LA «NUEVA IZQUIERDA» QUE PEDRO SÁNCHEZ ESTÁ INSTAURANDO EN ESPAÑA.

De la manera que el sanchismo está gobernando el destino de España cada día y de acuerdo con las decisiones que adopta, se aleja más de los valores tradicionales que el Partido Socialista Obrero Español ( PSOE ) ha tenido hasta la llegada de Pedro Sánchez a la secretaría general del mismo. Esta izquierda parece empeñada en defender lo indefendible. Cuando no, abierta y explícitamente, mediante el uso sibilino de la contrariedad.

Del comunismo al anticapitalismo; del antisemitismo al terrorismo; de la censura al elogio. Cada vez más alejada de la razón crítica y la ilustración más cercana a un conocimiento mágico con aspiraciones de pensamiento único. Esta izquierda iracunda y cabreada sigue inmersa en su deriva reaccionaria. Y en esa defensa de ciertas causas, con falsedades incluso, que parecen alejadas del sentido común pero amparadas por una suerte de halo moral indiscutible, todo el que no las defienda es miserable y desinformado.

¿ Cuál es la razón de esta actitud ?.; ¿ Por qué dista tanto de su ideal originario ?; ¿ Por qué cada vez más intelectuales de izquierda se sientes alejados de esta Nueva Izquierda que no los representa ?:

Sobre eso, esa suerte de neocomunismo actual para quien la mentira es un arma lícita porque dicen persigue el bien, porque esa persecución de la properidad que ellos dictaminan es la única postura moralmente aceptable. Se trata en realidad de una vuelta al mesianismo dictatorial comunista clásico pero sin partidos comunistas que lo encaucen. Enarbolan la bandera colectiva, la bondad intrínseca de lo público y el control progresivo de la vida social por parte del Estado.

Su mensaje es siempre el de la igualdad pero nunca el de la libertad; tampoco la creación de la riqueza, siempre su distribución; jamás el esfuerzo y la excelencia sino el igualitarismo. Siguen esgrimiendo el mensaje original de edificar la comunidad entre la población por la justicia social; del odio a la riqueza individual y a la iniciativa privada porque son la fuente de la desigualdad.

Y lo hacen y lo siguen haciendo pese a que el comunismo político se ha desvelado como la tiranía más odiosa de la Historia. Y ello son los profetas únicos a quienes está todo permitido pues son los que continúan viendo el futuro colectivo por encima de este mundo de pecadores individualistas y obrando en pro de ello. Y ese mesianismo autoadjudicado por irreprochable moralidad les lleva a exhibir un antisemitismo desacomplejado.

Capaces por algún tipo de encantamiento, superpoder o desfachatez, de defender al mismo tiempo causas que colisionan entre ellas por incompatibilidad bilógica sin inmutarse siquiera. Y de pretender que nadie pueda discrepar o manifestarse en contra. Eso sí, siempre anticapitalistas, ignorando -no se sabe si conscientemente o por desconocimiento- que fue precisamente el capitalismo el que permitió a España pasar en apenas dos generaciones de una economía de subsistencia a un estado de bienestar que por cierto, ahora todos nosotros disfrutamos.

En ese anticapitalismo hay algo casi religioso, aparte del desconocimiento más básico de algo tan complejo como es la economía. En la religión clásica es el demonio la expresión típica del mal y en esta especie de religión ideológica lo es el capitalismo. Su existencia sirve para explicar que ocurran todos los males imaginables: la desigualdad, las guerras, el cambio climático, el machismo, el fascismo, el racismo…Aunque la evidencia es que hay menos guerras, menos desigualdad y más justicia social en un sistema capitalista.

Esta tendencia de ciertas ideologías hacia posturas populistas que tienden a dar explicaciones y soluciones simples a problemas o situaciones complejas y a instrumentalizar causas justísimas hasta distorsionarlas y convertirlas en grotescas; que nos tratan como interlocutores párvulos en lugar de como adultos y que encuentran en ciertos sectores un público entregado parece encontrar su origen en una fenomenología actual.

Al respecto de esta predisposición social se podrían señalar las siguientes causas: la complejidad de los problemas globales que afectan a los aspectos de la vida en común ( trabajo, economía, religión, cultura…); la dificultad de los ciudadanos para tomar decisiones informadas debido a la distorsión de la información y la disminución de la contribución de las escuelas públicas a la formación de ciudadanos dotados de conocimiento y espíritu crítico; la competencia electoral que al volverse más onerosa para los candidatos favorece la elección de grupos y personas adineradas poco sensibles a la realización del ideal democrático y que los gobernantes tienden a mantener el poder sin abolir el método democrático sino contrastando la división, la independencia y el equilibrio de poderes, exacerbando la personalización de la política y del propio gobierno a través del control de los medios de información que limitan en lo efectivo la libre elección de gobernantes por parte de los gobernados y que acaba provocando la abstención de masas que han perdido la fe en la democracia representativa.

Y ahí encontrarían esos populismos, usurpadores semánticos que pretenden designar un ideal cuando lo que señalan es un método, el caldo de cultivo ideal para enraizar sus consignas sembrando una discordia y una polarización en la que ellos encarnan el bien -aún defendiendo lo indefendible- y todos los demás el puro mal. Sin embargo, olvidan en su defensa, eso sí, el pluralismo como valor constituyente de cualquier democracia moderna.

Y este implica reconocer las diferencias de criterio y de opinión de todos. A partir de ahí es cuando debemos decidir en qué cosas hay que ponerse de acuerdo. Ese pluralismo es la mayor riqueza democrática.

4 comentarios sobre “LA «NUEVA IZQUIERDA» QUE PEDRO SÁNCHEZ ESTÁ INSTAURANDO EN ESPAÑA.

  1. Ya decía Lenin que «la mentira es un arma revolucionaria» y se ve que tuvo fieles discípulos.

    En el fondo, no se trata de planteamientos de izquierda o derecha, aunque se use un lenguaje de izquierdas. Se trata simplemente de conseguir el poder para después monopolizarlo, tal y como ocurre en Cuba, Venezuela o Corea del Norte, pongamos por caso.

    ¿En alguno de esos países la población vive en unos estándares comparables a los regímenes democráticos? Pues ya sabemos lo que nos espera si consiguen su propósito.

    Lo que llaman «progresismo» es simple palabrería y «construir muros» para arrinconar a la población que no es afecta al régimen.

    Me gusta

  2. Querido amigo Alcaraz. Después de leer detenidamente tu artículo, no tengo más remedio de preguntarme: ¿Cómo es posible que exista todavía gente que confíe en el PSOE y le siga votando fielmente en las elecciones? Y la explicación es muy sencilla: Hay personas que inexorablemente están abocadas a votar al socialismo, aunque intelectualmente les repugne. El ejemplo, o los ejemplos, más elocuentes son los de Felipe González y Alfonso Guerra que, después de criticar lúcida y amargamente los desmanes de Pedro Sánchez, a la pregunta del periodista: Y Usted, ¿qué ha votado en las últimas elecciones? Ambos respondieron, sin que les temblara la voz: ¡Al PSOE!-

    Un abrazo, amigo.

    Me gusta

Replica a Antonio Ramírez Cancelar la respuesta

Este sitio utiliza Akismet para reducir el spam. Conoce cómo se procesan los datos de tus comentarios.