La inmigración que ha llegado a España desde finales de siglo pasado, está cambiando la sociedad, la educación, la sanidad, el empleo, el ocio, el deporte… y hasta el censo electoral. Según los datos del Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, más de dos millones y medio ( 2.545.184 exactamente ) de extranjeros han obtenido la nacionalidad española desde 1.996 lo que les da derecho -como a cualquier otro español- a votar en todas las elecciones para los poderes públicos que se convoquen y de los que se estiman en 2.364.000 los que podrán hacerlo a partir del año que viene. Esta cifra se da como probable porque los datos accesibles no desglosan las nacionalidades por edad pero no hay que olvidar que la adquisición de la nacionalidad española suele estar estar ligada a la mayoría de edad, factor imprescindible para poder votar.
Los nacionalizados españoles representan ya más del 6% ( 6,79% ) del censo electoral nacional que roza los 37,5 millones ( 37.469,458 ) y como es lógico se han convertido en objeto del deseo para los partidos políticos que buscan atraerlos en las urnas a pesar de ser un grupo tan heterogénero por sus orígenes, su ideología y su capacidad económica. Los hay también de la opinión de que el exagerado número de nuevos españoles, especialmente durante los dos últimos años que salen a una media de 250.000 por año, con fundadas sospechas de fraude masivo, han levantado enormes suspicacias de que si todas las medidas tomadas por el Gobierno social-comunista de Pedro Sánchez para la legalización masiva de inmigrantes buscan modificar el censo en favor de los partidos políticos socialistas y comunistas.
Desde 1.996, el país que tiene más nacionalizados españoles es Marruecos y para conseguirlo han tenido que renunciar a su nacionalidad de origen, siendo casi medio millón ( 486.777 ). Después está Ecuador con 347.543; Colombia con 300.584; Perú con 156.619; Bolivia con 129.608; Venezuela con 124.583 y la República Dominicana con 121.434. Todos estos países americanos tienen la posibilidad -además- de conservar su nacionalidad de origen si así lo desean, debido a la generosidad española por haber pertenecido a la Monarquía Hispánica, comúnmente conocida como Hisapanoamérica.

Las cifras de los nacionalizados sirven para conocer los resultados de las diferentes olas inmigratorias y para entender el enorme impacto electoral presente y futuro. Si en 1.995 fueron 6,756 extranjeros los que consiguieron su Documento Nacional de Identidad ( DNI ) español, una década más tarde, en 2.005, fueron 42.829. En el 2.015 lo lograron 78.000 y el año pasado, 221.805. Por países, si en 1.995 lo encabezaban Argentina, Perú y la República Dominicana con números muy bajos con respecto a los actuales, en 2.024 están Venezuela, Marruecos y Colombia.
La tendencia ha sido casi siempre hacia los marroquíes los que eran el mayor número de nuevos españoles durante una década entera, desde 2.013 a 2.023, tras sustituir a los ecuatorianos que lo habían sido durante siete años seguidos, desde 2.005 hasta 2.012. Precisamente, Marruecos y Venezuela, son un ejemplo de la diversidad de opciones de voto que eligen los nacionalizados. Los procedentes de América se decantan -normalmente- por los partidos de derechas mientras que los originarios de África tienden a votar a opciones de la izquierda como se ve en los resultados electorales de Ceuta y Melilla.
Los hispanoamericanos nacionalizados son en sí mismo un grupo muy hererogéneo. De acuerdo con varios estudios realizados, los venezolanos como vienen huyendo de Maduro votan a partidos de la derecha en un 80% y los cubanos que han logrado salir del paraíso comunista en el que vivían, en torno al 65%. En el lado contrario, los peruanos, ecuatorianos, bolivianos, argentinos y chilenos -en general- se decantan más por la izquierda. Aunque otros factores culturales como el factor religioso y la defensa de la familia que están más relacionados con la derecha, compensan las preferencias de estas personas.

No está muy claro que este importante aumento del censo electoral pueda favorecer a la izquierda española de manera generalizada aunque haya quién piense que está hecho a su medida. El cálculo es muy difícil de hacer. Tampoco se disponen de muchos informes que hayan profundizado en el análisis del voto inmigrante en España. Investigaciones realizadas en otros países europeos como Francia, Países Bajos, Gran Bretaña o Suiza muestran que los inmigrantes suelen votar más a la izquierda pero hay que destacar que su inmigración hispanoamericana no tiene el volumen que en España.
Lo que sí parece consolidado es que los inmigrantes nacionalizados no votan tanto pensando en la actualidad española sino en la experiencia política de sus países de origen. no solo ocurre con los venezolanos y cubanos ya mencionados sino que tambiém los procedentes de la Europa del Este que suelen mantener un poso de rechazo al comunismo.
Otro elemento que se revela clave en la influencia en las urnas de los nacionalizados es que su porcentaje de participación electoral es bastante más bajo que el de los nacionales porque su interés por la política es menor que el resto de los españoles, en parte por desconocimiento del sistema y en parte también por no saber las propuestas de los partidos y del contexto politico.

Conviene reflejar los resultados electorales de las elecciones generales últimas, que lo fueron en julio de 2.023, de los partidos políticos minoritarios para valorar el peso de estos nuevos españoles, donde Unión del Pueblo Navarro ( UPN ) obtuvo el 0,21 % del censo electorasl al ser votado po 52.188 personas; Coalición Canaria ( CC ) consiguió el 0,47% y 116.363 votos; Bloque Nacionalista Gallego ( BNG ) el 0,62% y 153.995; el Partido Nacionalista Vasco ( PNV ) el 1,12% y 277.289; EH Bildu, el 1,36 % y 335.129; Juntos por Cataluña, el 1,60% y 395.429; Izquierda Republicana de Cataluña ( ERC ), el 1,89% y 466.020. No se dan los obtenidos por la coalición Sumar que entonces integraba al grupo político Podemos y consiguieron el 12,33% y 3.044.996 porque es imposible saber cuales votos fueron a cada uno de ellos.
La paradoja es que aunque todos ellos suman el 7,27% del censo electoral, solo lo consiguen con 1.796.412 votos que son casi el 76% del número de estos nuevos electores que se traduce, ni más ni menos, que en 28 diputados cantidad suficiente para influir notablemente en la constitución y mantenimiento de cualquier Gobierno central. Que cada uno saque sus propias conclusiones.