AUTOR: Juan Francisco Alcaraz Diaz, Comisario Principal ( Jubilado ) de la Policía Nacional.
Ni siquiera la institución de la Jefatura del Estado que encarna Su Majestad el Rey, se ve libre de las interferencias oportunistas de un Gobierno socialcomunista siempre atento a embarrar el campo de juego democrático cuando se trata de disimular sus carencias. Por supuesto que no es cuestión ahora de defender la figura y la actuación de Don Felipe VI porque sus acciones hablan por sí mismas y recogen el sentir de la inmensa mayoría de los españoles pero sí me preocupa que el Gabinete central, al que se le acaban excusas y barreras donde guarnecerse ante los numerosos problemas que le acechan, promueva un debate artificial y en absoluto deseado por la sociedad como es el de «Monarquía o República» en un intento de abrir nuevos campos de enfrentamiento entre los ciudadanos que alivien la angustiosa situación electoral del sanchismo que describen las encuestas privadas.
Con solo escuchar al ministro Óscar Puente que se ha erigido en el ariete socialista contra el resto del mundo, alardear de que el Gobierno izquierdista nunca actúa por intereses electorales ( sic ) pone de manifiesto hasta qué punto han perdido el sentido de la realidad y su alejamiento de la percepción del día a día de sus gobernados. Sí tiene razón el ministro Puente cuando afirma, corrigiendo a su compañera de gabinete Elma Saiz ( Ministra de Inclusión y Seguridad Social y Portavoz del Gobierno ) que la agenda del Rey la gestiona el Ejecutivo nacional y que, por lo tanto, una visita a Ceuta y Melilla está supeditada a los intereses del inquilino del Palacio de La Moncloa con lo que cabe preguntarse si la titular del Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones que había afirmado que el Gobierno nada tiene que ver con la agenda real, no ha acabado de entender el funcionamiento de una monarquía parlamentaria o, simplemente, trataba de quitarse de encima cualquier responsabilidad en la polémica sobre la visita de S.M. a la plaza de soberanía española.
Desde la experiencia acumulada sobre el devenir gubernamental me inclino por la segunda opción, entre otras razones porque la ministra Saiz también había afirmado que Don Felipe no había mostrado el menor interés, al menos, en lo que ella conocía, en llevar a cabo ese viaje, cuando los hechos demuestran lo contrario. No solo el Rey se posicionó públicamente el primer día de la invasión inmigratoria de Ceuta exigiendo la restauración de la legalidad conculcada y reafirmando la soberanía española sobre la ciudad autónoma sino que ante la negativa del Gobierno en coalición con los comunistas a autorizar el viaje a allí, recibió en una amplia y publicitada audiencia al presidente ceutí, Juan Jesús Vivas.
No deja de ser una anomalía política e institucional, otra más en este período sanchista tan delesznable de la vida pública española que la absoluta discreción, respeto a sus deberes y estricto cumplimiento del papel que le asigna la Constitución por parte del Jefe del Estado, que no tenga el mismo reflejo en la actitud del Ejecutivo autoetiquetado de progresista para con Su Majestad. El Rey hará lo que tenga que hacer, siempre desde el mayor interés para los ciudadanos y el mejor servicio a la Nación española. Lástima que no haya un Gobierno a su altura.

