterno para justificar lo inaceptcable.
Óscar López, próximo cadáver político madrileño y también, probablemente, judicial, no dimite y sigue amarrado a su canonjía en la lista de espera de la debacle socialista que le aguarda en Madrid, más allá de esta acabada gira electoral con paradas en Extremadura, Aragón en Castilla y León y Andalucía. Sin autocrítica, sin tomar nota del sentir de los madrileños, engañando a la calle, se pudiera pensar que los reveses autonómicos eran esperados y estaban amortizados y descontados. El Gobierno sanchista y el PSOE intentaron encapsularlos y minusvalorarlos con ese enfebrecido discurso de que en realidad el ganador de los comicios fue el perdedor. Y, sin embargo, la secuencia de los hechos, las fricciones y los enganchones ya indisimulables en el régimen socialcomunista nos parecen el testimonio y la expresión de que el bajonazo electoral ha hecho más daño del que, por supuesto, se admite.
El dontancredismo de Pedro Sánchez, esa actitud de inmovilismo y pasividad extrema ante los problemas que le acosan, consumido entre su toma de decisiones para no soltar el poder y el pánico al día después, ha alentado la desconfianza y el escepticismo entre los suyos sobre el futuro que aguarda a miles de sanchistas adosados a lo institucional y lo público. El sanchismo es un movimiento que conquistó el poder pero al que la victoria le fue esquiva. Hoy, el PSOE es el partido de la derrota. Las voces de los fieles han modulado su tono, también porque el relato del aparato de agitación y propaganda de la Presidencia del Gobierno se ha resentido, ha perdido frescura y conexión. El discurso del miedo a la imaginaria ultraderecha no funciona y la ecuación en la que un Vox desatado abonaría las opciones de Sánchez se parece cada vez más al cuento de la lechera. La fatiga de un gobierno que no gobierna, desalienta y fragiliza. Es un acelerante del final de ciclo que Sánchez nos debería ahorrar para dar la palabra al pueblo.
Las contundentes derrotas en las cuatro últimas convocatorias electorales autonómicas de las dos formaciones gubernamentales, el PSOE y Sumar, no parece que se deban a una situación coyuntural. Reflejan la impotencia de una alianza en la que priman los intereses particulares de los partidos que respaldaron la investidura de Pedro Sánchez, sin otras confluencias que el aprovechamiento de la debilidad del Gobierno resultante, que poca relación guardan con el interés general de la población, comenzando porque la mayoría de esos apoyos proceden de espacios de separatistas con agendas propias. No es una cuestión menor que las dos formaciones que representan al centro derecha y a la derecha conservadora, es decir, al Partido Popular y a Vox, hayan sumado en Extremadura ( 60% ), Aragón ( 55% ), Castilla y León ( 58% ), y Andalucía ( 55% ), todas ellas mayorías electorales muy por encima del 50 por ciento de los votos válidos, como tampoco debería serlo el que las encuestas de opinión reflejen unas previsiones electorales del mismo cariz en caso de celebrarse los comicios generales.
La lógica política, que debería primar en una democracia, exige del inquilino del Palacio de La Moncloa la disolución de las Cámaras y la convocatoria adelantada de la cita con las urnas pero no sólo por su pérdida generalizada del voto popular sino porque, y es lo más importante, el desplome de sus expectativas tiene un reflejo en la imposibilidad de aprobar unos Presupuestos Generales del Estado, contraviniendo el mandato constitucional y provocando el descontrol del gasto del país..
Pueden los equipos de propaganda del sanchismo hacer hincapié en la pérdida de la mayoría absoluta en Andalucía por parte de Juanma Moreno, pero, con significar un cambio para la gobernabilidad de la región, lo cierto es que no ha sido la oferta electoral socialista la que la ha provocado sino el surgimiento de una izquierda radical, con tintes identitarios, Adelante Andalucía, que ha desplazado a la coalición de Podemos, IU y Sumar ( que adoptaron el nombre de Por Andalucía ), y que con un escaso 9,6 por ciento de los sufragios se ha hecho con dos escaños decisivos para que el PP no superara la barrera de los 55 diputados que suponía repetir la mayoría absoluta,.
Con un problema añadido para la estrategia de absorción de la extrema izquierda que viene siguiendo el sanchismo, con el invento de Sumar que la formación fundada por Teresa Rodríguez ( Adelante Andalucía ), escindida de Podemos, no parece dispuesta a ejercer de muleta del sanchismo y ya ha anunciado su voluntad de presentarse a las elecciones generales, disputando ese espacio del populismo radical que los estrategas de Pedro Sánchez consideran fundamental para mantener expectativas de triunfo.
Por último, le conviene reconocer al PP el error de pensar que la formación de Santiago Abascal estaba perdiendo peso específico. Sigue siendo minoritaria pero se ha vuelto determinante también en Andalucía, realidad con la que han tenido que lidiar desde sus posiciones más centradas tanto Juanma Moreno como Alberto Núñez Feijóo. Aunque ya le hubiera gustado al PSOE tener ese «problema» a pesar de lo que van cacareando por ahí.
Tras una intento frustrado de Juanma Moreno para ser nombrado Presidente de la Junta de Andalucía el pasado 1 de julio por falta de votos, al día siguiente, 2 de julio, llegó el acuerdo con Vox y con ello su nombramiento para el tercer mandato.
La docena larga de asuntos judiciales que persigue al sanchismo y los más del centenar de cargos institucionales procesados no ayudan -precisamente- a corregir la deriva en la que se encuentra el Gobierno español y la imagen internacional que está dando…
AUTOR: Juan Francisco Alcaraz Diaz, Comisario Principal ( Jubilado ) del Cuerpo Nacional de Policía.
Con el Presidente Sánchez, España ha dejado de funcionar. Ha incrementado ingentemente el gasto público, desperdiciando los miles de millones de euros de recaudación tributaria adicional, derivados de la inflación fiscal silenciosa con la que ha asfixiado más a los ciudadanos ya de por sí sometidos a un sistema recaudatorio confiscatorio, pero además de que dicho aumento del gasto ha sido un error porque lo ha dedicado a un uso inftuctuoso, a hacer de España un país de subsidiados, donde se dan pagas y ayudas económicas sin que en muchos casos sean necesarias; que incentiva la picaresca para no trabajar y vivir a costa de los demás con supuestos beneficios sociales que paralizan a la economía y suponen un coste imposible para las empresas, especialmente para las pequeñas y medianas ( pymes ) con un igualitarismo salarial que desalienta a los más preparados que tienen que emigrar a otros países, descapitalizándonos en talento humano, siendo sustituidos por mano de obra poco cualificada sobre la que no se puede asentar la prosperidad.
