Nació en Belén de Judea, en la antigua Palestina que estaba bajo la ocupación del Imperio Romano. En un establo y un pesebre le sirvió de cuna donde dos animales, un buey y una mula, le daban calor. Unos pastores que dormían al raso en las cercanías con sus rebaños fueron los primeros en tener noticia de ello y acudir a visitarle. Cuarenta dias después, en brazos de su madre María, y a lomos de una borriquilla de la que tiraba su padre José, un humilde carpintero, la familia viajó a Jerusalén para la presentación del recién nacido en el Templo, cumpliendo así la ley de Moisés.
Días después, volvieron a Belén donde meses más tarde, unos reyes magos que llegaron de Oriente en una caravana de camellos guiados por una estrella, le rindieron homenaje y le entregaron tres regalos simbólicos: oro ( en reconocimiento de su realeza ), incienso ( en reconocimiento de su divinidad ) y mirra ( en reconocimiento de su naturaleza humana ). De allí, la familia huyó a Egipto por la noche para escapar del rey Herodes que perseguía al hijo del carpintero al sentirse amenazado porque los reyes venidos de Oriente le habían dicho que habían llegado a sus tierras buscando el nacimiento del rey de los judíos. Al marcharse estos sin informarle de lugar donde lo habían encontrado, Herodes, un rey nombrado por Roma, muy cruel y temido por su pueblo, se volvió paranoico ante la amenaza de perder su reinado y ordenó la Matanza de los Inocentes en la región de Belén ( todos los niños menores de dos años, siguiendo la cronología que le habían dicho lo reyes magos ).
Permanecieron en la tierra de los faraones unos cuatro años y cuando murió Herodes, pasado el peligro, volvieron a la tierra de Israel, y en Nazaret, un pequeño pueblo de la región de Galilea, pasó el niño la edad de la inocencia y su juventud. Aunque al principio habían planeado volver a Judea, el temor a Arquelao, el nuevo rey hijo de Herodes aunque menos sanguinario, llevó a José a cambiar de planes tras ser advertido en sueño del riesgo que podían correr . En Nazaret, la familia tuvo una existncia cotidiana y sencilla de trabajo y oración. El hijo del carpintero, lo llamaban, por la profesión del padre.Y Jesús el Galileo o Jesús el Nazareno lo llamarían más adelante. Cumpliendo así con las profecías bíblicas que decían que Jesús sería llamado nazareno.

Esta etapa de desarrollo ordinario del niño, estuvo marcada por el crecimiento en sabiduría, en estatura y en gracia para con Dios y los hombres, viviendo una vida oculta hasta los treinta años que fue cuando inició su ministerio público Eran una familia humilde con una existencia como una más del pueblo. Jesús, asistía a la escuela de la sinagoga para aprender a leer los textos sagrados y las leyes judías. Allí, mostraba un profundo entendimiento de las Escrituras y además, solía realizar la peregrinación anual a Jerusalén para celebrar la Pascua judía con su familia. A los doce años tuvo un episodio en el Templo. Los evangelios apócrifos cuentan historias fantásticas de Jesús en su niñez que no se consideran parte de la tradición bíblica confiable.
Fue una vez que ocurrió que Jesús se quedó en el Templo de Jerusalén, después de acabada la Pascua sin que sus padres lo supieran. Tras tres días de búsqueda, lo encontraron en el Templo sentado con los doctores de la ley, asombrándolos con sus preguntas que mostraban su sabiduría. Escuchaba y cuestionaba a los maestros y estos se maravillaban de su inteligencia. Al ser recriminado por su madre, Jesús le respondió que tenía que estar allí para defender a su Padre celestial, manifestando así la conciencia de su filiación divina. Regresaron los tres a Nazaret, manteniéndose Jesús sujeto a la autoridad terrenal, conciliando su obediencia humana y su misión de ser también hijo de Dios.
Cercana la treinta y siguiendo las indicaciones de su Padre divino, se retiró al desierto cercano a Jericó, esa zona árida y montañosa que se extendía desde el este de Jerusalén hasta el Mar Muerto, para prepararse espiritualmente, ayunar y orar antes de iniciar su etapa pública. Allí, fue tentado por el mal de los hombres ( el diablo ) al que venció fortaleciendo así la dependencia de su Padre, Dios. Ayunó durante cuarenta días y cuarenta noches en el desierto y allí, hambriento, respondió así al demonio tentador, hasta en tres ocasiones: «No solo de pan vive el hombre». Demostrando así su capacidad para vencer la tentación.

