LA INEXPLICABLE RELACIÓN DE SÁNCHEZ CON MARRUECOS LLEVA AL PSOE A SU MAYOR DETERIORO ELECTORAL.

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AUTOR: Juan Francisco Alcaraz Diaz, Comisario Principal ( Jubilado ) de la Policía Nacional.

«¿Qué le ha hecho Sánchez a Marruecos para que Marruecos nos haga esto?». Esta pregunta se formula dentro del PSOE y resume el desconcierto que dejó la comparecencia parlamentaria del Presidente del Gobierno sobre Ceuta entre los dirigentes socialistas que he consultado. Las valoraciones son excepcionalmente duras. «Miente». «Está noqueado». «No es creíble». «Ya no analiza la realidad». Y una advertencia todavía más gráfica sobre las consecuencias políticas de la estrategia seguida por el Palacio de La Moncloa: «Marruecos nos lleva a la tumba».

Las encuestas internas que manejan los socialistas son demoledoras en intención de voto y en percepción de la imagen del Gobierno sanchista entre el electorado de izquierdas. Todos los nuevos sondeos que se publican confirman la «angustia» que se percibe dentro del PSOE ante las elecciones generales adelantadas al próximo 29 noviembre y las autonómicas y municipales de mayo de 2027. Hay quienes anticipan la amenaza de que el partido no solo pierda el Gobierno central sino que en los territorios se quede solo con los gobiernos de Navarra (en manos de Bildu) y de Cataluña ( si consigue alguna alianza electoral de última hora ).

Sánchez acudió al Congreso el pasado día 3 de septiembre ante un Pleno extraordinario con la intención de cerrar una crisis que llevaba más de un mes erosionando a su Gobierno pero, sin embargo, el clima posterior dentro de su partido dictaminaba que no lo había conseguido. El problema es que no cuestionan solo las explicaciones sobre la invasión africana de Ceuta y Melilla los días 30 y 31 de julio pasados sino que identifican un agujero más profundo: el Presidente mantiene sin explicar su relación con Marruecos cuando cada nuevo dato hace más difícil entenderla.

El líder socialista sostuvo que no existián «pruebas sólidas» de que Marruecos diseñara o ejecutara la entrada masiva de extranjeros y ordenó que se publicaran todos los informes disponibles. Pero admitió que durante las horas decisivas la Gendarmería marroquí dejó de contener los cruces fronterizos y todavía no pudo determinar si lo hizo porque no pudo o porque no quiso. El dictamen policial sobre estos hechos remitido a la Audiencia Nacional considera, además, que el ataque fue «planificado» y forzado aunque no atribuye su autoría intelectual al Gobierno marroquí.

La distancia entre la realidad manifiesta y la contundencia con la que Sánchez evitó responsabilizar al país vecino desconcertó a los diputados socialistas. «No es creíble», insiste uno de los dirigentes preguntado. La relación con Marruecos se está convirtiendo así en algo que hasta ahora el Palacio de La Moncloa había conseguido evitar: un problema dentro del propio PSOE.

La presentación en el Congreso de la invasión de Ceuta también ha apuntalado internamente la sensación de que Sánchez ha perdido su capacidad para imponer su interpretación de los hechos. Durante años, el Presidente consiguió que el PSOE asumiera como propia cada modificación de su política hacia Marruecos, incluida la más difícil de explicar, el giro sobre el Sáhara. Ahora esa disciplina permanece públicamente pero ya no garantiza que el relato convenza por dentro.

En el PSOE empieza por eso a discutirse algo que hasta ahora había quedado protegido por la disciplina de partido: si la apuesta personal de Sánchez por preservar la relación con Mohamed VI responde a motivos personales que tampoco han quedado aclarados en el Congreso (esas sospechas en las que incide la oposición sobre Pegasus). El cambio sobre el Sáhara se justificó precisamente por la necesidad de inaugurar una etapa de seguridad, cooperación y ausencia de emergencias recurrentes y, cuatro años después, España ha sufrido la mayor entrada ilegal de extranjeros registrada en Ceuta y el Gobierno vuelve a depender de Marruecos para restablecer la normalidad.

En contra del Presidente quedó, asimismo, el hecho de que la intervención en las Cortes tampoco proporcionó una salida inmediata al colapso humanitario que sufre la ciudad. Sánchez ha reivindicado correctamente la actuación de los agentes policiales que fueron arrollados por la invasión humana que optaron por proteger vidas propias y ajenas y ha defendido que las devoluciones de inmigrantes deben cumplir la ley, comprobar identidades y garantizar una protección especial a los menores.

Pero esa explicación jurídica y humanitaria obliga al PSOE a asumir otra realidad política: la normalidad no volverá rápidamente a Ceuta debido a la dilatación interesada de los procedimientos administrativos. El propio Presidente reconoció que resolverlo «llevará su tiempo». Y en este marco, el PSOE queda aprisionado entre dos electorados. PP y Vox explotan la pérdida de control fronterizo y la relación con Marruecos mientras una parte de la izquierda cuestiona la gestión de la expulsión de los inmigrantes y rechaza la indulgencia con el reino alauí.

Por último, la acusación de «soberbia» también aparece en las conversaciones internas: no por enfrentarse a Feijóo, ni por rechazar inculpaciones sin pruebas sino porque algunos cuadros del partido consideran que Sánchez dedica más esfuerzo a demostrar que los demás se equivocan que a explicar dónde se equivocó su Gobierno. En un momento de fuerte deterioro electoral, esa ausencia de autocrítica se interpreta no como una fortaleza sino como incapacidad para leer el cambio de clima político por el que atraviesa España.

Es más que probable que la invasión de Ceuta se lleve por delante a Pedro Sánchez y deje al PSOE en mínimos electorales, peores que los que ya se vaticinaban. No solo ha habido una gestión desastrosa con complicaciones de seguridad, agresiones sexuales, problemas de salud pública y, un mes después, ni siquiera se sabía el número de personas que permanecían en la ciudad autónoma sino que también había opacidad sobre todo lo sucedido.

Sánchez defendió la exclusión de Marruecos, generando reacción incluso entre sus socios de Gobierno comunistas y de investidura que llegaron a acusarle de sufrir el síndrome de Estocolmo ( mecanismo de supervivencia de un secuestrado que simpatiza con sus captores ). Ahora se sabe que la policía había trasladado ya a la juez instructora del caso un informe completo en el que se exponían pruebas fehacientes de que agentes marroquíes dirigieron a la muchedumbre en la frontera ceutí de El Tarajal y ejecutaron un plan preconcebido de invasión territorial.

Hay dos grandes incógnitas que tarde o temprano tendrán respuesta. La primera es el alcance de los datos de los que disponía el Gobierno sanchista antes del asalto fronterizo. Las últimas semanas han sido escenario de una guerra abierta entre dos ministros, el de Interior Grande-Marlasca y la de Defensa, Margarira Robles sobre si había información previa o no.

Para salvar responsabilidades, Sánchez no dudó en imponer la tesis de que el Centro Nacional de Inteligencia ( CNI ) no comunicó adecuadamente lo que sabía. Todos los ministros cayeron sobre la yugular de la titular de Defensa, acusándola de desleal por no sumarse a la doctrina oficial impartida y difundida en opinión sincronizada.

La segunda de mayor calado, si cabe, es saber por qué Sánchez protege a las autoridades marroquíes exonerándolas de cualquier tipo de responsabilidad. Arremeter contra el jefe del Estado español como hizo el pasado 31 de agosto en una entrevista radiofónica o intentar responsabilizar a Rusia, Israel y la extrema derecha del asalto a la frontera ceutí, lejos de servir para dar explicaciones, ha aumentado las sospechas de que la sede presidencial de La Moncloa oculta información y no precisamente favorable.

La política exterior española ha sido controvertida en general y especialmente extraña con Marruecos. El reconocimiento del Sáhara como territorio marroquí representó una desviación en la posición que habían defendido previamente todos los gobiernos españoles. De esta manera, España perdía un elemento clave en el equilibrio geopolítico fronterizo. Las declaraciones actuales de Sánchez, radicalmente distintas de las que realizó en las horas inmediatamente posteriores a la invasión ceutí, le convierten en un Presidente sin credibilidad alguna ante el país y ante la comunidad internacional. Si en las relaciones con Marruecos se han cometido errores, es momento de reconocerlo, si hay otros motivos desconocidos para la opinión pública se terminarán sabiendo.

A estas alturas no existe ninguna duda sobre quién y cómo se organizó la ocupación marroquí de Ceuta. Desde el primer momento era evidente pero la poderosa maquinaria propagandística del sanchismo se puso en marcha para tapar el escándalo y las responsabilidades políticas y judiciales de los que no hicieron nada para impedirlo. No me encuentro entre los que dudaron porque las pruebas eran tan evidentes que no podían pasar desapercibidas. Por ello, no nos merecemos un Gobierno instalado en la mentira masiva y la manipulación informativa. Las conclusiones del informe policial desnudan la verdad con pruebas y no con opiniones.

El adelanto electoral tras el fracaso de los decretos de la vivienda ha alterado el clima político en España. El próximo 29 de noviembre, los españoles están llamados a las urnas para decidir si el actual Ejecutivo continúa gobernando o si se produce la victoria del Partido Popular que parecen augurar las encuestas. No obstante, más allá de lo que ocurra en España, varios medios y comunicadores marroquíes han comenzado a posicionarse ante los comicios con mensajes que presentan la continuidad de Pedro Sánchez como una opción favorable para los intereses de Marruecos.

La noticia saltó el pasado 10 de octubre a través de varias publicaciones e informaciones difundidas por el analista saharaui Taleb Alisalem. Según sus comunicaciones, replicadas posteriormente por distintos medios, varias cuentas de Facebook con cientos de miles de seguidores estarían pidiendo de forma explícita el voto para el candidato socialista. News Marroquíes España, una página cuyo nombre se traduce habitualmente de esa forma al español y que cuenta con 117.000 seguidores, ha pedido expresamente el voto para Sánchez. El mensaje se suma a otros difundidos en redes sociales que presentan una eventual victoria de la derecha como perjudicial para los marroquíes residentes en España. Algunos de esos dominios en internet han sido creados artificialmente a través de la inteligencia artificial para ayudar en la desinformación hacia la población marroquí.

La comunidad marroquí es una de las más numerosas, entre las de origen extranjero residente en España aunque conviene distinguir entre quienes conservan la nacionalidad marroquí y quienes han adquirido la española. Solo estos últimos pueden votar en las elecciones generales. Las informaciones difundidas sobre la movilización electoral sitúan en torno a 300.000 el número de ciudadanos españoles de origen marroquí con derecho a voto, una cifra que debe distinguirse de los aproximadamente 1,16 millones de personas de origen marroquí que residen en el país.

Aún así, en general la población marroquí en España aunque ha tenido una tendencia a votar a opciones de izquierdas, presenta una abstención destacadamente más alta en torno a 15 o 20 puntos por debajo de la media nacional por lo que estos ejercicios de movilización no tienen por que funcionar de forma automática.

El llamamiento de las redes sociales hacia una determinada opción política no es un fenómeno completamente nuevo. En 2019 y 2023, la Unión Socialista de Fuerzas Populares (USFP), una formación marroquí integrada en la Internacional Socialista y vinculada históricamente al PSOE ya pidió el apoyo electoral para los socialistas españoles. En este caso, la relación entre ambas formaciones permite explicar esos posicionamientos sin necesidad de atribuirles una estrategia institucional más amplia o una relación especial con el gabinete marroquí pero no deja de resultar interesante.

