La muerte de cuatro inmigrantes marroquíes en aguas de Cádiz a finales del mes de noviembre de 2023, arrojados al mar junto a otros 31 ocupantes más, puso de manifiesto cómo los grupos criminales que operan en el Estrecho de Gibraltar diversificaban sus actividades tradicionales siendo capaces de reconvertir sus lanchas de transporte de fardos a pateras-taxi.
Tratándose de delincuentes profesionales y sin escrúpulos como tienen bien demostrado, da igual si lo que tienen que tirar por la borda es drogas o personas como ha ocurrido ahora cuando los cuatro tripulantes de una enorme zodiac provista de tres motores, forzaron a los 35 pasajeros que llevaban a bordo a arrojarse al mar.
Primero a un grupo de 27 en las inmediaciones de la playa de Camposoto, en San Fernando y después a otros 8 en las peligrosas aguas del Caño de Sancti Petri. Tres de estos últimos fueron rescatados ya semiinconscientes y boca abajo en el agua, a punto de ahogarse. Los supervivientes de este último grupo contaron tras ser socorridos que los traficantes, un hombre y una mujer españoles y dos hombres marroquíes, los amenazaron con una pistola y un cuchillo para obligarles a que se tiraran al mar. Cuatro de ellos murieron y tres fueron trasladados al hospital de Puerto Real para recibir asistencia médica.

Este tipo de viajes clandestinos en neumáticas semirrígidas de tres motores, fue detectado desde hacía meses cuando se lograron desarticular varias organizaciones criminales y por eso ya se sabía que los inmigrantes pagaban entre 3.000 y 5.000 euros y tenían la garantía de que en 20 minutos estaban en la costa española. A la hora de hacer números a la mafia que los transporta les puede salir casi tan rentable como introducir hachís.
En España, este tipo de embarcaciones que suelen llevar hasta cuatro motores y superar con rapidez los 110 kilómetros por hora, están prohibidas desde 2018 como una de las medidas que estableció el Plan Especial contra el Narcotráfico en el Campo de Gibraltar para combatir el tráfico de hachís.
Hace años, cuando la goma salía de Marruecos cargada de 400 0 500 kilos de hachís, se traían a 5 o 6 inmigrantes marroquíes que cuando llegaban a las costas españolas ayudaban a trasladar los fardos a los coches que aguardaban la carga y era su forma de pagar el viaje.

La expansión del tráfico de esta droga hizo que los delincuentes se hicieran con lanchas más potentes que pueden llevar hasta 3.000 kilos de hachís por viaje y disponían de cuadrillas preparadas para desembarcar la mercancía. La presión policial en la costa de Cádiz ha hecho que en los últimos años, tanto el tráfico de drogas como el de personas, se mueva a otras zonas como Huelva, la desembocadura del Guadalquivir, Málaga o Almería.
Estas bandas delictivas suelen sincronizar varias salidas simultáneas de embarcaciones rápidas con la finalidad de saturar los servicios de la patrullas de la Guardia Civil tanto en el mar como en tierra y así dificultar su interceptación. Realizan viajes-exprés llevando a unas 20 personas a las costas españolas y nada más dejarlas regresan a territorio marroquí para recoger nuevos inmigrantes ilegales. Para abastecerse de la gran cantidad de combustible que utilizan, han surgido los petaqueros que en otras lanchas les suministran la gasolina que necesitan en alta mar y que transportan en garrafas.
También han aparecido cargamentos de cocaína que el largo brazo sudamericano está utilizando y luego serán otros tráficos ilícitos los que vendrán porque las rutas que se están empleando con total impunidad desde el lado africano están abiertas de par en par. Las mafias empezaron con el hachís, han seguido con los inmigrantes, ahora también cocaína y mañana azúcar, naranjas o fresas. Lo que toque siempre que sea rentable.

Se está demostrando que el surgimiento de digamos, la pateras-taxis no es una señal de que se acabe el tráfico de hachís en la zona mediterránea española porque existe un mercado europeo de millones de consumidores que hay que abastecer y que Marruecos deje de ser uno de los mayores productores de esta droga. Preocupa especialmente esos barcos procedentes de América que transportan cocaína que es recogida en alta mar desde la vertiente atlántica marroquí y la introducen en Europa por las costas españolas.
Al final se trata de una cuestión mercantilista. Una vez que se dispone de la logística necesaria, los traficantes introducen en España lo que tengan que traer. Así se empezó con el contrabando de tabaco con lanchas desde Gibraltar. Después esa infraestructura se desarrolló para traer hachís desde Marruecos y si se consigue más rentabilidad llevando inmigrantes ilegales o cocaína pues a eso se dedicarán.
Y a todo esto con el silenció cómplice del Gobierno español que ante las dimensiones que está adquiriendo este problema no ha realizado el menor gesto o protesta ante las autoridades marroquíes para que adopten las medias necesarias de vigilancia de sus fronteras. Aunque estén asesinando a nuestros guardias civiles como ha pasado en Barbate.








































