¡ QUÉ PENA QUE NO HAYA UN GOBIERNO SANCHISTA A LA ALTURA DE S. M. EL REY ! ( 3 ): SÁNCHEZ NO ACOMPAÑARÁ AL REY EN LAS VISITAS A CEUTA Y MELILLA.

AUTOR: Juan Francisco Alcaraz Diaz, Comisario Principal ( Jubilado ) de la Policía Nacional.

El viaje del Rey a Ceuta y Melilla se ha convertido en una operación de alta precisión diplomática. El Palacio de La Moncloa, sede presidencial, trabaja desde hace semanas para medir al milímetro los detalles de una visita cargada de simbolismo y con un objetivo fundamental: que el gesto de apoyo de Felipe VI a las dos ciudades autónomas españolas no provoque un enfrentamiento abierto con Marruecos en uno de los momentos más tensos en las relaciones entre ambos países.

Parece que el Gobierno socialcomunista de Sánchez quiere extremar las precauciones para evitar cualquier elemento que Marruecos pueda interpretar como una provocación. La composición de la delegación española será uno de ellos. Hasta el momento, lo más probable, es que Pedro Sánchez no acompañe al Rey y mande en su lugar a un ministro o un secretario de Estado aunque la configuración definitiva del viaje todavía no está cerrada.

El Gobierno sanchista evita adelantar acontecimientos y por eso no quieren anticipar ningún detalle sobre la visita, ni sobre quién acompañará al jefe del Estado. Aunque sí descartan que el desplazamiento vaya a deteriorar las relaciones bilaterales. «Seguro que no» dicen porque se trata de territorio español. No tiene por qué haber problemas» afirman tan ingenuamente y con el buenismo habitual con que tratan a Marruecos.

La cautela contrasta con la velocidad con la que Sánchez ha ido anticipando públicamente los movimientos del Rey durante los últimos días. El Presidente abrió el debate en una entrevista radiofónica en una emisora amiga cuando aseguró que existían «argumentos y razones suficientes» para que Felipe VI visitara «por fin» Ceuta y Melilla. Sánchez llegó a afirmar que eso era lo que había compartido con el Jefe del Estado y «lo que se va a hacer», aunque condicionó inicialmente el desplazamiento a que se dieran las circunstancias adecuadas. Cabe apuntar que Marruecos celebró elecciones legislativas el pasado 23 de septiembre y por eso se ha ido posponiendo todo.. Esas palabras del Jefe del Gobierno provocaron inmediatamente ruido entre la Moncloa y la Zarzuela.

El Gobierno en alianza con los comunistas tuvo que negar después que hubiera reprochado al Rey no haber viajado anteriormente a las ciudades autónomas y aseguró que las relaciones con la Casa Real eran «buenas».

Sánchez volvió a dar un paso más tres dias después. Esta vez desde la tribuna del Congreso de los Diputados y poniendo incluso un horizonte temporal. Después de recordar que habían transcurrido casi 20 años desde la última visita de un jefe del Estado, anunció que Felipe VI viajaría a Ceuta y Melilla «en las próximas semanas» para transmitir «el compromiso absoluto del Estado» con ambas ciudades españolas.

La sede real del Palacio de La Zarzuela guarda silencio cuando se pregunta expresamente si la Casa del Rey consensuó con la sede presidencial de La Moncloa que Sánchez hiciera público ese plazo. No responde a la cuestión. Otras informaciones publicadas sostienen que la Casa Real habría sido informada previamente de que el Presidente anunciaría la visita aunque el viaje continúa sin fecha cerrada, ni una organización definitiva.

Ese matiz resulta relevante después de varios días de versiones cruzadas. La visita se ha convertido en un asunto extraordinariamente sensible porque el Rey no ha viajado oficialmente a Ceuta, ni a Melilla desde su proclamación en el año 2014 y porque cualquier movimiento de la Corona en las dos ciudades es observado con lupa por Marruecos. En el Gobierno izquierdista sentó mal que se difundiera desde Casa Real las ganas del Rey de viajar a las dos ciudades autónomas porque entienden que trasladó una presión «innecesaria» sobre el Presidente que se la terminó devolviendo.

La invasión inmigratoria ha añadido todavía más combustible. Marruecos mantiene sus reivindicaciones territoriales sobre ambas ciudades y los asaltos masivos del 30 y 31 de julio pasado, han puesto a prueba las relaciones bilaterales como nunca antes había ocurrido desde la invasión del islote de Perejil, el 11 de julio de 2.002, gobernando José María Aznar. El Gobierno central evita responsabilizar directamente a las autoridades marroquíes del actual asalto fronterizo mientras la investigación policial ha descrito la actuación de sus fuerzas de seguridad que fue, como mínimo, permisiva. por un lado y organizativa por otro.