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha evitado la presencia del Rey de España, Felipe VI, para participar en el Consejo de Seguridad Nacional celebrado el pasado mes de agosto, 26 dias después de la invasión marroquí de Ceuta que pretendía ser un punto de inflexión ante la crisis inmigratoria que se había ocasionado. Lo cierto es que el Ejecutivo central cuenta con la potestad de invitar a Su Majestad a este tipo de reuniones y por eso esta vez no lo ha hecho a modo de respuesta por haber recibido a Juan Jesús Vivas en la residencia estival mallorquina.
Lo cierto es que Felipe VI y Doña Letizia tenían la agenda vacía esa semana. Las previsiones se conocen cada viernes y en la página electrónica de la institución real no existía ninguna actividad de cara a la última semana de agosto. Es habitual que si se produce la presencia del Monarca, el evento se realice en el Palacio de La Zarzuela. La excepción son «circunstancias especiales» como ocurrió con el apagón eléctrico que se produjo en España el 25 de abril del pasado año y que aún está pendiente de esclarecer. El objetivo de la reunión interdepartamental era certificar la creacción de un mando único que se hiciera cargo de resolver los efectos de la invasión de Ceuta. Este movimiento generaba un precedente inverso al ocurrido con el corte de luz a nivel nacional.
La ministra de Migraciones y portavoz del Gobierno, Elma Saíz, negó que el Monarca hubiera transmitido su deseo de acudir a Ceuta. Hasta en cuatro ocasiones remarcó que «no le constaba». Desde el Gobierno autonómico de Ceuta estuvieron presionando para que Su Majestad acudiera el 2 de septiembre, día de la ciudad autónoma. Pese a no haber acudido al territorio caballa, el Monarca conversó con el presidente ceutí, el popular, Juan Jesús Vivas, «manteniendo su papel institucional»
Fuera del plantón al Rey en la reunión que comenzó a primera hora de la mañana, el Gobierno ya deslizó un debate sobre la viabilidad de la Monarquía para movilizar a los votantes prorrepublicanos comunistas de los grupos políticos afines, Podemos o Sumar. El más duro fue -como era de esperar- el ministro de Transportes, Óscar Puente. En la red social X se ha convertido en el ‘azote’ de la oposición política a nivel nacional y ha superado una nueva línea roja en el periodo estival.

En contestación al saludo entre el periodista Javier Negre ( muy discutido en el sector profesional ) y Su Majestad, Felipe VI que coincidieron en un viaje institucional en Colombia y a un mensaje que reclamaba el regreso de la República, acusó al Rey Felipe VI de convertir este espacio en una «absoluta ignominia». Pocos dias después y sin rectificar, remarcó su crítica a un saludo informal. «El Rey es un símbolo y no es inocuo junto a quien se fotografía o a quien saluda en un contexto que no es protocolario… La imagen del sujeto con el que se fotografía se limpia», señaló con un mensaje en las plataformas digitales.
Ya a nivel legislativo y con el apoyo de sus socios comunistas, el Gobierno sanchista ha presentado varias propuestas normativas para despenalizar la figura del delito de injurias a la Corona y así S. M. pueda ser objeto de chanza y chiste impunemente por la jauría de cachorros revolucionarios de biblioteca que apoyan a Sánchez. Lo cierto es que, por el momento, el líder de los socialistas no ha agendado la nueva iniciativa ante un final de legislatura que amenaza con diversos vaivenes y un resultado incierto.
Pedro Sánchez ha decidido estratégicamente que la Corona tampoco quede fuera de la batalla política. El paso tiene más trascendencia de la que puede aparentar porque no estamos ante una discrepancia sobre Felipe VI, ni ante el viejo debate entre Monarquía y República sino ante un presidente del Gobierno que introduce al jefe del Estado en el terreno de la responsabilidad política precisamente cuando su propio Gobierno atraviesa uno de sus momentos de mayor debilidad y cuando él mismo parece haber perdido buena parte de aquella capacidad para controlar los tiempos y elegir las batallas que durante años fue su principal fortaleza.
El movimiento resulta todavía más grave porque no es un episodio aislado. El PSOE de Sánchez empieza a modificar la relación que el partido mantuvo tradicionalmente con la Corona y a romper un equilibrio que todos los presidentes socialistas habían preservado desde la Transición Política. Los socialistas nunca escondieron sus raíces republicanas pero cuando gobernaron entendieron que la Jefatura del Estado no podía convertirse en un instrumento de la confrontación partidista. Felipe González y José Luis Rodríguez Zapatero asumieron que gobernar también significaba proteger instituciones que no necesariamente formaban parte de su tradición ideológica.

Sánchez había mantenido hasta ahora, con tensiones y contradicciones, ese mismo principio. Incluso cuando ministros de Podemos atacaron a Felipe VI durante la pasada legislatura, el PSOE trató de diferenciarse de ellos y reivindicó su compromiso con la Monarquía parlamentaria. La diferencia es sustancial: entonces eran los socios del Gobierno quienes cuestionaban al Rey; ahora es el propio Presidente quien lo coloca bajo el foco.