Todo ese gasto improductivo ha hecho que no aumente la inversión en empresas e infraestructuras que sólo requerían una mínima parte de ese aumento de recaudación ya que se disponían de 140.000 millones de euros en fondos europeos para relanzar la economía para lo que era necesario, pero como la acción productiva no daba votos al Gobierno socialcomunista de Pedro Sánchez se ha preferido dejar a España sin cuidar de sus infraestructuras ferroviarias, de las carreteras, de los embalses y presas -algunos, incluso, han sido destruidos por fundamentalismo medioambiental-, y con una red eléctrica sometida también a dicho ecologismo radical que nos llevó al episodio tercermundista del apagón general del veintiocho de abril del año pasado.
Todo ello, en medio de una inseguridad jurídica creciente que ahuyenta inversiones productivas, envuelta en populismo y en interés personal, todo para mantenerse en el poder, al igual que las concesiones en financiación a los independentistas catalanes, a costa del resto de españoles, las transferencias de competencias en Seguridad Social a los nacionalistas vascos o la legalización de más de un millón de inmigrantes para contentar a los comunistas de Podemos, con su efecto llamada que constituye un grave problema con sus costes asociados derivados de la entrada de los mismos en el paraíso del subsidio que ha establecido Sánchez en España.
Se está instalando en la sociedad el sentimiento de que hay una España que trabaja y otra que se dedica a vivir a costa de la primera, la cual ya no da más de sí para mantener la economía. El problema es Sánchez y su socialismo extremo. Por eso, las formaciones políticas de la oposición tienen que tener como primer objetivo echar a Sánchez y a las políticas dañinas que ha implantado en España y, después, discutir sobre el programa de gobierno pero lo esencial es desalojar a P.S.porque España necesita recuperarse, para lo que los partidos de la derecha deben colaborar y aparcar diferencias personales porque es lo que quiere la inmensa mayoría de sus votantes.
Consumada ya la hecatombe política del mismísimo Presidente del Gobierno por su implicación personal en las elecciones autonómicas de Extremadura, Aragón, Castilla y León y Andalucía –una mera traslación a las urnas del trato que la gente le dispensa en las calles, en donde suele ser recibido con abucheos, insultos y demás improperios–, los más próximos a él han puesto en marcha una operación para atornillarle el máximo tiempo posible en el cargo con la esperanza de que el temporal amaine. Dicha operación se podría llamar Salvad al Presidente Sánchez, y abarca numerosas acciones no por manidas menos sorprendentes en algunos casos.
La primera de todas, consiste en seguir repartiendo entre los nacionalistas catalanes y vascos toda suerte de dádivas a cambio de recibir su apoyo a alguna ley con la que luego poder alardear ante la opinión pública. Entran aquí en juego, desde la nueva financiación territorial regida por la ordinalidad que beneficia a alguna autonomía y asfixia a otras, hasta las medidas de gracia a terroristas con pasado sangriento, como el militante de ETA, Garikoitz Azpiazu Rubira, alias Txeroqui, que quedó libre de lunes a viernes -pese a ser condenado a 400 años de prisión- para realizar labores de prefabricado voluntariado social. Camino seguido por otras tantas decenas de compañeros de militancia y atentados.
La segunda acción de este plan de salvamento es exprimir al máximo el marketing político, prodigando los anuncios grandilocuentes y las cortinas de humo de sesgo ideológico para no perder más electorado aún entre los afines desencantados. Se encuadran aquí, por ejemplo, las amenazas a los centros privados de Formación Profesional o el enfrentamiento con las grandes plataformas tecnológicas para vetar el acceso de los menores a sus redes sociales y poner de paso la semilla de una futura censura de las opiniones críticas con el poder establecido y que no es otro que el poder totalitario.
Y la tercera y última habría que desdoblarla. Por un lado, no deja de resultar llamativo en este sentido que el presidente de un país en el que la pobreza infantil no para de crecer, como revelan los propios datos oficiales de perceptores del Ingreso Mínimo Vital o que permite abortar a las menores sin necesidad de permiso paterno, trate ahora de erigirse en protector de la juventud vetando su entrada en X o en TikTok, la red favorita, por cierto, de Sánchez y sus ministros. Al paso que va España, no hará falta norma que lo prohíba porque cada vez menos menores tendrán acceso a internet al no poder pagárselo sus progenitores.
Y por otro, dentro de esta acción estratégica para salvad al Presidente, entran también las inauguraciones fantasmas, como la que ya protagonizó el propio Sánchez en el Hospital de Melilla ( 02.06.2025 ) antes de que tuviera actividad clínica, siendo por ello objeto de escarnio, o la más próxima de la Operación Campamento, ( 12.01.2026 ) con máquina de demolición incluida que desapareció en cuanto se fueron las cámaras de televisión. Otra parte importante de la operación Salvad al Presidente Sánchez pasa por caricaturizar al enemigo y echarle a los perros para dar la impresión de que huye.
Con esta estrategia, Sánchez se propone terminar la actual legislatura. Su hoja de ruta no se ha movido ni un milímetro y las intoxicaciones informativas del Palacio de la Moncloa de los últimos semanas, insinuando que en marzo próximo podrían convocarse las elecciones generales, ha sido una jugada más de despiste del aparato de agitación y propaganda sanchista.
La calidad democrática española ha sufrido un importante deterioro en este último mandato y por eso la mayoría absoluta del pleno del Congreso instó el pasado 24 de junio al Presidente Sánchez a someterse a una cuestión de confianza o a convocar elecciones generales, lo que, en términos prácticos, supone la pérdida de legitimidad de ejercicio de Gobierno. Pero la respuesta del grupo socialista fue una carcajada que es como entienden estos diputados el juego democrático. No cayeron en la cuenta de que reírse de los representantes del pueblo en el Parlamento equivale a reírse de los ciudadanos.
Lo que le queda por delante a España es desalentador. Los que fueron socios de investidura irán marcando distancia hasta terminar confrontando con el PSOE y las novedades judiciales, probablemente protagonizadas por nuevos arrepentidos que no desean acabar pudriéndose en prisión, terminarán de hundir al partido socialista que ha optado por la inmolarse junto a su líder como se pudo ver el pasado sábado, día 27 de junio en la reunión de su Comité Federal en la que le otorgaron un cheque en blanco para continuar con su dirección caudillista y se arrodillaron ante los escándalos de corrupción sanchista como si la cosa no fuera con ellos….
Sánchez admitió ante el Comité Federal del PSOE un único caso de corrupción que afecta a la Secretaría de Organización’ del partido, protagonizado por personas concretas que se aprovecharon de sus posiciones Tras la imputación de la directora de la Guardia Civil, Mercedes González, el pasado día 2 de julio, por sus vínculos con las cloacas del PSOE, el partido ya tiene 16 causas judiciales abiertas con 126 investigados. Incluyendo a 42 socialistas con cargos en las instituciones». Sánchez da orden de cerrar filas y evitar dimisiones tras un hecho de esta gravedad. Hoy, el PSOE puede presumir ampliamente de tener más imputados que diputados en el Congreso de los Diputados.