Algo más llamativo ha sido el caso del periodista Soulaiman Raissouni que cuenta con más de 91.000 seguidores en Facebook y más de 50.000 suscriptores en YouTube. En un vídeo difundido en redes sociales, presenta a Sánchez como un «amigo del pueblo y del Gobierno marroquí» y como una alternativa cercana a los intereses del Reino alauita. Se trata de la opinión de un comunicador no de una posición oficial del Estado marroquí. Curioso, ¿ no ?.

La utilización de redes sociales para movilizar a comunidades de origen extranjero recuerda, en determinados aspectos, a otros episodios en los que la circulación de mensajes y rumores contribuyó a impulsar movimientos de población en la frontera de Ceuta como ya se ha visto y recogido en los informes policiales publicados.

La petición de voto de una serie de páginas de Facebook, no demuestra por sí sola que exista una estrategia coordinada ni que esa sea la posición institucional de Marruecos. Más interesante resulta observar la prensa local y los análisis publicados en los últimos días que examinan las posibles consecuencias de los resultados electorales para las relaciones entre ambos países.

Más allá de los mensajes difundidos en redes sociales, la prensa marroquí está situando las elecciones españolas en un marco de intereses económicos y estratégicos. Sus opiniones destacan los riesgos de una mayor confrontación política y presentan la continuidad del Gobierno sanchista como un aspecto clave de sus intereses.




¡ QUÉ PENA QUE NO HAYA UN GOBIERNO SANCHISTA A LA ALTURA DE S.M. EL REY ! y (4): LA CORONA SE MANTIENE AL TANTO DE LO QUE OCURRE EN CEUTA.

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AUTOR: Juan Francisco Alcaraz Diaz, Comisario Principal ( Jubilado ) de la Policía Nacional.

La Casa del Rey, enmarcó el encuentro de Felipe VI con la ministra de Defensa y los mandos operativos de las Fuerzas Armadas en el Palacio de la Zarzuela el pasado 7 de septiembre como parte principal de sus obligaciones de mantenerse al tanto de lo que ocurre en Ceuta. El seguimiento de las operaciones militares en marcha forma parte de las responsabilidades del jefe del Estado, según el comunicado emitido por la Casa Real. Además, aseguraban que el viaje de los Reyes a la ciudad autónoma ya se preparaba «junto al Gobierno». Una visita que ya estaba prevista antes del asalto masivo a Ceuta, según las mismas fuentes.

La imagen de Felipe VI de uniforme militar en una sala de trabajo del Palacio de La Zarzuela junto a la ministra de Defensa, Margarita Robles, el Jefe del Estado Mayor de la Defensa ( Jemad ) y los Jefes de Estado Mayor de los demás Ejércitos para analizar la situación de la defensa en Ceuta tuvo un impacto potente. Es cierto que los despachos con la ministra son habituales aunque no trasciendan pero no lo es tanto que la Casa Real publique la foto en redes sociales. Sobre todo teniendo en cuenta las tiranteces de las últimas semanas con la Presidencia del Gobierno.

La visita de los Reyes fue anunciada el 3 de septiembre por el Presidente Sánchez en el Congreso de los Diputados aunque no dijo fecha sino que sería «en las próximas semanas». El jefe del Gobierno dio a entender en una entrevista radiofónica concedida a una emisora amiga unos dias antes que si Felipe VI hubiera querido ya habría visitado las ciudades autónomas puesto que ya llevaba doce años de reinado (él dijo «veinte»). El error se debió al confundir la úlima visita real que hicieron los Reyes Juan Carlos y Sofía -hace 20 años- con el reinado de su hijo, Felipe VI -hace 12 años-.

Así las cosas, la foto del Rey con la cúpula militar ha sido interpretada como un mensaje al Palacio de La Moncloa, un golpe de autoridad y un respaldo público a Robles, actualmente enfrentada a la línea más sanchista según a quién se le pregunte. Sea como fuere, no hay ninguna duda de que ha sido una respuesta del Palacio de La Zarzuela que lleva sin contestar desde el principio de la invasión a las ciudades autónomas pese a la posición incómoda en la que el Gobierno sanchista ha puesto al jefe de Estado en las últimas semanas.

Esta reunión, hay que situarla en la tensión permanente con el Presidente del Gobierno. Pedro Sánchez, ha evitado la presencia del Rey de España, Felipe VI, para participar en el Consejo de Seguridad Nacional celebrado el pasado mes de agosto, 26 dias después de la invasión marroquí de Ceuta que pretendía ser un punto de inflexión ante la ocupación inmigratoria que se había ocasionado. Lo cierto es que el Gobierno central cuenta con la potestad de invitar a Su Majestad a este tipo de reuniones y por eso esta vez no lo ha hecho por decisión expresa de Sánchez.

Lo cierto es que Felipe VI y Doña Letizia tenían la agenda vacía esa semana. Las previsiones se conocen cada viernes y en la página electrónica de la institución real no existía ninguna actividad de cara a la última semana de agosto. Es habitual que si se produce la presencia del Monarca el evento se realice en el Palacio de La Zarzuela. La excepción son «circunstancias especiales» como ocurrió con el apagón eléctrico que se produjo en España el 25 de abril del pasado año. El objetivo de la reunión interdepartamental era certificar la creación de un mando único que se hiciera cargo de la respuesta a la invasión de Ceuta. Este movimiento generaba un precedente inverso al ocurrido con el corte de luz a nivel nacional.

La ministra de Migraciones y portavoz del Gobierno, Elma Saíz, negó que el Monarca hubiera transmitido su deseo de acudir a Ceuta. Hasta en cuatro ocasiones remarcó que «no le constaba». Desde el Gobierno autonómico de Ceuta estuvieron presionando para que Su Majestad acudiera el 2 de septiembre, día de la ciudad autónoma. Pese a no haber acudido al territorio caballa, el Monarca conversó con el presidente popular, Juan Jesús Vivas, «manteniendo su papel institucional»

Fuera del plantón al Rey en esa reunión que comenzó a primera hora de la mañana, el Gobierno ya deslizó un debate sobre la viabilidad de la Monarquía para movilizar a los votantes prorrepublicanos y comunistas de los grupos políticos afines Podemos o Sumar. El más duro fue -como era de esperar- el ministro de Transportes, Óscar Puente. En la red social X se ha convertido en el ‘azote’ de la oposición política a nivel nacional y ha superado una nueva línea roja en el periodo estival.

Ya a nivel legislativo y con el apoyo de sus socios comunistas, el Gobierno sanchista ha presentado varias iniciativas -forzado por sus socios de coalición- para despenalizar la figura del delito de injurias a la Corona y así pueda ser objeto de chanza y chiste impunemente por la jauría de cachorros revolucionarios de biblioteca que le apoyan. Lo cierto es que, por el momento, el jefe de los socialistas no ha agendado la nueva propuesta ante un final de legislatura que amenaza con diversos vaivenes y un final incierto.

La solemne apertura del Año Judicial, el pasado día 10 de septiembre, presidida por S.M., ha sido el penúltimo testimonio de la crisis nacional que atraviesa España, agudizada en esta recta final de la legislatura por un Presidente y un Gobierno que se conducen fuera de control y a la desesperada. La democracia española está en las peores manos posibles. La degradación de la situación de excepción de Ceuta por el asalto sufrido por decenas de miles de africanos desesperados, ha dejado en evidencia el calamitoso papel del Gobierno socialcomunista en todas las fases de la emergencia en las que ni fue capaz de prevenir, ni de responder, ni de mover un dedo en definitiva.

Lo que sí hizo desde el minuto uno del ataque fue mentir, manipular, abandonar a los ceutíes y al resto de los españoles y cooperar con una nación extranjera que nos es hostil por activa y por pasiva. Se lo recordó con la solemnidad y la seriedad que el momento demandaba, la presidenta del Tribunal Supremo en presencia del jefe del Estado, el ministro de Justicia y la cúpula de la carrera judicial: «La realidad que sufre el pueblo de Ceuta exige una respuesta que preserve la integridad de nuestras fronteras y el control ordenado de los accesos y que, asegure, al mismo tiempo la aplicación de las garantías previstas en nuestro ordenamiento».

Tan aleccionador y responsable, tan diferente a la bochornosa apelación de Pedro Sánchez a la población de la ciudad autónoma a asumir «una realidad estructural» con miles de inmigrantes desocupados en sus calles que «no son invasores sino personas que buscan una vida mejor». Es decir que no hará nada para expulsarlos sino que normalizará la intrusión en nuestra soberanía e integridad territorial desde Marruecos bajo la excusa del peor humanitarismo. El sanchismo está actuando con idénticas reglas y objetivos que en sus catástrofes anteriores, salvar el poder a cualquier precio y sobre todas las víctimas que sean necesarias.

Entre ellas, los servicios de información, especialmente el Centro Nacional e Inteligencia ( CNI ), desacreditado y vapuleado con la bajeza moral propia del régimen populista que disfrutamos. El daño reputacional y de imagen a un servicio de inteligencia tan crítico como ejemplar parece como una suerte de venganza por desnudar las mentiras del Palacio de La Moncloa, ha sido la enésima ignominia imperdonable. Porque la verdad es que el Gobierno recibió hasta 18 avisos previos al asalto y decidió no atenderlos y continuar con unas largas y calurosas vacaciones de verano. Aunque si prohibió las de la Policía, Guardia Civil y las del Ejército para que le cubrieran la espalda y estuvieran entretenidos tratando de controlar los efectos devastadores de una invasión de personas extranjeras desesperadas ante la población local.

Hay que respetar la instrucción judicial que se ha abierto sobre este conflicto internacional y sus resultados pero cuesta pensar que tal empeño en colaborar con el país vecino -que no hizo nada para impedir la invasión- desde la máxima autoridad española, no revista responsabilidad penal. El infierno con que este Gobierno sanchista ha decidido condenar a los ceutíes no puede quedar impune. Hablo de actos contra la seguridad nacional. La Justicia hará su trabajo. Lo hará con esa independencia tan peligrosa para todos los que abusan del poder y adulteran el estado de derecho en beneficio propio. Que en la apertura del Año Judicial la presidenta del Supremo reivindicara el trabajo de los magistrados ante las presiones del Ejecutivo demostró que vivimos en una democracia maltratada en manos de personajes autoritarios sin fundamento moral. Nos gobiernan los peores y nada hace pensar que el final será honorable, respetuoso y digno.

En el Salón del Trono del Palacio Real, se celebró el pasado 29 de septiembre una cena de gala con ocasión de la visita a España del Presidente francés, Emmanuel Macron. El Rey comenzó con un discurso en el que volvió a referirse por segunda vez en dos meses, a la crisis que azota Ceuta, «Debemos también ser más eficaces y solidarios en la protección de la frontera exterior de la Unión. Lo acontecido en Ceuta este verano −la intrusión masiva de decenas de miles de personas violando una frontera española que es, también, una frontera europea− es inaceptable y plantea un desafío mayúsculo, desde el punto de vista de seguridad, orden público y humanitario».

Ante la mirada de Macron, el Rey instó a Europa a implicarse en la defensa de una frontera que no es solo española. «Es una situación que debe tener como consecuencia un refuerzo de la colaboración entre los estados miembros, en recursos y cooperación. Los países que soportamos una mayor presión por encontrarnos en la frontera exterior de la Unión Europea no podemos afrontar solos una responsabilidad que es de todos», dijo.

Al final, los Reyes visitarán las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla los días 13 y 14 de octubre, según se anunció el pasado día uno de octubre. Según fuentes del Palacio de La Zarzuela, esta visita ha sido consensuada por el Gobierno y la Casa Real. En los próximos días se dará a conocer la agenda que desarrollarán en las dos ciudades autónomas, según las mismas fuentes, aunque está confirmado ya que la primera parada será Ceuta.