Felipe VI se desplazará a las dos ciudades españolas para enviar un mensaje institucional de respaldo. Pero Sánchez pretende que ese mensaje no se convierta al mismo tiempo en una escalada diplomática. «El viaje del Rey puede ser crucial para levantar Marruecos», se advierte desde la seguridad del Estado. La última visita de un Rey a Ceuta y Melilla se produjo los días 5 y 6 de noviembre de 2007 y corrrespondió a los padres del actual monarca, los Reyes Juan Carlos I y Sofía

El Rey padre, trasladó a José Luis Rodríguez Zapatero su deseo de realizar aquel viaje antes de terminar su reinado y el Gobierno terminó dando cobertura política al desplazamiento. La operación se preparó con enorme discreción y sólo fue anunciada cinco días antes. El entonces ministro de Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, informó personalmente a su homólogo marroquí antes de que Madrid diera luz verde al anuncio de la visita.

Pero Juan Carlos I y Sofía viajaron a Ceuta y Melilla sin Zapatero como Presidente del Gobierno. Aunque sí les acompañó la entonces ministra de Administraciones Públicas, Elena Salgado. Marruecos calificó el viaje de «provocación inadmisible», llamó a consultas a su embajador en Madrid y suspendió algunas reuniones bilaterales de alto nivel.

Aquella visita fue diseñada para limitar la confrontación: los discursos de Juan Carlos I evitaron redundar en la españolidad de aquellas ciudades porque su presencia ya enviaba ese mensaje. Casi dos décadas después, la historia amenaza con repetirse en un contexto mucho más delicado.

Felipe VI llegará a Ceuta y Melilla después de la mayor crisis fronteriza sufrida por España en su historia, en pleno debate sobre el papel que jugó Marruecos en la misma y después de que miembros del Gobierno alauí hayan vuelto a cuestionar la soberanía española sobre las dos ciudades. España entera estará pendiente de ese viaje, nos hallaremos ante la primera decisión política de calado con un profundo sentido estratégico que habrá tomado el Ejecutivo español desde el inicio de la invasión territorial desatada por Marruecos.

Ciertamente, la presencia del jefe del Estado en estas ciudades españolas será un mensaje claro y diáfano dirigido a Marruecos de la voluntad de mantener la españolidad de ambas poblaciones «hasta el fin de los tiempos», por utilizar los mismos términos del inquilino de La Moncloa en su última comparecencia parlamentaria pero, también, obligará al Gobierno sanchista a desplegar una batería de medidas de seguridad, económicas y de política exterior lo suficientemente preparadas para neutralizar la previsible reacción hostil del Ejecutivo marroquí en un momento, precisamente, en el que los problemas internos del reino alauí, con una fuerte carga social, no dejan de agudizarse y propician la búsqueda del conflicto exterior como cortina de humo.

Finalmente, el viaje real pondrá término a las polémicas interesadas sobre el papel de la monarquía parlamentaria en la España de hoy y cumplirá los deseos de Don Felipe VI que desde los primeros momentos de la invasión marroquí de Ceuta se hizo cargo de la gravedad de la misma: del desafío que suponía para la integridad territorial de España y para la seguridad de la población de Ceuta y actuó en consecuencia dentro de las atribuciones que le concede la Constitución, recibiendo en el Palacio de Marivent en Mallorca al presidente ceutí, Juan Jesús Vivas Lara, en audiencia pública.

Salvo desde la cerrazón ideológica más pedestre, es imposible negar que la voluntad de Su Majestad era llevar a cabo ese viaje oficial, es decir, con el necesario refrendo del Gobierno, que de esta forma se hace responsable político de la decisión de la Corona y, por lo tanto, asume las consecuencias diplomáticas de la misma y bajo cuya responsabilidad se establecerá la agenda oficial del Monarca que puede incluir encuentros con los mandos del Ejército y pases de revista a las unidades militares allí desplegadas y se dispondrán las correspondientes medidas de seguridad.

Sería conveniente para reforzar el mensaje de firmeza que se pretende enviar a Marruecos que el Presidente del Gobierno acompañara a Su Majestad en el viaje oficial, al menos, a Ceuta, aunque mucho me temo que Pedro Sánchez decline la ocasión por razones que, francamente, se nos hacen difíciles de entender por el miedo insuperable que tiene a sus represalias. Pero, en cualquier caso, la presencia del Rey en Ceuta y Melilla, que será la primera visita de un jefe del Estado español en los últimos veinte años, se ha vuelto imprescindible para la defensa de los intereses nacionales, por un lado, y, también, como la mejor demostración de que la sociedad española está mayoritariamente volcada con sus conciudadanos de las dos ciudades autónomas y dispuesta a secundar todas las medidas de apoyo y solidaridad que sean necesarias. En este propósito, la figura de Su Majestad es la mejor garantía de que los españoles que viven en la otra orilla del Mediterráneo no están solos.

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