LAS RIADAS DE VALENCIA NO TIENEN NADA QUE VER CON EL SUPUESTO CAMBIO CLIMÁTICO.

Esta afirmación, por extraña que a algunos les parezca, es la realidad. Otra cosa es lo que nos cuentan para asustarnos y hacernos depender de quienes sustentan teorías catastrofistas sin fundamento sólido y es por lo que la comunidad científica está tan dividida en dos ramas: positivistas y negacionistas. Ya se sabe que toda teoría tiene sus seguidores y sus detractores. Lo peor de todo es que los que defienden el próximo apocalipsis de no seguir sus directrices desprecian a los que lo cuestionan y los tildan de ignorantes. No sé si les suena eso de la superioridad moral…para ver por donde vienen los tiros.

Esas inundaciones que se produjeron a finales de octubre pasado siguen presentando cifras escandalosas en todos lor órdenes: centenares de fallecidos, varios desaparecidos todavía y miles de millones de euros ( se habla ya de 17.000 millones ) en daños materiales, casi 70 poblaciones afectadas, puentes hundidos, carreteras cortadas y así un largo etc; y surge -inmediatamente- la pregunta si se podía haber evitado o al menos, limitado en lo posible este desastre provocado por la naturaleza.

La respuesta unánime de los técnicos en la materia ( arquitectos e ingenieros, principalmente ) es que sí porque de haberse hecho las obras y servicios previstas desde hace años y suspendidas por un interés político ideológico, muchas consecuencias de las intensas lluvias y consiguientes desbordamientos de barrancos y cauces hubiesen sido otras y desde luego, empezando por lo principal, el número de fallecidos y desaparecidos hubiera sido otro muchisimo menor.

Todo el mundo de esta comunidad -geólogos y geógrafos inluidos- conoce como se evitan estos fenómenos y pasan, obligatoriamente, por los planes urbanísticos bien fundados porque saben que todo el levante español tiene un régimen torrencial. Lo ocurrido en Valencia no tiene nada que ver con el inventado cambio climático sino con el desarrollo urbanístico. El problema no lo ha provocado la naturaleza sino el ser humano que con la expansión económica de las últimas décadas y la consiguiente extensión de los pueblos y ciudades no se ha hecho de manera razonable y respetuosa con el medio ambiente. El urbanismo ha ocupado el lugar del ecosistema y estas son las consecuencias.

Los especialistas que saben de estos asuntos, han manifestado de manera unánime que por qué no se ha hecho lo que se tenía que hacer y estaba previsto durante los últimos años para evitar desastres de esta magnitud y lo demás, especialmente la guerra de declaraciones de las distintas administraciones públicas implicadas son excusas, florituras para ver quién gana el relato de los hechos que es lo que a los políticos les importa. El supuesto cambio climático no tiene nada que ver con lo ocurrido y de haberlo también tendría que haberse hecho. Desgracias de este tipo se repetirán en el futuro y no debe de pasar lo de ahora porque el agua tiene memoria, como dicen los que saben de estas cosas.

La clase política y especialmente los que gobiernan, deben de tener en cuenta que los planes hidrológicos y contra avenidas que se deben de realizar en España hay que desproveerlos de cualquier ideología y guerra interterritorial porque lo que está en juego es muy serio: la vida y hacienda de los españoles que debe de ser el objetivo primordial de las autoridades competentes.

Prueba de ello en este caso concreto, es que si se hubiera construido el pantano de Cheste como estaba previsto y que se desechó porque costaba unos 100 millones de euros, si se compara con lo que pasado, no es solo vergonzoso sino que además hubiera aminorado bastante esta catástrofe. Digo esto porque fue la variable de coste-beneficio lo que lo impidió. Pero es que además, si sigue sin construirse esta calamidad volverá a ocurrir dentro de dos, tres o cuatro décadas porque lo pasado no será la última vez y así está manifestándose la naturaleza desde hace siglos y ninguna demagogia ideológica la va a cambiar

A la solución de impedir en la medida de lo posible estos fenómenos atmósfericos, no ayudan nada las declaraciones que hizo el actual secretario general de las Naciones Unidas ( ONU ), el portugués Antonio Guterres, que afirmaba algo así como que las manos del hombre han abierto las puertas del infierno climático. Manifestaciones de este tipo indican no solo un posicionamiento doctrinal impropio de su cargo que exige mayor mesura y sobre todo neutralidad política en un tema tan controvertido que varios investigadores científicos que han conseguido varios premios Nobel lo han calificado de inexistente y alarmista.

Si se entra de lleno en el campo de la teoría del no hace mucho calentamiento de la Tierra que ahora ha pasado a ser cambio climático sin explicación convincente alguna, los expertos en la materia recuerdan que la Tierra lleva 50 millones de años enfriándose llegando a tener 14 grados más de temperatura que la actual. La que hay ahora es bajísima respecto a la normal en la historia geológica tal y como recogen los gráficos existentes y que constituyen una fuente básica de consulta.

Y añaden que el planeta no tiene por sí un comportamiento desastroso y es tremendamente tranquilo. Sus fenómenos naturales son muy lentos. Las placas tectónicas se mueven -de media-dos milímetros o tres al año y el nivel del mar sube o baja en igual cantidad. Lo mismo ocurre con la temperatura que el año pasado subió 1,69 grados. Lo que de verdad puede producir un cataclismo es que caiga un meteorito y eso a fecha de hoy es imparable.

Para ellos y lo dicen con total seguridad y firmeza, todas estas cosas hay que tomárselas con tranquilidad y no va a pasar nada raro porque en el futuro, ni vamos a morir ahogados, ni tampoco fritos. Seguiremos emitiendo CO2 y no va a pasar nada malo. Ocurrirá lo que el planeta decida que va a pasar en cada momento y sus habitantes van a vivir su vida como siempre, desarrollando sus actividades habituales y olvidando esa especie de losa que es la ansiedad climática que se ha creado artificialmente a base de tanto machacar la idea de que vamos derechos a un infierno meteorológico que acabará con la extinción de las especies porque el supuesto cambio climático no mata, lo que sí mata son las políticas ambientales dictadas por los políticos extremistas.

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