Si se echa un vistazo a la realidad en la que vive inmersa la sociedad española, se puede observar con total normalidad la capacidad que tienen los políticos de izquierdas para alterar con el lenguaje la sustancia de las cosas. Si se mira bien, es sorprendente lo que se está haciendo con los vínculos familiares creando figuras parentales con números progresivos: 1-2 y hasta 3, en lugar de padres y madres. O que no se considere ya a la familia fundada en vínculos familiares sino sobre relaciones efectivas. Lo que quiere decir que es la voluntad la que se convierte en arbitrio para autodeterminarse y elegir a los propios familiares en sustitución de la naturaleza que los genera.
Otro ejemplo sería lo que siempre se ha llamado útero de alquiler que no es más que arrendar una parte del cuerpo de una mujer extraña de la familia para tener un hijo y que ahora intentan camuflarlo como una gestación para otros. Se le cambia el nombre para tranquilizar al personal sobre un cambio de sustancia que en sí mismo no cambia ya que se sigue utilizando a la mujer como una simple incubadora.
Del mismo modo se trata a la eutanasia, un acto que provoca la muerte para suprimir el dolor o por otras motivaciones. Algo que constituye un homicidio gravemente contrario a la dignidad de las personas y que ahora se dulcifica con las expresiones buena muerte, muerte diga o muerte suave y tranquila. Se ofrece el fallecimiento en soledad -médicamente asistido- sin dar otra alternativa para aliviar el sufrimiento con cuidados paliativos, acompañando a esta persona en la última fase de su vida. No hay que olvidar que incurable no es lo mismo que incuidable.

Con el aborto sucede lo mismo, primero se le encuadra en lo que se denomina salud reproductiva, después se lo presenta como un derecho que debe tener toda mujer o adolescente que se quede embarazada. Se insiste en que no se puede negar a las mujeres la libertad de elegir si quieren continuar o no con la gestación de este nuevo ser.
Sin embargo, esta colonización ideológica que se traslada a las leyes, legaliza que haya seres humanos que no tengan derechos, permitiendo así matar al más débil e inocente. Injusta discriminación que además defienden los que no permiten que se les toque ni un pelo a los animales, enarbolando sus derechos a la vida, a la salud o la integridad física. Los animales para ellos son dignos de ser defendidos, estos seres humanos que se abren a la vida, no.
La perversión del lenguaje también llega por parte de los que quieren demostrar la bondad de la amnistía y no reconocen que se conceden por una corrupta compra de votos en el Congreso de los Diputados. Se trata de un ataque al Estado de Derecho que se hace sin razones jurídicas, haciendo una excepción arbitraria y descarada de la aplicación de la ley, mandando al olvido condenas firmes con delitos que atentan gravemente contra el corazón de la democracia, como son la sedición y la malversación del dinero público. E impidiendo que centenares de procedimientos judiciales puedan continuar su curso para sentar en el banquillo a sus autores por su deslealtad a la Constitución Española.

Es llamativo como los ministros del Gobierno social-comunista que dirige Pedro Sánchez teatralizan poniendo caras de circunstancias al expresar las excusas que justifican semejante atropello, repitiendo con total naturalidad que se debe apostar por la convivencia -aprobando la amnistía- para consolidar los avances logrados hasta ahora. Así como que también se trata de aparcar el odio y levantar un muro contra la extrema derecha.
Muchos españoles han aceptado este trágala, es especial en numerosos militantes y simpatizantes socialistas que han dejado de razonar y creerse a pie juntillas lo que diga ese gran manipulador que dirige los destinos de una fuerza política centenaria que utiliza para su propio beneficio sin importarle lo más mínimo el daño que está ocasionando a la organización y lo que costará recuperar su prestigio y buen nombre como un partido político de Estado.

La perversión constante del lenguaje es un arma política que en la mayoría de los casos lleva al sometimiento. Los españoles no se merecen seguir sufriéndolo.
