En cualquier otro momento, el viaje de Sus Majestades a las ciudades autónomas de Ceuta y Melilla no tendría el carácter de afirmación de la soberanía nacional que, sin duda, adquiere en la presente ocasión ante la opinión pública española e internacional, especialmente, la europea, que ha visto con inevitable alarma la vulneración masiva de una frontera de la UE, en lo que la Eurocámara determinó como un ejemplo de «guerra híbrida» del que se consideraba responsable al gobierno marroquí.

Desde esta perspectiva, Don Felipe y Doña Letizia no solo llevarán a nuestras plazas africanas a los compatriotas que allí habitan, un mensaje de solidaridad ante las circunstancias difíciles que les está tocando vivir sino una garantía del compromiso firme de las instituciones del Estado en la defensa y protección de la españolidad de ambas ciudades, como se recoge en la Constitución Española y acaba de ser reconocido por la Comisión y el Parlamento europeos.

Sin duda, melillenses y ceutíes se sentirán reconfortados por ese refuerzo en la seguridad de sus posiciones pero también, reivindicados en una demanda, la de no ser la única tierra española que no hayan recorrido los Reyes personalmente, largamente reiterada. Que su cumplimiento se produzca por expreso deseo del Jefe del Estado y con el refrendo de la Presidencia del Gobierno en unos momentos de alta tensión que pone en riesgo la normal convivencia pacífica de Ceuta, solo abunda en lo oportuno de la visita.

Aunque no es la tónica habitual en los viajes oficiales de Sus Majestades por España en los que suele acompañarlos un ministro de Jornada, no estaría de más que el Presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, reflexionara sobre la conveniencia de sumarse a la visita real, -a la que no quiere ir- lo que trasladaría al gobierno y a la corte de Marruecos el mensaje de la inequívoca voluntad política de España de mantener sin cambio alguno, hoy y en el futuro, el actual estatus nacional de ambas ciudades, al tiempo que se evitarían interpretaciones malintencionadas que solo pueden beneficiar a la propaganda marroquí.

Entiendo las reticencias del inquilino del Palacio de La Moncloa a relacionarse con los ciudadanos de Ceuta y Melilla en un formato abierto, de proximidad, confianza y simpatía, que es el que preside los encuentros de Sus Majestades con los ciudadanos y que, sin duda, contrasta con el modelo «blindado» de los desplazamientos del jefe del Gobierno pero creo que ceutíes y melillenses agradecerían el gesto por encima de las justificadas críticas y discrepancias sobre la gestión gubernamental de la actual crisis.

Ciertamente, la visita de Estado va a provocar la reacción negativa de Rabat y, no hay que dudarlo, traerá las correspondientes represalias marroquíes que pueden ser de cualquier clase y adoptar los más diversos tiempos y formas. Frente a la más que probable respuesta agresiva de nuestro vecino del sur, el Gobierno español no solo tiene los suficientes instrumentos diplomáticos e institucionales para disuadir a Marruecos de ir más allá de las habituales protestas sobreactuadas sino que cuenta con el respaldo de la Unión Europea ( UE ), cuyas políticas en relación con el fenómeno inmigratorio irregular están girando en dirección opuesta a los intereses marroquíes.

¡ QUÉ PENA QUE NO HAYA UN GOBIERNO SANCHISTA A LA ALTURA DE S. M. EL REY ! ( 3 ): SÁNCHEZ NO ACOMPAÑARÁ AL REY EN LAS VISITAS A CEUTA Y MELILLA.

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AUTOR: Juan Francisco Alcaraz Diaz, Comisario Principal ( Jubilado ) de la Policía Nacional.

El viaje del Rey a Ceuta y Melilla se ha convertido en una operación de alta precisión diplomática. El Palacio de La Moncloa, sede presidencial, trabaja desde hace semanas para medir al milímetro los detalles de una visita cargada de simbolismo y con un objetivo fundamental: que el gesto de apoyo de Felipe VI a las dos ciudades autónomas españolas no provoque un enfrentamiento abierto con Marruecos en uno de los momentos más tensos en las relaciones entre ambos países.

Parece que el Gobierno socialcomunista de Sánchez quiere extremar las precauciones para evitar cualquier elemento que Marruecos pueda interpretar como una provocación. La composición de la delegación española será uno de ellos. Hasta el momento, lo más probable, es que Pedro Sánchez no acompañe al Rey y mande en su lugar a un ministro o un secretario de Estado aunque la configuración definitiva del viaje todavía no está cerrada.

El Gobierno sanchista evita adelantar acontecimientos y por eso no quieren anticipar ningún detalle sobre la visita, ni sobre quién acompañará al jefe del Estado. Aunque sí descartan que el desplazamiento vaya a deteriorar las relaciones bilaterales. «Seguro que no» dicen porque se trata de territorio español. No tiene por qué haber problemas» afirman tan ingenuamente y con el buenismo habitual con que tratan a Marruecos.

La cautela contrasta con la velocidad con la que Sánchez ha ido anticipando públicamente los movimientos del Rey durante los últimos días. El Presidente abrió el debate en una entrevista radiofónica en una emisora amiga cuando aseguró que existían «argumentos y razones suficientes» para que Felipe VI visitara «por fin» Ceuta y Melilla. Sánchez llegó a afirmar que eso era lo que había compartido con el Jefe del Estado y «lo que se va a hacer», aunque condicionó inicialmente el desplazamiento a que se dieran las circunstancias adecuadas. Cabe apuntar que Marruecos celebró elecciones legislativas el pasado 23 de septiembre y por eso se ha ido posponiendo todo.. Esas palabras del Jefe del Gobierno provocaron inmediatamente ruido entre la Moncloa y la Zarzuela.

El Gobierno en alianza con los comunistas tuvo que negar después que hubiera reprochado al Rey no haber viajado anteriormente a las ciudades autónomas y aseguró que las relaciones con la Casa Real eran «buenas».

Sánchez volvió a dar un paso más tres dias después. Esta vez desde la tribuna del Congreso de los Diputados y poniendo incluso un horizonte temporal. Después de recordar que habían transcurrido casi 20 años desde la última visita de un jefe del Estado, anunció que Felipe VI viajaría a Ceuta y Melilla «en las próximas semanas» para transmitir «el compromiso absoluto del Estado» con ambas ciudades españolas.

La sede real del Palacio de La Zarzuela guarda silencio cuando se pregunta expresamente si la Casa del Rey consensuó con la sede presidencial de La Moncloa que Sánchez hiciera público ese plazo. No responde a la cuestión. Otras informaciones publicadas sostienen que la Casa Real habría sido informada previamente de que el Presidente anunciaría la visita aunque el viaje continúa sin fecha cerrada, ni una organización definitiva.

Ese matiz resulta relevante después de varios días de versiones cruzadas. La visita se ha convertido en un asunto extraordinariamente sensible porque el Rey no ha viajado oficialmente a Ceuta, ni a Melilla desde su proclamación en el año 2014 y porque cualquier movimiento de la Corona en las dos ciudades es observado con lupa por Marruecos. En el Gobierno izquierdista sentó mal que se difundiera desde Casa Real las ganas del Rey de viajar a las dos ciudades autónomas porque entienden que trasladó una presión «innecesaria» sobre el Presidente que se la terminó devolviendo.

La invasión inmigratoria ha añadido todavía más combustible. Marruecos mantiene sus reivindicaciones territoriales sobre ambas ciudades y los asaltos masivos del 30 y 31 de julio pasado, han puesto a prueba las relaciones bilaterales como nunca antes había ocurrido desde la invasión del islote de Perejil, el 11 de julio de 2.002, gobernando José María Aznar. El Gobierno central evita responsabilizar directamente a las autoridades marroquíes del actual asalto fronterizo mientras la investigación policial ha descrito la actuación de sus fuerzas de seguridad que fue, como mínimo, permisiva. por un lado y organizativa por otro.

Felipe VI se desplazará a las dos ciudades españolas para enviar un mensaje institucional de respaldo. Pero Sánchez pretende que ese mensaje no se convierta al mismo tiempo en una escalada diplomática. «El viaje del Rey puede ser crucial para levantar Marruecos», se advierte desde la seguridad del Estado. La última visita de un Rey a Ceuta y Melilla se produjo los días 5 y 6 de noviembre de 2007 y corrrespondió a los padres del actual monarca, los Reyes Juan Carlos I y Sofía

El Rey padre, trasladó a José Luis Rodríguez Zapatero su deseo de realizar aquel viaje antes de terminar su reinado y el Gobierno terminó dando cobertura política al desplazamiento. La operación se preparó con enorme discreción y sólo fue anunciada cinco días antes. El entonces ministro de Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, informó personalmente a su homólogo marroquí antes de que Madrid diera luz verde al anuncio de la visita.

Pero Juan Carlos I y Sofía viajaron a Ceuta y Melilla sin Zapatero como Presidente del Gobierno. Aunque sí les acompañó la entonces ministra de Administraciones Públicas, Elena Salgado. Marruecos calificó el viaje de «provocación inadmisible», llamó a consultas a su embajador en Madrid y suspendió algunas reuniones bilaterales de alto nivel.

Aquella visita fue diseñada para limitar la confrontación: los discursos de Juan Carlos I evitaron redundar en la españolidad de aquellas ciudades porque su presencia ya enviaba ese mensaje. Casi dos décadas después, la historia amenaza con repetirse en un contexto mucho más delicado.

Felipe VI llegará a Ceuta y Melilla después de la mayor crisis fronteriza sufrida por España en su historia, en pleno debate sobre el papel que jugó Marruecos en la misma y después de que miembros del Gobierno alauí hayan vuelto a cuestionar la soberanía española sobre las dos ciudades. España entera estará pendiente de ese viaje, nos hallaremos ante la primera decisión política de calado con un profundo sentido estratégico que habrá tomado el Ejecutivo español desde el inicio de la invasión territorial desatada por Marruecos.

Ciertamente, la presencia del jefe del Estado en estas ciudades españolas será un mensaje claro y diáfano dirigido a Marruecos de la voluntad de mantener la españolidad de ambas poblaciones «hasta el fin de los tiempos», por utilizar los mismos términos del inquilino de La Moncloa en su última comparecencia parlamentaria pero, también, obligará al Gobierno sanchista a desplegar una batería de medidas de seguridad, económicas y de política exterior lo suficientemente preparadas para neutralizar la previsible reacción hostil del Ejecutivo marroquí en un momento, precisamente, en el que los problemas internos del reino alauí, con una fuerte carga social, no dejan de agudizarse y propician la búsqueda del conflicto exterior como cortina de humo.

Finalmente, el viaje real pondrá término a las polémicas interesadas sobre el papel de la monarquía parlamentaria en la España de hoy y cumplirá los deseos de Don Felipe VI que desde los primeros momentos de la invasión marroquí de Ceuta se hizo cargo de la gravedad de la misma: del desafío que suponía para la integridad territorial de España y para la seguridad de la población de Ceuta y actuó en consecuencia dentro de las atribuciones que le concede la Constitución, recibiendo en el Palacio de Marivent en Mallorca al presidente ceutí, Juan Jesús Vivas Lara, en audiencia pública.

