EL SILENCIO CÓMPLICE DE LA IZQUIERDA SOBRE LAS MATANZAS DE MANIFESTANTES EN IRÁN.

Entre las muchas paradojas que nos muestra continuamente el tiempo en que vivimos, hay una que me ronda la cabeza desde hace tiempo y que creo necesario abordar ahora, con ocasión de las matanzas de manifestantes en las protestas de Irán por la crisis económica de la población que han derivado en la exigencia de cambio de régimen político. Me refiero a esa singular y aparente alianza del bloque de la izquierda, formado por comunistas, socialistas y demás progres sin afiliación, con respecto al islamismo. Ideologías tan diferentes como opuestas entre sí.

Lo primero que me pregunto es la relación en la fe de un Dios único, trascendente, en la existencia de un Paraíso más allá de la muerte, en la oración diaria, la limosna y la peregrinación a La Meca como signos de reconocimiento de la grandeza y de la misericordia de Alá; así como la veneración y respeto a su profeta Mahoma, con el cuerpo doctrinal de la izquierda y del cínico progresismo -al menos cuando lo tenía- de raíces ateas y materialistas, que no cree en la trascendencia, proclama un humanismo sin Dios y no sigue las costumbres islámicas como por ejemplo, el sometimiento de la mujer hacia el hombre, la persecución de los homosexuales, ni sus normas éticas.

Aunque si acudimos a la memoria, esta nos recuerda que no es la primera vez que ocurre una cosa así. Fue lo que pasó entre Hitler y Stalin en los prolegómenos de la Segunda Guerra Mundial con el acuerdo Molotov-Ribbentrop en 1939, cuando además tantos rusos habían combatido o lo estaban haciendo aún en aquellas fechas a los fascistas de toda clase y condición.

Tampoco entonces, debería de extrañarnos que la izquierda se eche en manos de los separatistas en general aunque sus reivindicaciones nacionalistas contradigan la por ella tantas veces proclamada igualdad y su carácter de enemigas del universalismo de la izquierda ( aquello de proletarios del todo mundo, uníos ), así como la necesaria lucha social.

A la vista de los hechos, esta aproximación y defensa del islamismo a ultranza, ayudas económicas de Irán a la comunidad comunista al margen, solo resulta comprensible dentro del giro que ha emprendido la izquierda desde hace décadas, tras caer el Muro de la Vergüenza en Berlín y quedarse sin uno de sus símbolos principales que puso al descubierto el mundo irreal que el socialismo se había construido a base de mentiras y propaganda.

Desde entonces, esta izquierda huérfana y vacía, camina errática hacia una especie de tierra de nadie donde los viejos principios, aquellas rígidas normas morales de sus militantes de otros tiempos, han pasado a mejor vida, impelidos por unos cambios profundos mal asimilados y muy contradictorios. Aún recuerdo a muchos de ellos a los que conocí en mi juventud con sus normas de austeridad y honradez autoimpuestas.

Eso sí, el grupo de rojerío variado, para llenar el vacío, ha conseguido con una gran agudeza y nulos escrúpulos -todo vale si se trata de la subsistencia- enarbolar las banderas de las minorías a veces hasta contrapuestas que en otros tiempos hubiesen horrorizado a la trilogía marxista de Marx, Lenin y Mao. O en el ámbito socialista más nuestro, a Pablo Iglesias, Largo Caballero o Indalecio Prieto.

Ello explica que, hombres y mujeres sin Dios apoyen a los titulares, incluso en su gama más violenta -pensemos en la Guardia Revolucionaria de estos ayatolás- de una religión monoteísta que de conseguir el poder, comenzarían por desquitarse de sus compañeros de viaje, someterían a las mujeres o condenarías sin miramiento alguno a los homosexuales.

El caso de Irán o Afganistán, a pesar de su carácter extremo, es ya de por sí todo un exceso. Eso sí, no todas la culturas de fundamentación religiosa les han merecido el mismo trato. Al cristianismo y en especial a su vertiente católica, le niegan el pan y la sal.

Apoyar el islamismo implica para ellos una forma de rechazar el cristianismo y su visión del ser humano y del mundo; borrar las raíces de una civilización que habiéndose permitido surgir y crecer resulta ya, tal vez, el único obstáculo importante a sus pretensiones de dominio y control absoluto. Lo ocurrido en Venezuela, Cuba y Nicaragua; la cara hispanoamericana de la izquierda, no es algo debido al azar.

Ahora lo paradójico -¡ de nuevo !- es que lo hagan apoyando a los islamistas, es decir, a los que están llamados a la larga a segar su propia cabeza. Sin olvidar que en fondo, se trata de una apuesta radical, contradictoria, eso sí, para no desaparecer totalmente del ámbito ideológico y cultural que tan buenos dividendos les sigue dando.

No sé si alguna vez, habrá una profunda reflexión en el seno de la izquierda -tomándose su tiempo y ahora que los intelectuales la están abandonando- sobre el giro que ha dado en los últimos tiempos y sus resultados. El acceso al poder y su mantenimiento en el mismo parecen soslayar posibles demoras.

De momento, es impensable que los zurdos y el resto de la falsa progresía estén dispuestos a dedicarle mucho tiempo al asunto, teniendo como tienen a los todavía numerosos partidarios que los apoyan y hasta los jalean. Una de las cosas a las que se ha acostumbrado la izquierda y no está dispuesta a abandonar es a la supuesta superioridad e inexorabilidad de sus tendencias y decisiones, la trasnochada superioridad moral.

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