En el peor momento de su mandato, con su mujer a punto de sentarse en el banquillo de los acusados, su hermano ya lo está desde el pasado jueves y sus más cercanos colaboradores políticos juzgados ante el Tribunal Supremo por graves delitos de corrupción, el Presidente del Gobierno, Pedro Sánchez buscó amparo en el exterior en vez de presentar la dimisión como haría cualquier dirigente demócrata. En una manifiesta huida hacia adelante, reunió en Barcelona, durante los pasados dias 16 y 17 de abril, a la flor y nata del«progresismo» tercermundista, con el Presidente de Brasil, Lula da Silva, a la cabeza. Lo hacía a su vuelta de un comentado viaje de negocios a China, donde había establecido una alianza particular con el dictador comunista Xi Jinping, sin contar con el visto bueno del Parlamento español, ni con el respaldo europeo. Sánchez va por libre, provocando, a conveniencia propia, un cambio radical en la política exterior de España.
Es natural que el comportamiento errático del presidente español suscite cada vez más preocupación en la Unión Europea ( UE ). Inquietan tanto sus contracciones musculares involuntarias -especialmente las de su rostro- con la prudente política común en las relaciones con China, Israel y Estados Unidos, como su deriva hacia actitudes ajenas a la posición democrática occidental. Hay dos hechos que han levantado especial preocupación más arriba de los Pirineos: la regulación masiva y descontrolada de inmigrantes ilegales ( hay quién empieza a llamarla amnistía administrativa ) y los ataques de los miembros del Gobierno a los jueces, con el ministro de Justicia, Félix Bolaños, a la cabeza. La arremetida general contra el juez Peinado, encargado de la instrucción de su esposa, Begoña Gómez, es un verdadero escándalo. Se trata de una mujer que no ostenta ningún cargo público, a la que se acusa de aprovecharse de su condición privilegiada como esposa del presidente para hacer negocios particulares. Esta defensa, a coro, de varios de sus ministros favorece esa apreciación judicial: la confusión delictiva de lo público y lo privado.
España, con Pedro Sánchez, se convierte así en una anomalía europea. El temor es que, en la curva final de su mandato, abandonado a su suerte y perdido en su laberinto, claramente fuera de la realidad, cometa errores irreparables con alianzas y compromisos peligrosos. Su enemistad con Israel, que guarda, por cierto, el «expediente Pegasus», y su comprometedora alianza con China son indicios poco tranquilizadores y ponen en alerta a los verdaderos demócratas europeos. Lo mismo que la veneración al dirigente español por parte de los ayatolás, los movimientos terroristas de Oriente Medio y los herederos políticos de ETA, compañías poco recomendables. El «contubernio» progresista de Barcelona de hace unas semanas, va a señalar seguramente el camino último del sanchismo antes de su extinción definitiva.
La nota interna del Pentágono, oportunamente filtrada, apuntaba la posibilidad de que España y otros aliados europeos de la OTAN fueran suspendidos de sus funciones en la Alianza por su negativa a colaborar con las operaciones militares estadounidenses e israelíes contra Irán. Con celeridad, el Presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, salió a la palestra para despreciar ese tipo de amenazas y asegurar que nada cambiaría en la relación estratégica de España con sus aliados atlánticos, con los que nuestro país se comporta como un socio fiel, afirmación esta última que no puede ser más exacta, por cuanto las Fuerzas Armadas españolas mantienen despliegues de carácter defensivo en las fronteras calientes con Rusia, además de apoyar con sus equipos militares más modernos la seguridad de otros aliados, como Turquía.
Pero esta realidad, que un mandatario como Donald Trump, cuyo país lidera la Alianza Atlántica, no debería obviar, no es óbice para que desde la Casa Blanca se deslicen comentarios poco amigables, cuando no directamente amenazadores, en una sobreactuación con un claro destinatario interno: el sector más nacionalista de la opinión pública norteamericana, que fue el principal apoyo de Donald Trump, pero que no acaba de entender las razones de su líder para incumplir una de sus grandes promesas electorales, la de no meter a los Estados Unidos en más guerras complejas, caras y sin posibilidad de victoria clara.
Más aún, cuando ni siquiera es posible hablar de unos objetivos estratégicos bien definidos, sustituidos por un amplio abanico de opciones, que van desde un acuerdo petrolero con el régimen de los ayatolás hasta la aniquilación de la civilización persa, según se levante ese día por la mañana el líder norteamericano. Por supuesto, ante una acción unilateral, sin justificación sólida y sin consultar previamente con sus aliados, como es la operación contra Irán, y que, además, quedaría fuera de los límites geográficos de actuación de la Alianza Atlántica, ni España ni el resto de los socios europeos pueden ser obligados a participar militarmente en el conflicto, por más que este se haya extendido a otros países con los que la Unión Europea mantiene acuerdos económicos y financieros muy notables. Hasta ahí, nada que suponga mayor controversia en la opinión pública española y europea, que en términos generales no entiende qué pretendía Washington con este nuevo ataque, una vez que, según afirmó la Casa Blanca, ya había sido inutilizado el programa nuclear iraní.
Por ello, cabe preguntarse la razón de que España se haya convertido en el principal destinatario de las invectivas, amenazas y desprecios de Trump, y la respuesta que más se aproxima a la verdad estriba en que nuestro Presidente del Gobierno ha hecho del ataque a la figura del mandatario norteamericano y del Gobierno de Israel su principal baza política interna. Un reflejo propio de los populismos más básicos, que buscan un enemigo externo lo suficientemente antipático como para alinear con los Gobiernos a una parte de la ciudadanía propia, que en casi todos los aspectos de la gestión política se revela francamente contraria al poder. Populistas que se retroalimentan.
Después de varios meses intentando, sin éxito, que Pedro Sánchez abandonase los planes de pactar con los independentistas catalanes para una posible investidura como Presidente de Gobierno, tuvo lugar el Comité Federal del Partido Socialista Obrero Español ( PSOE ) en el que dimitió la mitad más uno de los miembros de la dirección nacional del grupo político. Era octubre de 2016.