Salvo desde la cerrazón ideológica más pedestre, es imposible negar que la voluntad de Su Majestad era llevar a cabo ese viaje oficial, es decir, con el necesario refrendo del Gobierno, que de esta forma se hace responsable político de la decisión de la Corona y, por lo tanto, asume las consecuencias diplomáticas de la misma y bajo cuya responsabilidad se establecerá la agenda oficial del Monarca que puede incluir encuentros con los mandos del Ejército y pases de revista a las unidades militares allí desplegadas y se dispondrán las correspondientes medidas de seguridad.

Sería conveniente para reforzar el mensaje de firmeza que se pretende enviar a Marruecos que el Presidente del Gobierno acompañara a Su Majestad en el viaje oficial, al menos, a Ceuta, aunque mucho me temo que Pedro Sánchez decline la ocasión por razones que, francamente, se nos hacen difíciles de entender por el miedo insuperable que tiene a sus represalias. Pero, en cualquier caso, la presencia del Rey en Ceuta y Melilla, que será la primera visita de un jefe del Estado español en los últimos veinte años, se ha vuelto imprescindible para la defensa de los intereses nacionales, por un lado, y, también, como la mejor demostración de que la sociedad española está mayoritariamente volcada con sus conciudadanos de las dos ciudades autónomas y dispuesta a secundar todas las medidas de apoyo y solidaridad que sean necesarias. En este propósito, la figura de Su Majestad es la mejor garantía de que los españoles que viven en la otra orilla del Mediterráneo no están solos.

¡ QUÉ PENA QUE NO HAYA UN GOBIERNO SANCHISTA A LA ALTURA DE S.M. EL REY ! ( 2 ): EL ENFRENTAMIENTO CON EL MONARCA.

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AUTOR. Juan Francisco Alcaraz Diaz, Comisario Principal ( Jubilado ) de la Policía Nacional.

La Constitución Española diseñó deliberadamente una Jefatura del Estado sin poder político propio. El artículo 56 define al Rey como jefe del Estado y «símbolo de su unidad y permanencia»; le encomienda arbitrar y moderar el funcionamiento regular de las instituciones y le atribuye la más alta representación del Estado en las relaciones internacionales. Pero esa posición está inseparablemente unida a su irresponsabilidad política y al mecanismo del refrendo previsto en el artículo 64: de los actos del Rey responden quienes los refrendan. No es una formalidad jurídica. Es una de las piezas esenciales de la Monarquía parlamentaria.

El Rey no gobierna porque no responde políticamente y no responde políticamente porque no gobierna. La doctrina constitucional ha insistido precisamente en esa ausencia de autonomía política del Monarca. Felipe VI no puede comportarse como un Presidente de República; decidir su propia política exterior; establecer una agenda diplomática independiente o utilizar sus desplazamientos para transmitir posiciones distintas de las del Gobierno sanchista. Mucho menos cuando hablamos de Ceuta y Melilla y, por tanto, de una cuestión que afecta directamente a las relaciones con Marruecos.

Por eso resulta especialmente difícil aceptar que Sánchez convierta ahora al Rey en responsable de no haber hecho aquello que Felipe VI no puede decidir por sí mismo. El Gobierno forma parte esencial de esas decisiones. Lo sabe Sánchez, lo sabe el Monarca y lo sabe cualquiera que haya ocupado responsabilidades en los ministerios de Presidencia o Exteriores. Un viaje del jefe del Estado a Ceuta y Melilla no es una excursión privada ni una iniciativa personal de Felipe VI. Es un acto de Estado con consecuencias diplomáticas evidentes y debe ser coordinado con el Ejecutivo nacional . Sánchez está, por tanto, trasladando hacia el Rey una responsabilidad que corresponde también a su Gobierno y eso tiene un nombre político: eludir la propia responsabilidad.

Lo más inquietante es que este nuevo frente llega cuando cada vez resulta más difícil saber dónde está políticamente Pedro Sánchez. No porque haya desaparecido durante el mes de estío vacacional canario y la invasión africana de Ceuta sino porque cuesta reconocer al dirigente que durante años dominó el escenario político español. Aquel Sánchez podía resultar imprevisible pero rara vez parecía desorientado. Elegía los adversarios, controlaba los tiempos, polarizaba cuando le convenía y conseguía casi siempre que los demás discutieran sobre el terreno que él había elegido.

Hoy ocurre algo diferente. El Gobierno socialcomunista llega tarde a las crisis, ofrece versiones contradictorias, tiene dificultades para imponer una dirección política común y transmite una creciente sensación de agotamiento. Y el Presidente que antes buscaba las batallas parece ahora esconderse de algunas de ellas mientras abre otras cuya utilidad resulta difícil de comprender. El enfrentamiento con el Rey es una de ellas. El mensaje que queda de sus primeras declaraciones tras sus bien aprovechadas vacaciones es demoledor: máxima cautela con Mohamed VI y reproche a Felipe VI.

Pero las consecuencias van mucho más allá de una mera polémica. La primera afecta al PSOE ya que durante décadas los socialistas fueron una de las fuerzas que hicieron posible que la Monarquía parlamentaria dejara de ser patrimonio de la derecha. Ésa fue una de las grandes aportaciones del PSOE a la estabilidad constitucional: demostrar que se podía proceder de una tradición republicana y al mismo tiempo considerar la Corona como una institución del Estado que debía quedar al margen de la lucha entre partidos. Si Sánchez rompe ese equilibrio, no sólo cambia su relación con Felipe VI, cambia también la posición institucional del PSOE.

La segunda consecuencia afecta al propio Rey. Felipe VI está obligado a una neutralidad que Sánchez no tiene. El Presidente puede criticarlo, interpelarlo o convertirlo en asunto político. El Rey no puede responder en los mismos términos sin vulnerar precisamente la posición arbitral que la Constitución le reserva. No puede contar públicamente qué pidió el Palacio de la Zarzuela; qué aconsejó el Palacio de la Moncloa; qué conversaciones hubo con Exteriores o por qué determinadas decisiones fueron aplazadas. Sánchez puede utilizar políticamente el silencio del Rey porque el Rey está constitucionalmente obligado a ese silencio.

Y la tercera consecuencia es todavía más profunda: Incorporar la Corona a la polarización política y social significa reducir otro de los pocos espacios institucionales que permanecen fuera de la lógica de bloques. España lleva demasiado tiempo convirtiendo sus organizaciones en prolongaciones de la batalla política. La renovación del Consejo General del Poder Judicial terminó convertida en una guerra partidista; el Tribunal Constitucional es leído continuamente en términos de mayorías ideológicas; la Fiscalía está sometida a una discusión permanente sobre su independencia y el Congreso de los Diputados ha perdido su capacidad para construir consensos. Convertir ahora al Rey en otro actor de esa confrontación es una enorme irresponsabilidad.

Después de tantas líneas rojas convertidas en simples inconvenientes que Sánchez haya decidido que la Corona también puede utilizarse en su estrategia de supervivencia es su última desvergüenza. Y una de las más graves porque esta vez la factura no la pagará sólo él.

¡ QUÉ PENA QUE NO HAYA UN GOBIERNO SANCHISTA A LA ALTURA DE S.M. EL REY ! ( 1): EL PRESIDENTE QUIERE LLEVAR AL MONARCA A LA BATALLA POLÍTICA.

Destacado

AUTOR: Juan Francisco Alcaraz Diaz, Comisario Principal ( Jubilado ) de la Policía Nacional.

Ni siquiera la institución de la Jefatura del Estado que encarna Su Majestad el Rey, se ve libre de las interferencias oportunistas de un Gobierno socialcomunista siempre atento a embarrar el campo de juego democrático cuando se trata de disimular sus carencias. Por supuesto que no es cuestión ahora de defender la figura y la actuación de Don Felipe VI porque sus acciones hablan por sí mismas y recogen el sentir de la inmensa mayoría de los españoles pero sí me preocupa que el Gabinete central, al que se le acaban excusas y barreras donde guarnecerse ante los numerosos problemas que le acechan, promueva un debate artificial y en absoluto deseado por la sociedad como es el de «Monarquía o República» en un intento de abrir nuevos campos de enfrentamiento entre los ciudadanos que alivien la angustiosa situación electoral del sanchismo que describen las encuestas privadas.

Con solo escuchar al ministro Óscar Puente que se ha erigido en el ariete socialista contra el resto del mundo, alardear de que el Gobierno izquierdista nunca actúa por intereses electorales ( sic ) pone de manifiesto hasta qué punto han perdido el sentido de la realidad y su alejamiento de la percepción del día a día de sus gobernados. Sí tiene razón el ministro Puente cuando afirma, corrigiendo a su compañera de gabinete Elma Saiz ( Ministra de Inclusión y Seguridad Social y Portavoz del Gobierno ) que la agenda del Rey la gestiona el Ejecutivo nacional y que, por lo tanto, una visita a Ceuta y Melilla está supeditada a los intereses del inquilino del Palacio de La Moncloa con lo que cabe preguntarse si la titular del Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones que había afirmado que el Gobierno nada tiene que ver con la agenda real, no ha acabado de entender el funcionamiento de una monarquía parlamentaria o, simplemente, trataba de quitarse de encima cualquier responsabilidad en la polémica sobre la visita de S.M. a la plaza de soberanía española.

Desde la experiencia acumulada sobre el devenir gubernamental me inclino por la segunda opción, entre otras razones porque la ministra Saiz también había afirmado que Don Felipe no había mostrado el menor interés, al menos, en lo que ella conocía, en llevar a cabo ese viaje, cuando los hechos demuestran lo contrario. No solo el Rey se posicionó públicamente el primer día de la invasión inmigratoria de Ceuta exigiendo la restauración de la legalidad conculcada y reafirmando la soberanía española sobre la ciudad autónoma sino que ante la negativa del Gobierno en coalición con los comunistas a autorizar el viaje a allí, recibió en una amplia y publicitada audiencia al presidente ceutí, Juan Jesús Vivas.

No deja de ser una anomalía política e institucional, otra más en este período sanchista tan delesznable de la vida pública española que la absoluta discreción, respeto a sus deberes y estricto cumplimiento del papel que le asigna la Constitución por parte del Jefe del Estado, que no tenga el mismo reflejo en la actitud del Ejecutivo autoetiquetado de progresista para con Su Majestad. El Rey hará lo que tenga que hacer, siempre desde el mayor interés para los ciudadanos y el mejor servicio a la Nación española. Lástima que no haya un Gobierno a su altura.

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha evitado la presencia del Rey de España, Felipe VI, para participar en el Consejo de Seguridad Nacional celebrado el pasado mes de agosto, 26 dias después de la invasión marroquí de Ceuta que pretendía ser un punto de inflexión ante la crisis inmigratoria que se había ocasionado. Lo cierto es que el Ejecutivo central cuenta con la potestad de invitar a Su Majestad a este tipo de reuniones y por eso esta vez no lo ha hecho a modo de respuesta por haber recibido a Juan Jesús Vivas en la residencia estival mallorquina.

Lo cierto es que Felipe VI y Doña Letizia tenían la agenda vacía esa semana. Las previsiones se conocen cada viernes y en la página electrónica de la institución real no existía ninguna actividad de cara a la última semana de agosto. Es habitual que si se produce la presencia del Monarca, el evento se realice en el Palacio de La Zarzuela. La excepción son «circunstancias especiales» como ocurrió con el apagón eléctrico que se produjo en España el 25 de abril del pasado año y que aún está pendiente de esclarecer. El objetivo de la reunión interdepartamental era certificar la creacción de un mando único que se hiciera cargo de resolver los efectos de la invasión de Ceuta. Este movimiento generaba un precedente inverso al ocurrido con el corte de luz a nivel nacional.

