AUTOR: Juan Francisco Alcaraz Diaz, Comisario Principal ( Jubilado ) de la Policía Nacional.
Está por ver si lo de calentar las calles tiene algún rédito electoral y si el posible beneficiado final de algo relacionado directamente con la inseguridad no es precisamente un partido de izquierdas sino todo lo contrario, a mayor regocijo de quienes siguen contemplando futuros beneficios en eso de potenciar a la derecha contigua del PP.
No es necesario asomarse a Francia para colegir que, como en el país vecino, aquí en España y con la piel irritada por la precampaña electoral más frentista de nuestra historia reciente, bajo la punta del iceberg de legítimas reivindicaciones sociales se esconde la repugnante ponzoña, no solo de la utilización partidista de esas peticiones sino algo mucho más inquietante, como es la instauración de una violencia claramente organizada y encaminada a poner en jaque al propio sistema, minando la clave de bóveda que supone el imperio de la ley.
En mis tiempos jóvenes, los fundadores de los sindicatos Comisiones Obreras ( CC.OO ) y Unión General de Trabajadores ( UGT ) no sabían lo que eran las redes sociales porque no existían; de hecho, sus convocatorias llegaban desde el boca a boca y el cartel clandestino en la lucha contra el autoritarismo pero de haber levantado la cabeza aquellos líderes históricos, solo se habrían vuelto hacia sus tumbas tras haber corrido a gorrazos a quienes desde este actual sindicalismo de «clase», sumido ya en el verticalismo adocenado por la subvención animaron -hace ya más de un mes- a participar en un escrache (protesta ) contra la Presidenta de la comunidad madrileña.
El Gobierno de Díaz Ayuso, además de primerísima piedra desde hace años en el zapato sanchista, es hoy el principal objetivo de una izquierda indigente de ideas que pretende la toma de las calles como quien asalta los cuarteles de invierno en su adaptación política marxista, arrogándose una supuesta «mayoría social» que en términos reales solo cosecha descalabros en las urnas.
El amenazante «no habrá paz para Madrid» esgrimido por la portavoz de Más Madrid en la Asamblea Regional , Manuela Bergerot Uncal, lleva semanas sonando a algo más que mera alharaca parlamentaria; más bien se brinda como toda una tarjeta de visita para el periodo que aguarda hasta las elecciones generales del 29 de noviembre y los comicios autonómicos y municipales de mayo próximo.
El ejemplo francés es meridiano: la extrema izquierda asaltando las calles ante el vaticinio de un posible éxito electoral de la extrema derecha en los comicios de 2027; si a ello se suma la bomba de relojería (estallando ya en Francia) de la inmigración masiva, nos encontramos ante una obligada reválida para el próximo gobierno de España.

La sede sanchista del Palacio de La Moncloa necesita la tensión en la calle, «no habrá paz», para situar a Santiago Abascal en el centro de la campaña. «Es la única manera de que Sánchez pueda ganar a Feijóo», sostienen desde el partido socialista. Delegados del Gobierno, los «cachorros» del partido, sindicatos, asociaciones civiles próximas y hasta las redes digitales están puestas al servicio de la causa en una coordinación implícita y, en algunos casos, completamente ordenada.
Todo esto forma parte de una estrategia bien planificada. Esta ofensiva preocupa en distintas sucursales provinciales socialistas ante el riesgo de que la creciente tensión se les vaya de las manos como ya parece que ha ocurrido con la aparición de ese enigma llamado Blocus,
Los ataques a la policía registrados el pasado día 21 de octubre en La Coruña y después también en Avilés ( Asturias ), durante las visitas de Santiago Abascal, son la imagen de hacia donde se quiere llevar la campaña. Las Juventudes Socialistas participaron en la protesta contra el presidente de Vox junto a Galiza Nova, la organización juvenil del Bloque Nacionalista Gallego ( BNG), sindicatos estudiantiles y grupos vinculados a la defensa de la vivienda asequible.
La concentración reunió a miles de jóvenes encapuchados en la plaza de María Pita contrarios, donde también se había convocado el acto de Abascal: la inoportuna coincidencia fue autorizada por la Delegación del Gobierno con el riesgo que eso conllevaba. La jornada terminó como era presumible con enfrentamientos entre manifestantes y policías, dos detenidos y 12 policías heridos en La Coruña.
La intervención de los jóvenes socialistas constituye uno de los elementos políticos más relevantes de lo sucedido, ya que acudieron a la plaza una hora antes de la comparecencia de Abascal, entre consignas de rechazo a Vox y contribuyeron al movimiento para «calentar» el ambiente. Iban vestidos con capuchas y pasamontañas cubriendo su rostro para evitar su posible identificación, lo que delataba cuales eran sus intenciones.
Las Juventudes Socialistas no son un satélite menor sino una pieza muy importante en la estructura política del PSOE. Su implantación territorial, su presencia entre estudiantes y jóvenes simpatizantes y su capacidad para participar en campañas y actos públicos, las convierten en un instrumento de movilización generacional y son también una cantera de futuros dirigentes y cargos institucionales.
La importancia de su presencia en las protestas contra Vox no reside únicamente en el número de militantes que puedan aportar. Su participación introduce a una organización vinculada al PSOE en movilizaciones que, en ocasiones, comparten espacio con otros grupos situados más a la izquierda del partido y con organizaciones nacionalistas e independentistas.