En las normas y estatutos internos, cuando dimitía la mayoría de los componentes de la direccióndel partido, automáticamente equivalía al cese del secretario general y se nombraba una gestora. Pero, en aquella ocasión, Sánchez defendió que ese procedimiento no era aplicable a la ejecutiva federal, es decir, servía para todos los dirigentes socialistas, excepto para él. Ahí ya empezó a enseñar la patita de por donde iban a ir los tiros…
Aquel día, los cargos territoriales mantuvieron el pulso con Sánchez y, después de muchas horas de negociación, se sometió a votación la convocatoria de un Congreso Extraordinario para elegir un nuevo líder. En aquella elección, Sánchez fue derrotado y comenzó el periplo del invento del relato del Peugeot por toda España para volver a dirigir el partido socialista cuando en realidad iban en un mercedes de lujo que tenía todas las comodidades para los viajes de largo recorrido. Una nueva mentira socialista elevada a la categoría de mito para embelesar a la parroquia y subir a la categoría de héroe a la figura de Pedro Sánchez.
Como es imaginable, la interpretación de los estatutos del partido socialista, los procedimientos que regulan los plazos y las votaciones son de vital importancia y recaen sobre un órgano denominado Comisión Federal de Ética y de Garantías. En aquel momento, este órgano lo presidía Isabel Celaá ( Ministra de Educación y Portavoz en el primer Gobierno sanchista y actual embajadora española ante la Santa Sede en Roma. Aquella que copió la expresión, los hijos no son de los padres, que el ensayista libanés Khalil Gibran había promungado en su libro El Profeta, en 1.923 )y el secretario de la comisión era Félix Bolaños, ( actual Ministro de la Presidencia, Justicia y Relaciones con las Cortes en el Gobierno de Pedro Sánchez desde 2.023 ) que, ya por entonces, era el encargado de ir limpiando lo que Sánchez iba manchando.
María Jesús Montero lideraba a los críticos en la comisión y promovió la firma de un documento que fue clave para apear a Sánchez de la secretaría general. Se trataba de un dictamen que ordenaba la formación de una gestora, una vez dimitida la mayoría de la dirección. Montero era del equipo de Susana Díaz e hizo todo lo posible para allanar el camino a la entonces Presidenta de la Junta de Andalucía. En el PSOE andaluz, se sabía que Montero es una política ambiciosa y que tenía los ojos puestos en la Presidencia de la Junta y, si Díaz daba el salto a Madrid, también quedaría libre el terreno de juego para ella en el sur peninsular.
Sánchez formó Gobierno dos años después y contó con ella para ser titular de la cartera de Hacienda, de esta manera, abría una brecha entre Montero y la presidenta andaluza. Cuando Moreno Bonilla fue investido presidente de Andalucía, en enero de 2.019, habían terminado los días de Susana Díaz, pero Montero se puso en perfil bajo para evitar ser elegida para la sucesión de la sevillana. Medró en el Gobierno central y fue adhiriéndose a todas y cada una de las decisiones de Sánchez, en ocasiones, rompiendo su propia coherencia, defendiendo justo lo contrario a lo que decía cuando era consejera de Hacienda en Andalucía, por ejemplo, en materia de financiación autonómica y los privilegios a Cataluña.
Pero, en aquella semana de pasión que se tomó Pedro Sánchez a finales de abril de 2.024 para preparar el terreno a las acciones judiciales que se le venían encima a su esposa Begoña Gómez, muchos dentro y fuera del partido señalaban a Montero como sucesora. Eso era motivo suficiente para que Sánchez acabara con su carrera política.
Montero realizó el traspaso de poderes ministeriales a sus sucesores en el Gobierno actual, Carlos Cuerpo en la Vicepresidencia y a Arcadi España en Hacienda, el pasado 27 de marzo, aunque lo vivió como si fuese su certificado de defunción porque sabía que su vida pública había llegado a su fin.. Hay pocas dudas sobre si el Partido Popular ( PP ) va a ganar las próximas elecciones autonómicas andaluzas previstas para el próximo domingo, día 17 de mayo, pero en Andalucía hay una diferencia con respecto a Extremadura, Aragón o Castilla y León y Montero va a intentar agarrarse a ese clavo porque ya no tiene nada más. Se trata de que, en esta ocasión, los populares no han convocado las elecciones para deshacerse de Vox obteniendo una mayoría absoluta, sino que parten de ella.
Precisamente, el objetivo de la exministra es intentar que los populares la pierdan. Si eso ocurriese, Montero volvería a poner su punto de mira en el Gobierno central, una vez que habría cumplido con el encargo presidencial.
Cosa distinta es que Sánchez tenga intención alguna de recuperar a ninguno de los ministros que ha enviado a encabezar candidaturas regionales. Los mandó con una doble motivación, eliminando cualquier opción, por pequeña que fuese, de que se consolidasen como posibles sucesores y para tener controladas las federaciones periféricas más importantes. También es seguro que Montero utilizará la fuerza real que representa la federación andaluza para intentar trazar un camino de vuelta.
El otro escenario es que Moreno Bonilla repita mayoría absoluta. En ese caso, a Montero solo le quedaría elegir entre abandonar, como Miguel Ángel Gallardo en Extremadura, o quedarse como líder de la oposición, condenada a la desaparición mediática, siguiendo el ejemplo del candidato autonómico Carlos Martínez en Castilla y León, Pilar Alegría en Aragón o penar por el desierto como la exministra de Industria, Comercio y Turismo en el Gobierno sanchista de 2.018 a 2.023. Reyes Maroto en el Ayuntamiento de Madrid, de la que solo se ha sabido, en los últimos años, acerca de los problemas judiciales que ha tenido a cuenta del caso mascarillas, o Alegría, exministra de Eduación y Portavoz del Gobierno entre los años 2.021 y 2.025, que ya forma parte de la historia.
María Jesús Montero no ha tenido más remedio que obedecer la orden de su jefe Pedro Sánchez con el que pretendió escabullirse durante varios dias, pero es plenamente consciente de que, como dice el archiconocido refrán, quien se fue a Sevilla, perdió la silla.
Nació en Belén de Judea, en la antigua Palestina que estaba bajo la ocupación del Imperio Romano. En un establo y un pesebre le sirvió de cuna donde dos animales, un buey y una mula, le daban calor. Unos pastores que dormían al raso en las cercanías con sus rebaños fueron los primeros en tener noticia de ello y acudir a visitarle. Cuarenta dias después, en brazos de su madre María, y a lomos de una borriquilla de la que tiraba su padre José, un humilde carpintero, la familia viajó a Jerusalén para la presentación del recién nacido en el Templo, cumpliendo así la ley de Moisés.