La ministra de Migraciones y portavoz del Gobierno, Elma Saíz, negó que el Monarca hubiera transmitido su deseo de acudir a Ceuta. Hasta en cuatro ocasiones remarcó que «no le constaba». Desde el Gobierno autonómico de Ceuta estuvieron presionando para que Su Majestad acudiera el 2 de septiembre, día de la ciudad autónoma. Pese a no haber acudido al territorio caballa, el Monarca conversó con el presidente ceutí, el popular, Juan Jesús Vivas, «manteniendo su papel institucional»

Fuera del plantón al Rey en la reunión que comenzó a primera hora de la mañana, el Gobierno ya deslizó un debate sobre la viabilidad de la Monarquía para movilizar a los votantes prorrepublicanos comunistas de los grupos políticos afines, Podemos o Sumar. El más duro fue -como era de esperar- el ministro de Transportes, Óscar Puente. En la red social X se ha convertido en el ‘azote’ de la oposición política a nivel nacional y ha superado una nueva línea roja en el periodo estival.

En contestación al saludo entre el periodista Javier Negre ( muy discutido en el sector profesional ) y Su Majestad, Felipe VI que coincidieron en un viaje institucional en Colombia y a un mensaje que reclamaba el regreso de la República, acusó al Rey Felipe VI de convertir este espacio en una «absoluta ignominia». Pocos dias después y sin rectificar, remarcó su crítica a un saludo informal. «El Rey es un símbolo y no es inocuo junto a quien se fotografía o a quien saluda en un contexto que no es protocolario… La imagen del sujeto con el que se fotografía se limpia», señaló con un mensaje en las plataformas digitales.

Ya a nivel legislativo y con el apoyo de sus socios comunistas, el Gobierno sanchista ha presentado varias propuestas normativas para despenalizar la figura del delito de injurias a la Corona y así S. M. pueda ser objeto de chanza y chiste impunemente por la jauría de cachorros revolucionarios de biblioteca que apoyan a Sánchez. Lo cierto es que, por el momento, el líder de los socialistas no ha agendado la nueva iniciativa ante un final de legislatura que amenaza con diversos vaivenes y un resultado incierto.

Pedro Sánchez ha decidido estratégicamente que la Corona tampoco quede fuera de la batalla política. El paso tiene más trascendencia de la que puede aparentar porque no estamos ante una discrepancia sobre Felipe VI, ni ante el viejo debate entre Monarquía y República sino ante un presidente del Gobierno que introduce al jefe del Estado en el terreno de la responsabilidad política precisamente cuando su propio Gobierno atraviesa uno de sus momentos de mayor debilidad y cuando él mismo parece haber perdido buena parte de aquella capacidad para controlar los tiempos y elegir las batallas que durante años fue su principal fortaleza.

El movimiento resulta todavía más grave porque no es un episodio aislado. El PSOE de Sánchez empieza a modificar la relación que el partido mantuvo tradicionalmente con la Corona y a romper un equilibrio que todos los presidentes socialistas habían preservado desde la Transición Política. Los socialistas nunca escondieron sus raíces republicanas pero cuando gobernaron entendieron que la Jefatura del Estado no podía convertirse en un instrumento de la confrontación partidista. Felipe González y José Luis Rodríguez Zapatero asumieron que gobernar también significaba proteger instituciones que no necesariamente formaban parte de su tradición ideológica.

Sánchez había mantenido hasta ahora, con tensiones y contradicciones, ese mismo principio. Incluso cuando ministros de Podemos atacaron a Felipe VI durante la pasada legislatura, el PSOE trató de diferenciarse de ellos y reivindicó su compromiso con la Monarquía parlamentaria. La diferencia es sustancial: entonces eran los socios del Gobierno quienes cuestionaban al Rey; ahora es el propio Presidente quien lo coloca bajo el foco.

SÁNCHEZ LLEVA A ESPAÑA A SU MAYOR DECLIVE ( y 2 ): LA VERDAD SE IMPONE AL RELATO.

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Autor: Juan Francisco Alcaraz Diaz, Comisario Principal ( Jubilado ) del Cuerpo Nacional de Policía.

Si acudimos a la esfera internacional sanchista, desplazado el foco de Israel tras la paz lograda en Gaza el pasado mes de octubre, el objetivo es Trump y, en España, también por supuesto, Isabel Díaz Ayuso, con la que nunca ha podido el socialcomunismo, ni lleva camino de conseguirlo. Con el Presidente de Estados Unidos, la estrategia es asimilarlo a la derecha española y, particularmente, a Vox, utilizando para ello a la jauría mediática próxima al poder, ese listado de 61 periodistas afines a la causa socialista que circula por las redes sociales. Con la presidenta madrileña, la estratagema pasa por acusarla de privatizadora y montarle manifestaciones por ello, ignorando que dicha treta fracasó ya en el pasado y le dio aún más votos. La imaginación de su contrincarte socialista, el plúmbeo Óscar López no da para más. Es así de simple.

Mientras los madrileños recibían con respeto, simpatía y muestras de apoyo a los agricultores y ganaderos en protesta por el acuerdo del Mercosur, los profesores catalanes cortaban carreteras en demanda de sus derechos laborales y, un día más, los usuarios de la Alta Velocidad se enfrentaban a suspensiones de servicio, averías y retrasos, el Presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, se sacudía desde la tribuna del Congreso de los Diputados cualquier responsabilidad y, en un clamoroso ejercicio del doble rasero, justificaba las tragedias ferroviarias de Adamuz y Barcelona en los imponderables de la vida, fallos técnicos, errores humanos, fatigas de material, casualidades aciagas y contingencias meteorológicas, causas que, sin embargo, no rigen cuando se trata de cargar las culpas contra la oposición popular.

Así, para el inquilino del Palacio de La Moncloa que discurriera en unas horas sobre el barranco del Poyo en Valencia el mismo caudal que lleva, por ejemplo, el Nilo, carece de la menor consideración ante la inoperancia y la maldad de un Partido Popular que, para el imaginario gubernamental, solo sirve para difundir bulos y, por supuesto, el jefe del Gobierno no dejó pasar la oportunidad de endosar un mitin a los parlamentarios para engordar a la supuesta extrema derecha de Vox.

El problema es que el discurso complaciente consigo mismo de Pedro Sánchez, ese que retrata una España de ensueño a medida de la propaganda más descarnada, no resiste el menor contraste con la realidad que perciben con sus propios ojos los ciudadanos. La situación de unos trabajadores y usuarios de la Alta Velocidad que venían advirtiendo reiteradamente de los múltiples defectos de la red viaria. Defectos que, una vez producida la tragedia, obligan a incrementar las precauciones con la disminución de frecuencias y la drástica reducción de la rapidez en unos trenes que, curiosamente, son de alta velocidad…

Como bien señaló el líder de la oposición, Alberto Núñez Feijóo, de nada sirve al interés de los españoles tener un jefe del Gobierno que no se hace responsable de nada, que no se entera de nada, ni siquiera de lo que es una evidencia escandalosa: el deterioro del servicio ferroviario, con hitos como la contratación de amantes del ministro de turno o que los empleados encargados de la revisión de las vías lleven más de un año en sus casas, cobrando el sueldo sin ir a trabajar, que se antojarían increíbles en cualquier otro país que no estuviera gobernado por una coalición socialcomunista como la que preside Pedro Sánchez.

El problema para el dirigente socialista, y no es un problema menor, es que la realidad se impone tozuda sobre los relatos de la propaganda y la mentira como cuando el ministro Óscar Puente reconoce a los sindicatos de Renfe y Adif la escasez de inversiones, el caos organizativo y la falta de personal; los ingenieros, en pleno tren de tormentas, avisaban de la falta de mantenimiento en la red de embalses y la conflictividad laboral no amaina alcanzando cada vez a más sectores. Luego vienen en cascada las derrotas electorales del PSOE y sus socios comunistas en las elecciones autonómicas pero Pedro Sánchez no tiene responsabilidad alguna en estos desastres pese a dirigir las campañas por lo que los españoles debemos de estar tranquilos. Estamos en las mejores manos…incompetentes.

Si alguien, hace apenas diez años, se hubiera atrevido a pronosticar que el líder histórico del socialismo español en democracia, Felipe González, renunciaría a votar al PSOE para hacerlo en blanco, se lo habría tachado de enajenado cuando menos. Hace unos meses, el pasado febrero, el exPresidente del Gobierno, referente para generaciones de socialdemócratas en nuestro país y fuera de él, encendió una mecha que ha prendido más de lo que el Palacio de la Moncloa y la madrileña calle Ferraz pensaban, después de lanzar a sus voceros a ningunearlo e invitarlo a dejar el partido que él resucitó y llevó a sus mayores cotas de poder y dimensión histórica.

Desde entonces, las aguas socialistas bajan turbias y la ley del silencio impuesa por el terror del partido y el cierre de filas en la formación sanchista, han saltado con desencuentros públicos entre los partidarios del culto a la personalidad presidencial y los notables de la vieja militancia, Sánchez callado como si la autoridad y el miedo corrieran hacia el sumidero junto a los votos de la gente. Óscar López, Félix Bolaños, Elma Saiz y demás ministros, están manifestando ante la población con sus excesivas declaraciones públicas que el otrora pétreo régimen del búnker monclovista está exhibiendo las grietas que denotan agotamiento en el liderazgo y en el proyecto. La historia nos ha enseñado que hay batallas que se ganan después de muerto, significativamente cuando un discurso miserable y sucio rompe el descanso eterno para justificar lo inaceptcable.

Óscar López, próximo cadáver político madrileño y también, probablemente, judicial, no dimite y sigue amarrado a su canonjía en la lista de espera de la debacle socialista que le aguarda en Madrid, más allá de esta acabada gira electoral con paradas en Extremadura, Aragón en Castilla y León y Andalucía. Sin autocrítica, sin tomar nota del sentir de los madrileños, engañando a la calle, se pudiera pensar que los reveses autonómicos eran esperados y estaban amortizados y descontados. El Gobierno sanchista y el PSOE intentaron encapsularlos y minusvalorarlos con ese enfebrecido discurso de que en realidad el ganador de los comicios fue el perdedor. Y, sin embargo, la secuencia de los hechos, las fricciones y los enganchones ya indisimulables en el régimen socialcomunista nos parecen el testimonio y la expresión de que el bajonazo electoral ha hecho más daño del que, por supuesto, se admite.

El dontancredismo de Pedro Sánchez, esa actitud de inmovilismo y pasividad extrema ante los problemas que le acosan, consumido entre su toma de decisiones para no soltar el poder y el pánico al día después, ha alentado la desconfianza y el escepticismo entre los suyos sobre el futuro que aguarda a miles de sanchistas adosados a lo institucional y lo público. El sanchismo es un movimiento que conquistó el poder pero al que la victoria le fue esquiva. Hoy, el PSOE es el partido de la derrota. Las voces de los fieles han modulado su tono, también porque el relato del aparato de agitación y propaganda de la Presidencia del Gobierno se ha resentido, ha perdido frescura y conexión. El discurso del miedo a la imaginaria ultraderecha no funciona y la ecuación en la que un Vox desatado abonaría las opciones de Sánchez se parece cada vez más al cuento de la lechera. La fatiga de un gobierno que no gobierna, desalienta y fragiliza. Es un acelerante del final de ciclo que Sánchez nos debería ahorrar para dar la palabra al pueblo.

