En la Memoria Anual de 2.024 que la Fiscalía General del Estado presentó el pasado día 5 de septiembre, se advierte un fenómeno preocupante sobre la violencia juvenil dado su signiicativo repunte. El informe dado a conocer durante la ceremonia de apertura del año judicial, muestra un incremento del 18,8% en los delitos de homicidio y asesinato cometido por menores, con 120 casos incoados y un crecimiento del 10% en las denuncias de violencia de género. Por su parte, los delitos de lesiones también registraron un aumento del 1,36% con respecto a 2.023, consolidando un incremento del 8% si se comparan los datos con el año 2.022.
La Fiscalía, insiste en la necesidad de reflexionar sobre la banalización de la violencia y reclama programas educativos preventivos que permitan a los jóvenes infractores alcanzar una mayor madurez personal y alejarse de entornos marginales. La Memoria también pone de relieve la preocupación por la violencia intrafamiliar y el acoso escolar que se ven potenciados por el uso de las nuevas tecnologías. En 2.024, se detectaron 1.196 casos, siendo muchos de ellos con componente digital.
La cifra de menores que van a juicio por agresión sexual sigue creciendo. Aún no han alcanzado la mayoría de edad pero ya tienen que enfrentarse con la justicia, acusados de presuntos tocamientos o agresiones. La subida de la violencia sexual entre los más jóvenes parece no tocar techo. Hasta 3.283 menores de edad se las vieron el pasado año ante un tribunal acusados de delitos sexuales.

Este número supone un aumento del 3% respecto a las cifras recabadas solo un año antes cuando ya se registró un importante aumento de este tipo de delincuencia pero es que prácticamente se ha duplicado en los últimos años, advirtiéndose que están llegando casos a los juzgados de víctimas menores de 14 años y de agresores que al no haber superado esa edad son inimputables y no se les puede exigir responsabilidad alguna. Se está tratando de un problema social del que habrá que hacer un profundo análisis de las causas.
Para la Fiscalía, la carencia de una relación afectivo-sexual, el consumo de alcohol y otras sustancias estupefacientes, unido al fácil y pronto acceso a la pornografía, son algunas de las razones que explican este incremento. Este libre paso sin una adecuada educación sexual y en valores, conduce a la trivialización de las conductas violentas y a una concepción equivocada de las relaciones sexuales consentidas, así como la acreditada banalización de los actos sexuales y de la intimidad.
Un peligro muy importante es que internet se convierte en docente y consultorio de la sexualidad para la infancia y la juventud. La falta de capacidad de la adolescencia para ser crítica con la pornografía y para comprender que lo que se ve es ficción está directamente relacionado con la necesidad de que los jóvenes tengan herramientas para interpretar los contenidos ya que acceden a los mismos sin haber terminado su período de madurez. Esto genera prácticas sexuales distorsionadas causadas por el dominio y la sumisión.

Este fenómeno, prolifera mucho a través de las redes sociales aumentando así como mecanismo de acción. Siendo también cada vez más habitual que los menores graben las agresiones o vejaciones en general y las difundan en sus grupos de guasaps o similares. La fuerte irrupción de estos delitos está vinculada con el uso de los teléfonos móviles, redes sociales y nuevas tecnologías que cada vez arranca a edades más tempranas. La mayor parte de los menores presentan graves adicciones a estos medios. Las nuevas tecnologías se están convirtiendo en un instrumento cada vez más utilizado por los menores para la comisión de delitos.
En cuanto a los delitos llamados de violencia de género cometidos por menores, el pasado año se realizó la cifra más alta de los últimos cuatro anteriores por maltrato en el ámbito de la pareja y ex-pareja: 888, un 10% más que en 2.023. Lo que pone en cuestión todo lo que se está haciendo en políticas de igualdad y que parece que no está calando entre los jóvenes.
En otro orden de cosas y a título de señalamiento, en la Memoria también se indica que en materia de inmigración, la llegada de niñas menores aumentaron en un 165%, pasando de 238 en 2.023 a 651, triplicando su número. Solo por vía marítima, entraron en España 5.922 menores mientras que en 2.023 lo hicieron 4.865 y 2.375 en el año 2022. Por países, Marruecos se lleva la palma, seguido de Malí, Argelia y Senegal. Lo más interesante es que se desvela en este apartado el número total de menores no acompañados a cargo de las administraciones: 16.041, de los cuales 13.438 son niños y 2.603 niñas. Cuyo coste medio de atención y acogida supera los 4.000 euros por plaza que sufragan las Comunidades Autónomas.

La Fiscalía concluye que aunque la criminalidad juvenil global desciende un 6%, la naturaleza de los delitos cambia hacia formas más violentas y complejas que requieren una respuesta coordinada entre instituciones, familias y centros educativos.