Más de 1.600 científicos y especialistas de reconocido prestigio -entre los que destacan dos Premios Nobel- firmaron la Declaración Climática Mundial que bajo el título No hay emergencia climática, se hizo pública a finales de junio de 2022; y ponía en cuestión buena parte de los postulados del ecologismo dominante consistente en augurar terribles catástrofes naturales derivadas del calentamiento global que causa el hombre por las emisiones de C02 a la atmósfera.
La citada declaración, promovida por la Fundación Inteligencia Climática ( CLINTEL ), con sede en los Países Bajos, señala que la ciencia del clima debería ser menos política mientras que las políticas climáticas deberían ser más científicas. Los investigadores deberían abordar abiertamente las incertidumbres y exageraciones en sus predicciones sobre el calentamiento global mientras que los políticos deberían contar desapasionadamente los costes reales, así como los beneficios imaginarios de sus medidas.
Este grupo de doctores advierte de que las desastrosas predicciones climáticas que con tanto ahínco difunden políticos y medios de comunicación, parten de modelos informáticos -hechos por personas- cuyos resultados dependen de los datos, hipótesis y supuestos que se introduzcan. Creer en el resultado de un modelo climático es creer en lo que sus creadores han incluido. Este es precisamente el problema del debate meteorológico actual en el que los modelos climáticos son centrales y sus proyecciones no dejan de ser simulaciones cuyo resultado suele ser distinto al previsto. Se está imponiendo como una cuestión religiosa, como si fuera un dogma de fe, que tiene poco que ver con el comportamiento de la naturaleza que muchas veces es imprevisible y sobre todo en plazos de tiempo tan largos.

Entre los firmantes de la declaración, figura el físico estadounidense Ivar Giaever, Premio Nobel de Física en 1973; también John F. Clauser, que lo obtuvo en 2022 por sus investigaciones sobre mecánica cuántica, quién afirma sin tapujos que no existe una verdadera crisis climática. A lo que añade que la narrativa popular sobre el cambio climático refleja una peligrosa corrupción de la ciencia que amenaza la economía mundial y el bienestar de miles de millones de personas.
En la declaración realizada, aparecen las siguientes puntualizaciones: el calentamiento es producido por factores naturales y antropogénicos. El archivo geológico revela que el clima de la Tierra ha variado desde que existe el planeta con fases naturales frías y cálidas. La Pequeña Edad de Hielo ( duró 500 años y está considerado un ciclo corto ), terminó en 1850 por lo tanto, no sorprenda que ahora estemos experimentando un período cálido que veremos lo que dura y será igual o superior a su anterior.
El calentamiento es mucho más lento de lo previsto: El mundo se ha calentado -significativamente- menos de lo previsto por el IPCC ( Grupo Intergubernamental de Expertos de Cambio Climático, padres de la teoría actual sobre cambio climático ) sobre la base del efecto humano configurado y por eso, lo que antes nos vendieron como calentamiento global, al incumplirse y para que no se les viesen las vergüenzas pasó a ser cambio climático. La brecha entre el mundo real y el mundo modelado nos dice que estamos lejos de comprender el cambio climático.

La política climática se basa en modelos inadecuados: los modelos climáticos tienen muchos defectos y no son -ni remotamente- plausibles como herramientas de política global. Exageran el efecto de gases de efecto invernadero como el CO2. Además, ignoran el hecho de que enriquecer la atmósfera con CO2 es beneficioso.
El CO2 ( dióxido de carbono ) es el alimento de las plantas, la base de toda la vida en la tierra: El CO2 no es un contaminante. Es esencial para la vida en la Tierra. La fotosíntesis es una bendición. Más CO2 es beneficioso para la naturaleza, reverdece la Tierra. Más CO2 en el aire ha promovido el crecimiento de la biomasa vegetal mundial. También es bueno para la agricultura porque aumenta el rendimiento de los cultivos en todo el mundo.
El calentamiento global no ha aumentado las catástrofes naturales: No hay prueba estadística de que el calentamiento global esté intensificando huracanes, inundaciones, sequías y desastres naturales similares o haciéndolos más frecuentes. Sin embargo, existe amplia evidencia de que las medidas de mitigación de CO2 son tan dañinas como costosas.

