Aunque las funciones básicas de la actividad policial siguen siendo las mismas, el mundo en el que trabaja ha cambiado significativamente. Mantener la convivencia pública, proteger la vida y la propiedad de las personas y hacer cumplir la ley, son responsabilidades clásicas que se enfrentan ahora a nuevos retos como son las expectativas de los ciudadanos que cada vez son más altas, la creciente complejidad de la delincuencia y las graves limitaciones presupuestarias.
La Policía, no solo debe de hacer frente a estos desafíos sino que también tiene que estar dispuesta a hacerlos adoptando los cambios organizativos, operativos y tecnológicos necesarios. Es decir, adaptando los métodos de trabajo a los tiempos que corren. Comprender las variaciones sociales que pueden afectar a la Policía es clave para poder prestar el servicio necesario.
Hay tres grandes tendencias que están marcando en la actualidad la orientación de la actividad policial. La primera sería que los ciudadanos tienen esperanzas cada vez más altas en lo que se refiere a prevención de la delincuencia; actuación en caso de emergencia; atención al ciudadano; presencia en la calle y participación de la población en la función policial porque los ciudadanos no se quieren quedar al margen y piden ser tratados como clientes como en las empresas del sector privado.

La segunda se debe a que como la criminalidad está cada vez más organizada y globalizada, ha entrado en el mundo digital y utiliza redes complejas. Los delincuentes no solo son más ràpidos que la Policía sino que además es frecuente que cuenten con tecnologías más avanzadas. Los estudios más recientes del mundo occidental indican que el crimen organizado ha crecido casi un 130% en los últimos diez años y se ha internacionalizado de manera considerable, lo que dificulta los métodos tradicionales de detección e investigación de los delitos.
Y la tercera, sería la habitual escasez presupuestaria que obliga a hacer más con menos y no salir nunca de la precariedad. La Policía siempre va detrás del delincuente y parece ser su destino que no hay manera de modificarlo. La pasada crisis económica obligó a una reducción de costes de la que aún no se ha salido.
Aunque no exista ninguna varita mágica que resuelva todos los problemas, sí se puede hacer alguna reflexión que ayude a facilitar el proceso de transformación necesario. Se podría empezar por intentar buscar una mayor implicación de la sociedad. La Policía tiene que aprovechar tantos canales como sea posible para buscar formas de comunicación con los ciudadanos y que además sean novedosas, dinámicas, personalizadas y rentables.

La participación ciudadana debe de tener como escenario a internet y las redes sociales sin olvidar el contacto directo con lo distintos agentes sociales. Debe de ser una relación basada en la confianza. Las redes sociales pueden cambiar las relaciones con la gente porque facilitan el diálogo y hacen que el ciudadano se sienta más implicado. También la comunicación directa hace llegar mejor el mensaje y se evita que nadie lo pueda tergiversar.
Se podría seguir mejorando el acceso de los agentes a la información que necesitan para su actividad policial. Las actuaciones diarias necesitan una conexión profesional ràpida y precisa. Los distintos bancos de datos de la organización a veces no bastan para resolver la consulta necesaria y así no se puede aumentar la eficacia porque no hay interoperatividad con otros organismos de la administración. La tecnología móvil permite un mayor despliegue de los efectivos policiales en la calle y dar una mayor seguridad a la población.
También, hay que optimizar los métodos de trabajo porque las nuevas técnicas pueden contribuir a reducir los costes de los servicios policiales y elevar los niveles de eficacia y velocidad de respuesta tanto ahora como cara al futuro. Si la Policía tiene acceso a la información en poder de otros organismos oficiales y que resulte necesaria para su labor ordinaria, le permitiría concentrar sus recursos en las tareas prioritarias.

Cuando se consiga de manera plena las distintas herramientas informáticas que permitan un servicio integral de gestión operativa que automatice la conexión de las denuncias o requerimientos ciudadanos con su tratamiento operativo y la posible interconexión con otros cuerpos policiales o judiciales, se lograría una importante reducción del tiempo que hay que dedicar a las tareas administrativas.
Es necesario usar la analítica para predecir y mejorar los servicios. Este proceso forma parte de una nueva oleada de tecnologías en las que se basa la inteligencia en tiempo real. Estas ciencias permiten usar datos de calidad y procesos razonados automatizados para optimizar las investigaciones y aumentar la eficacia en la lucha contra la delincuencia.
Y por último, hay que fomentar más la colaboración entre los diversos Cuerpos Policiales tanto nacionales como extranjeros. También con la justicia, agentes sociales y organizaciones públicas y privadas.

Todos los cambios necesarios hay que gestionarlos de manera proactiva. Esa responsabilidad compete a todos los directivos y mandos intermedios policiales que sean capaces de hacer esa realidad de manera eficaz, tanto ahora como en el futuro. Para ello tienen que crear un ambiente laboral propicio a los cambios y combatir las lógicas y habituales resistencias a los mismos porque si no es así, estas transformaciones no van a ser posibles si no se comprende adecuadamente la naturaleza cambiante del entorno en el que se trabaja. Los responsables policiales deben saber administrar bien los riesgos que hay que correr, los cambios a gestionar y sobre todo las herramientas informáticas que hay disponibles.
La Policía, tiene que ofrecer a sus clientes que son los ciudadanos un servicio completo, muy conectado y capaz de hacer frente a los retos actuales e ir previniendo los futuros. Con un sistema integrado de colaboración que ofrezca todas las acciones que permita la técnica para que las actuaciones policiales al estar mejor preparadas se traducirán en una mayor implicación de la sociedad y en mejores resultados. El combate contra a criminalidad no termina nunca pero hay que hacerlo adaptándose a la realidad del mundo al que sirve.




