Días después, volvieron a Belén donde meses más tarde, unos reyes magos que llegaron de Oriente en una caravana de camellos guiados por una estrella, le rindieron homenaje y le entregaron tres regalos simbólicos: oro ( en reconocimiento de su realeza ), incienso ( en reconocimiento de su divinidad ) y mirra ( en reconocimiento de su naturaleza humana ). De allí, la familia huyó a Egipto por la noche para escapar del rey Herodes que perseguía al hijo del carpintero al sentirse amenazado porque los reyes venidos de Oriente le habían dicho que habían llegado a sus tierras buscando el nacimiento del rey de los judíos. Al marcharse estos sin informarle de lugar donde lo habían encontrado, Herodes, un rey nombrado por Roma, muy cruel y temido por su pueblo, se volvió paranoico ante la amenaza de perder su reinado y ordenó la Matanza de los Inocentes en la región de Belén ( todos los niños menores de dos años, siguiendo la cronología que le habían dicho lo reyes magos ).
Permanecieron en la tierra de los faraones unos cuatro años y cuando murió Herodes, pasado el peligro, volvieron a la tierra de Israel, y en Nazaret, un pequeño pueblo de la región de Galilea, pasó el niño la edad de la inocencia y su juventud. Aunque al principio habían planeado volver a Judea, el temor a Arquelao, el nuevo rey hijo de Herodes aunque menos sanguinario, llevó a José a cambiar de planes tras ser advertido en sueño del riesgo que podían correr . En Nazaret, la familia tuvo una existncia cotidiana y sencilla de trabajo y oración. El hijo del carpintero, lo llamaban, por la profesión del padre.Y Jesús el Galileo o Jesús el Nazareno lo llamarían más adelante. Cumpliendo así con las profecías bíblicas que decían que Jesús sería llamado nazareno.
Esta etapa de desarrollo ordinario del niño, estuvo marcada por el crecimiento en sabiduría, en estatura y en gracia para con Dios y los hombres, viviendo una vida oculta hasta los treinta años que fue cuando inició su ministerio público Eran una familia humilde con una existencia como una más del pueblo. Jesús, asistía a la escuela de la sinagoga para aprender a leer los textos sagrados y las leyes judías. Allí, mostraba un profundo entendimiento de las Escrituras y además, solía realizar la peregrinación anual a Jerusalén para celebrar la Pascua judía con su familia. A los doce años tuvo un episodio en el Templo. Los evangelios apócrifos cuentan historias fantásticas de Jesús en su niñez que no se consideran parte de la tradición bíblica confiable.
Fue una vez que ocurrió que Jesús se quedó en el Templo de Jerusalén, después de acabada la Pascua sin que sus padres lo supieran. Tras tres días de búsqueda, lo encontraron en el Templo sentado con los doctores de la ley, asombrándolos con sus preguntas que mostraban su sabiduría. Escuchaba y cuestionaba a los maestros y estos se maravillaban de su inteligencia. Al ser recriminado por su madre, Jesús le respondió que tenía que estar allí para defender a su Padre celestial, manifestando así la conciencia de su filiación divina. Regresaron los tres a Nazaret, manteniéndose Jesús sujeto a la autoridad terrenal, conciliando su obediencia humana y su misión de ser también hijo de Dios.
Cercana la treinta y siguiendo las indicaciones de su Padre divino, se retiró al desierto cercano a Jericó, esa zona árida y montañosa que se extendía desde el este de Jerusalén hasta el Mar Muerto, para prepararse espiritualmente, ayunar y orar antes de iniciar su etapa pública. Allí, fue tentado por el mal de los hombres ( el diablo ) al que venció fortaleciendo así la dependencia de su Padre, Dios. Ayunó durante cuarenta días y cuarenta noches en el desierto y allí, hambriento, respondió así al demonio tentador, hasta en tres ocasiones: «No solo de pan vive el hombre». Demostrando así su capacidad para vencer la tentación.
El significado del desierto se debe a que era visto como un lugar de soledad, oración y encuentro profundo con su Padre, separándose del mundo terrenal para enfocarse en la voluntad de Dios. El que en ese lugar de retiro permaneciera cuarenta dias se debe a lo que simbolizaba el número cuarenta en la tradición judía como un tiempo de preparación, cambio o prueba. Como los cuarenta años del pueblo de Israel en el desierto del Sinaí, tras salir de Egipto y antes de entrar en la Tierra Prometida ( Palestina ) o los cuarenta dias que duró el Diluvio Universal. Este período marcaba la transición de la vida privada de Jesús a su labor evangelizadora..
De nuevo en Galilea, tomó por discípulos a cuatro pescadores del lago Tiberíades ( Simón, al que luego llamó Pedro; su hermano Andrés, ambos hijos de Jonás ) y Santiago y Juan, ( hijos de Zebedeo ) que lo dejaron todo para seguirle, y lo mismo hicieron los otros ocho que se le unieron luego ( Felipe y Bartolomé; Tomás y Mateo, el recaudador de impuestos; Santiago,( hijo de Alfeo ) y Tadeo; Simón el cananeo y Judas Iscariote, el que lo traicionó,
Eran doce porque representaban a las doce tribus de Israel. Además el número doce era el resultado de multiplicar tres, el número perfecto para los judíos, por cuatro, número que alude a los cuatro puntos cardinales. En el mundo cristiano se les conoce como apóstoles, que viene del griego apostéllein, que significa enviar un mensaje. Es decir, fueron elegidos como apóstoles porque recibieron la misión de llevar la doctrina de Jesús a todo el mundo conocido, a todas las naciones, hasta el último rincón de la Tierra.
Comenzó entonces Jesús a predicar a las muchedumbres, y su fama se extendió por toda la región: «Bienaventurados los pobres, porque vuestro es el Reino de Dios», dijo en su primera aparición en público. Y sus vecinos de Nazaret, sorprendidos y admirados, comentaban entre sí: «¿Sabéis lo que dice Jesús, el hijo del carpintero? Que al que te abofetee en la mejilla derecha le presentes también la otra; que amemos a nuestros enemigos y oremos por los que nos persigan; que busquemos primero el Reino de Dios y su justicia, y todo lo demás se nos dará por añadidura; que no juzguemos, si no queremos ser juzgados; que perdonemos, y seremos perdonados…».
Dijo también después: «Venid a mí todos los que estáis fatigados y sobrecargados, y yo os daré descanso»; «Yo os aseguro: si no cambiáis y os hacéis como los niños, no entraréis en el Reino de los Cielos»; «Amarás a tu prójimo como a ti mismo». Y cuando Pedro le preguntó que cuántas veces tendría que perdonar las ofensas, él le contestó que hasta setenta veces siete; y al joven rico que quería saber el modo de alcanzar la vida eterna le aconsejó que vendiera todos sus bienes y se los diera a los pobres; y a sus discípulos les advirtió, poco antes de ser llevado ante Pilato, sobre cuál sería la vara de medir al final de los tiempos: haber dado de comer al que tenía hambre, y de beber al que tenía sed, y haber acogido al forastero, y haber vestido al desnudo, y haber visitado al enfermo y al que estaba en la cárcel.