Las contundentes derrotas en las cuatro últimas convocatorias electorales autonómicas de las dos formaciones gubernamentales, el PSOE y Sumar, no parece que se deban a una situación coyuntural. Reflejan la impotencia de una alianza en la que priman los intereses particulares de los partidos que respaldaron la investidura de Pedro Sánchez, sin otras confluencias que el aprovechamiento de la debilidad del Gobierno resultante, que poca relación guardan con el interés general de la población, comenzando porque la mayoría de esos apoyos proceden de espacios de separatistas con agendas propias. No es una cuestión menor que las dos formaciones que representan al centro derecha y a la derecha conservadora, es decir, al Partido Popular y a Vox, hayan sumado en Extremadura ( 60% ), Aragón ( 55% ), Castilla y León ( 58% ), y Andalucía ( 55% ), todas ellas mayorías electorales muy por encima del 50 por ciento de los votos válidos, como tampoco debería serlo el que las encuestas de opinión reflejen unas previsiones electorales del mismo cariz en caso de celebrarse los comicios generales.

La lógica política, que debería primar en una democracia, exige del inquilino del Palacio de La Moncloa la disolución de las Cámaras y la convocatoria adelantada de la cita con las urnas pero no sólo por su pérdida generalizada del voto popular sino porque, y es lo más importante, el desplome de sus expectativas tiene un reflejo en la imposibilidad de aprobar unos Presupuestos Generales del Estado, contraviniendo el mandato constitucional y provocando el descontrol del gasto del país..

Pueden los equipos de propaganda del sanchismo hacer hincapié en la pérdida de la mayoría absoluta en Andalucía por parte de Juanma Moreno, pero, con significar un cambio para la gobernabilidad de la región, lo cierto es que no ha sido la oferta electoral socialista la que la ha provocado sino el surgimiento de una izquierda radical, con tintes identitarios, Adelante Andalucía, que ha desplazado a la coalición de Podemos, IU y Sumar ( que adoptaron el nombre de Por Andalucía ), y que con un escaso 9,6 por ciento de los sufragios se ha hecho con dos escaños decisivos para que el PP no superara la barrera de los 55 diputados que suponía repetir la mayoría absoluta,.

Con un problema añadido para la estrategia de absorción de la extrema izquierda que viene siguiendo el sanchismo, con el invento de Sumar que la formación fundada por Teresa Rodríguez ( Adelante Andalucía ), escindida de Podemos, no parece dispuesta a ejercer de muleta del sanchismo y ya ha anunciado su voluntad de presentarse a las elecciones generales, disputando ese espacio del populismo radical que los estrategas de Pedro Sánchez consideran fundamental para mantener expectativas de triunfo.

Por último, le conviene reconocer al PP el error de pensar que la formación de Santiago Abascal estaba perdiendo peso específico. Sigue siendo minoritaria pero se ha vuelto determinante también en Andalucía, realidad con la que han tenido que lidiar desde sus posiciones más centradas tanto Juanma Moreno como Alberto Núñez Feijóo. Aunque ya le hubiera gustado al PSOE tener ese «problema» a pesar de lo que van cacareando por ahí.

Tras una intento frustrado de Juanma Moreno para ser nombrado Presidente de la Junta de Andalucía el pasado 1 de julio por falta de votos, al día siguiente, 2 de julio, llegó el acuerdo con Vox y con ello su nombramiento para el tercer mandato.

La docena larga de asuntos judiciales que persigue al sanchismo y los más del centenar de cargos institucionales procesados no ayudan -precisamente- a corregir la deriva en la que se encuentra el Gobierno español y la imagen internacional que está dando…

SÁNCHEZ LLEVA A ESPAÑA A SU MAYOR DECLIVE ( 1 ): HAY QUE SALVAD AL PRESIDENTE.

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AUTOR: Juan Francisco Alcaraz Diaz, Comisario Principal ( Jubilado ) del Cuerpo Nacional de Policía.

Con el Presidente Sánchez, España ha dejado de funcionar. Ha incrementado ingentemente el gasto público, desperdiciando los miles de millones de euros de recaudación tributaria adicional, derivados de la inflación fiscal silenciosa con la que ha asfixiado más a los ciudadanos ya de por sí sometidos a un sistema recaudatorio confiscatorio, pero además de que dicho aumento del gasto ha sido un error porque lo ha dedicado a un uso inftuctuoso, a hacer de España un país de subsidiados, donde se dan pagas y ayudas económicas sin que en muchos casos sean necesarias; que incentiva la picaresca para no trabajar y vivir a costa de los demás con supuestos beneficios sociales que paralizan a la economía y suponen un coste imposible para las empresas, especialmente para las pequeñas y medianas ( pymes ) con un igualitarismo salarial que desalienta a los más preparados que tienen que emigrar a otros países, descapitalizándonos en talento humano, siendo sustituidos por mano de obra poco cualificada sobre la que no se puede asentar la prosperidad.

Todo ese gasto improductivo ha hecho que no aumente la inversión en empresas e infraestructuras que sólo requerían una mínima parte de ese aumento de recaudación ya que se disponían de 140.000 millones de euros en fondos europeos para relanzar la economía para lo que era necesario, pero como la acción productiva no daba votos al Gobierno socialcomunista de Pedro Sánchez se ha preferido dejar a España sin cuidar de sus infraestructuras ferroviarias, de las carreteras, de los embalses y presas -algunos, incluso, han sido destruidos por fundamentalismo medioambiental-, y con una red eléctrica sometida también a dicho ecologismo radical que nos llevó al episodio tercermundista del apagón general del veintiocho de abril del año pasado.

Todo ello, en medio de una inseguridad jurídica creciente que ahuyenta inversiones productivas, envuelta en populismo y en interés personal, todo para mantenerse en el poder, al igual que las concesiones en financiación a los independentistas catalanes, a costa del resto de españoles, las transferencias de competencias en Seguridad Social a los nacionalistas vascos o la legalización de más de un millón de inmigrantes para contentar a los comunistas de Podemos, con su efecto llamada que constituye un grave problema con sus costes asociados derivados de la entrada de los mismos en el paraíso del subsidio que ha establecido Sánchez en España.

Se está instalando en la sociedad el sentimiento de que hay una España que trabaja y otra que se dedica a vivir a costa de la primera, la cual ya no da más de sí para mantener la economía. El problema es Sánchez y su socialismo extremo. Por eso, las formaciones políticas de la oposición tienen que tener como primer objetivo echar a Sánchez y a las políticas dañinas que ha implantado en España y, después, discutir sobre el programa de gobierno pero lo esencial es desalojar a P.S.porque España necesita recuperarse, para lo que los partidos de la derecha deben colaborar y aparcar diferencias personales porque es lo que quiere la inmensa mayoría de sus votantes.

Consumada ya la hecatombe política del mismísimo Presidente del Gobierno por su implicación personal en las elecciones autonómicas de Extremadura, Aragón, Castilla y León y Andalucía –una mera traslación a las urnas del trato que la gente le dispensa en las calles, en donde suele ser recibido con abucheos, insultos y demás improperios–, los más próximos a él han puesto en marcha una operación para atornillarle el máximo tiempo posible en el cargo con la esperanza de que el temporal amaine. Dicha operación se podría llamar Salvad al Presidente Sánchez, y abarca numerosas acciones no por manidas menos sorprendentes en algunos casos.

La primera de todas, consiste en seguir repartiendo entre los nacionalistas catalanes y vascos toda suerte de dádivas a cambio de recibir su apoyo a alguna ley con la que luego poder alardear ante la opinión pública. Entran aquí en juego, desde la nueva financiación territorial regida por la ordinalidad que beneficia a alguna autonomía y asfixia a otras, hasta las medidas de gracia a terroristas con pasado sangriento, como el militante de ETA, Garikoitz Azpiazu Rubira, alias Txeroqui, que quedó libre de lunes a viernes -pese a ser condenado a 400 años de prisión- para realizar labores de prefabricado voluntariado social. Camino seguido por otras tantas decenas de compañeros de militancia y atentados.

La segunda acción de este plan de salvamento es exprimir al máximo el marketing político, prodigando los anuncios grandilocuentes y las cortinas de humo de sesgo ideológico para no perder más electorado aún entre los afines desencantados. Se encuadran aquí, por ejemplo, las amenazas a los centros privados de Formación Profesional o el enfrentamiento con las grandes plataformas tecnológicas para vetar el acceso de los menores a sus redes sociales y poner de paso la semilla de una futura censura de las opiniones críticas con el poder establecido y que no es otro que el poder totalitario.

Y la tercera y última habría que desdoblarla. Por un lado, no deja de resultar llamativo en este sentido que el presidente de un país en el que la pobreza infantil no para de crecer, como revelan los propios datos oficiales de perceptores del Ingreso Mínimo Vital o que permite abortar a las menores sin necesidad de permiso paterno, trate ahora de erigirse en protector de la juventud vetando su entrada en X o en TikTok, la red favorita, por cierto, de Sánchez y sus ministros. Al paso que va España, no hará falta norma que lo prohíba porque cada vez menos menores tendrán acceso a internet al no poder pagárselo sus progenitores.

Y por otro, dentro de esta acción estratégica para salvad al Presidente, entran también las inauguraciones fantasmas, como la que ya protagonizó el propio Sánchez en el Hospital de Melilla ( 02.06.2025 ) antes de que tuviera actividad clínica, siendo por ello objeto de escarnio, o la más próxima de la Operación Campamento, ( 12.01.2026 ) con máquina de demolición incluida que desapareció en cuanto se fueron las cámaras de televisión. Otra parte importante de la operación Salvad al Presidente Sánchez pasa por caricaturizar al enemigo y echarle a los perros para dar la impresión de que huye.

Con esta estrategia, Sánchez se propone terminar la actual legislatura. Su hoja de ruta no se ha movido ni un milímetro y las intoxicaciones informativas del Palacio de la Moncloa de los últimos semanas, insinuando que en marzo próximo podrían convocarse las elecciones generales, ha sido una jugada más de despiste del aparato de agitación y propaganda sanchista.

La calidad democrática española ha sufrido un importante deterioro en este último mandato y por eso la mayoría absoluta del pleno del Congreso instó el pasado 24 de junio al Presidente Sánchez a someterse a una cuestión de confianza o a convocar elecciones generales, lo que, en términos prácticos, supone la pérdida de legitimidad de ejercicio de Gobierno. Pero la respuesta del grupo socialista fue una carcajada que es como entienden estos diputados el juego democrático. No cayeron en la cuenta de que reírse de los representantes del pueblo en el Parlamento equivale a reírse de los ciudadanos.

Lo que le queda por delante a España es desalentador. Los que fueron socios de investidura irán marcando distancia hasta terminar confrontando con el PSOE y las novedades judiciales, probablemente protagonizadas por nuevos arrepentidos que no desean acabar pudriéndose en prisión, terminarán de hundir al partido socialista que ha optado por la inmolarse junto a su líder como se pudo ver el pasado sábado, día 27 de junio en la reunión de su Comité Federal en la que le otorgaron un cheque en blanco para continuar con su dirección caudillista y se arrodillaron ante los escándalos de corrupción sanchista como si la cosa no fuera con ellos….

Sánchez admitió ante el Comité Federal del PSOE un único caso de corrupción que afecta a la Secretaría de Organización’ del partido, protagonizado por personas concretas que se aprovecharon de sus posiciones Tras la imputación de la directora de la Guardia Civil, Mercedes González, el pasado día 2 de julio, por sus vínculos con las cloacas del PSOE, el partido ya tiene 16 causas judiciales abiertas con 126 investigados. Incluyendo a 42 socialistas con cargos en las instituciones». Sánchez da orden de cerrar filas y evitar dimisiones tras un hecho de esta gravedad. Hoy, el PSOE puede presumir ampliamente de tener más imputados que diputados en el Congreso de los Diputados.

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EL PRESIDENTE SÁNCHEZ VA POR LIBRE.