La politica climática debe respetar las realidades científicas y económicas: No hay emergencia climática. Por lo tanto no hay motivo para la alarma y el pánico. Se oponen con toda firmeza a la perjudicial y poco realista política de cero emisiones netas de CO2 propuestas para 2050. Si surgen enfoques mejores -y sin duda los habrán- hay tiempo de sobra para reflexionar y readaptarse.
El objetivo de la política mundial debe de ser la prosperidad para todos mediante el suministro de energía fiable y asequible en todo momento. En una sociedad próspera, los hombres y las mujeres están bien educados y la gente se preocupa por su entorno.
Hay dos argumentos igualmente falaces para acabar con cualquier conato de discusión sobre la realidad del cambio climático o su alcance: por un lado está el uso de episodios metereológicos actuales, por lo general mucho menos extremos de lo que se quiere dar a entender y que son presentados como pruebas irrefutables de un cambio global que -de existir- no puede basarse en que haga calor en verano como lo ha hecho siempre.

Por otro, la apelación a la ciencia pero hecha de una forma que tiene mucho más que ver con la fe que con lo científico ya que se presentan las hipótesis como hechos consumados y los análisis y conclusiones como verdades inmutables. La ciencia nunca progresa de manera lineal, permanente, sino que está sujeta a una revisión y validación constantes y lo que hoy puede ser aceptado por todo el mundo, mañana puede ser rechazado por falso.
Esta apelación a la ciencia se completa además con la mención del sacrosanto consenso científico: el cambio climático es una realidad porque la mayor parte los científicos estén de acuerdo en que lo es. Enorme falacia: los hechos son ciertos o no, independientemente de lo que digan de ellos los especialistas o el resto de los mortales.
El pasado domingo, día 17 de agosto, Pedro Sánchez, el maravilloso Presidente de Gobierno que disfrutamos y que guía nuestros destinos, haciendo un esfuerzo sobrehumano -obligado por sus asesores de imagen- se dignó interrumpir sus vacaciones estivales canarias tras producirse varias oleadas de incendios forestales durante dos semanas que ya habían causado cuatro muertos, decenas de heridos, miles de evacuados, más de un centenar de detenidos e investigados judiciales (mujeres incluidas ), centenares de miles de hectáreas calcinadas y ocho comunidades autónomas afectadas.

Vestido para la deseada fotografía en el tajo, con uniforme de faena -jersey, camisa y pantalón vaquero-, justificó su insolidaridad y desamparo de la España que ardía de norte a sur, ( el ministro de Interior, Grande Marlasca, había estado preparando al personal negando la declaración de emergencia nacional al no haber motivos suficientes para ello y explicando la petición de ayuda internacional -cinco países de la Unión Europea habían enviado medios aéreos- solo para acallar las críticas del Partido Popular ( PP ) de falta de medios ) como consecuencia de la urgencia climática ( no se atrevió a decir cambio climático como sí hizo en julio de 2.022 ) que padecemos… y tras magistral lección para el interés público general, regresó a su deseada residencia isleña para llegar antes de que se pusiera el sol y se perdiera el baño de la tarde.
El problema se lo creó -él solito- el ministro Marlasca al afirmar el pasado jueves día 21 en una tele amiga que: Un tercio de los incendios son de carácter intencionado, otro tercio es por imprudencias graves y otro por causas naturales. Luego dos tercios son provocados y el tercero por la naturaleza. Ha contravenido la tesis oficial del Presidente de culpar a la crisis climática de todos los incendios habidos y eso no será bueno para él porque como sabemos todos, en todas las organizaciones el jefe siempre tiene razón.