Sucedió después que Jesús fue a Jerusalén para cumplir con su destino mesiánico que incluía su pasión, muerte y resurrección para la redención de la Humanidad. Llegó para celebrar la Pascua judía, proclamar la llegada del Reino de Dios y consumar su obra profética, aceptando la voluntad de su Padre en el centro religioso de Israel. Ir allí era necesario para el sacrificio final.
Entró como el Mesías, el rey de Israel ( montado en un asno ) cumpliendo la profecía de Zacarías, como momento culminante de su apostolado. Su entrada triunfal marca el inicio de la Pascua cristiana ( Semana Santa ) preparándose para la Pasión, tras ser recibido por la multitud que extendía mantos y ramas de olivo o palmas, reconociéndolo como rey. Señala el comienzo del período más importante de la fe cristiana que culmina con la Resurrección en Pascua.
Estas son algunas de sus enseñanzas, principio y fundamento de la civilización cristiana, la nuestra, porque la historia no se puede cambiar, por más que a algunos les gustaría hacerlo. Y muchos estamos convencidos de la fecundidad de tales raíces.
Que el gobierno de la Comunidad catalana se crea en la obligación de exigir la suspensión del servicio de Cercanías en la región y encuentre la general comprensión de la opinión pública es el resumen perfecto de hasta dónde ha caído la confianza de los usuarios, y no sólo del ferrocarril, tras los últimos Gobiernos socialistas. Detrás de esta pérdida de crédito ciudadano se encuentra lo que podríamos llamar la desoladora cultura política del sanchismo, que ha roto todos los consensos y ha convertido la gestión pública en un coto propio, especie de refugio salarial para militantes y simpatizantes en dificultades tras las sucesivas derrotas electorales.
Que esto es así, se demuestra con las listas de cargos directivos en los distintos ministerios y organismos gubernamentales, con especial énfasis en las empresas de titularidad pública, mucho más accesibles a la arbitrariedad. Es, sin ir más lejos, el caso de Adif, «colonizada» en sus puestos de dirección por exdirectivos del gobierno socialista valenciano de Ximo Puig, con el resultado que todos podemos ver en estos días de luto ciudadano, mientras desde el Ministerio de Transportes, con Óscar Puente a la cabeza, se multiplican las excusas, las justificaciones y la manipulación grosera de datos, en medio de un ambiente de desconcierto que no hace más que alimentar desconfianzas y rumores.
Por supuesto, se trata de una primera fase que conducirá inevitablemente a descargar responsabilidades en el sector privado o en la socorrida oposición popular, puesto que otra de las características propias de la cultura sanchista es no reconocer nunca los errores propios, ni admitir como propias las consecuencias de la ineptitud en la gestión. Esto, que hemos dado en llamar fabricación de un llevando una vez más a los ciudadanos a la rabia, al enfrentamiento ideológico y la desconfianza. Un alto precio a pagar para que políticos que carecen de competencias profesionales para el cargo que desempeñan y que se rodean de una corte de amigos y correligionarios pagados con sueldos muy por encima de los que cobra el común de los españoles se mantengan en el machito.
Ciertamente, hay una responsabilidad en cascada de toda esta confusión, que comienza con la figura del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, responsable único y directo de unos nombramientos al frente del departamento de Transportes que han sido sinónimos de ineficacia y nepotismo. Nadie espera que se asuman responsabilidades en un Gobierno relato, pero que no es más que la técnica de propaganda política de toda la vida, acabará por contaminar la realidad, llevando una vez más a los ciudadanos a la ira, la confrontación ideológica y al recelo.
Nadie espera que se asuman responsabilidades en un Gobierno que ni siquiera puede argumentar con datos técnicos contra la suspensión de las Cercanías en Cataluña, entre otras razones, porque ha acabado con la paciencia de los profesionales que habían hecho de servicio ferroviario español uno de los mejores de Europa, pero que, ahora, no se atreven a garantizar la seguridad de los viajeros.
.El último accidente de tren ocurrido en Adamuz ha abierto una nueva herida en el corazón de los ciudadanos, que tienen muy claro que el siniestro y las correspondientes 46 víctimas tienen responsables directos: el Gobierno encabezado por Pedro Sánchez y el ministro de Transportes, Óscar Puente. Los españoles exigen que se asuman responsabilidades políticas por una gestión de la crisis ferroviaria que ha sido de todo menos ejemplar, por mucho que se empeñe el Gobierno en presumir de una transparencia que ha sido poco más que ficticia.
Así, se pone de manifiesto en la encuesta elaborada por NC Report para el periódico LA RAZÓN, que constata que dos de cada tres españoles exigen dimisiones, y no de los cargos intermedios, sino de la cabeza de Sánchez y Puente. En concreto, el 65,2% de los encuestados pide que Puente salga del Ministerio de manera inmediata, mientras que solo dos de cada 10 respaldan su actuación. Tampoco sale muy bien parado el Gobierno sobre las explicaciones respecto al accidente: el 63% no se cree la respuesta del Ejecutivo y apenas un 28% da por válidas las explicaciones. Por ello, casi siete de cada diez creen que el Gobierno del PSOE es el responsable último del accidente.
Y en esta tesitura, ¿qué ha hecho el Gobierno, en general, y Óscar Puente, en particular hasta el momento? Pues volver a acusar a la prensa de extender bulos y fango como política de distracción. Lo han vuelto a hacer desmintiendo que la culpa primigenia del descarrilamiento es una vía en mal estado con casi 40 años de antigüedad. Una situación que ha provocado que el PP haya acusado al Gobierno de mentir y ocultar información sobre el accidente «que solo Puente y su equipo tenían», como que el tramo de la vía que provocó el descarrilamiento del Iryo era una sección en la que se habían ensamblado materiales nuevos con elementos del año 1989.
Esta falta a la verdad sería en sí misma una mentira, por lo que Puente quedaría invalidado para continuar al frente del Ministerio. Sobre todo, porque su única defensa ha sido una fotografía publicada en sus redes sociales que, a la postre, ha corroborado que había ocultado la verdadera fecha de fabricación de la vía. Además, el ministro solo ha sido capaz de volver a agarrarse a la manida política antiprensa impulsada desde Moncloa, de que todo lo que afecta negativamente al Gobierno es un bulo y un ataque de la supuesta derecha mediática.
La prensa en general ha recopilado la concatenación de inexactitudes, errores, intentos de engaño, tergiversaciones y, directamente, algunas falsedades realizadas por el ministro y que han desmontado cualquier intento de Puente de mantenerse al margen de sus responsabilidades directas en el accidente. Dar la cara no es salir en rueda de prensa y estarse más de dos horas justificando su actuación. Es decir la verdad.