La preocupación expresada por numerosos militantes socialistas se centra precisamente en las consecuencias políticas de esa convivencia entre distintas formas de movilización. «El partido puede decidir la participación de sus militantes, pero no controla el comportamiento de todas las agrupaciones que coinciden en una concentración.
La presencia de grupos violentos puede terminar alterando por completo el significado de una protesta y desplazar el protagonismo desde las reivindicaciones hacia los disturbios», reflexionan en las distintas federaciónes regionales.
El segundo gran instrumento de movilización se encuentra en el ámbito digital. El PSOE lleva tiempo reforzando su presencia en las plataformas sociales y tratando de disputar a Vox el espacio de la comunicación política dirigida a los jóvenes. El partido socialista ha identificado las plataformas Instagram y TikTok como escenarios importantes de esa competencia sin abandonar su actividad en X.
Esta infraestructura tiene una utilidad especial en una campaña marcada por la confrontación. Una protesta local puede convertirse rápidamente en un asunto nacional mediante vídeos, fotografías, declaraciones y denuncias cruzadas. Las imágenes de La Coruña confirman este de modo de operar: una comparecencia de Abascal que inicialmente tenía carácter local, terminó ocupando la conversación política por los enfrentamientos posteriores. El aparato de agitación y propaganda del Palacio de La Moncloa lo sabe, y tiene a este «ejército» digital en marcha.
La maquinaria del PSOE dispone, además, de una extensa implantación geográfica que el Palacio de la Moncloa también pretende aprovechar. En el centro de la polémica están ya las Delegaciones del Gobierno, cuyos responsables son nombrados por el Ejecutivo. Los episodios de La Coruña han situado bajo sospecha la gestión de las concentraciones enfrentadas que fueron autorizadas y que terminaron en altercados que eran previsibles.

Y, por supuesto, en esta estructura satélite que participa de la planeada ofensiva en la calle, tienen su papel CC.OO, UGT y el resto de las organizaciones sindicales. También asociaciones estudiantiles, colectivos de vivienda, organizaciones feministas y algunas entidades antirracistas, por ejemplo, que también tienen reservado su cometido en las protestas.
El trasfondo de toda esta movilización es la disputa electoral. La militancia socialista en general sostiene que Sánchez necesita modificar el eje de la campaña para debilitar todo lo posible a Feijóo y Vox es un instrumento necesario para conseguirlo. «Situar a Vox en el centro de un escenario de conflictividad le da protagonismo y enfada todavía más al electorado de la derecha».
Cuanta más tensión, mejor para Abascal, y peor para Feijóo», sentencia un diputado socialista que ya anda haciendo campaña en su circunscripción. «La presencia constante de Vox condiciona también el debate dentro de la derecha. Cada polémica relacionada con Abascal abre interrogantes sobre la posición de Feijóo, su relación con Vox y las condiciones de posibles entendimientos parlamentarios o de gobierno» como se acaba de ver en las candidaturas al Senado, añade un interlocutor socialista con cargo en una provincia.
Pero la confrontación puede producir consecuencias diferentes a las buscadas. La experiencia de otros países demuestra que las movilizaciones contra partidos de derecha radical no tienen un efecto electoral uniforme. En algunos casos, han contribuido a reducir su respaldo; en otros, han reforzado la identificación de sus seguidores con el partido. La violencia introduce, asimismo, un elemento de incertidumbre que dificulta cualquier cálculo electoral.

Ese es el riesgo que preocupa a distintas organizaciones territoriales socialistas que están ya en precampaña para sus elecciones de mayo. «Estas cosas se sabe cómo empiezan, pero no cómo terminan, ni contra quién», sentencia un diputado autonómico.