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En el peor momento de su mandato, con su mujer a punto de sentarse en el banquillo de los acusados, su hermano ya lo está desde el pasado jueves y sus más cercanos colaboradores políticos juzgados ante el Tribunal Supremo por graves delitos de corrupción, el Presidente del Gobierno, Pedro Sánchez buscó amparo en el exterior en vez de presentar la dimisión como haría cualquier dirigente demócrata. En una manifiesta huida hacia adelante, reunió en Barcelona, durante los pasados dias 16 y 17 de abril, a la flor y nata del «progresismo» tercermundista, con el Presidente de Brasil, Lula da Silva, a la cabeza. Lo hacía a su vuelta de un comentado viaje de negocios a China, donde había establecido una alianza particular con el dictador comunista Xi Jinping, sin contar con el visto bueno del Parlamento español, ni con el respaldo europeo. Sánchez va por libre, provocando, a conveniencia propia, un cambio radical en la política exterior de España.

Es natural que el comportamiento errático del presidente español suscite cada vez más preocupación en la Unión Europea ( UE ). Inquietan tanto sus contracciones musculares involuntarias -especialmente las de su rostro- con la prudente política común en las relaciones con China, Israel y Estados Unidos, como su deriva hacia actitudes ajenas a la posición democrática occidental. Hay dos hechos que han levantado especial preocupación más arriba de los Pirineos: la regulación masiva y descontrolada de inmigrantes ilegales ( hay quién empieza a llamarla amnistía administrativa ) y los ataques de los miembros del Gobierno a los jueces, con el ministro de Justicia, Félix Bolaños, a la cabeza. La arremetida general contra el juez Peinado, encargado de la instrucción de su esposa, Begoña Gómez, es un verdadero escándalo. Se trata de una mujer que no ostenta ningún cargo público, a la que se acusa de aprovecharse de su condición privilegiada como esposa del presidente para hacer negocios particulares. Esta defensa, a coro, de varios de sus ministros favorece esa apreciación judicial: la confusión delictiva de lo público y lo privado.

España, con Pedro Sánchez, se convierte así en una anomalía europea. El temor es que, en la curva final de su mandato, abandonado a su suerte y perdido en su laberinto, claramente fuera de la realidad, cometa errores irreparables con alianzas y compromisos peligrosos. Su enemistad con Israel, que guarda, por cierto, el «expediente Pegasus», y su comprometedora alianza con China son indicios poco tranquilizadores y ponen en alerta a los verdaderos demócratas europeos. Lo mismo que la veneración al dirigente español por parte de los ayatolás, los movimientos terroristas de Oriente Medio y los herederos políticos de ETA, compañías poco recomendables. El «contubernio» progresista de Barcelona de hace unas semanas, va a señalar seguramente el camino último del sanchismo antes de su extinción definitiva.

La agenda europea de la semana comprendida entre el 20 y el 28 de abril, dejó un balance adverso para Pedro Sánchez en Bruselas, con varias de sus iniciativas estrella bloqueadas. Un encadenamiento de fracasos que vuelve a evidenciar su soledad en la UE. Para empezar, los ministros de Exteriores de los 27 tumbaron el día 21 su petición de romper el acuerdo de asociación con Israel por reimplantar la pena de muerte para los terroristas palestinos y vulnerar los derechos humanos en Gaza, Cisjordania y Líbano. «Golpearía a la población civil israelí», alegaron Italia y Alemania, que encabezan el frente de oposición a Sánchez. El ministro José Manuel Albares solo logró el apoyo de Eslovenia, Irlanda, Portugal y Bélgica. Magro resultado.

Un día después, el 22, la Vicepresidenta de la Comisión, Teresa Ribera -que formó parte del Gobierno de Sánchez durante seis años- fue la encargada de verbalizar el portazo de Bruselas a la petición española de crear un ‘impuestazo’ europeo sobre los beneficios extraordinarios de las grandes energéticas. «Un impuesto común exige unanimidad y no sería fácil alcanzarla«, zanjó Ribera. La semana se cerró con un tercer golpe: un correo del Pentágono del día 23, que sugería la expulsión de España de la OTAN como castigo por su negativa a ceder las bases y espacio aéreo español en la guerra de Irán.

No hay debate: España cumple sus compromisos, somos un socio leal», replica el Presidente del Gobierno ante la nueva amenaza de Donald Trump. Los reveses en Bruselas no parecen hacer mella en Sánchez, que ha encontrado en la política internacional la escapatoria al bloqueo parlamentario y los casos de corrupción que acechan a su Gobierno. En la cumbre informal de Chipre del día 24 de los líderes de la UE con el presidente ucraniano, Volodimir Zelenski, el jefe del Ejecutivo español no solo insistió en sus demandas sobre Israel y la tasa energética, sino que añadió dos nuevas peticiones: un año extra para los fondos Next Gen ( esos que necesita para pagar las pensiones ) y mayor flexibilidad fiscal por la guerra de Irán. También aquí, el desenlace que aún no se ha producido pero más probable es el mismo: el ‘no’ de la UE.

La nota interna del Pentágono, oportunamente filtrada, apuntaba la posibilidad de que España y otros aliados europeos de la OTAN fueran suspendidos de sus funciones en la Alianza por su negativa a colaborar con las operaciones militares estadounidenses e israelíes contra Irán. Con celeridad, el Presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, salió a la palestra para despreciar ese tipo de amenazas y asegurar que nada cambiaría en la relación estratégica de España con sus aliados atlánticos, con los que nuestro país se comporta como un socio fiel, afirmación esta última que no puede ser más exacta, por cuanto las Fuerzas Armadas españolas mantienen despliegues de carácter defensivo en las fronteras calientes con Rusia, además de apoyar con sus equipos militares más modernos la seguridad de otros aliados, como Turquía.

Pero esta realidad, que un mandatario como Donald Trump, cuyo país lidera la Alianza Atlántica, no debería obviar, no es óbice para que desde la Casa Blanca se deslicen comentarios poco amigables, cuando no directamente amenazadores, en una sobreactuación con un claro destinatario interno: el sector más nacionalista de la opinión pública norteamericana, que fue el principal apoyo de Donald Trump, pero que no acaba de entender las razones de su líder para incumplir una de sus grandes promesas electorales, la de no meter a los Estados Unidos en más guerras complejas, caras y sin posibilidad de victoria clara.

Más aún, cuando ni siquiera es posible hablar de unos objetivos estratégicos bien definidos, sustituidos por un amplio abanico de opciones, que van desde un acuerdo petrolero con el régimen de los ayatolás hasta la aniquilación de la civilización persa, según se levante ese día por la mañana el líder norteamericano. Por supuesto, ante una acción unilateral, sin justificación sólida y sin consultar previamente con sus aliados, como es la operación contra Irán, y que, además, quedaría fuera de los límites geográficos de actuación de la Alianza Atlántica, ni España ni el resto de los socios europeos pueden ser obligados a participar militarmente en el conflicto, por más que este se haya extendido a otros países con los que la Unión Europea mantiene acuerdos económicos y financieros muy notables. Hasta ahí, nada que suponga mayor controversia en la opinión pública española y europea, que en términos generales no entiende qué pretendía Washington con este nuevo ataque, una vez que, según afirmó la Casa Blanca, ya había sido inutilizado el programa nuclear iraní.

Por ello, cabe preguntarse la razón de que España se haya convertido en el principal destinatario de las invectivas, amenazas y desprecios de Trump, y la respuesta que más se aproxima a la verdad estriba en que nuestro Presidente del Gobierno ha hecho del ataque a la figura del mandatario norteamericano y del Gobierno de Israel su principal baza política interna. Un reflejo propio de los populismos más básicos, que buscan un enemigo externo lo suficientemente antipático como para alinear con los Gobiernos a una parte de la ciudadanía propia, que en casi todos los aspectos de la gestión política se revela francamente contraria al poder. Populistas que se retroalimentan.

LA QUE SE FUE A SEVILLA Y PERDIÓ SU SILLA.

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Después de varios meses intentando, sin éxito, que Pedro Sánchez abandonase los planes de pactar con los independentistas catalanes para una posible investidura como Presidente de Gobierno, tuvo lugar el Comité Federal del Partido Socialista Obrero Español ( PSOE ) en el que dimitió la mitad más uno de los miembros de la dirección nacional del grupo político. Era octubre de 2016.

En las normas y estatutos internos, cuando dimitía la mayoría de los componentes de la dirección del partido, automáticamente equivalía al cese del secretario general y se nombraba una gestora. Pero, en aquella ocasión, Sánchez defendió que ese procedimiento no era aplicable a la ejecutiva federal, es decir, servía para todos los dirigentes socialistas, excepto para él. Ahí ya empezó a enseñar la patita de por donde iban a ir los tiros…

Aquel día, los cargos territoriales mantuvieron el pulso con Sánchez y, después de muchas horas de negociación, se sometió a votación la convocatoria de un Congreso Extraordinario para elegir un nuevo líder. En aquella elección, Sánchez fue derrotado y comenzó el periplo del invento del relato del Peugeot  por toda España para volver a dirigir el partido socialista cuando en realidad iban en un mercedes de lujo que tenía todas las comodidades para los viajes de largo recorrido. Una nueva mentira socialista elevada a la categoría de mito para embelesar a la parroquia y subir a la categoría de héroe a la figura de Pedro Sánchez.

Como es imaginable, la interpretación de los estatutos del partido socialista, los procedimientos que regulan los plazos y las votaciones son de vital importancia y recaen sobre un órgano denominado Comisión Federal de Ética y de Garantías. En aquel momento, este órgano lo presidía Isabel Celaá ( Ministra de Educación y Portavoz en el primer Gobierno sanchista y actual embajadora española ante la Santa Sede en Roma. Aquella que copió la expresión, los hijos no son de los padres, que el ensayista libanés Khalil Gibran había promungado en su libro El Profeta, en 1.923 ) y el secretario de la comisión era Félix Bolaños, ( actual Ministro de la Presidencia, Justicia y Relaciones con las Cortes en el Gobierno de Pedro Sánchez desde 2.023 ) que, ya por entonces, era el encargado de ir limpiando lo que Sánchez iba manchando.

María Jesús Montero lideraba a los críticos en la comisión y promovió la firma de un documento que fue clave para apear a Sánchez de la secretaría general. Se trataba de un dictamen que ordenaba la formación de una gestora, una vez dimitida la mayoría de la dirección. Montero era del equipo de Susana Díaz e hizo todo lo posible para allanar el camino a la entonces Presidenta de la Junta de Andalucía. En el PSOE andaluz, se sabía que Montero es una política ambiciosa y que tenía los ojos puestos en la Presidencia de la Junta y, si Díaz daba el salto a Madrid, también quedaría libre el terreno de juego para ella en el sur peninsular.

Sánchez formó Gobierno dos años después y contó con ella para ser titular de la cartera de Hacienda, de esta manera, abría una brecha entre Montero y la presidenta andaluza. Cuando Moreno Bonilla fue investido presidente de Andalucía, en enero de 2.019, habían terminado los días de Susana Díaz, pero Montero se puso en perfil bajo para evitar ser elegida para la sucesión de la sevillana. Medró en el Gobierno central y fue adhiriéndose a todas y cada una de las decisiones de Sánchez, en ocasiones, rompiendo su propia coherencia, defendiendo justo lo contrario a lo que decía cuando era consejera de Hacienda en Andalucía, por ejemplo, en materia de financiación autonómica y los privilegios a Cataluña.

