Impresionaba ver la cara desencajada de Pedro Sánchez cuando abandonaba su escaño del Congreso de los Diputados, tras ver como era nuevamente humillado por la derrota de la ley de amnistía en la votación del Pleno, tumbada precisamente por sus beneficiarios. No era para menos. No entendía que después de desdecirse de todo lo que había dicho durante años; salte por encima de todas las líneas rojas que personalmente se había trazado; enfrentándose a jueces y magistrados por asumir el relato de los delincuentes; cargándose el principio constitucional de la igualdad de los españoles ante la ley; sean los propios amnistiables de una norma que rechaza la mayoría de los españoles los que la saboteen. En efecto, resulta desconcertante tanta ingratitud.
¿ Cuál ha sido la respuesta del Partido Socialista Obrero Español ( PSOE ) ante este enorme batacazo político ?. Ninguna, nada, cero porque el PSOE está muerto. Pedro Sánchez lo ha ido matando poco poco hasta transformarlo en sanchismo, el partido que defiende sus ideas y solo eso. Sus vestigios son una herramienta en sus manos a imagen y semejanza del populismo sudamericano. Al igual que aquellos, el sanchismo no necesita militantes porque solo admite vasallaje incondicional de los que le rodean.
Cuenta con las ministras del podemismo-plus, como es Sumar, cuya gestión transcurre entre declaraciones antisemitas o el apoyo entusiasta al nacionalismo reaccionario. Son coherentes con sus ideas a la vez que le hacen los recados como perfecto apéndice político. Otras pertenecen al sanchismo tranquilo de Emiliano García Page, Presidente de Castilla La Mancha. Su representante principal es una antigua magistrada del Tribunal Supremo que contando con la formación adecuada para comprender la gravedad de todo lo que se está haciendo y no hace nada para remediarlo.

Y es que el sanchismo nos arrastra a una autocracia en la que ni siquiera está garantizada la continuidad de España como ahora la conocemos. Su Gobierno, corre como pollo sin cabeza tratando de contentar a sus socios que al fin y al cabo lo mantienen en el poder. Una estampa que por lo reaccionario de sus objetivos y protagonistas, nos recuerda a unos caprichos en pleno siglo XXI pero sin un Goya que los pinte. Frente a la igualdad y a la justicia, privilegio y caridad.
Para contentar a los golpistas y terroristas sin arrepentir, Pedro Sánchez ha adaptado -apresuradamente- España a la imagen deformada que el separatismo ha propagado por el mundo con nuestro dinero: Un Estado sin separación de poderes, lleno de instituciones deterioradas y con una justicia politizada, como Turquía su ejemplo favorito. La erosión del Tribunal Constitucional, la disminución de controles, el asalto a la Fiscalía o incluso la inspección de Hacienda. Nada es ajeno a esta descomposición institucional que perpetra el sanchismo y que ha llegado hasta el Centro Nacional de Inteligencia ( CNI ).
Y es que el PSOE albergó sombras pero mantuvo ciertos límites que ha superado con la convicción que le aporta el haber asumido tanto el populismo de Podemos como los argumentos que asisten a los enemigos de España, rematados con la certeza de que la mentira es una herramienta cargada de investidura.

Este propósito destructivo cuenta con dos declaraciones claves. La primera fue cuando Sánchez aceptó sin matices en Nueva York, donde se encontraba por su participación en la Asamblea General de las Naciones Unidas en septiembre pasado, la perversa e irreal idea de que el golpe de Estado catalán fue un conflicto político que se ha judicializado. La segunda tuvo lugar en la Cumbre de Granada con ocasión de la reunión informal de Jefes de Estado o de Gobierno en octubre pasado y en el marco de la Presidencia Española del Consejo de la Unión Europea ( UE ) donde hizo suyas las razones separatistas para una amnistía delante de sus homólogos europeos, humillando en ese momento a cuantos sirvieron a España por defender todo lo contrario.
Lo siguiente parece que consistirá en reconocer al separatismo la ansiada categoría de minoría nacional para facilitar su autodeterminación, algo tan fantasioso como letal para España. Con razón los independentistas proclaman reiteradamente que la amnistía es solo un punto de partida. Pactar una consulta se hace innecesario si el Estado de Derecho hace aguas, a la vez que se generan estructuras paraestatales fuertemente financiadas que a la espera del primer reconocimiento internacional mantengan el control sobre su territorio y en detrimento de las necesidades de los restantes españoles. Solo le quedaría al Gobierno central las fuerzas armadas como garantes del orden constitucional y de la integridad territorial.
Para la mayoría de los españoles, Sánchez solo piensa en permanecer en el poder. Incluso él cree que le favorecería la probable demolición del régimen del 78. El PSOE, como todo difunto ilustre cuenta ya en su esquela con foto y leyenda. Junto con una fotografía con Bildu se puede leer que con ese partido ha mejorado la vida de los españoles. Seguro que la amnistía y la desintegración de España, la hará extraordinaria. Los alimentos han subido en 26% en dos años. Calma, solo es el principio.

Lo que se vio en el Congreso ha sido un punto de inflexión que muchos militantes socialistas sufren como una humillación gratuita que les deja a los pies de los caballos. Cargos autonómicos y provinciales del partido están padeciendo el peso de esta afrenta que añade más urgencia a la necesidad de dejar de frecuentar la calle y de disminuir su actividad social. No por miedo a altercados violentos, ni a los grupos de extrema derecha sino porque les da vergüenza defender entre sus conocidos y votantes lo que se está haciendo en Madrid.
Puigdemont ha conseguido hundir las siglas socialistas y que quienes tienen que defenderlas territorialmente se quiten de en medio -ahora que han perdido el coche oficial- porque no tienen un argumentario sólido con el que explicar lo que están viendo en la política nacional. Y eso que la sede central del partido no falla a la hora de hacer llegar diariamente su doctrina a la organización periférica y a los periodistas afines. Pero lo llamativo del caso es que en muchas ocasiones son los representantes de los medios próximos los que repiten con más convicción lo que se les dicta que los cuadros orgánicos del partido y los escasos cargos públicos que les quedan.










































