Desde que gobierna el socialcomunismo en España, se han disfrutado unos años de envidiable paz social conseguida por los subsidios, subvenciones y ayudas sociales que han permitido una deuda pública inasumible por el Estado que lleva tiempo superando el billón de euros -si, es b- y que dejará en herencia a quién le sustituya. Se necesitarán varias generaciones para poder pagarla.
No han habido grandes manifestaciones violentas; las huelgas nacionales, regionales, provinciales y locales han desaparecido prácticamente del panorama laboral; los agitadores y propagandistas profesionales se han retirado a sus cuarteles de invierno; los cachorros antisistema han guardado sus sudaderas con capuchas y correspondientes tapabocas y los grandes sindicatos han enmudecido tras el millonario cobro económico de la oportuna subvención. Excepción hecha de los disturbios independentistas catalanes especialmente los de octubre de 2.019 tras la publicación de las condenas a prisión de los separatistas líderes regionales.
La pregunta surge inevitable: ¿ Qué ha pasado para llegar a esta idílica situación ?. Sencillamente, que gobernaba la izquierda socialista y la extrema izquierda comunista, aliados en el Gobierno de la Nación y sus huestes alborotadoras recogidas, releyendo El Capital y los discursos de Lenin para no olvidar las esencias y buscando su comedero en los múltiples chiringuitos progresistas – remunerados- creados para su ocupación y abrevadero.
Desde que Pedro Sánchez dirige el Gobierno central es el Presidente que más cambios ha hecho en el Código Penal que otro gobierno socialista llamó de la democracia en 1995, sin que la legislatura actual haya terminado y sin que las reformas penales hayan cesado. Desde 2018, el texto penal ha sufrido más de 20 cambios, el triple que hizo su antecesor en la presidencia, el popular Mariano Rajoy. El más grave ha sido la supresión del delito de sedición y su sustitución por un nuevo delito de desórdenes públicos agravados. Además de la desnaturalización de la Ley de Seguridad Ciudadana que el rojerío puso en la diana de la supresión desde el primer día con el nombre de ley mordaza.

Además, los ha hecho despreciando todos los informes consultivos pertinentes como son los del Consejo de Estado, Consejo Fiscal, Consejo General del Poder Judicial… al tramitarse por el procedimiento de urgencia y conforme a una técnica legislativa inédita hasta ahora que implica reformas de calado mediante un texto colectivo ( decretos omnibús ) en las Cortes Españolas.
¿ Cuánto va a durar esta situación ?. La respuesta tiene que ser cuando los españoles quieran porque los actuales gobernantes han olvidado el verbo dimitir y por lo tanto no saben conjugarlo. Pero habrá una limitación en el tiempo porque nada es para siempre y cuando esto ocurra la Policía tiene que estar preparada profesionalmente porque cuando estos parásitos pierdan el poder las calles comenzarán a arder y la violencia se extenderá por todas partes.
La desprotección permanente y acusada en el tiempo de los Cuerpos Policiales en su conjunto augura malos momentos venideros porque los agentes van a estar solos y jurídicamente serán débiles por lo que probablemente serán atacados físicamente por gentes que a fecha de hoy nos parezcan altamente improbables. Se ha perdido el respeto a los agentes de la autoridad y los casos de desobediencia van en aumento. Se ha pasado de que bastaba la mera comunicación de que una persona estaba detenida a la resistencia física e incluso a la agresión de los componentes de una patrulla policial.

Si como es previsible y dado el cariz que están tomando determinadas manifestaciones públicas como mecanismo de presión en la resolución de conflictos y ante la carencia de instrumentos o elementos intermedios de contención, la mejor manera de combatir este espiritu bélico es siendo más profesionales, demostrando preparación y resolución. Y esto solo pasa incrementando su presupuesto no solo en equipamiento sino en formación, sostenimiento y personal.
La pregunta que hay que hacerse ante este negro porvenir es si la Policía está preparada para defender a la sociedad ante las próximas hordas apesebradas envalentonadas por la pérdida de sus privilegios en los organismos creados para tal fin o si va a optar por una tolerancia o pasividad que renuncie a proteger a la población o a servir a los intereses de las autoridades políticas del momento.
Hay que cuestionar si se van a disponer de las suficientes Unidades de Intervención Policial ( UIPs ) movilizables para los conflictos sociales que puedan venir y si la sociedad española es consciente de que esto es posible o más bien se le debe de mantener en un mundo feliz, viviendo en la seguridad de que antes de que llegue la época de los desórdenes públicos agravados los gobernantes van a resolver los problemas y no pasará nada.

La razón fundamental de esta probabilidad es que los dos partidos mayoritarios y con experiencia de gobierno sigan en la política de confrontación y cualquier desacuerdo desatará una ola de enfrentamientos que podrán ser de una dimensión nacional o diluirse en numerosos regionales o locales. Esta es la gran duda sobre el futuro que nos espera y como no parece probable que este escenario acabe de forma súbita, habrá que estar alerta.
Muchos lectores de este blog se preguntarán si tanto avisar de peligros sociales que pueden acabar en batallas callejeras se debe a mi naturaleza personal o a mi experiencia profesional. Los del gremio sabemos que no hay cosa más negativa que una carga policial con el resultado seguro de personas heridas en ambos lados, de agentes y manifestantes. No hay nada más horrible para un Policía que el enfrentamiento directo incluso cuando los objetivos son muy loables.
La mejor manera de evitar las disputas es profundizando en la democracia y su régimen de libertades y derechos de lo que lamentablemente nos alejamos cada vez más. Otra opción sería haciendo imperar la racionalidad en las acciones políticas, cosa que se antoja muy lejana. Pero si todo esto falla, quizás la tecnología permita satisfacer las necesidades policiales sin llegar al combate directo pero la insatisfacción de los grupos extremistas es creciente y marcha mucho más rápida que la tecnología.

No prepararse para las amenazas posibles es un error que nadie se puede permitir pero no hacerlo mentalmente para que la población se pueda defender a través de su Policía es mucho más grave. Ayudaría a conseguirse el disponer de equipamiento moderno, específico para su uso lo menos lesivo posible y la decisión de utilizarlo cuando haga falta con la fuerza que sea necesaria y de manera proporcional. Hay que trabajar mucho en esa dirección antes de que sea demasiado tarde y lograr mantener el pleno ejercicio de las libertades ciudadanas y la convivencia de todos los españoles.









