Pero, en aquella semana de pasión que se tomó Pedro Sánchez a finales de abril de 2.024 para preparar el terreno a las acciones judiciales que se le venían encima a su esposa Begoña Gómez, muchos dentro y fuera del partido señalaban a Montero como sucesora. Eso era motivo suficiente para que Sánchez acabara con su carrera política.

Montero realizó el traspaso de poderes ministeriales a sus sucesores en el Gobierno actual, Carlos Cuerpo en la Vicepresidencia y a Arcadi España en Hacienda, el pasado 27 de marzo, aunque lo vivió como si fuese su certificado de defunción porque sabía que su vida pública había llegado a su fin.. Hay pocas dudas sobre si el Partido Popular ( PP ) va a ganar las próximas elecciones autonómicas andaluzas previstas para el próximo domingo, día 17 de mayo, pero en Andalucía hay una diferencia con respecto a Extremadura, Aragón o Castilla y León y Montero va a intentar agarrarse a ese clavo porque ya no tiene nada más. Se trata de que, en esta ocasión, los populares no han convocado las elecciones para deshacerse de Vox obteniendo una mayoría absoluta, sino que parten de ella.

Precisamente, el objetivo de la exministra es intentar que los populares la pierdan. Si eso ocurriese, Montero volvería a poner su punto de mira en el Gobierno central, una vez que habría cumplido con el encargo presidencial.

Cosa distinta es que Sánchez tenga intención alguna de recuperar a ninguno de los ministros que ha enviado a encabezar candidaturas regionales. Los mandó con una doble motivación, eliminando cualquier opción, por pequeña que fuese, de que se consolidasen como posibles sucesores y para tener controladas las federaciones periféricas más importantes. También es seguro que Montero utilizará la fuerza real que representa la federación andaluza para intentar trazar un camino de vuelta.

El otro escenario es que Moreno Bonilla repita mayoría absoluta. En ese caso, a Montero solo le quedaría elegir entre abandonar, como Miguel Ángel Gallardo en Extremadura, o quedarse como líder de la oposición, condenada a la desaparición mediática, siguiendo el ejemplo del candidato autonómico Carlos Martínez en Castilla y León, Pilar Alegría en Aragón o penar por el desierto como la exministra de Industria, Comercio y Turismo en el Gobierno sanchista de 2.018 a 2.023. Reyes Maroto en el Ayuntamiento de Madrid, de la que solo se ha sabido, en los últimos años, acerca de los problemas judiciales que ha tenido a cuenta del caso mascarillas, o Alegría, exministra de Eduación y Portavoz del Gobierno entre los años 2.021 y 2.025, que ya forma parte de la historia.

María Jesús Montero no ha tenido más remedio que obedecer la orden de su jefe Pedro Sánchez con el que pretendió escabullirse durante varios dias, pero es plenamente consciente de que, como dice el archiconocido refrán, quien se fue a Sevilla, perdió la silla.

¿ QUIÉN ES ESTE ?: EL HIJO DEL CARPINTERO.

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Nació en Belén de Judea, en la antigua Palestina que estaba bajo la ocupación del Imperio Romano. En un establo y un pesebre le sirvió de cuna donde dos animales, un buey y una mula, le daban calor. Unos pastores que dormían al raso en las cercanías con sus rebaños fueron los primeros en tener noticia de ello y acudir a visitarle. Cuarenta dias después, en brazos de su madre María, y a lomos de una borriquilla de la que tiraba su padre José, un humilde carpintero, la familia viajó a Jerusalén para la presentación del recién nacido en el Templo, cumpliendo así la ley de Moisés.

Días después, volvieron a Belén donde meses más tarde, unos reyes magos que llegaron de Oriente en una caravana de camellos guiados por una estrella, le rindieron homenaje y le entregaron tres regalos simbólicos: oro ( en reconocimiento de su realeza ), incienso ( en reconocimiento de su divinidad ) y mirra ( en reconocimiento de su naturaleza humana ). De allí, la familia huyó a Egipto por la noche para escapar del rey Herodes que perseguía al hijo del carpintero al sentirse amenazado porque los reyes venidos de Oriente le habían dicho que habían llegado a sus tierras buscando el nacimiento del rey de los judíos. Al marcharse estos sin informarle de lugar donde lo habían encontrado, Herodes, un rey nombrado por Roma, muy cruel y temido por su pueblo, se volvió paranoico ante la amenaza de perder su reinado y ordenó la Matanza de los Inocentes en la región de Belén ( todos los niños menores de dos años, siguiendo la cronología que le habían dicho lo reyes magos ).

Permanecieron en la tierra de los faraones unos cuatro años y cuando murió Herodes, pasado el peligro, volvieron a la tierra de Israel, y en Nazaret, un pequeño pueblo de la región de Galilea, pasó el niño la edad de la inocencia y su juventud. Aunque al principio habían planeado volver a Judea, el temor a Arquelao, el nuevo rey hijo de Herodes aunque menos sanguinario, llevó a José a cambiar de planes tras ser advertido en sueño del riesgo que podían correr . En Nazaret, la familia tuvo una existncia cotidiana y sencilla de trabajo y oración. El hijo del carpintero, lo llamaban, por la profesión del padre.Y Jesús el Galileo o Jesús el Nazareno lo llamarían más adelante. Cumpliendo así con las profecías bíblicas que decían que Jesús sería llamado nazareno.

Esta etapa de desarrollo ordinario del niño, estuvo marcada por el crecimiento en sabiduría, en estatura y en gracia para con Dios y los hombres, viviendo una vida oculta hasta los treinta años que fue cuando inició su ministerio público Eran una familia humilde con una existencia como una más del pueblo. Jesús, asistía a la escuela de la sinagoga para aprender a leer los textos sagrados y las leyes judías. Allí, mostraba un profundo entendimiento de las Escrituras y además, solía realizar la peregrinación anual a Jerusalén para celebrar la Pascua judía con su familia. A los doce años tuvo un episodio en el Templo. Los evangelios apócrifos cuentan historias fantásticas de Jesús en su niñez que no se consideran parte de la tradición bíblica confiable.

Fue una vez que ocurrió que Jesús se quedó en el Templo de Jerusalén, después de acabada la Pascua sin que sus padres lo supieran. Tras tres días de búsqueda, lo encontraron en el Templo sentado con los doctores de la ley, asombrándolos con sus preguntas que mostraban su sabiduría. Escuchaba y cuestionaba a los maestros y estos se maravillaban de su inteligencia. Al ser recriminado por su madre, Jesús le respondió que tenía que estar allí para defender a su Padre celestial, manifestando así la conciencia de su filiación divina. Regresaron los tres a Nazaret, manteniéndose Jesús sujeto a la autoridad terrenal, conciliando su obediencia humana y su misión de ser también hijo de Dios.

Cercana la treinta y siguiendo las indicaciones de su Padre divino, se retiró al desierto cercano a Jericó, esa zona árida y montañosa que se extendía desde el este de Jerusalén hasta el Mar Muerto, para prepararse espiritualmente, ayunar y orar antes de iniciar su etapa pública. Allí, fue tentado por el mal de los hombres ( el diablo ) al que venció fortaleciendo así la dependencia de su Padre, Dios. Ayunó durante cuarenta días y cuarenta noches en el desierto y allí, hambriento, respondió así al demonio tentador, hasta en tres ocasiones: «No solo de pan vive el hombre». Demostrando así su capacidad para vencer la tentación.

El significado del desierto se debe a que era visto como un lugar de soledad, oración y encuentro profundo con su Padre, separándose del mundo terrenal para enfocarse en la voluntad de Dios. El que en ese lugar de retiro permaneciera cuarenta dias se debe a lo que simbolizaba el número cuarenta en la tradición judía como un tiempo de preparación, cambio o prueba. Como los cuarenta años del pueblo de Israel en el desierto del Sinaí, tras salir de Egipto y antes de entrar en la Tierra Prometida ( Palestina ) o los cuarenta dias que duró el Diluvio Universal. Este período marcaba la transición de la vida privada de Jesús a su labor evangelizadora..

De nuevo en Galilea, tomó por discípulos a cuatro pescadores del lago Tiberíades ( Simón, al que luego llamó Pedro; su hermano Andrés, ambos hijos de Jonás ) y Santiago y Juan, ( hijos de Zebedeo ) que lo dejaron todo para seguirle, y lo mismo hicieron los otros ocho que se le unieron luego ( Felipe y Bartolomé; Tomás y Mateo, el recaudador de impuestos; Santiago,( hijo de Alfeo ) y Tadeo; Simón el cananeo y Judas Iscariote, el que lo traicionó,

Eran doce porque representaban a las doce tribus de Israel. Además el número doce era el resultado de multiplicar tres, el número perfecto para los judíos, por cuatro, número que alude a los cuatro puntos cardinales. En el mundo cristiano se les conoce como apóstoles, que viene del griego apostéllein, que significa enviar un mensaje. Es decir, fueron elegidos como apóstoles porque recibieron la misión de llevar la doctrina de Jesús a todo el mundo conocido, a todas las naciones, hasta el último rincón de la Tierra.

Comenzó entonces Jesús a predicar a las muchedumbres, y su fama se extendió por toda la región: «Bienaventurados los pobres, porque vuestro es el Reino de Dios», dijo en su primera aparición en público. Y sus vecinos de Nazaret, sorprendidos y admirados, comentaban entre sí: «¿Sabéis lo que dice Jesús, el hijo del carpintero? Que al que te abofetee en la mejilla derecha le presentes también la otra; que amemos a nuestros enemigos y oremos por los que nos persigan; que busquemos primero el Reino de Dios y su justicia, y todo lo demás se nos dará por añadidura; que no juzguemos, si no queremos ser juzgados; que perdonemos, y seremos perdonados…».

Dijo también después: «Venid a mí todos los que estáis fatigados y sobrecargados, y yo os daré descanso»; «Yo os aseguro: si no cambiáis y os hacéis como los niños, no entraréis en el Reino de los Cielos»; «Amarás a tu prójimo como a ti mismo». Y cuando Pedro le preguntó que cuántas veces tendría que perdonar las ofensas, él le contestó que hasta setenta veces siete; y al joven rico que quería saber el modo de alcanzar la vida eterna le aconsejó que vendiera todos sus bienes y se los diera a los pobres; y a sus discípulos les advirtió, poco antes de ser llevado ante Pilato, sobre cuál sería la vara de medir al final de los tiempos: haber dado de comer al que tenía hambre, y de beber al que tenía sed, y haber acogido al forastero, y haber vestido al desnudo, y haber visitado al enfermo y al que estaba en la cárcel.

Sucedió después que Jesús fue a Jerusalén para cumplir con su destino mesiánico que incluía su pasión, muerte y resurrección para la redención de la Humanidad. Llegó para celebrar la Pascua judía, proclamar la llegada del Reino de Dios y consumar su obra profética, aceptando la voluntad de su Padre en el centro religioso de Israel. Ir allí era necesario para el sacrificio final.

Entró como el Mesías, el rey de Israel ( montado en un asno ) cumpliendo la profecía de Zacarías, como momento culminante de su apostolado. Su entrada triunfal marca el inicio de la Pascua cristiana ( Semana Santa ) preparándose para la Pasión, tras ser recibido por la multitud que extendía mantos y ramas de olivo o palmas, reconociéndolo como rey. Señala el comienzo del período más importante de la fe cristiana que culmina con la Resurrección en Pascua.

Estas son algunas de sus enseñanzas, principio y fundamento de la civilización cristiana, la nuestra, porque la historia no se puede cambiar, por más que a algunos les gustaría hacerlo. Y muchos estamos convencidos de la fecundidad de tales raíces.