Entre las muchas paradojas que nos muestra continuamente el tiempo en que vivimos, hay una que me ronda la cabeza desde hace tiempo y que creo necesario abordar ahora, con ocasión de las matanzas de manifestantes en las protestas de Irán por la crisis económica de la población que han derivado en la exigencia de cambio de régimen político. Me refiero a esa singular y aparente alianza del bloque de la izquierda, formado por comunistas, socialistas y demás progres sin afiliación, con respecto al islamismo. Ideologías tan diferentes como opuestas entre sí.
Lo primero que me pregunto es la relación en la fe de un Dios único, trascendente, en la existencia de un Paraíso más allá de la muerte, en la oración diaria, la limosna y la peregrinación a La Meca como signos de reconocimiento de la grandeza y de la misericordia de Alá; así como la veneración y respeto a su profeta Mahoma; con el cuerpo doctrinal de la izquierda y del cínico progresismo -al menos cuando lo tenía- de raíces ateas y materialistas, que no cree en la trascendencia, proclama un humanismo sin Dios y no sigue las costumbres islámicas como por ejemplo, el sometimiento de la mujer hacia el hombre, la persecución de los homosexuales, ni sus normas éticas.
Aunque si acudimos a la memoria, esta nos recuerda que no es la primera vez que ocurre una cosa así. Fue lo que pasó entre Hitler y Stalin en los prolegómenos de la Segunda Guerra Mundial con el acuerdo Molotov-Ribbentrop en 1939, cuando además tantos rusos habían combatido o lo estaban haciendo aún en aquellas fechas a los fascistas de toda clase y condición.
Tampoco entonces, debería de extrañarnos que la izquierda se eche en manos de los separatistas en general aunque sus reivindicaciones nacionalistas contradigan la por ella tantas veces proclamada igualdad y su carácter de enemigas del universalismo de la izquierda ( aquello de proletarios del todo mundo, uníos ), así como la necesaria lucha social.
A la vista de los hechos, esta aproximación y defensa del islamismo a ultranza, ayudas económicas de Irán a la comunidad comunista al margen, solo resulta comprensible dentro del giro que ha emprendido la izquierda desde hace décadas, tras caer el Muro de la Vergüenza en Berlín y quedarse sin uno de sus símbolos principales que puso al descubierto el mundo irreal que el socialismo se había construido a base de mentiras y propaganda.
Desde entonces, esta izquierda huérfana y vacía, camina errática hacia una especie de tierra de nadie donde los viejos principios, aquellas rígidas normas morales de sus militantes de otros tiempos, han pasado a mejor vida, impelidos por unos cambios profundos mal asimilados y muy contradictorios. Aún recuerdo a muchos de ellos a los que conocí en mi juventud con sus normas de austeridad y honradez autoimpuestas.
Eso sí, el grupo de rojerío variado, para llenar el vacío, ha conseguido con una gran agudeza y nulos escrúpulos -todo vale si se trata de la subsistencia- enarbolar las banderas de las minorías a veces hasta contrapuestas que en otros tiempos hubiesen horrorizado a la trilogía marxista de Marx, Lenin y Mao. O en el ámbito socialista más nuestro, a Pablo Iglesias, Largo Caballero o Indalecio Prieto.
Ello explica que, hombres y mujeres sin Dios apoyen a los titulares, incluso en su gama más violenta -pensemos en la Guardia Revolucionaria de estos ayatolás- de una religión monoteísta que de conseguir el poder, comenzarían por desquitarse de sus compañeros de viaje, someterían a las mujeres o condenarían sin miramiento alguno a los homosexuales.
El caso de Irán o Afganistán, a pesar de su carácter extremo, es ya de por sí todo un exceso. Eso sí, no todas la culturas de fundamentación religiosa les han merecido el mismo trato. Al cristianismo y en especial a su vertiente católica, le niegan el pan y la sal.
Apoyar el islamismo implica para ellos una forma de rechazar el cristianismo y su visión del ser humano y del mundo; borrar las raíces de una civilización que habiéndose permitido surgir y crecer resulta ya, tal vez, el único obstáculo importante a sus pretensiones de dominio y control absoluto. Lo ocurrido en Venezuela, Cuba y Nicaragua; la cara hispanoamericana de la izquierda, no es algo debido al azar.
Ahora lo paradójico -¡ de nuevo !- es que lo hagan apoyando a los islamistas, es decir, a los que están llamados a la larga a segar su propia cabeza. Sin olvidar que en fondo, se trata de una apuesta radical, contradictoria, eso sí, para no desaparecer totalmente del ámbito ideológico y cultural que tan buenos dividendos les sigue dando.
No sé si alguna vez, habrá una profunda reflexión en el seno de la izquierda -tomándose su tiempo y ahora que los intelectuales la están abandonando- sobre el giro que ha dado en los últimos tiempos y sus resultados. El acceso al poder y su mantenimiento en el mismo parecen soslayar posibles demoras.
De momento, es impensable que los zurdos y el resto de la falsa progresía estén dispuestos a dedicarle mucho tiempo al asunto, teniendo como tienen a los todavía numerosos partidarios que los apoyan y hasta los jalean. Una de las cosas a las que se ha acostumbrado la izquierda y no está dispuesta a abandonar es a la supuesta superioridad e inexorabilidad de sus tendencias y decisiones, la trasnochada superioridad moral.
Hay países que son arrasados por las bombas. Yhay países que son arrasados por sus propios gobernantes. Venezuela pertenece a la segunda categoría. Y, si hablamos de destrucción económica, el chavismo ha sido peor que una guerra.
Cuando un país entra en guerra, su capacidad de producir se resiente con fuerza. En promedio, las economías que atraviesan conflictos bélicos pierden alrededor de un 13% de su Producto Interior Bruto ( PIB ). Es una caída severa: menos inversión, menos comercio, menos empleo. Y aun así, eso es la media. Pensemos en un caso extremo: Alemania tras la Segunda Guerra Mundial. Un país derrotado, ocupado, con ciudades arrasadas. Su producción se desplomó hasta quedar en torno a un tercio de la de 1944. Devastación en estado puro.
Pues bien: Venezuela consiguió algo todavía más siniestro. Sin invasión. Sin bombardeos. En paz. Entre 2013 (máximo) y 2020 (mínimo), el PIB venezolano se contrajo un 75%. Dicho de otro modo: en 2020 el país sólo producía una cuarta parte de lo que producía en 2013. No fue un desplome puntual por la pandemia. Fue un deterioro continuado, año tras año, como una hemorragia económica que nadie quiso -o supo- frenar. Y el PIB no es una abstracción de tecnócratas: es comida, medicinas, agua, vivienda. Por eso, cuando el PIB y el PIB per cápita se hunden, la pobreza explota y el país se vacía.