El significado del desierto se debe a que era visto como un lugar de soledad, oración y encuentro profundo con su Padre, separándose del mundo terrenal para enfocarse en la voluntad de Dios. El que en ese lugar de retiro permaneciera cuarenta dias se debe a lo que simbolizaba el número cuarenta en la tradición judía como un tiempo de preparación, cambio o prueba. Como los cuarenta años del pueblo de Israel en el desierto del Sinaí, tras salir de Egipto y antes de entrar en la Tierra Prometida ( Palestina ) o los cuarenta dias que duró el Diluvio Universal. Este período marcaba la transición de la vida privada de Jesús a su labor evangelizadora..
De nuevo en Galilea, tomó por discípulos a cuatro pescadores del lago Tiberíades ( Simón, al que luego llamó Pedro; su hermano Andrés, ambos hijos de Jonás ) y Santiago y Juan, ( hijos de Zebedeo ) que lo dejaron todo para seguirle, y lo mismo hicieron los otros ocho que se le unieron luego ( Felipe y Bartolomé; Tomás y Mateo, el recaudador de impuestos; Santiago,( hijo de Alfeo ) y Tadeo; Simón el cananeo y Judas Iscariote, el que lo traicionó,
Eran doce porque representaban a las doce tribus de Israel. Además el número doce era el resultado de multiplicar tres, el número perfecto para los judíos, por cuatro, número que alude a los cuatro puntos cardinales. En el mundo cristiano se les conoce como apóstoles, que viene del griego apostéllein, que significa enviar un mensaje. Es decir, fueron elegidos como apóstoles porque recibieron la misión de llevar la doctrina de Jesús a todo el mundo conocido, a todas las naciones, hasta el último rincón de la Tierra.

Comenzó entonces Jesús a predicar a las muchedumbres, y su fama se extendió por toda la región: «Bienaventurados los pobres, porque vuestro es el Reino de Dios», dijo en su primera aparición en público. Y sus vecinos de Nazaret, sorprendidos y admirados, comentaban entre sí: «¿Sabéis lo que dice Jesús, el hijo del carpintero? Que al que te abofetee en la mejilla derecha le presentes también la otra; que amemos a nuestros enemigos y oremos por los que nos persigan; que busquemos primero el Reino de Dios y su justicia, y todo lo demás se nos dará por añadidura; que no juzguemos, si no queremos ser juzgados; que perdonemos, y seremos perdonados…».
Dijo también después: «Venid a mí todos los que estáis fatigados y sobrecargados, y yo os daré descanso»; «Yo os aseguro: si no cambiáis y os hacéis como los niños, no entraréis en el Reino de los Cielos»; «Amarás a tu prójimo como a ti mismo». Y cuando Pedro le preguntó que cuántas veces tendría que perdonar las ofensas, él le contestó que hasta setenta veces siete; y al joven rico que quería saber el modo de alcanzar la vida eterna le aconsejó que vendiera todos sus bienes y se los diera a los pobres; y a sus discípulos les advirtió, poco antes de ser llevado ante Pilato, sobre cuál sería la vara de medir al final de los tiempos: haber dado de comer al que tenía hambre, y de beber al que tenía sed, y haber acogido al forastero, y haber vestido al desnudo, y haber visitado al enfermo y al que estaba en la cárcel.
Sucedió después que Jesús fue a Jerusalén para cumplir con su destino mesiánico que incluía su pasión, muerte y resurrección para la redención de la Humanidad. Llegó para celebrar la Pascua judía, proclamar la llegada del Reino de Dios y consumar su obra profética, aceptando la voluntad de su Padre en el centro religioso de Israel. Ir allí era necesario para el sacrificio final.

Entró como el Mesías, el rey de Israel ( montado en un asno ) cumpliendo la profecía de Zacarías, como momento culminante de su apostolado. Su entrada triunfal marca el inicio de la Pascua cristiana ( Semana Santa ) preparándose para la Pasión, tras ser recibido por la multitud que extendía mantos y ramas de olivo o palmas, reconociéndolo como rey. Señala el comienzo del período más importante de la fe cristiana que culmina con la Resurrección en Pascua.
Estas son algunas de sus enseñanzas, principio y fundamento de la civilización cristiana, la nuestra, porque la historia no se puede cambiar, por más que a algunos les gustaría hacerlo. Y muchos estamos convencidos de la fecundidad de tales raíces.