Algunos, han intentado justificar esta calamidad apelando a las sanciones de Estados Unidos siguiendo el ejemplo de Cuba que con esa excusa tan bien le ha ido para animar a sus fieles seguidores, especialmente españoles.. Pero la cronología no encaja como coartada. La caída arranca en 2013. Las primeras sanciones de 2015 fueron esencialmente políticas y personales. Las restricciones financieras más amplias llegan en 2017, cuando la economía ya estaba en caída libre. Y las sanciones que de verdad complican el petróleo se intensifican en 2019… cuando el PIB ya se había desplomado aproximadamente a la mitad. Podrán haber agravado el golpe final, pero no explican el derrumbe inicial ni, desde luego, el tamaño de la ruina.
La causa principal no vino de fuera: la provocó el propio chavismo. Fue el chavismo quien convirtió a la empresa estatal, Petróleos de Venezuela, Sociedad Anónima, ( PDVSA ) en una caja política para comprar lealtades; quien se gastó la renta petrolera como si fuera un maná infinito y quien, al mismo tiempo, dejó que la gallina de los huevos de oro se muriera por falta de inversión y mantenimiento.
Cuando bajaron los precios del crudo y además, se desplomó la producción por esa descapitalización deliberada, el chavismo no ajustó el gasto ni desmontó su red clientelar: optó por tapar el agujero con la imprenta emitiendo más dinero. Así llegó la hiperinflación. Y, para rematar, impuso controles masivos de precios con una inflación tan elevada: la orden de producir a pérdidas. El resultado fue el que siempre produce esa combinación de irresponsabilidad fiscal, emisión monetaria y dirigismo: que producir deje de tener sentido y que la economía se apague.
El balance es brutal:empobrecimiento masivo y éxodo. Una guerra sin misiles: la guerra del poder contra la sociedad. Y la factura, como siempre, la paga el pueblo.
El pasado día 3 de enero, el mundo amaneció como un lugar algo mejor. Estados Unidos había ejecutado una operación militar de una precisión tan espectacular que, por carencia de dramatismo, por sí sola difícilmente serviría de base para un buen guion bélico de Hollywood. Sin daños civiles, se ha extirpado el cáncer, un dictador que ha oprimido a su pueblo con palmaria violación de derechos humanos, convirtiendo Venezuela en un narco país.
La legitimidad de Maduro no es que estuviera en tela de juicio, es que era absolutamente inexistente, especialmente después de correr un tupido velo (en realidad plenamente opaco) ante el resultado electoral de 2024. Había perdido las elecciones de forma aplastante pero, en fin, qué más da, si disponía de los tanques para hacer valer su poder, en términos jurídicos, su imperium, concepto que debe entenderse al margen de la soberanía.
La izquierda española, especialmente la comunista, ha salido en tromba a defender la tiranía. Se puede decir más alto, pero no más claro. Y es que la legalidad internacional parece que interesa y se defiende a capa y espada, exclusivamente, cuando beneficia a un dictador comunista, circunstancia que lleva inexorablemente a la conclusión de que no les importa la democracia, sino simplemente la defensa de un sistema que lleva inexorablemente a la miseria. La proclama es la siguiente: vulnerando el derecho internacional se ha atentado contra la soberanía nacional de Venezuela.
Esto nos lleva a la necesidad de arrojar algo de luz sobre el concepto de soberanía, que debemos engarzar con el concepto de Estado de Derecho, escrito con mayúsculas adrede, dado que no nos referimos a un sistema de organización basado en normas jurídicas, sino en el reconocimiento de derechos fundamentales y funcionamiento según los modelos democráticos que garantizan la libertad individual y colectiva.
La Constitución de Venezuela, con sus evidentes carencias y su carácter eminentemente semántico, (la doctrina entiende como constituciones semánticas aquellas formalmente relucientes, impecables en su contenido, pero inaplicadas por los poderes fácticos) prevé con nitidez la proveniencia de la soberanía nacional, en la misma línea que los textos constitucionales occidentales y nuestra propia Carta Magna. Dice así su artículo 5: «La soberanía reside intransferiblemente en el pueblo, quien ejerce directamente en la forma prevista en la Constitución y en la ley, e indirectamente, mediante el sufragio, por los órganos que ejercen el Poder Público. Los órganos del Estado emanan de la soberanía popular y a ella están sometidos».
El Gobierno Venezolano no es soberano. La soberanía recae en el pueblo que se expresó, precisamente, en contra del déspota, circunstancia que deslegitima por completo el Poder y lo vacía de autoridad moral y, gracias a la intervención estadounidense, de autoridad fáctica o imperium. Así pues, desde una concepción material y democrática de la soberanía, la detención de Maduro difícilmente puede calificarse como un atentado contra la soberanía del pueblo venezolano, ya que la misma fue previamente conculcada con grave violación de los derechos humanos por el autócrata.
Acudir a una interpretación formalista del derecho internacional para defender el sostenimiento de un régimen tiránico es a todas luces inmoral, sirviendo de coartada jurídica para el mantenimiento de los autoritarismos. Una visión pueril, que desconoce la evidente complejidad y realidad de la geopolítica internacional. Especialmente, considerando que los malvados no entienden de normas internacionales, desechando para empezar el más elemental respeto por los derechos humanos. De esta forma, el problema no es la defensa del derecho internacional, sino su invocación selectiva. Cuando la legalidad sirve para preservar regímenes autoritarios afines ideológicamente, deja de ser un principio, pasando a ser una deleznable coartada.
Así pues, lo que se protege no es la democracia, sino un proyecto político (el comunismo) que en su aplicación históricamente ha demostrado ser incompatible con ella. Si se reflexiona sobre las posiciones expresadas, se llega a la conclusión de que desde la izquierda radical ( que tristemente incluye al PSOE institucional ) no se considera que la soberanía resida en el pueblo, dado que eso otorgaría poder a los que no piensan igual, sino que la misma reside en una pretendida autoridad moral de unos pocos, del líder. Un autoritarismo que sustituye al Dios del antiguo régimen por la ideología comunista para legitimar el poder. Concepción muy alejada del Estado de Derecho y democracia que, afortunadamente, la mayoría sostenemos.
En fin, de lo acontecido, en primer término, cabe alegrarnos por nuestros hermanos venezolanos, que han tenido un extraordinario regalo de Reyes adelantado; no obstante, con cautela a expensas de lo que acontezca en adelante, sin dar por legítimas ulteriores actuaciones de Estados Unidos (por ejemplo, a priori, asombra la posición adoptada en relación con la designación de Delcy Rodríguez para la transición democrática). Y, por otro lado, tomar nota dela idiosincrasia de la izquierda radical, cuyo fin no es la democracia, sino la imposición de su nefasta idea de organización del Estado. Esto último será especialmente relevante cuando se aproximen las esperadas elecciones y, una vez más, los lobos se disfracen de corderos para la captación de votos.